Soporte vital básico


Soporte vital básico
La asistencia adecuada y precoz puede reducir ampliamente la elevada tasa bruta de mortalidad asociada a emergencias prehospitalarias.[1]

El soporte vital básico (SVB) es un nivel de atención médica indicado para los pacientes con enfermedades o lesiones que amenazan la vida, aplicados hasta que el paciente reciba atención médica completa. Puede suministrarse por personal médico capacitado, incluyendo técnicos en emergencias médicas y por personas que hayan recibido formación sobre el SVB. Por lo general el SVB se utiliza en situaciones de emergencia prehospitalarias y puede suministrarse sin equipos médicos.

Muchos países tienen directrices sobre cómo proporcionar el soporte vital básico que son formuladas por organismos profesionales médicos en esos países. Las directrices describen algoritmos para el abordaje de una serie de trastornos, incluyendo la parada cardiorrespiratoria, asfixia y ahogamientos.

El SVB no suele incluir el uso de fármacos o maniobras invasivas y puede ser contrastado con la prestación del soporte vital avanzado (SVA). La mayoría de los ciudadanos laicos (no profesional de salud) pueden dominar las habilidades del SVB después de asistir a un curso breve. Por lo general, la Cruz Roja, los bomberos y policías son quienes deben ser certificados en el SVB. Estas medidas son inmensamente útiles para muchas otras profesiones, tales como los empleados de guarderías, profesores y personal de seguridad o aerolíneas.[2]

Contenido

Cadena de supervivencia

Entrenamiento de personal de la policía femenina de Berlín sobre el reconocimiento temprano de una víctima extrahospitalaria, 1946.

La cadena de la supervivencia es un concepto acuñado por la Asociación Americana del Corazón[3] y que se ha adoptado a nivel internacional para indicar una serie de acciones utilizadas en relación con el manejo de la urgencia prehospitalaria que, aplicadas en secuencia, pueden disminuir la mortalidad que produce la enfermedad coronaria como otras situaciones de emergencia.[4]

El soporte vital básico consta de la aplicación de los primeros eslabones de la cadena de supervivencia:[5]

  1. El reconocimiento temprano de un trastorno que amenaza la vida de un sujeto, por parte de la población o por agentes de servicios de emergencia.
  2. La implementación temprana y adecuada del soporte vital básico.
  3. La desfibrilación temprana.
  4. El inicio rápido y adecuado de las técnicas del soporte vital avanzado.

Los eslabones de la cadena de supervivencia pediátrica son:[3]

  1. Prevención
  2. Implementación rápida y adecuada del soporte vital básico.
  3. Acceso rápido al sistema de emergencias médicas de la localidad.
  4. El inicio rápido y adecuado de las técnicas del soporte vital avanzado.

Respuesta comunitaria

El primer eslabón de la cadena de supervivencia es el reconocimiento temprano de las características de una emergencia por parte de la población. La actuación de un ciudadano ante una emergencia debe contemplar la decisión de cuando y como intervenir, si se tienen los conocimientos. Es evidente que la calidad de la respuesta comunitaria depende del grado de preparación de los individuos que la conforman.[4]

Notificación oportuna

El segundo eslabón de la cadena de supervivencia es la solicitud oportuna de ayuda externa de las entidades de socorro y seguridad de la localidad.[2] Ello se ha convertido en la clave para el buen funcionamiento de los esquemas operativos de emergencias extrahospitalarias.[4] La correcta notificación de una emergencia puede ser la única y más eficaz acción que una persona de la comunidad haga en beneficio de las víctimas. Es evidente que la calidad de la notificación depende del nivel de conocimiento que los individuos tengan de los recursos institucionales con las que cuenta la comunidad para la atención de sus emergencias.

Atención inicial

La atención prestada por la comunidad incluye el soporte vital básico mientras llega la ayuda solicitada. La calidad de este servicio está en relación a los niveles de conocimiento que tenga la ciudadanía de las técnicas básicas de primeros auxilios.

Desfibrilación precoz

Los desfibriladores externos automáticos (DEA) son dispositivos computarizados complejos, confiables y fáciles de operar, lo que permite que casi cualquier persona pueda intentar la desfibrilación: auxiliares de vuelo, oficiales de policía, bomberos, familiares, escolares entre otros.[2]

En programas supervisados de rehabilitación cardiaca, cuando los pacientes sufren un paro cardíaco presenciado, se suele practicar la desfibrilación en los primeros tres minutos; en este contexto, 89% de los pacientes fueron reanimados con éxito, siendo ésta la máxima tasa de supervivencia comunicada para una población extrahospitalaria definida.

Soporte vital avanzado

La intervención oportuna de los servicios de emergencias extrahospitalarias.

Secuencia en la RCP básica

Artículo principal: Reanimación cardiopulmonar
  • Garantizar la seguridad de la víctima y la de las personas que la auxilian.
  • Evaluar la gravedad de la situación de la emergencia:

Valoración del nivel de conciencia.

Valoración de la existencia de ventilación adecuada.

Valoración de la existencia de circulación sanguínea.


Valoración del nivel de conciencia

Sacudir suavemente los hombros de la víctima mientras se pregunta en voz alta: ¿Se encuentra usted bien?

1. Si responde verbalmente o con movimientos:

No mover a la víctima, salvo que la posición en la que está comprometa su seguridad.

Valorar estado general e iniciar si es preciso las actuaciones específicas (taponar hemorrágias, observar peligros, evitar el enfriamiento por contacto directo con el suelo, etc.)

Solicitar ayuda especializada lo antes posible.

Reevaluar de manera regular mientras llega la ayuda.

2. Si no responde:

Gritar pidiendo ayuda a las personas más cercanas.

Realizar la apertura de la vía aérea mediante maniobra de elevación mandibular que permita la elevación secundaria de la lengua y por tanto la permeabilidad de las vías aéreas en bucofaringe y nasofaringe (con la víctima en decúbito supino, inclinar la cabeza ligeramente hacia atrás y elevar la mandíbula sujetando el mentón, maniobra llamada de frente-mentón). Si se sospecha lesión traumática, se realizará la tracción de la mandíbula hacia arriba con la boca abierta, fijando la cabeza con la otra mano. Dejar expéditas las vías aéreas retirando cualquier cuerpo extraño que se visualice en boca u orofaringe, incluidas prótesis dentales móviles.

Valoración de la ventilación

Escuchar si la víctima respira, sentir el aliento o el movimiento del tórax, ver los movimientos del tórax. Todo ello por espacio de no menos de 10 segundos antes de presumir que la respiración está ausente.

1. Si respira normalmente, y no ha habido un traumatismo que lo contraindique, situar a la víctima en posición lateral de seguridad (decúbito lateral con extremidad superior del mismo lado flexionada a modo de almohada y extremidad inferior contraria semiflexionada hacia delante). Solicitar ayuda especializada lo antes posible, mientras esta llega vigilar que la víctima sigue respirando normalmente.

2. Si no repira o la respiración es dificultosa o ineficaz se debe proceder a realizar ventilación manual, mandar a alguien pedir ayuda.

Comprobar si existe pulso carotídeo

Si no se evidencia pulso tras palpación de no menos de 5 segundos o no existen otros signos de circulación eficaz, se iniciarán maniobras de resucitación cardiopulmonar.

Maniobras de resucitación cardiopulmonar

  • Ventilación manual:

Realizar la maniobra frente-mentón. Si se sospecha lesión traumática del craneo o la columna, efectuar maniobra de tracción mandibular. Hacer una inspiración profunda e insuflar el aire por la boca, la nariz de la víctima, o el estoma en caso de personas traqueotomizadas. Comprobar que el tórax de la víctima se eleva con las insuflaciones lentas y desciende tras dejar su boca u orificio por el que se insufla libre. Deberemos intentar conseguir dos insuflaciones efectivas, si ello no es posible, revisar la boca y orofaringe de la víctima en busca de cuerpos extraños, y la maniobra de apertura de vías aéreas que estamos empleando. Una frecuencia adecuada podría ser la de 10 insuflaciones de aire espirado en aproximadamente un minuto, tras las que deberá revalorarse signos de circulación, si no los hay o tenemos dudas iniciar masaje cardiaco.

  • Compresión torácica
El masaje cardíaco externo mediante maniobras vigorosas aplicadas sobre el tórax cerrado debe ser efectuado en forma oportuna, técnicamente bien realizado y con los medios adecuados de apoyo posterior.[6]

Las compresiones torácicas efectivas hacen que la sangre circule hacia los órganos vitales como el corazón y el cerebro durante la RCP y cuanto mejor sea la técnica de compresión sobre el tórax, mayor será el flujo sanguíneo que se produce. Para que éstas sean efectivas los reanimadores comprimen con firmeza y rapidez, a razón de, al menos, 100 veces por minuto para todas las víctimas, excepto los recién nacidos.[7] La víctima debe estar acostado sobre una superficie firme y el reanimador situado a un lado del sujeto.

Palpar el reborde costal del esternón hasta identificar la apófisis xifoides. A unos dos o tres centímetros por encima de la misma y siempre situados sobre el tercio distal del esternón, tendremos el punto que nos servirá de referencia para situar el talón de la mano derecha. Según últimas recomendaciones (2005), se colocan las manos en el centro del pecho de la víctima, en lugar de perder más tiempo en utilizar el método de "el borde de las costillas". Situar la mano izquierda encima de la derecha, entrelazar los dedos y sin que estos toquen el tórax, efectuar presiones manteniendo los brazos extendidos de manera perpendicular al tronco de la víctima. Las compresiones deben hacer que el pecho se hunda 5 cm.

Se debe permitir que el pecho recupere completamente su posición normal después de cada compresión y la compresión y la relajación deben durar el mismo tiempo. Durante el regreso de las paredes del tórax la sangre vuelve a llenar el corazón. Si el reanimador no permite que el pecho vuelva a expandirse o vuelva a la posición original después de cada compresión, se reduce el flujo sanguíneo durante la siguiente compresión, ya que el corazón no se habrá llenado adecuadamente de sangre. Intente limitar el numero de interrupciones de las compresiones torácicas, cada vez que se interrumpen la sangre deja de circular.

Diversas instituciones internacionales recomiendan una relación compresión-ventilación de 30:2 para todos los reanimadores únicos y todas las víctimas, excepto recién nacidos, desde lactantes hasta adultos,[7] es decir, después de 30 compresiones, abrir la vía aérea y hacer 2 insuflaciones. Volver a buscar el área del esternón y volver a repetir la secuencia indefinidamente (30:2), sólo se interrumpen las maniobras en caso de que aparezcan signos de circulación: el paciente respire, se mueva o tosa, o en el caso de que el reanimador esté extenuado o de que sea relevado por el Sistema Médico de Emergencias. En caso de que recupere los signos de circulación, el paciente se colocará en posición lateral de seguridad.

Referencias

  1. del Busto Prado, Francisco; Emilio Moreno Millan (2000) (en español). Manual de soporte vital básico (2da edición). Arán Ediciones. ISBN 8486725704. http://books.google.co.ve/books?id=-jtjtg_mCR4C. 
  2. a b c VASCO RAMIREZ, Mauricio. Desfibrilación externa automática (en español). Rev. Col. Anest. [online]. 2006, vol.34, n.2 [cited 2010-04-12], pp. 113-120. ISSN 0120-3347.
  3. a b Chapleau, Will (2008) (en español). Primer interviniente en Emergencias. Elsevier, España. pp. 202. ISBN 8481749982. http://books.google.co.ve/books?id=dhz4WQw_NJQC. 
  4. a b c Restrepo Cuartas, Jaime; Martiniano Jaime Contreras y Alejandro Múnera Duque (2006) (en español). Manual de normas y procedimientos en trauma (3ra edición). Universidad de Antioquia. pp. 4. ISBN 9586559688. http://books.google.co.ve/books?id=qPgH1T_uN_QC. 
  5. López Messa, J.B. (2008) (en español). Manual para la enseñanza de monitores en soporte vital básico y desfibrilación externa semiautomática (3ra edición). Elsevier, España. pp. 133. ISBN 8445819410. http://books.google.co.ve/books?id=G89aRowVAmcC. 
  6. GRUPO DE ESTUDIOS DE ETICA CLINICA DE LA SOCIEDAD MEDICA DE SANTIAGO. La reanimación cardiorrespiratoria y la orden de no reanimar. Rev. méd. Chile [online]. 2007, vol.135, n.5 [citado 2010-04-10], pp. 669-679 . Disponible en: <http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-98872007000500017&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0034-9887. doi: 10.4067/S0034-98872007000500017.
  7. a b URBINA-MEDINA, Huníades. Aspectos más destacados en reanimación cardiopulmonar pediátrica: Comité internacional de enlace en guías de resucitación (International Liaison Committee On Resuscitation Guidelines, ILCOR) 2005 (en español). Arch Venez Puer Ped. [online]. Dec. 2007, vol.70, no.4 [cited 10 April 2010], p.139-142. ISSN 0004-0649.

Wikimedia foundation. 2010.

Mira otros diccionarios:

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  • Soporte vital básico — El soporte vital básico (SVB) es el conjunto de medidas que tienen como finalidad prevenir la parada cardiorrespiratoria (PCR) en situaciones de emeregencia, si ésta no se ha producido, o el mantenimiento de la vida o resucitación cardiopulmonar… …   Enciclopedia Universal

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  • técnico en urgencias médicas - soporte vital avanzado — (TUM SVA) En EE.UU., técnico en urgencias médicas de tercer nivel. El TUM SVA está capacitado para ejecutar todas las medidas del nivel básico del TUM y del TUM IV. Además, el TUM SV …   Diccionario médico

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