Tierra plana

Tierra plana
Para el libro del mismo nombre, véase La tierra es plana.
Adaptación del siglo XV de un mapa O-T. Este tipo de mapamundi medieval ilustra tan solo la parte accesible de una tierra esférica, ya que se creía que nadie podía ser capaz de cruzar el clima tórrido cerca del ecuador para pasar al otro lado del globo.

La noción de una Tierra plana se refiere a la idea de que la superficie habitada de la Tierra es plana, en lugar de ser una tierra esférica curvada. Este artículo se centra en las visiones sobre la forma de la Tierra durante la historia de Europa, en evidencias históricas a favor y en contra de la creencia moderna de que la gente en la Europa Medieval creía que la Tierra era plana, en creyentes modernos en una Tierra plana, y en el uso de la idea de una tierra plana en la literatura y la cultura popular.

Al principio de la antigüedad clásica, la creencia generalizada consistía en que la Tierra era plana. Los filósofos griegos de ese periodo tenían tendencia a sacar conclusiones similares a las de Anaximandro, quien creía que la Tierra era un corto cilindro con una superficie plana y circular.[1] Se ha conjeturado que la primera persona en haber defendido la idea de una tierra esférica fue Pitágoras (siglo VI a. C.), pero esa idea contradice el hecho de que la mayoría de los presocráticos pitagóricos consideraban que la tierra era plana.[2] En su obra De Caelo, Aristóteles (siglo IV a. C.) da una explicación razonada de por qué la Tierra es una esfera y cita un valor para su circunferencia que es el correcto dentro de un factor de dos. En el siglo III a. C., Eratóstenes da una estimación más correcta de su circunferencia.[3]

En tiempos de Plinio el Viejo, en el siglo I, la mayoría de los estudiosos occidentales aceptaban que la Tierra tenía forma esférica. Más o menos por entonces, Claudio Ptolomeo derivó sus mapas de un globo curvado, y desarrollo el sistema de latitud, longitud, y climas. Sus escritos se convirtieron en la base de la astronomía europea durante la Edad Media, aunque la antigüedad tardía y la Alta Edad Media vieron argumentos ocasionales en favor de una Tierra plana.

El error moderno de que la gente en la Edad Media creía que la tierra era plana se introdujo por primera vez en el imaginario popular en el siglo XIX.

Contenido

Antigüedad

Mapa esquemático de un manuscrito del siglo XII del Comentario al Sueño de Escipión de Cicerón de Macrobio, mostrando la zona habitada del norte del mundo, separada de las antípodas por un océano imaginario ocupando todo el ecuador.

La creencia en una Tierra plana se encuentra ya en los escritos más antiguos de la humanidad. En la primera mitología caldea, el mundo se representa como un disco redondo y plano que flota en el océano, y eso formó la premisa para los primeros mapas griegos, como los de Anaximandro y Hecateo de Mileto.

En los tiempos clásicos apareció la idea alternativa de que la Tierra era esférica. Fue defendida por Pitágoras, aparentemente por razones estéticas, ya que también argumentaba que todos los demás objetos astronómicos eran a su vez esféricos. Aristóteles presentó evidencias de la forma esférica de la Tierra mediante sus observaciones,[4] apuntando que los viajeros que viajaban hacia el sur veían las constelaciones de ese hemisferio subir su posición en el horizonte. Eso sólo es posible si dicho horizonte se encuentra formando un ángulo con respecto al horizonte de alguien ubicado más al norte. Por lo tanto, la forma de la Tierra no podía ser plana.[5] Además, el borde de la sombra de la Tierra en la Luna durante la fase parcial de un eclipse lunar siempre es circular, sin importar cuan alta esté la Luna sobre el horizonte. Sólo una esfera puede generar una sombra circular en cualquier dirección, ya que un disco circular plano crearía una sombra con forma de elipse en la mayor parte de las direcciones.[6]

La circunferencia de la Tierra fue medida hacia el 240 a. C. por Eratóstenes. Él sabía que en Siena (hoy Asuán), en Egipto, la luz del Sol caía en perpendicular durante el solsticio de verano, mientras que la sombra creada por el sol en Alejandría estaba en un ángulo aproximado de 1/50o de círculo. Estimó la distancia en línea recta entre Siena y Alejandría en unos 5.000 estadios, lo que le permitió calcular la circunferencia de la Tierra en unos 252.000 estadios, y cada arco de grado en 700 estadios.[7] Aunque Eratóstenes empleó aproximaciones bastante amplias, dependiendo de la longitud que aceptemos para un stadion, su resultado está dentro de un margen de entre un 2% y un 20% de los valores calculados hoy en día. Vale la pena comentar que Eratóstenes sólo podía medir la circunferencia de la Tierra asumiendo que la distancia al Sol es tan grande que sus rayos son esencialmente paralelos. Una medición similar, incluida en un tratado matemático chino (el Zhoubi suanjing) del siglo I, fue empleada para medir la distancia hasta el Sol asumiendo que la Tierra era plana.[8]

Durante este periodo, la Tierra se solía considerar como dividida en zonas de clima, con un clima frío en los polos norte y sur, un mortal clima tórrido cerca del ecuador, y un suave y habitable clima temperado entre ambos. Se pensaba que las distintas temperaturas en las regiones dependían de su distancia hasta el Sol, aunque se equivocaban al creer que nadie podía cruzar la línea del clima tórrido y alcanzar las tierras de la otra mitad del globo. En su día, esas tierras imaginarias y sus habitantes fueron llamados antípodas[9]

Lucrecio (siglo I a. C.) se opuso al concepto de una tierra esférica, porque encontraba absurda la idea de las antípodas. Pero para el siglo I, Plinio el Viejo se consideraba en posición de afirmar que todo el mundo estaba de acuerdo con la idea de la forma esférica de la Tierra (Naturalis Historia, 2.64), aunque aún siguió habiendo disputas acerca de la naturaleza de las antípodas, y como era posible mantener el océano formando una curva. De forma muy interesante, Plinio considera, como "teoría intermedia", la posibilidad de una esfera imperfecta, "con forma de piña" (Naturalis Historia, 2.65)

En el siglo II el astrónomo Ptolomeo dio varios argumentos defendiendo la forma esférica de la Tierra. Entre ellos estaba la observación de que al navegar hacia las montañas, parecían crecer sobre el mar, indicando que estaban anteriormente ocultas por la superficie curvada del mar.[10]

A finales de la edad clásica, enciclopedistas tan renombrados como Macrobio (siglo IV) y Marciano Capella (siglo V) discutieron la circunferencia de la esfera terrestre, su posición central en el universo, la diferencia de las estaciones entre los hemisferios norte y sur, y muchos otros detalles geográficos.[11] En su Comentario al Sueño de Escipión de Cicerón, Macrobio describe la Tierra como un globo de tamaño insignificante en comparación con el resto del cosmos[12]

La Iglesia primigenia

Desde la antigüedad clásica y los principios de la teología cristiana, el concepto de la Tierra como esfera se había extendido completamente.[13] Como en la cultura secular, una pequeña minoría defendía la forma plana para la Tierra. También había algún debate acerca de la posibilidad de la existencia de habitantes en las antípodas: la existencia de gente a la que se suponía separada por un clima tórrido mortal era muy difícil de reconciliar con la visión cristiana de una humanidad unificada, descendiente de una misma pareja original y redimida por un solo Jesucristo.

San Agustín de Hipona (354 - 430) argumentó en contra de que hubiera habitantes en las antípodas:

Pero sobre la fábula de que existen los Antípodas, es decir, hombres que viven en el lado opuesto de la tierra, donde el sol se levanta cuando para nosotros se pone, hombres que caminan con sus pies opuestos a los nuestros, eso no es creible en modo alguno. Y, ciertamente, no se afirma que se haya aprendido tal cosa por conocimiento histórico, sino por conjetura científica, basándose en que la tierra está suspendida dentro de la concavidad del cielo, y que tiene tanto espacio en un lado como en el otro: por ello afirman que la parte bajo nosotros también debe de estar habitada. Pero no remarcan que, aunque se supone científicamente demostrado que el mundo tiene una forma esférica y redonda, de eso no se sigue que la otra cara de la tierra esté libre de agua; ni tampoco, aunque estuviera realmente libre de agua, se sigue que esté necesariamente habitada.[14]

Como esa gente tenían que ser descendientes de Adán, tenían que haber viajado hacia el otro lado del mundo en algún momento; San Agustín continúa:

Es demasiado absurdo decir que algún hombre puede haber tomado un barco y viajado a través de todo el ancho océano, y cruzado desde este lado del mundo al otro, y que por tanto incluso los habitantes de esa lejana región puedan descender de ese hombre primigenio.

En cualquier caso, San Agustín no sólo no niega la idea de una Tierra redonda, sino que describe explícitamente la Tierra como un globo en varios de sus escritos.[15]

Dibujo de la tierra según Cosmas Indicopleustes - tierra plana en un tabernáculo.

Unos cuantos autores cristianos se opusieron frontalmente al concepto de que la Tierra era redonda:

Lactancio (245 - 325), tras su conversión al cristianismo y su rechazo de la filosofía griega, lo calificó de "locura", al argumentar que la gente en el otro lado del mundo no "obedecería" a la gravedad.[16] Se preguntaba,

¿Existe acaso alguien tan insensato como para creer que hay personas cuyas huellas están más altas que sus cabezas? ¿Que las simientes y los árboles crecen cabeza abajo? ¿Que las lluvias y las nieves caen hacia arriba hacia el suelo? No tengo palabras para dar a aquellos que, una vez que han errado, perseveran insistentemente en su locura y defienden una cosa vana tras otra[17]

San Cirilo de Jerusalén (315 - 386) veía la Tierra como un firmamento flotando en el agua (aunque la cita relevante se encuentra en el curso de un sermón a los recién bautizados, y no está claro si estaba hablando de forma poética o en un sentido más físico) [cita requerida]

San Juan Crisóstomo (344 - 408) creía que una Tierra esférica era contradictoria con el contenido de las sagradas escrituras.[18] Diodoro de Tarso (fallecido en 394) también defendía la idea de una Tierra plana basándose en las escrituras; sin embargo, la opinión de Diodoro solo ha llegado a nosotros a través de una crítica de la misma realizada por Focio.[19]

Severiano, obispo de Gabala (fallecido en 408), escribió: "La Tierra es plana, y el Sol no pasa bajo ella durante la noche, sino que viaja a través de las zonas del norte, como si estuviera oculto por un muro".[20]

El monje egipcio Cosmas Indicopleustes (547) en su Topographia Christiana, en la que el Arca de la Alianza debía representar el conjunto del universo, argumentaba en base teológica que la Tierra era plana, un paralelogramo encerrado por cuatro océanos. Por lo menos un escritor cristiano temprano, San Basilio de Cesarea (329 - 379), creía que el asunto era teológicamente irrelevante.[21]

Distintos historiadores han mantenido que estos defensores de la Tierra plana fueron, bien influyentes (punto de vista tipificado por Andrew Dickson White), bien relativamente irrelevantes (tipificado por Jeffrey Russell) durante la Edad Media. La escasez de referencias a sus creencias en escritos medievales posteriores convence a la mayoría de los historiadores actuales de que su influencia fue escasa.

La Edad Media

Alta Edad Media

Mapa T-O del siglo XII representando el mundo no habitado según descripción de San Isidoro de Sevilla en su Etimologías. (cap. 14, de terra et partibus).

Con el fin de la civilización romana, Europa Occidental entró en la Edad Media con grandes dificultades que afectaron a la producción intelectual del continente. La mayoría de los tratados científicos de la antigüedad clásica (escritos en griego) no estaban disponibles, ocupado su lugar por resúmenes y compilaciones simplificadas. Aun así, la mayoría de los libros de texto de la Alta Edad Media defendían la forma esférica de la Tierra. Por ejemplo, muchos manuscritos medievales de Macrobio incluían mapas de la Tierra que mostraban las antípodas, mapas de zonas mostrando los climas Ptolemaicos derivados del concepto de Tierra esférica, y un diagrama mostrando la Tierra (etiquetada como globus terrae, el globo terrestre) como el centro de un conjunto de esferas celestes ordenadas jerárquicamente.[22] Se pueden encontrar imágenes de algunas de estas representaciones en el ya citado Sueño de Escipión.

La visión europea de la forma de la Tierra durante la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media se puede expresar mejor mediante los escritos de los eruditos cristianos primigenios:

  • Boecio (480 - 524 adc.), quien también escribió un tratado de teología (Sobre la trinidad), repitió el modelo de Macrobio de la Tierra como punto insignificante en el centro de un cosmos esférico en su influyente y ampliamente traducida obra, De consolatione Philosophiae.[23]
  • San Isidoro de Sevilla (560 - 636) enseñó en su ampliamente difundida enciclopedia (las Etimologías) que la Tierra era redonda. La interpretación de su descripción es ambigua, y algunos autores sostienen que en realidad se refería a una Tierra con forma de disco; sin embargo, el resto de sus obras dejan claro que consideraba la Tierra como un globo.[24] También admitió la posibilidad de que hubiera gente habitando las antípodas, aunque considerándolo como leyenda[25] y recalcando que no había pruebas de su existencia.[26] Además, la analogía ya comentada de San Isidoro que podía interpretarse como presentando la Tierra como un disco fue usada a lo largo de la Edad Media por autores claramente a favor de una Tierra esférica, como por ejemplo el obispo del siglo IX Rabanus Maurus, quien comparó la parte habitable del hemisferio norte (el clima temperado del norte según Aristóteles de Estagira) con una rueda, imaginada como una sección de la esfera completa.
  • El monje Beda (672 - 735) escribió en su influyente tratado sobre el cálculo de la fecha de Pascua (o computus), El devenir del tiempo, que la Tierra era redonda, explicando la longitud distinta del tiempo de luz diurna con las estaciones por "la redondez de la Tierra, pues no sin razón es llamada el orbe del mundo en las páginas de las Sagradas Escrituras y en la literatura ordinaria. Está, de hecho, situada como una esfera en el centro del Universo.".[27] La gran cantidad de manuscritos supervivientes de esa obra, copiados a fin de alcanzar el requisito carolingio de que todos los clérigos estudiaran el computus, indica que muchos, si no todos los clérigos estudiaron como cierta la idea de la esfericidad de la Tierra[28] Aelfrico parafraseó a Beda en Inglés antíguo, diciendo "Ahora la redondez de la Tierra y la órbita del Sol constituyen los obstáculos a la misma longitud del día en todas las tierras."[29]
  • A veces se menciona al obispo Virgilio de Salzburgo (700 - 784) como víctima de persecuciones por haber enseñado "una perversa y pecaminosa doctrina... contra Dios y contra su propia alma" acerca de la forma esférica de la Tierra. El Papa Zacarías decidió que "si fuese claramente establecido que profesa creencia en otro mundo y otras gentes existiendo bajo la Tierra, o en [otro] Sol y Luna, deberéis formar un concilio y privarle de su rango sacerdotal, y expulsarle de la Iglesia."[30] El tema en disputa no era la forma esférica de la Tierra en sí misma, sino si la gente que vivía en las antípodas eran o no descendientes de Adán, y por tanto si eran o no susceptibles de redención. Virgilio logró librarse a sí mismo de esos cargos, fue más tarde ordenado obispo y canonizado en el siglo XIII[31]

Una pista no literaria y muy gráfica de que la gente en la Edad Media creía en la forma esférica de la Tierra es el uso del orbe (globus cruciger) en la regalía de muchos reinos y del Sacro Imperio Romano Germánico. Su uso está atestiguado desde los tiempos del emperador Teodosio II (401 - 450), a lo largo de la Edad Media; el Reichsapfel, por ejemplo, se usó durante la coronación de Enrique VI del Sacro Imperio Romano Germánico en 1191.

Un estudio reciente de conceptos medievales acerca de la forma esférica de la Tierra indicaba que "desde el siglo VIII, ningún cosmógrafo digno de tal nombre ha cuestionado la forma esférica de la Tierra".[32] Por supuesto, la opinión general de la población no la definen, ni entonces ni ahora, los intelectuales de renombre. Es difícil decir lo que la mayoría de la población pensaba sobre la forma de la Tierra, si es que se lo llegaban a plantear. Puede haber sido tan irrelevante para ellos como el Principio de indeterminación de Heisenberg lo es para la mayoría de nuestros contemporáneos.

Baja Edad Media

Dibujo de una edición de 1550 de "De sphaera mundi", el libro de astronomía más influyente del siglo XIII, escrito por Juan de Sacrobosco.

Hacia el siglo XI, Europa supo de la astronomía islámica. Cerca del 1070 se inició la revolución del siglo XII, que supuso una revitalización intelectual de Europa con fuertes raíces filosóficas y científicas, y un incremento en la afición por el estudio de la naturaleza. Para entonces, abundantes registros sugieren que se eliminó cualquier duda que los europeos pudieran haber tenido hasta entonces respecto a la forma esférica de la Tierra.

Hermann von Reichenau (10131054) fue de los primeros académicos cristianos en estimar la circunferencia de la Tierra siguiendo el método de Eratóstenes. Tomás de Aquino (12251274), el más importante y estudiado teólogo de la Edad Media, creía en una Tierra esférica; e incluso dio por sentado que sus lectores también opinaban que la Tierra era esférica.[33] Las lecturas en las universidades medievales solían presentar evidencias de la idea de que la Tierra es una esfera.[34] Así mismo, el "De sphaera mundi", el libro de astronomía más influyente del siglo XIII y de lectura obligatoria para los estudiantes de todas las universidades europeas occidentales, describe el mundo como una esfera.

El libro noruego Konungs skuggsjá, de cerca de 1250, dice claramente que la Tierra es redonda, y que cuando es de noche en el otro lado de la Tierra, es de día en Noruega. El autor también discute la existencia de las Antípodas, y resalta que, si existen, deben de ver el sol al norte de su posición durante el mediodía, así como que sus estaciones serán opuestas a las que se aprecian en el hemisferio norte.

Representación artística de una Tierra esférica, (c.1400).

El desarrollo tardío de la literatura en lengua vernácula también ofrece evidencia sobre la idea de que la forma esférica de la Tierra era un conocimiento extendido fuera de los círculos académicos. El conocimiento académico de la época se escribía habitualmente en latín. Por ello, los trabajos en idiomas o dialectos nativos (como el italiano, el español o el alemán) normalmente estaban destinados a audiencias más extensas.

La Divina Comedia de Dante Alighieri, la última gran obra de la literatura de la Edad Media, escrita en italiano, presenta una Tierra de forma esférica. Así mismo, el Elucidarium de Honorius Augustodunensis (1120), un importante manual para la instrucción de clérigos menores que fue traducido a inglés, francés, alemán, ruso, holandés, noruego, islandés, español y varios dialectos italianos, se refiere de forma explícita a una Tierra esférica. Igualmente, el hecho de que Bertold de Ratisbona (mediados del siglo XIII) use la Tierra esférica como ilustración de uno de sus sermones muestra que, por lo menos en su congregación, la idea era ampliamente conocida. El sermón fue escrito y recitado en alemán vernáculo, por lo que no estaba dirigido a una audiencia con estudios.

Reinhard Krüger, profesor de literatura Romance en la Universidad de Stuttgart (Alemania) ha descubierto más de 100 escritores en lenguas latinas y vernáculas desde la antigüedad hasta el siglo XV que estaban convencidos de que la Tierra era esférica como una pelota. Sin embargo, en fecha tan tardía como el siglo XV, el teólogo español Alonso Tostado aún discutía la existencia de habitantes de las Antípodas.[35] Desde un punto de vista europeo, la exploración portuguesa de África y Asia, las exploraciones españolas en las Américas durante el siglo XV, y la circunnavegación de la Tierra iniciada por Fernando de Magallanes y concluida por Sebastián Elcano, aportaron las pruebas experimentales necesarias acerca de la forma global de la Tierra.

Mundo musulmán medieval

Muchos académicos musulmanes, como Ibn Hazm (1069), Abu-al-Faraj ibn Al-Jawzi (1200) e Ibn Taymiyyah (1328) declararon un acuerdo mutuo (Ijma) según el cual los cuerpos celestes son esféricos. La afirmación de académicos posteriores, como as-Suyuti (1505), de que la Tierra es plana, representa una desviación de esa opinión inicial[36]

Los académicos que defendían el concepto de Tierra esférica lo usaron, de una forma impecablemente islámica, para calcular la distancia más corta entre cualquier punto de la Tierra y La Meca. Eso también les ayudaba a determinar la Alquibla, la dirección hacia la que todo musulmán debe rezar. Los matemáticos musulmanes desarrollaron la trigonometría esférica con el fin de poder realizar estos cálculos.[37]

Existe así mismo un verso en el Corán [79:30] que en una traducción libre puede interpretarse como "Hizo la tierra con forma de huevo",[38] lo que sugiere que la Tierra no se consideraba como plana. La mayoría de las traducciones ("Y tras esto Él esparció la Tierra") sugieren que este verso puede apoyar la teoría de la Tierra plana o "Luego extendió la Tierra" que es la traducción usada en los actuales coran والأرض بعد ذلك دحاها

Tiempos modernos

La errónea creencia común de que la gente antes de la Era de los Descubrimientos creía que la Tierra era plana entró en la imaginación popular tras la publicación del libro «La vida y viajes de Cristóbal Colón», de Washington Irving, en 1828. En los Estados Unidos de América esta idea incorrecta sigue vigente entre la población, e incluso es ampliamente repetida en libros de texto de gran tirada. Ediciones anteriores del The American Pageant, un popular libro de texto de Thomas Bailey, afirman que «Los supersticiosos marineros... se volvían cada vez más amotinados... porque temían navegar más allá del borde del mundo»; sin embargo, no hay ninguna referencia histórica conocida que afirme tal cosa.[39] En realidad, los marineros fueron seguramente los primeros en saber de la curvatura de la Tierra a través de sus observaciones diarias, como por ejemplo el ver cómo los detalles de la costa o los mástiles de otros barcos surgían o se hundían en el horizonte con la distancia.

Véase también

Notas y referencias

  1. Anaximandro, Fragments and Commentary, Arthur Fairbanks, ed. y trad., (Plut., Strom. 2; Dox. 579); citado del Hanover Historical Texts Project. [1]
  2. Burch, George Bosworth. The Counter-Earth. Osirus, vol. 11. Saint Catherines Press, 1954. p. 267-294
  3. Biblioteca de Bede, The Myth of the Flat Earth. [2]
  4. G. E. R. Lloyd, Aristotle: The Growth and Structure of His Thought, (Cambridge: Cambridge Univ. Pr., 1968), pp. 162-164.
  5. Aristòtil, De caelo, 297b24-31
  6. Aristóteles, De caelo, 297b31-298a10
  7. Albert Van Helden, Measuring the Universe: Cosmic Dimensions from Aristarchus to Halley, (Chicago: Univ. of Chicago Pr., 1985, pp. 4-5. ISBN 0-226-84882-5
  8. G. E. R. Lloyd, Adversaries and Authorities: Investigations into Ancient Greek and Chinese Science, (Cambridge: Cambridge Univ. Pr., 1996), pp. 59-60.
  9. Alfred Hiatt, "Blank Spaces on the Earth," The Yale Journal of Criticism, 15, (2002): 223–250; Michael Livingston, Modern Medieval Map Myths: The Flat World, Ancient Sea-Kings, and Dragons, 2002.
  10. Ptolomeo, Almagest, I.4, citado en Edward Grant, A Source Book in Medieval Science, (Cambridge: Harvard Univ. Pr., 1974), pp. 63-4
  11. Macrobio, Comentario al Sueño de Escipión de Cicerón, V.9-VI.7, XX.18-24, trad. W. H. Stahl, (New York: Columbia Univ. Pr., 1952; Marciano Capella, El Matrimonio de Filología y Mercurio, VI.590-610, trad. W. H. Stahl, R. Johnson, y E. L. Burge, (New York: Columbia Univ. Pr., 1977).
  12. Macrobio,, Commentario al Sueño de Escipion, trad. W. H. Stahl, (New York: Columbia Univ. Pr., 1952), caps. v-vii, (pp. 200-212).
  13. Como muestra el globus cruciger (esférico) que aparece en monedas de Teodosio II
  14. De Civitate Dei, Libro XVI, Capítulo 9 — Sobre si debemos creer en las Antípodas, traducido al inglés por Rev. Marcus Dods, D.D.; de la Biblioteca Etérea de Clásicos Cristianos en el Calvin College
  15. En su comentario sobre la Interpretación literal del Génesis, Agustín considera la Tierra como un globo: "En el momento en que para nosotros es noche, el sol ilumina con su presencia [otras partes del mundo...]. Durante su circuito de 24 horas, siempre hay un lugar donde es de día y uno donde es de noche." "Aunque el agua aún cubría toda la Tierra, no había nada que evitase, en la enorme esfera acuosa, en un lado el día por la presencia de luz, y en el otro la noche, por la ausencia de luz." (San Agustín de Hipona, La Interpretación Literal del Génesis, 30, 33) [3]
  16. http://www.christiananswers.net/q-aig/aig-c034.html (en inglés) contiene información sobre la correlación entre el concepto de tierra plana y la Iglesia católica; aunque está escrito desde el punto de vista de un punto de vista de apología del cristianismo, la información que se ofrece está basada en hechos.
  17. Se cita a Lactancio en un libro publicado por Andrew D. White, listado en las lecturas recomendadas (enlace en inglés)
  18. http://www.newadvent.org/cathen/06447a.htm. Se dice acá que San Juan Crisóstomo era "uno de los propugnadores de este error, refiéndose a la exégesis de las escrituras que se hacía en la época y por la cual los padres de la Iglesia aceptaban la idea de la tierra plana"
  19. J.L.E. Dreyer, A History of Planetary Systems from Thales to Kepler. (1906); reedición como A History of Astronomy from Thales to Kepler (New York: Dover Publications, 1953).
  20. J.L.E. Dreyer, A History of Planetary Systems, (1906)
  21. San Basilio el Grande, Hexaemeron 9 - HOMILIA IX - "La creación de los animales terrestres", Iglesia Ortodoxa de los Santos Inocentes.en inglés
  22. B. Eastwood y G. Graßhoff, Planetary Diagrams for Roman Astronomy in Medieval Europe, ca. 800-1500, Transactions of the American Philosophical Society, 94, 3 (Philadelphia, 2004), pp. 49-50.
  23. S. C. McCluskey, Astronomies and Cultures in Early Medieval Europe, (Cambridge: Cambridge Univ. Pr., 1998), pag. 114, 123.
  24. Isidoro, Etymologiae, XIV.ii.1[4]; Wesley M. Stevens, "The Figure of the Earth in Isidore's De natura rerum", Isis, 71(1980): 268-277.
  25. Isidoro, Etymologiae, XIV.v.17[5].
  26. Isidoro, Etymologiae, IX.ii.133[6].
  27. (De temporum ratione, 32).
  28. Faith Wallis, trad., Bede: The Reckoning of Time, (Liverpool: Liverpool Univ. Pr., 2004), pág. lxxxv-lxxxix.
  29. Aelfrico de Eynsham, On the Seasons of the Year, Peter Baker, trad. [7]
  30. MGH, Epistolae Selectae 1, 80, pp. 178-9.[8]; traducción al inglés en M. L. W. Laistner, Thought and Letters in Western Europe: A.D. 500 to 900, 2a. ed., (Ithaca: Cornell Univ. Pr., 1955), pp. 184-5.
  31. Enciclopedia Católica, [9] (en inglés)
  32. Klaus Anselm Vogel, "Sphaera terrae - das mittelalterliche Bild der Erde und die kosmographische Revolution," Trabajo de doctorado, Georg-August-Universität Göttingen, 1995, p. 19.[10]
  33. Cuando Aquino escribió la Summa, en el principio, la idea de una Tierra esférica es el ejemplo usado cuando quiere mostrar que los campos de la ciencia se distinguen por sus métodos más que por el sujeto de su estudio... "Las ciencias se distinguen por los distintos métodos que usan. Pues el astrónomo y el físico pueden ambos probar la misma conclusión - que la Tierra es, en este caso, redonda: el astrónomo lo demuestra mediante las matemáticas, pero el físico lo demuestra por la naturaleza de las cosas. [11] (en inglés)"
  34. E. Grant, Planets. Stars, & Orbs: The Medieval Cosmos, 1200-1687, (Cambridge: Cambridge Univ. Pr., 1994), pp. 626-630.
  35. A. D. White, A History of the Warfare of Science with Theology in Christendom, (New York: D. Appleton & Co., 1896)[12].
  36. Anonymous, History, Science and Civilization: Early Muslim Consensus: The Earth is Round (en inglés).
  37. David A. King, Astronomy in the Service of Islam, (Aldershot (U.K.): Variorum), 1993.
  38. Compared Translations of the meaning of the Quran - 79:30 (en inglés)
  39. James. W. Loewen, Lies My Teacher Told Me: Everything Your History Textbook Got Wrong, (Touchstone Books, 1996), p. 56

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