Vegetación de España


Vegetación de España

La vegetación de España es muy variada, debido a varios factores como son: la diversidad del relieve , del clima y su latitud. Las regiones fitogeográficas tienen características propias y son el resultado de la interacción de varios elementos, destacando el clima, el relieve y el tipo de suelo:

  • Clima: es muy variable, lo que repercute sobre el ciclo biológico de la vegetación, se dan microclimas que tienen vegetación aún más diferente.
  • Relieve: destaca la altitud, la continentalidad y su mayor o menos proximidad al mar. Se crean así diferentes hábitats
  • Tipo de suelo: cada especie se adapta mejor a un tipo de suelo.

La Península Ibérica presenta cuatro tipos de regiones en cuanto a la flora: Mediterránea, Eurosiberiana, Boreoalpina y las Islas Canarias.

En España hay 17.804 millones de árboles y cada año crecen una media de 284 millones más.[1]

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Contenido

Mediterránea

La Encina es el árbol mejor adaptado a las condiciones climáticas de la Península Ibérica. Por lo que es muy abundante en ella.
Encinar provenzal.

Es la región de mayor extensión e importancia. Influida por el clima mediterráneo, con periodos de sequía, escasa lluvia y gran amplitud térmica. El tipo de vegetación más importante es la esclerófila, muy bien adaptada a la sequía, con hojas duras, pequeñas y perennes.

Se divide en dos dominios: el encinar y la maquia.

El encinar

En el dominio del encinar el árbol característico es la encina (Quercux ilex), que es el árbol más representativo del clima mediterráneo y que dominaría absolutamente en todo el territorio si el hombre no la hubiera reducido mucho. La encina es un árbol de talla mediana, no supera los 15 metros de altura, con el tronco robusto y de hojas pequeñas, de color verde oscuro, con la cara inferior grisácea, coriáceas, persistentes y muy abundantes. Tiene raíces muy potentes. Se adapta a varias condiciones climáticas diferentes y a la vez que en estado adulto es capaz de aguantar la plena insolación, crea una sombra extraordinariamente densa, que él mismo necesita para su primer desarrollo y que es a su vez generadora de un microclima apto para unas determinadas especies. Aparece por toda la Península, exceptuando áreas del norte por encima de los 100 m. En el sur aparece hasta los 2000 msnm. Tampoco aparece en el dominio subdesértico del sureste de la península.

Existen distintas especies asociadas a otras especies vegetales dando paisajes diferentes y entonces se habla de sectores, hay tres sectores dentro del encinar:

Encinar provenzal[2]

Se da en la zona catalana, en el norte de la desembocadura del Llobregat, entre la costa y las zonas de 800 m de altura. El árbol predominante es la encina, acompañada de un sotobosque arbustivo con madroños, lentiscos, coscojas y durillos. Estas formaciones se asientan en zonas silíceas y según el grado de sílice, la encina puede ser sustituida por alcornoque. Hay un fuerte grado de degradación antrópica, el sotobosque está siendo sustituido por cultivos y la encina se retrotrae a zonas de mayor altura. Al desaparecer la encina y el sotobosque, la cantidad de insolación que recibe el espacio es mayor y aparecerán especies heliófilas, destacando la coscoja, y matorral arbustivo a su alrededor y este conjunto forma la garriga. Cuando la garriga se degrada y desaparece, aparecen en su lugar jaras y brezos. Con frecuencia los pinos forman bosques de tipo secundario. La última fase de degradación está representada por herbazales de gramíneas y plantas anuales.

Encinar carrascal[3]

Es el sector de más extensión. Se da en la Meseta Norte y Meseta Sur y en la Depresión del Ebro. Predomina una subespecie de la encina que es la carrasca, (Quercus ilex ssp. rotundifoliae) que se adapta mucho mejor al frío y a la sequía del verano. El tipo de paisaje es xerófilo. La vegetación es más inestable, como consecuencia de la aridez y dureza climática. El sotobosque es más pobre y la degradación antrópica es más acusada, dando lugar a estepas o áreas sin vegetación. Actualmente el bosque autóctono se encuentra casi completamente destruido, particularmente en los sectores llanos, como los llanos de Lérida y los de la Meseta. En la Mancha, por ejemplo, las encinas constituyen raros testigos del antiguo bosque de remoto origen. Donde el hombre ha roto el equilibrio ecológico, el carrascal no ha podido reconstruirse, al menos a escala temporal humana.

esparto. Planta que sustituye al bosque de carrascas cuando éste es destruido.

El paisaje actual de esta área está representado por los campos de cultivo que se extienden por todos los sectores de buenas tierras, o por una vegetación resultante de la destrucción del carrascal: las denominadas «estepas», los tomillares y los los espartales, muy comunes en la Meseta Sur y particularmente en la Depresión del Ebro, donde predominan suelos yesosos y salinos, con una aridez veraniega muy acusada y temperaturas invernales muy bajas en los que difícilmente podría vivir un bosque denso. Los espartales son asimismo, muchas veces, una formación vegetal de degradación. Constituidos por varias especies de gramíneas xerófilas, entre las que destacan Lygeum spartum (el albardín), y Stipa tenacissima (la atocha), han sido explotados económicamente, con lo que se ha llegado a unas formaciones bastante puras y su área ha quedado ampliada a expensas de los espinares del sudeste y de las garrigas e incluso de los encinares del interior. Donde constituyen formaciones más importantes y homogéneas es en el sudeste, Meseta Sur y la Depresión del Ebro.[2] [4]

Junto a la carrasca aparece el pino autóctono y el tomillo, apareciendo otras especies vegetales, que junto a estas herbáceas, forman los tomillares (xerófilos). Los tomillares son formaciones constituidas por pequeñas matas de tomillo (género Thymus), de aulagas (Genista scorpius) y de otras especies, que ocupan extensas áreas del interior de la Meseta y de las tierras áridas del sudeste. Constituyen, en realidad, la etapa final del proceso regresivo de la vegetación forestal.

Alcornocal

Alcornoques. Se observa que tienen las hojas más claras que la encina.

Se da en el sudoeste de la Península Ibérica, Montes de Toledo, Sierra Morena y Cataluña. La especie predominante es el alcornoque, (Quercus suber) parecido a la encina pero con un tronco más grueso, que tiene una capa de corcho y con las hojas más claras, con un follaje menos denso y de color más claro, por tanto, la insolación que recibe es mayor; ello da lugar a un microclima bastante diferente. No se asienta nunca sobre sustratos calizos (calcifugo), es menos resistente al frío por lo que su área se mantiene más al sur y necesita más humedad. Si la pluviosidad anual supera los 500 mm, este árbol se expande por las solanas sobrepasando los 1.000 m de altitud. En cambio, si no los alcanza, se localiza sólo en las umbrías sin superar los 600-700 m. En los alcornocales se encuentra normalmente mezclada la encina en una proporción variable. El alcornocal natural, muy excepcional actualmente, presenta un aspecto característico. Los alconorques, no muy altos, alcanzan un extraordinario grosor; se conocen algunos con 7 m de diámetro a un metro del suelo.

El sotobosque está formado por leguminosas, del género genista, algunas especies espinosas como el tojo, aulaga negra y brezo) y otras que no lo son, también del género Genista y Cytisus, madroños, jaras, etc., contribuyen a formar un sotobosque denso e inflamable.

La acción antrópica de aprovechamiento del corcho hace que el sotobosque no se desarrolle, aunque es uno de los más capacitados para la recuperación sobre todo después de los incendios. Los jarales y brezales que arden fácilmente, pero que se reconstituyen con rapidez y resultan por ello favorecidos por los incendios frecuentes, alcanzan gran desarrollo en la España occidental silícea y en primer lugar en Sierra Morena.

La maquia y el pinar

El clima mediterráneo alcanza dentro de la Península, en algún sector, elevados grados de aridez; el período árido puede superar los cuatro meses. En estas condiciones, el encinar ya no puede desarrollarse. La encina va desapareciendo y deja paso a una vegetación de tipo arbustivo. Se localiza en la vertiente mediterránea y parte de la atlántica, desde la desembocadura del Llobregat hasta el Algarve portugués, así como por algunos sectores de clima muy continental de la Meseta y sobre todo de la Depresión del Ebro.

La vegetación de esta zona es de tipo xerófilo y una altura mucho más reducida que la del encinar. El equilibrio ecológico es bastante precario con el medio que le rodea que se configura de forma discontinua. La acción antrópica, muy acusada en esta área poblada desde muy antiguo, ha reducido la vegetación natural a sectores muy pequeños.

Se diferencian varios sectores que dan lugar a unidades paisajísticas diferentes:

La jara, componente del sotobosque mediterráneo
  • Sector de la maquia oriental, desde la desembocadura del Llobregat hasta Alicante. Es una franja de transición entre las partes más orientales del Sistema Ibérico y la costa, su vegetación es de monte bajo, que puede llegar a ser densa, y se desarrolla en terrenos ricos en carbonato, predominan especies calcícolas, como el acebuche, algarrobo, palmito, etc. El sotobosque es el mismo que en el encinar: coscojas, brezo y jara. Sufre una fuerte degradación antrópica que da lugar a la garriga con gran densidad de coscoja y a los pinares, o, en los casos de degradación más avanzada, a un herbazal xerófilo parecido al resultante de la destrucción del encinar.
  • Sector murciano-almeriense, comprende desde las últimas estribaciones de la Bética hasta la costa. El periodo de aridez es más amplio (5-6 meses), la vegetación va en transición desde la mediterránea a la desértica. En la zona más occidental se desarrolla la vegetación mediterránea y conforme nos adentramos en Almería hay especies subdesérticas, que suplantan las hojas por espinas. En las áreas más húmedas hay palmito, espino negro y esparragueras, en las zonas más secas las especies son formaciones de afinidad africana como el azufaifo o el araar.
  • Sector de la maquia meridional, entre la desembocadura del Guadalhorce hasta el Algarve portugués. Las temperaturas son elevadas y también presenta formaciones de afiliación africana, es muy común el palmito, que aquí alcanza sus máximas densidades y vive tanto en terreno calcáreo como silíceo. El suelo cambia y ya no es carbonatado sino silíceo, con vegetación de tipo silicícola, destacando varios tipos de jaras que serán más abundantes cuanto mayor sea la degradación.
  • Maquia continental. En el interior del país, existen zonas en las que a una extremada aridez y elevada temperatura veraniega se unen inviernos muy rigurosos, en los que el termómetro desciende con frecuencia a 15° bajo cero. Las plantas mediterráneas exigentes en cuanto a temperatura quedan en estos sectores relegadas a los refugios de microclima más favorable. En ellos son frecuentes las inversiones térmicas en las frías y serenas noches de invierno. Esta área de clima continental árido y extremado se extiende por gran parte de la cuenca media del Ebro y algunas llanuras de Albacete y de la Mancha. En ella no existen especies heliófilas y su vegetación es de tipo maquia pero muy seca, con especies que se adaptan al periodo frío y seco. Formaciones de espinos y sabinas con disposición discontinua. La degradación antrópica consiste en la reducción de las sabinas que hace que aparezcan tomillos y matas aisladas de herbáceos, como espárragos, que crecen en suelos ricos en sales o con alto grado de nitrógeno llamados halófilos. Son también frecuentes los espartales de Lygeum spartum y las formaciones de ontina (Artemisia herba-alba).

Eurosiberiana

Se da en el norte de la Península Ibérica con un clima oceánico, con lluvias regulares, lo que influye en la vegetación. Dentro de esta región está el dominio atlántico y el submediterráneo.

Atlántico

Roble Carvallo.

Se asienta en la parte norte y noroeste, desde Galicia hasta el límite occidental de los Pirineos. Su vegetación es un bosque denso, abundan los prados con gran verdor. Se diferencian tres sectores:

  • Cantábrico: abarca desde la parte más oriental de Galicia hasta las estribaciones más occidentales de los Pirineos. Su vegetación es de bosque caducifolio en el que predominan el roble carvallo y el haya. El roble carvallo puede llegar a los 40 m, con gran ramificación y muy adaptado al frío. Para su desarrollo necesita suelos con alto componente de humedad. Dentro de los carvallos aparece otra especie: el roble sesil, junto a los acebos y serbal. El sotobosque es de brezo y tojo. Cuando la degradación ya es muy acusada aparecen matorrales de retama junto a helechos. El tipo de matorral propio del dominio atlántico es la landa. También existen los hayedos con hayas altas y que se ramifican hacia la mitad de su tronco. Son muy resistentes al frío y necesitan humedad para desarrollarse, es muy común en zonas montañosas. Son casi inexistentes en el sur de la península. Las hojas del haya configuran una gran sombra por lo que se crean microclimas en su interior. El sotobosque es muy pobre, son especies bulbosas que se desarrollan en primavera cuando el follaje no es tan denso. Estos espacios no han sido tan degradados, se han explotado para aprovechar la madera. Cuando el haya y el roble van desapareciendo se sustituyen por especies como el castaño, muy común en Cantabria y cede el sitio a especies de repoblación como el pino y el eucalipto.
  • Gallego: la especie dominante es el roble carvallo. El haya desaparece conforme nos adentramos en ámbitos centrales y occidentales porque carece de la humedad ambiental necesaria para su desarrollo. Conforme nos alejamos de la costa, el carvallo se sustituye por el roble rebollo, menos exigente de humedad. Se manifiesta en suelos ricos en sílice. Entre ambos robles hay pinos y todos se asientan en montañas altas y medias. En las zonas costeras los robles y pinos están acompañados por castaños y eucaliptos. Conforme desciende la altitud, estos robles y pinos se sustituyen por prados con aprovechamiento ganadero y herbáceo. Su matorral característico conforme se degrada es la landa con brezos y tojos.
  • Transición atlántico-mediterránea: corresponde a la parte meridional de la cordillera Cantábrica y de Galicia. La principal característica es que existen unas zonas de influencia oceánica y otras mediterráneo-continental. El roble que predomina es el rebollo que se va mezclando con las primeras encinas del sector silíceo. Es la vegetación que predomina en los Montes de León y en la vertiente sur de la cordillera Cantábrica.

Submediterráneo

Pinar albar correspondiente al submediterráneo húmedo.

Se extiende a partir del área más oriental del domino atlántico. La principal característica es que existen especies que corresponden a las regiones eurosiberianas y otras a regiones mediterráneas. Se asientan en el prepirineo y en espacios muy concretos de la cordillera Bética. Existe un sector húmedo y otro seco:

  • Húmedo: destaca el roble pubescente, en condiciones ecológicas moderadas, ni mucho frío ni mucho calor, junto a este también se da el pino silvestre y juntos crean una asociación. Predominan en la zona meridional de los Pirineos. En suelo carbonatado existe un sotobosque donde predomina el boj, cuando es suelo silíceo el sotobosque es de roble albar, cuando predomina el pino albar su sotobosque es de especies mediterráneas y submediterráneas. Al estar a más de 500 msnm ha sido fuertemente degradado por el hombre y se ha transformado en campos de cultivo.
  • Seco: la especie dominante es el quejigo que es más pequeño que la encina, tiene una hoja más reducida, con pequeños dientes, es más resistente al frío pero no soporta las duras condiciones de calor. Se adapta muy bien a los suelos carbonatados y al no soportar la insolación se da en las zonas de sombra, por el contrario, en las solanas va desapareciendo y es sustituido por la encina. El sotobosque será mediterráneo y submediterráneo.

Área boreoalpina

Abeto que se da en las zonas más húmedas en el piso subalpino de entre 1200 a 2400 msnm.

Se corresponde con la vegetación de alta montaña y está delimitada por la altitud. Está muy adaptada a las bajas temperaturas, y con mayor pluviosidad que las zonas más bajas. Hay un ciclo biológico muy reducido a causa de la nieve. Existen diferentes regiones según la altitud. Hay tres dominios.

Montaña alpina

La encontramos en los Pirineos a partir de los 1200-1300 msnm. Según el piso altitudinal podemos encontrar diferente vegetación. El primero es el subalpino, entre 1200 y 2400 m, en el que el clima es bastante húmedo y da lugar a un densa vegetación, destacando las coníferas, como el abeto y el pino negro. El abeto se da en las zonas más húmedas de esta región con bosques densos, lo que propicia que el sotobosque reciba una insolación reducida y no sea muy rico. El pino negro es más pequeño y tiene un tronco grueso, la insolación es mayor. Su sotobosque asociado está formado por arándanos rododendros, gayuba y enebro.Esta vegetación, cuando los bosques de pino negro se aclaran por acción del hombre, se adensa y constituye un espeso matorral. La destrucción del mismo conduce a la formación de un prado de Festuca scoparia en terreno calizo o de Nardus stricta sobre suelo ácido. Si en el suelo existe gran abundancia de carbonatos, el sotobosque del pinar de pino negro se empobrece acusadamente.

El siguiente piso es el alpino, entre 2300 y 3000 m. La vegetación es el prado de plantas pequeñas y acompañado de plantas bulbosas, con un ciclo de vida corto, supeditado al tiempo en que se recubre de nieve (6-7 meses). Según la humedad y el suelo existen otras especies florísticas. El último piso es el nivel que se encuentra a más de 3000 m de altura, se localiza en espacios concretos, las zonas de escasa pendiente están cubiertas de nieve todo el año y la vegetación es inexistente. Donde hay pendiente, la nieve resbala y no se encuentra el suelo cubierto hay especies adosadas a las rocas como musgos o líquenes. En los puntos donde existe un defectuoso avenamiento, el agua de fusión de la nieve ocasiona la constitución de turberas con su característica vegetación de esfagnos y carex.

El piso nival. Este piso no alcanza superficies importantes en los Pirineos, como en ninguna parte de España; corresponde a los sectores situados aproximadamente por encima de los 3.000 m. Dentro de él hay que distinguir: los espacios de topografía más o menos plana o de pendiente reducida en los que la nieve se mantiene a lo largo de todo el año, en los que la vegetación superior es inexistente; y los constituidos por rocas de fuerte pendiente donde la nieve desaparece durante un tiempo, y en donde se encuentran las asociaciones de pequeñas plantas rupicolas.

Montaña de transición

Cytisus oromediterraneus: piornal en flor en la Sierra de Guadarrama.

Comprende gran parte de las montañas de la Península fuera de la expansión de los Pirineos. En las Montañas de transición hacia el Atlántico solo se circunscribe a las partes más altas dentro de la Cordillera Cantábrica, su vegetación es más pobre que en los Pirineos porque desaparece el piso subalpino, hay pequeños matorrales de arbustos, de porte reducido:(Juniperus communis ssp. nana), brecina (Calluna vulgaris), brezos y genistas, afines a la landa atlántica, los cuales en las mayores altitudes dejan lugar al prado alpino. Donde predomina el suelo silíceo se desarrolla la landa y en las zonas más elevadas los prados, cuando el suelo es calizo la vegetación es discontinua. En las montañas de transición al mediterráneo se da en todas las cordilleras por debajo de la Cantábrica, es decir en Sierra Morena y Sistema Central. La principal característica es que existe irregularidad pluvial y estación seca y el piso subalpino no existe. Por encima del bosque caducifolio se da el matorral. En el Sistema Central, a partir de los 1.900-1.950 msnm al desaparecer los últimos pies de pino silvestre, el enebro enano, que abunda ya junto con el pino, se hace cada vez más abundante y denso constituyendo una formación subarbustiva relativamente cerrada. Por encima se encuentran prados de diente de Nardus stricta y Festuca indigesta.

En la parte septentrional del Sistema Ibérico, aún muy atlántica por su vegetación, el piso supraforestal, que se inicia también alrededor de los 1.900 m, aparece en contacto con los hayedos y presenta principalmente una landa supraforestal de piorno (Cytisus scoparius) y enebro enano.

La montaña mediterránea

Al sur y al este de los sectores señalados son poco importantes las áreas que puedan ser consideradas como alta montaña, siendo la de mayor entidad la de Sierra Nevada. Aquí la característica climática fundamental es la existencia de un verano que puede considerarse seco. El piso montano en contacto con el supraforestal está constituido por árboles meridionales, particularmente la encina, el quejigo y en los sectores más húmedos el marojo.

El piso supraforestal propiamente dicho se inicia aproximadamente a partir de los 2.000 msnm. Son especialmente importantes en él las especies mediterráneas orófilas en forma de almohadilla espinosa, muchas de ellas presentes también en las altas montañas norteafricanas. Los pedregales y la roca desnuda ocupan grandes extensiones, en relación con el clima y con un intensísimo pastoreo. Sólo en los fondos de valle y otros lugares de gran humedad se dan prados con plantas centroeuropeas abundantes y aún con unas pocas especies.

Islas Canarias

Artículo principal: Flora de Canarias
Bosque de Laurisilva, en zona húmeda de Tenerife.
Hábitat xérico con tabaibas y cardones, Puntagorda, La Palma.

El archipiélago canario forma parte de la Macaronesia, teniendo por tanto muchas especies en común con otros archipiélagos atlánticos como las Islas Azores y Madeira. Su vegetación cuenta con un alto índice de endemismos, contándose más 500 especies vegetales endémicas. Muchas son reliquias de especies ampliamente distribuidas por el Sur de Europa y Norte de África durante la Era Cenozoica o Terciaria.

La vegetación está muy influenciada por el clima tropical seco y la influencia de los Vientos alisios que soplan de nordeste a sudoeste, dando lugar a ciertas zonas de humedad alta y precipitaciones relativamente elevadas. Esto da lugar a importantes contrastes en las precipitaciones en las islas de mayor relieve. La vegetación de las Canarias está condicionada por las precipitaciones, la altitud, el suelo volcánico, las temperaturas, la acción del hombre y la orientación respecto a los vientos. Hay división por pisos:

  • Basal árido: donde tiene lugar la menor cantidad de lluvias con menos de 300 mm, la media de temperaturas es de 20 °C, no existen árboles y sí un matorral discontinuo de tipo xerófilo, una de las especies que predomina es el ricino18 dic 2009[cita requerida] y la aviosa18 dic 2009[cita requerida], también destaca la chumbera y la pita en los 400 m a barlovento y 700 a sotavento18 dic 2009[cita requerida].
  • De transición al piso montano: 100 m por encima del basal, las precipitaciones son entre 350 y 400 mm, la media de temperaturas es de 15 y 19 °C. Es un área profundamente transformada por el hombre para cultivos, en ella se conservan restos de sabinares, acebuche u olivo silvestre, palmeras y el drago.
  • Piso húmedo de la vertiente septentrional de las islas centro-occidentales: desde los 500-600 hasta los 1200 m, con temperaturas medias entre 13 y 15 °C y lluvias sobre 1000 m. Está relacionado con la humedad ambiental y la existencia de un banco de nubes cuyo vapor absorben las hojas. Esto se denomina lluvia horizontal o invisible. Hay un bosque muy denso, perennifolio compuesto por especies lauráceas, la laurisilva. Se conservan buenas masas de laurisilva en la isla de la Gomera (Garajonay), Tenerife y la Palma.
  • Semiseco: se desarrolla conforme la humedad va descendiendo y puede llegar hasta los 2000 m, al no existir esta humedad desaparecen las especies lauráceas y deja paso a los brezos y junto a estos, conforme hay menos humedad, aparece el pino canario y sotobosque de tomillos y jaras.
  • Piso seco en altura: a partir de los 2000 msnm con más de 500 mm anuales, solo se desarrolla un matorral muy abierto, rico en flora y unas especies con desarrollo de sus raíces bastante potente, basado en la búsqueda de humedad, como la retama y la escoba. Conforme ascendemos por encima de los 2800 m la vegetación es muy residual predominando plantas en forma de pequeños matorrales.

Véase también

Referencias

Bibliografía

  • Terán, Manuel; Lluís Solé i Sabarís, Orlando Ribeiro, José Manuel Casas Torres. Geografía de España y Portugal. Montaner y Simón. .

Notas

  1. El número de árboles en España crece un 130% en 35 años Sociedad Española de Ciencias Forestales. Septiembre de 2009.
  2. a b de Terán, Manuel; Lluís Solé i Sabarís, Orlando Ribeiro, José Manuel Casas Torres (1952). Geografía de España y Portugal. Montaner y Simón. pp. 185. 
  3. David Palomino Nantón. «Perturbaciones de origen humano sobre las aves de la sierra de Guadarrama. Desarrollo urbano y otras formas de intrusión relacionadas» págs. 51. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE CIENCIAS BIOLÓGICAS Departamento de Zoología y Antropología Física Departamento de Biodiversidad y Biología Evolutiva. Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).
  4. Geografía General de España. Manuel de Terán. L. Solé Sabarís. J. Vilá Valentí. Editorial Ariel. pag 204; ISBN 84-344-3444-X

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