Guerra hispano-sudamericana


Guerra hispano-sudamericana
Para otros conflictos armados protagonizados en el Océano Pacífico, véase Guerra del Pacífico (desambiguación).
Guerra hispano-sudamericana
(Primera) Guerra del Pacífico
Guerra contra España
CombateDosdeMayo.jpg
"Combate del 2 de mayo", pintura peruana
Fecha 1865 - 1866 (1871)
Lugar Costa del Pacífico, Sudamérica
Resultado Tratados de España[1] con Perú (1879),Bolivia (1879), Chile (1883) y Ecuador (1885)
Beligerantes
Bandera de Chile Chile
Bandera del Perú Perú (desde 1866)
Bandera de Bolivia Bolivia (desde 1866)
Bandera de Ecuador Ecuador (desde 1866)
Bandera de España España
Comandantes
Bandera de Chile Juan Williams Rebolledo
Bandera del Perú Mariano Ignacio Prado
Bandera de España Luis Hernández Pinzón
Bandera de España José Manuel Pareja
Bandera de España Casto Méndez Núñez
Fuerzas en combate
Bandera de Chile Armada de Chile
Bandera del Perú Marina de Guerra del Perú
Bandera de España Real Armada Española
Bajas
s/d s/d

La guerra hispano-sudamericana (llamada en Chile y Perú Guerra contra España y en España Guerra del Pacífico) fue un conflicto bélico que se desarrolló en las costas chilenas y peruanas, en el que se enfrentaron España por una parte, contra Perú y Chile, principalmente, y Bolivia y Ecuador, en menor grado (pues no participaron activamente en la contienda).

El conflicto diplomático entre Perú y España dió comienzo con el Incidente de Talambo. Al tiempo que una escuadra científica y diplomática española recorría las costas americanas se produjo una pelea entre peones españoles de una hacienda y un terrateniente peruano Manuel Salcedo, y que acabó con dos muertos y varios heridos. Las noticias que llegaron a la flota y, posteriormente, a España eran confusas y exageradas, por lo que el Gobierno español solicitó explicaciones. La falta de entendimiento entre el Gobierno peruano y el enviado español, unido a la información errónea proporcionada por éste a la Escuadra, llevó a la ocupación española de las peruanas islas Chincha en 1864. A pesar de los acuerdos iniciales entre España y Perú mediante una resolución pacífica, el cambio de gobierno en el Perú, forzado por un golpe de estado, rechazó este acuerdo inicial.

Chile intervino en el conflicto negándose a abastecer a los buques españoles primero y declarando la guerra a España seguidamente el 25 de septiembre de 1865. Posteriormente, Perú también declaró la guerra a España (12 de enero de 1866), uniéndose al poco Ecuador (el 30 de enero) y Bolivia (el 22 de marzo).

Las principales acciones de guerra se dieron entre 1865 y 1866, con los combates navales de Papudo, de Abtao, el bombardeo de Valparaíso y el combate del Callao.

Las hostilidades terminaron en 1866 y se logró un armisticio en 1871. Los tratados de paz se firmaron de forma bilateral entre cada país sudamericano y España en los años 1879 (Perú y Bolivia), 1883 (Chile) y 1885 (Ecuador).

Este conflicto es denominado de diversas formas dependiendo de la historiografía de cada país. En Chile y el Perú es común la denominación de Guerra contra España, mientras en España se le conoce como la Guerra del Pacífico. Para diferenciarla de la posterior guerra de Chile contra Bolivia y Perú, que es denominada de la misma forma, también recibe el nombre de Primera Guerra del Pacífico.

Contenido

Antecedentes

Contexto histórico

Batería peruana en el puerto del Callao, el 2 de mayo de 1866

En octubre de 1862, el mariscal Ramón Castilla y Marquezado terminó su mandato como Presidente del Perú. Como resultado de las elecciones populares, asumió el cargo el general Miguel de San Román, quien murió el 3 de marzo de 1863, sin terminar su mandato. Le sucedió primero el mariscal Castilla y luego interinamente el general Pedro Díez-Canseco, hasta que llegó de París el vicepresidente, el general Juan Antonio Pezet, quien, de acuerdo con la Constitución Política del Perú, se hizo cargo del gobierno el 5 de agosto.

Durante el gobierno de Pezet, se realizó el Segundo Congreso Americano, en Lima en 1864, continuación del realizado también en Lima en 1848, «para fijar las bases de la futura tranquilidad y seguridad de los pueblos de Sudamérica». El Perú, recibió la sede en virtud que había demostrado espíritu americanista en diversas circunstancias al haber ayudado a México, Santo Domingo, Nicaragua, Costa Rica a consolidar su independencia.

En España mandaba la Unión Liberal y el gobierno presidido por el general O'Donnell, con aprobación de la reina Isabel II, decidió enviar una expedición científica y diplomática al Pacífico.

La Expedición científica y diplomática

La Escuadra Española estaba formada por los siguientes buques de la Armada Española: las fragatas de hélice gemelas Triunfo y Resolución, la corbeta de hélice Vencedora y la goleta protegida Virgen de Covadonga. Estaba bajo el mando del almirante Luis Hernández-Pinzón Álvarez (descendiente directo de los hermanos Martín y Vicente Pinzón, capitanes de las carabelas que acompañaron a Cristóbal Colón en el descubrimiento de América).

El 10 de agosto de 1862 salieron de Cádiz la Resolución y la Triunfo. Pinzón enarbola su insignia en la Resolución, donde también va embarcada la Comisión Científica del Pacífico. La Vencedora se unió a la Escuadra más tarde en Montevideo y la Virgen de Covadonga ya se encontraba en el Río de la Plata.

El representante español en Montevideo se entrevistó con el enviado del Gobierno peruano, que debía averiguar el propósito de la Expedición. Al mostrarle los despachos llegados de Madrid, exclamó:

Qué distintos son los propósitos que en el Perú se atribuyen a España, este despacho respira cariño fraternal, y nosotros les creemos a Vds. egoístas y opresores

El 6 de octubre la Resolución y la Triunfo llegaron a Río de Janeiro. A primeros de noviembre fondearon en Montevideo, uniéndose allí la Vencedora. Tras una breve estancia de Pinzón en Buenos Aires, la Escuadra se dirigió al Pacífico, aunque los desperfectos causados por un temporal en el Estrecho de Magallanes les obligaron a regresar y buscar refugio en las Malvinas. Ante la escasez de materiales en estas islas, hubo que llevar madera y carbón desde Montevideo.

Finalmente, partieron hacia el Pacífico en abril de 1863, bordeando el Cabo de Hornos. Nuevamente un fuerte temporal dificulta la navegación. A finales de mes la Vencedora consigue llegar a Valparaíso, mientras que las fragatas arribaron a principios de mayo.

En Chile, la Escuadra fue recibida con cordialidad por las autoridades y el pueblo. Durante la estancia, los españoles recibieron un trato muy cortés y correcto y observaron un gran progreso material y cultural en el país. Entre junio y julio los buques partieron hacia el Perú.

Al llegar al Callao, la Escuadra saludó al pabellón peruano con una salva de cañonazos que fue correspondida desde las fortificaciones chalacas. La marinería fue recibida también en esta ocasión con afecto, mientras los oficiales visitaban al Presidente del Perú, Pedro Diez Canseco, a los diplomáticos españoles y a los Jefes de las flotas francesa y británica que allí se encontraban.

Tras dejar las costas peruanas, la Escuadra se dirigió a Guayaquil y a la ciudad de Panamá. Al darse cuenta de que la pequeña Virgen de Covadonga retrasaba el viaje, Pinzón decidió que ésta recorriera en solitario las costas centroamericanas y regresara al Callao. Mientras, el resto de buques se dirigió a Acapulco y a San Francisco.

En Panamá, el almirante Pinzón recibió las primeras noticias sobre un incidente en la hacienda de Talambo, aunque los detalles no los conoció hasta que se reunió con los oficiales de la Virgen de Covadonga en el Callao.

El incidente de la hacienda de Talambo

En 1859 el gobierno peruano autorizó al hacendado Manuel Salcedo, propietario de la hacienda Talambo (Distrito de Talambo) en la provincia de Chepén, introducir al país mil colonos españoles destinados a realizar labores agrícolas. El primer grupo de inmigrantes provenientes las provincias vascongadas estuvo compuesto de sesenta familias con 95 hombres, 49 mujeres y 125 niños de ambos sexos. Aunque el gobierno español tuvo conocimiento de este proyecto, no se opuso a él.

Cuando a fines de julio de ese mismo año los colonos arribaron en el Callao, empezaron los primeros problemas, ya que nada más desembarcar desertaron varias familias con los anticipos que habían recibido, quedando alrededor de 180 vascos de los cuales solo 50 eran de trabajo. Durante cuatro años los colonos españoles se dedicaron al cultivo de hortalizas y algodón, pero como el cultivo de este último fuera el que más interesara al propietario, se suscitaron los primeros altercados entre colonos y patrón.

El 4 de agosto de 1863 el colono Marcial Miller se encontró casualmente con el hacendado Salcedo que iba a caballo, planteándole la conveniencia de solucionar sus diferencias. El hacendado no quiso oírlo y, ante la exigencia de Miller, pretendió azotarlo con las riendas. El colono lo amenazó con darle una pedrada. Aunque en ese momento los hechos no llegaron a más, el hacendado, considerándose ofendido, ordenó luego al mayordomo de la hacienda apresar a Miller, quien tras el incidente se encontraba con otros colonos deliberando sobre su situación. El mayordomo, acompañado de un grupo de peones armados, solicitó que Miller se entregara. Los colonos lo impidieron, se desenfundaron las armas y en el tiroteo que se cruzó resultaron muertos un vasco y un peruano y varios heridos de ambos grupos.

El juez de Chepén ordenó que los heridos fueran trasladados al hospital y el resto de colonos permanecieran detenidos mientras se iniciaba el sumario correspondiente. En primera instancia, dos vascos fueron condenados, pero la Corte Superior de La Libertad anuló la sentencia y mandó capturar y enjuiciar al hacendado Salcedo, como también procesar al juez de Chepén. En nueva apelación, esta vez de Salcedo, la Corte Suprema declaró nula la anterior sentencia y restituyó las cosas a su estado anterior.[2]

Cuando el almirante Pinzón se encontraba en la rada del Callao, supo de lo ocurrido en Talambo; los mandos de la flota protestaron por la muerte de su compatriota ante el gobierno peruano. Las primeras noticias llegaron a Madrid entre septiembre y octubre. La información era confusa, hablándose al principio de "asesinatos". Incluso se llegó a publicar un folleto titulado Horrorosos detalles de los asesinatos de españoles en el Perú, recibidos por el último correo. A finales de octubre las noticias ya eran correctas e, incluso, el propio vicecónsul español en Lima envió una carta a la prensa en la que explicaba lo sucedido.

En esos días se sucedieron una serie de cambios en la representación diplomática española ante el Perú que dejaron como único representante al vicecónsul Albistur. Mientras la Escuadra abandonaba Callao y llegaba a Valparaíso, entró en escena Eusebio Salazar y Mazarredo quien se ofreció para llevar la correspondencia oficial a España. De allí volvió a Lima con el cargo de Ministro de Su Majestad en Bolivia y Comisario Extraordinario para el Perú y solicitó una reunión con la autoridad competente del gobierno. El canciller Juan Antonio Ribeyro le indicó que la entrevista sería confidencial, pues no le reconocía el cargo de Comisario, a lo que Salazar respondió indignado que no aceptaba y se marchó al encuentro del almirante Luis Hernández Pinzón, Comandante General de la Escuadra del Pacífico.

Toma de las islas Chincha

Cuando Salazar se reunió con Pinzón le expresó que Perú no resolvería justamente el caso de los asesinatos de Talambo y que además, el país se estaba armando. Aunque las órdenes principales dadas en Madrid indicaban:

fije V.S. [Salazar] altamente su intención en que la misión que el Gobierno de S.M. le confía es de paz: que el Gobierno quiere paz y buena inteligencia

Salazar entregó a Pinzón las instrucciones secundarias en las que el deseo de paz estaba condicionado por la resolución justa del caso de Talambo y en las que se afirmaba que quedaba justificado el uso de la fuerza en el caso extremo de atentado contra la seguridad de los barcos, su personal o el honor nacional. Aunque Pinzón solicitó el resto de órdenes, Salazar le indicó que no eran importantes. Así, el 14 de abril de 1864 la Escuadra ocupó las islas Chincha.

Cuando la noticia llegó a España, el Gobierno desautorizó a Salazar, pero ante el hecho consumado de la toma de las islas, se decidió enviar refuerzos ante un más que probable ataque peruano. Así, se prepararon las fragatas Blanca, Berenguela, Villa de Madrid y la goleta Vencedora. Más tarde se acordó enviar también la fragata blindada Numancia.

Tratado Vivanco-Pareja

La fragata Amazonas fue el buque insignia de la Marina de Guerra del Perú durante el conflicto.

Vacilante, el general Juan Antonio Pezet, presidente del Perú, entró en negociaciones con los españoles. Los periódicos de la época escribían de él: "parece un moderno Atahualpa", criticando su debilidad. Lo cierto es que el 24 de noviembre la Junta de Guerra peruana determinó la imposibilidad de vencer a la Escuadra con las fuerzas de que disponían (la fragata Amazonas y las goletas Tumbes y Loa).

El 6 de diciembre el general José Manuel Pareja llegó desde España para sustituir al almirante Pinzón y el 30 se realizó la primera conferencia entre los generales Pareja y Vivanco, que culminaron con la redacción del Tratado Vivanco-Pareja. El documento establecía el intercambio de embajadores, el saludo a los respectivos pabellones, la reprobación oficial a Salazar, la desocupación de las islas Chincha y el pago a España de 3 millones de pesos como indemnización por los gastos causados.

El 2 de febrero de 1865 el Tratado era ratificado por el Presidente del Perú. Mientras tanto, el coronel Francisco Bolognesi Cervantes fue enviado a Europa para que adquiriera buques y otros enseres de guerra. Debido a esta decisión se compraron los buques Unión, América, Huáscar e Independencia. Los dos primeros, llegaron a tiempo. En cambio, los dos últimos lo hicieron después del conflicto con España.

Revolución de Arequipa

El mariscal Ramón Castilla, presidente del Senado, protestó de manera airada y directa, en una áspera discusión con Pezet, que se había presentado en la cámara para explicar la situación. Llegando a golpear al Presidente, lo que le valió el exilio.

El 28 de febrero de 1865, en Arequipa, se sublevó el coronel Mariano Ignacio Prado. Desde diversos puntos del país, muchos militares y civiles lo secundaron.

Prado llegó a las puertas de Lima, con un ejército de 10.000 soldados, mientras el ejército de Pezet contaba con 8.000 soldados. Francisco Díez-Canseco se quedó con una guarnición en el Palacio de Gobierno y Pezet salió al encuentro de Prado hasta Lurín. Pero no hubo una acción frontal.

Casi sin resistencia, arribaron hasta la plaza principal de Lima. Allí trabaron una dura batalla con la guarnición del Palacio de Gobierno. La batalla del 5 de noviembre de 1865, duró hasta las 10. Las tropas leales a Pezet sólo se rindieron cuando ya habían perdido tres cuartas partes de su contingente; las puertas del Palacio de Gobierno se abrieron y una multitud enfervorizada entró, principalmente para saquearlo.

Pezet pretendió retomar el Palacio de Gobierno, pero, por una parte, no se animó a atacar Lima y, por otra, hubo mucha deserción entre sus tropas. Con sus leales, se trasladó primero al Callao y, luego, se acantonó en la hacienda Concha. Allí, capituló el 8 de noviembre de 1865. Pezet y sus más cercanos colaboradores se refugiaron en el buque británico Shear Water, anclado en el Callao. Unos días más tarde se embarcó con su familia rumbo a Inglaterra.

Declaración de guerra a España por parte de Chile

Mientras el conflicto entre España y Perú parecía volver a surgir, en Chile la opinión pública chilena se exaltó y comenzaron actos hostiles contra los españoles residentes. Su Gobierno decide entonces negar todo apoyo logístico a las unidades navales españolas en puertos chilenos.

El almirante Pareja, nombrado Ministro Plenipotenciario de España en Chile, presionó al Gobierno de este país para que levantara las restricciones impuestas a su Escuadra. Las protestas de Pareja se basaban en tres puntos:

  • Chile negaba el aprovisionamiento de carbón a los buques españoles, mientras permitía a los peruanos adquirir pólvora y víveres y reclutar marineros chilenos.
  • Chile enviaba armas, provisiones y municiones para el Perú.
  • Chile abastecía a barcos de guerra de Francia, estando este país en guerra con México, mientras a España se le negaba sin estar en guerra con nación alguna.

En Madrid, tras dos años de gobiernos moderados, regresó al poder el general O’Donnell, cuyo gabinete envió instrucciones precisas al general Pareja: reparaciones y saludo a la bandera. Si se negaran, ruptura de relaciones y ultimátum. Si aún así Santiago persistiera en su actitud, bloqueo de los puertos. Finalmente, si Chile continuara sin atender las exigencias españolas, hostilizar Valparaíso o Lota. Pareja dio cuatro días de plazo al gobierno chileno.

Ante la negativa chilena, el Comandante General de la Escuadra del Pacífico declaró toda la costa chilena en estado de bloqueo el 24 de septiembre. Aunque, debido a los pocos buques españoles, éste se redujo a Coquimbo y Caldera. En respuesta a la decisión de Pareja, Chile declaró la guerra a España el día siguiente.

Dictadura de Prado

Mariano Ignacio Prado había entrado triunfante en Lima y el vicepresidente Pedro Díez-Canseco había tomado el poder, pero fue por breve tiempo, puesto que el 28 de noviembre de 1865, por presiones de asambleas populares y por decisión del ejército, el coronel Prado asumió de facto la presidencia de la República con el título de Jefe Supremo de la Nación.

El dictador nombró al liberal José Gálvez Egúsquiza como presidente de su gabinete (ministro de Guerra y Marina) y a José Químper (ministro de Gobierno), a Manuel Pardo (ministro de Hacienda), a Toribio Pacheco (ministro de Relaciones Exteriores) y a José Simeón Tejada (ministro de Justicia).

Declaración de guerra a España por parte de Perú

Prado, el 13 de diciembre de 1865, anunció la ruptura de relaciones con España, lo que era una declaración oficial de guerra. Chile ya la había declarado y, posteriormente, Ecuador y Bolivia también lo hicieron.

Se fortificó el Callao con los cañones enviados por Bolognesi desde Europa. Desde donde también llegaron los buques Unión y América. El capitán de navío Manuel Villar es nombrado jefe de la escuadra peruana, compuesta por los buques: Amazonas, Apurímac, América y Unión.

Desarrollo de la guerra

Combate de Papudo

Artículo principal: Combate de Papudo

La escuadra chilena, compuesta por la corbeta Esmeralda y el vapor Maipú, fue puesta en pie de guerra por Juan Williams Rebolledo, que salió del puerto de Valparaíso con el visto bueno del almirante español Pareja. Entre tanto, Pareja envió a la goleta Covadonga en dirección al puerto de Coquimbo para bloquearlo, pero frente a Papudo se enfrentó con la corbeta chilena Esmeralda siendo capturada. Este hecho fue un gran revés para la Escuadra. Pareja había permitido la salida de la Esmeralda y había ordenado la partida de la pequeña Covadonga, de tan sólo tres cañones, en solitario, a pesar de las quejas de parte de la Junta de Oficiales. El sentimiento de culpa le llevó a suicidarse.

Mientras tanto Perú, acordó el envío de la escuadra peruana para unirse a la chilena en Chiloé y esperar allí la llegada de los nuevos buques blindados Huáscar e Independencia, antes de iniciar operaciones ofensivas contra la flota española que trataba de bloquear las extensas costas de Chile.

El 3 de diciembre de 1865, iniciaron la travesía las fragatas Apurímac y Amazonas, y 44 días después las corbetas Unión y América. Al mismo tiempo, el recién ascendido capitán de navío Juan Williams Rebolledo, con la corbeta Esmeralda, la goleta Covadonga y los vapores Maipú y Lautauro, había organizado el apostadero naval de Abtao, en el archipiélago de Calbuco, en dos ensenadas colindantes a la isla del mismo nombre, ubicada en la ribera norte del canal de Chacao.

Al almirante Pareja le sucedió en el mando Casto Méndez Núñez quien realizó expediciones para recuperar la goleta Covadonga.

Alianza sudamericana

El 14 de enero de 1866 se firmó el Tratado de Alianza ofensiva y defensiva, celebrado entre las Repúblicas de Perú y Chile, por el secretario de relaciones exteriores del Perú, Toribio Pacheco y el ministro plenipotenciario de Chile, Domingo Santa María.[3] El tratado invitaba a otras repúblicas sudamericanas a unirse para enfrentarse a la Escuadra española. Poco después Bolivia y Ecuador se unieron a la alianza, aunque no llegaron a participar en la guerra. En previsión de un posible ataque español, Ecuador fortificó su puerto principal, Guayaquil.

Combate de Abtao

Artículo principal: Combate de Abtao

Al saber Méndez Núñez que la escuadra aliada se escondía en Chiloé, mandó a las fragatas Villa de Madrid y Blanca a rastrear estas aguas.

El 7 de febrero de 1866 los buques españoles encontraron a la fragata Amazonas, que había encallado y fue abandonada por los peruanos, previo rescate de todos sus cañones. Unos habitantes de la zona les informaron de la situación del resto de barcos aliados.

La flota chileno-peruana se componía por la fragata Apurimac, las corbetas Unión y América, la goleta Covadonga y los vapores Lautauro y Maipú, y se encontraba al mando del capitán peruano Manuel Villar Olivera, ya que Williams Rebolledo y su Esmeralda había partido hacia Ancud en busca de víveres y carbón dos días antes. Además, disponían de una serie de baterías en tierra montadas con los cañones rescatados de la Amazonas.

Ante la imposibilidad de acceder a la ensenada por los bajos fondos, el combate se redujo a un lejano cañoneo (un promedio de 1500 m) entre ambas flotas. Al caer la noche, las fragatas españolas esperaron, disparando cada cierto tiempo sus cañones, a que los buques chileno-peruanos salieran de la ensenada, pero no lo hicieron. A la mañana siguiente, volvieron a presentarse ante la escuadra aliada. Ante la falta de respuesta, los barcos españoles optaron por regresar a Valparaíso e informar a Méndez Núñez.

Bombardeo de Valparaíso

Artículo principal: Bombardeo de Valparaíso
Dibujo del bombardeo a Valparaíso.

En Valparaíso el almirante Méndez Núñez, exigía a Chile la devolución de la Covadonga a cambio de levantar el bloqueo y devolver las presas hechas por la Escuadra española. Chile contestó al intermediario, el estadounidense comodoro Rodgers que no devolvería la Covadonga.

Méndez Núñez anunció entonces el bombardeo del puerto, advirtiendo con mucha antelación sus intenciones, con el propósito de facilitar la evacuación de civiles. Incluso las fuerzas navales neutrales de Estados Unidos y Gran Bretaña amenazaron con intervenir si se llevaba a cabo el ataque, a lo que Méndez Núñez replicó que si intervenían serían considerados enemigos y atacados también, momento en el que dijo la célebre frase de «España prefiere honra sin barcos a barcos sin honra». Las unidades navales estadounidenses e inglesas se retiraron sin intervenir.

El 31 de marzo Méndez Núñez procedió con el bombardeo, causando grandes daños al puerto. Hubo 2 muertos y, aproximadamente, 10 heridos,[4] porque unos 40.000 habitantes, casi la mitad de la población, avisados de antemano, habían abandonado sus hogares y los otros se refugiaron convenientemente. Además, el bombardeo fue, esencialmente, dirigido contra los edificios públicos del puerto. Por indicación de Méndez Núñez los hospitales, conventos e iglesias fueron señalados con banderas blancas. Así los buques españoles sabrían qué lugares evitar específicamente.

La acción fue muy criticada por tratarse de un puerto indefenso (todos los cañones habían sido retirados por el gobierno chileno para así demostrarlo). Los mismos integrantes de la Escuadra creían firmemente que la acción era un error y les provocaba desagrado. El propio Méndez Núñez expresó su disconformidad al Gobierno de Madrid: «todo el mundo civilizado reprobará nuestra conducta». Las cartas de los marineros y los oficiales coinciden en ideas parecidas. Así, el Mayor General de la Escuadra, Miguel Lobo y Malagamba escribía a su mujer:

Te aseguro que he pasado un rato desagradabilísimo por ser cosa en extremo bárbara y bien en contra de mis ideas. Yo me alegraré de no volver a ver semejante acto; y siento en el alma que los cañones hayan sonado para verificarlo. Méndez Núñez y todos han sufrido bastante en aquellos momentos […] Era una vista terrible.

Entonces Méndez Núñez, espoleado por los reproches vertidos en cuanto al ataque contra Valparaíso, puso rumbo a El Callao, el puerto mejor defendido de Sudamérica.

En Chile y Perú aún se tenían esperanzas de la pronta llegada de los blindados Huáscar e Independencia, ambos con poderosa artillería, pero no obstante ello, el gobierno peruano dispuso la organización de las defensas necesarias a cargo de la Marina y del Ejército, instalándose 56 cañones agrupados en varias baterías, incluyendo una dirigida a la zona conocida como la Mar Brava en previsión de un ataque por la retaguardia. La movilización de hombres fue total. También los extranjeros intervinieron, formando brigadas de bomberos, pues se temía que se propagaran incendios por el puerto y la ciudad.

Combate del Callao

Artículo principal: Combate del Callao
La fragata blindada Numancia, buque insignia de la Escuadra del Pacífico.

La Escuadra llegó a la isla San Lorenzo, frente a las costas del Callao, el 26 de abril de 1866. Al día siguiente, Méndez Núñez, anunció al cuerpo diplomático acreditado en Lima, que daría un plazo de cuatro días para la evacuación de la ciudad antes del bombardeo. Este lapso de tiempo fue aprovechado por las autoridades peruanas para ultimar la organización de las defensas de la ciudad y de los cuerpos auxiliares, como las brigadas de bomberos formadas por extranjeros residentes en el Callao.

La Escuadra del Pacífico estaba compuesta, el día del combate, por una fragata blindada (la Numancia), cinco fragatas de hélice (Blanca, Resolución, Berenguela, Villa de Madrid y Almansa), una corbeta de hélice (la Vencedora) y siete buques auxiliares (los vapores de transporte Marqués de la Victoria, Paquete del Maule, Uncle Sam y Matías Cousiño y los transportes a vela Mataura, María y Lotta and Mary). La Escuadra contaba en total con 272 cañones: 270 montados en los buques de guerra y en sus embarcaciones menores y 2 en el Marqués de la Victoria.

En el combate participaron únicamente los buques de guerra, quedando el resto como buques auxiliares en tareas de socorro o de alojamiento para los refugiados españoles huidos del Callao. De los 270 cañones de la escuadra, hay que descontar la mayor parte de los cañones de las embarcaciones menores, que no participaron, y los 2 inservibles de la Villa de Madrid, que habían explosionado en el transcurso del combate de Abtao. Aunque todos los estudiosos de este combate (Iriondo, Novo y Colson, Romero Pintado...) coinciden en hablar de 245 cañones, José Ramón García Martínez en su obra El Combate Del 2 de mayo de 1866 En El Callao: Resultados y conclusiones concluye que, aparte de las 245 piezas mayores que montaba la Escuadra, está documentado el uso de otras 7 piezas menores. Así que por parte española participaron un total 252 cañones, la mayor parte (126 piezas) de 68 lb (20 cm).

La defensa del Callao consistía en una serie de baterías que se habían emplazado al norte y sur de la población y en el muelle, en tanto que buques de guerra (los monitores Loa y Victoria y los vapores Tumbes, Sachaca y Colón) se situaron en el centro, a las órdenes del capitán de navío Lizardo Montero Flores.

La comandancia general de baterías del norte la tenía el coronel José Joaquín Inclán Gonzáles Vigil; en las defensas de este sector sobresalía la Torre Junín, y el fuerte Ayacucho colocado cerca de la estación del ferrocarril. En el sector sur, al mando del General Manuel de La Cotera, las principales defensas eran el fuerte Santa Rosa y la Torre La Merced.

Contabilizaban un total de 69 cañones, 56 en las baterías y 13 en los buques de guerra. De este total, pueden obviarse los 6 cañones de la batería Zepita, pues no participaron en el combate por estar orientados a la Mar Brava. De estas 63 piezas de artillería cabe destacar los llamados "cañones monstruosos": 4 Armstrong de a 300 lb y 5 Blakely de a 500 lb. También se colocaron una serie de torpedos fijos delante de las baterías de la zona sur, seis canoas-torpedo en la zona norte y un torpedo de botalón sujeto al vapor Tumbes, atracado en el muelle.

El General Juan Buendía estaba al mando de los batallones de infantería y caballería situados a lo largo de la línea del frente, tras las baterías, que tenían la misión de repeler el ataque en caso de que se produjera un desembarco español lo que sin embargo nunca estuvo en los planes de la escuadra atacante.

A las 11:30 la Numancia largó la señal de zafarrancho de combate. La escuadra se dividió en dos grupos. El primero (I División), compuesto por la Numancia, la Blanca y la Resolución se dirigió hacia las defensas de la zona sur. El segundo, compuesto por la Berenguela y la Villa de Madrid (II División) y por la Almansa y la Vencedora (III División), se dirigió hacia el norte. La II División debía atacar las defensas de la zona norte y la III debía enfrentarse con la flota peruana y bombardear el muelle y la población.

A las 11:50 la Numancia comenzó el bombardeo, siguiéndola a continación la Blanca y la Resolución. Al tercer disparo del buque insignia español, los cañones de la Torre de La Merced respondieron al ataque.

Al poco de comenzar el combate el Cañón del Pueblo, un Blakely de 500 libras, tras realizar su primer disparo descarriló por el retroceso, quedando inservible durante todo el combate.

A las 12:30 la Berenguela llegó a su posición, rompió fuego contra las defensas del norte y fue respondida desde las baterías peruanas.

Algo más tarde de las 12:30 un disparo probablemente procedente del monitor Loa fue a parar a la barandilla del puente de la Numancia, donde se encontraban el Capitán de Navío Juan Bautista Antequera y Bobadilla, Comandante del buque, y Casto Méndez Núñez, Comandante General de la Escuadra. La bala produjo ocho heridas de cierta gravedad a Méndez Núñez, negándose a abandonar su puesto hasta que la pérdida de sangre le hizo desmayarse.

Entre las 12:45 y las 13:00, la Villa de Madrid llegó a su destino, siendo alcanzada poco después por un cañón de la Torre Junín, que la dejó inmovilizada. Por ello, la Vencedora la remolcó para alejarla del frente.

Pasadas las 12:45 la Torre Junín cesó de hacer fuego.

A las 13:00 una granada, muy probablemente disparada desde la Blanca, cayó sobre los saquetes de pólvora de uno de los cañones de la Torre de La Merced, provocando una gran explosión que destruyó la Torre matando a la mayor parte de los que allí se encontraban.

Algo más tarde de las 13:00, la Berenguela recibió una bala de 500 libras, proveniente del Fuerte Ayacucho, bajo la línea de flotación y otra que le produjo un incendio. Apagado el fuego y contenida la entrada de agua, el buque se retiró.

A las 14:30 una enorme granada explotó en la batería de la Almansa, provocando un incendio que impidió al barco continuar el bombardeo hasta las 15:00.

A las 16:00 únicamente tres cañones del fuerte Santa Rosa responden desde tierra al fuego español (según fuentes españolas eran los únicos que lo hacían).

A las 16:45 la escuadra española decide dar por finalizado el combate. A las 17:00 se da la orden de finalizar el bombardeo. A las 17:30 la Almansa detiene el cañoneo. Tras dar tres vivas a la Reina, la Numancia, la Blanca, la Resolución, la Almansa" y la Vencedora salieron de la rada del Callao y se dirigieron al fondeadero, donde esperaban el resto de barcos.

Sobre las 17:50, cuando la escuadra ya estaba cercana a la isla de San Lorenzo, los tres cañones del fuerte Santa Rosa que aún respondían al fuego español, efectuaron sus últimos disparos. Según el parte dado por Méndez Núñez estos se realizaron sin bala.

El último disparo lo efectuó el monitor peruano Victoria. A las 18:00 la Escuadra llegó al fondeadero.

La Escuadra del Pacífico tuvo 43 muertos, 83 heridos y 68 contusos. Del lado peruano no se sabe con exactitud el número de muertos y heridos, por lo que las cifras varían según las fuentes desde las 200 hasta las 2.000 bajas.

Retirada de la Escuadra del Pacífico

El 10 de mayo de 1866, después de enterrar a sus muertos, curar a sus heridos y reparar sus navíos en la isla San Lorenzo, los españoles dividieron su Escuadra. Por una parte, las fragatas Numancia, Berenguela y Vencedora y los transportes Marqués de la Victoria y Uncle Sam se dirigieron hacia las Filipinas (entonces administradas por España) para avituallarse y desde allí continuar su viaje hacia Cádiz. El resto de la Escuadra, es decir la Resolución, la Blanca, la Villa de Madrid y la Almansa, bajo el mando de Méndez Nuñez, navegaron hacia el Atlántico sur. Estos buques permanecieron en aguas sudamericanas, atracados en Río de Janeiro y Montevideo, en espera de una nueva expedición de castigo al Pacífico o en previsión de un ataque por parte de la escuadra chileno-peruana. Poco después, el Gobierno de Madrid envió a las fragatas de hélice Concepción y Navas de Tolosa para reforzar esta flota.

El 5 de mayo, tres días después del combate del Callao, frente a las costas de Uruguay, los blindados peruanos capturaron un mercante español, el bergantín Manuel, que fue hundido por la Independencia después de evacuar a su tripulación.[cita requerida]

Posteriormente, el día 7 de mayo, el Huáscar apresó a la corbeta mercante hispana Petite Victoria y la despachó como presa al Callao.[cita requerida]

El 25 de mayo mientras los blindados se acercaban al Estrecho de Magallanes a una velocidad de diez nudos, estuvieron a punto de encontrarse con la división española de Méndez Nuñez, que por precaución, a última hora, decidió utilizar el Cabo de Hornos. De lo contrario se hubiera producido un duelo naval de envergadura en aguas internacionales. Finalmente, tras cruzar el Estrecho de Magallanes, los blindados se unieron a la escuadra aliada en Valparaíso y se pusieron bajo las órdenes del almirante chileno Manuel Blanco Encalada, quien aún se desempeñaba como comandante en jefe de las fuerzas navales aliadas.

Con estos refuerzos, el Perú y Chile decidieron renovar la lucha, pero esta vez en la ofensiva para castigar a los españoles por todos los daños infligidos a los puertos de ambos países. Los aliados estaban convencidos que los nuevos blindados iban a equilibrar el balance de fuerzas. Aquellas modernas naves tendrían una pequeña opción de poder atacar puertos desguarnecidos en la Península Ibérica, incursionar en las colonias españolas o intentar hacer frente a parte de la escuadra española del Pacífico. El gobierno de Chile sin embargo, favorecía una estrategia un poco más conservadora que contemplaba ejecutar un ataque masivo a la flota española estacionada en las costas sudamericanas del Atlántico. Los temores chilenos no resultaban tan infundados pues un tiempo después España despacharía al Atlántico a la fragata de hélice Gerona, la cual cerca de Madeira, capturaría a la corbeta chilena de 2000 toneladas, Tornado, que navegaba sin artillería y con bandera británica hacia Chile bajo el nombre en clave Pampero.

Los resultados obtenidos difieren según el beligerante. Para España la victoria fue suya, pues era una operación de castigo y no una invasión. Para Perú y Chile, ellos habían ganado, pues los buques españoles se habían retirado de las aguas chileno-peruanas.

Término de la Guerra

En 1871, se firmó en Washington, un convenio de armisticio por tiempo indefinido entre España, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú.

España y Perú firmaron finalmente un tratado de paz y amistad el 14 de julio de 1879, por el que se reconocía la independencia peruana y se establecían relaciones diplomáticas entre ambos países. También en 1879 se firmó el tratado de paz con Bolivia (21 de agosto). La paz definitiva entre España y Chile se firmó el 12 de junio de 1883, en Lima (Perú), durante la ocupación chilena durante la Guerra del Pacífico. Por último, la paz con Ecuador se firmó el 28 de enero de 1885.

Consecuencias de la guerra

La guerra contra España es considerada por el Perú como la consolidación de su independencia. En este país, la contienda tuvo serias consecuencias económicas. Los gastos para la compra de armamento y barcos de guerra fueron muy elevados, lo que, unido a la ocupación de las islas Chincha (productoras de guano, la principal fuente de ingresos del país), llevaron a la solicitud por parte del gobierno de diversos préstamos. Esta situación se alargó en el tiempo, ya que la deuda en 1872 era diez veces mayor que en 1868. Además, tras la guerra, Chile inició un rearme que llevó al país a ostentar una superioridad militar que demostró en la contienda que le enfrentó con sus antiguos aliados entre 1879 y 1884. Así, por ejemplo, en 1868 España y Chile (que técnicamente seguían en guerra) firmaron un acuerdo por el que ambos países sacaron buques de los astilleros ingleses, donde se encontraban bloqueados por el gobierno inglés. Perú se opuso a este convenio e intentó impedir la salida de los barcos, pues entendía que violaba la todavía vigente alianza con Chile.

Para Chile, la guerra también tuvo unas nefastas consecuencias económicas, ya que significó la pérdida de casi toda su flota mercante y de su hegemonía comercial en el Pacífico (con la destrucción de los Almacenes Fiscales de Valparaíso), aunque con el pasar de los años se recuperó gracias al resurgimiento de los puertos de Valparaíso y San Antonio.

España, por su parte, no obtuvo tampoco beneficio alguno con este conflicto. A los gastos que ocasionó el mantenimiento de la expedición, se sumó la crisis económica que azotaba Europa y que se dejó sentir con fuerza en la Península. Esto, unido a la pérdida de las cosechas de 1866 tras unas graves inundaciones, provocó una grave crisis política. La reina Isabel II ya no confiaba en Leopoldo O'Donnell, y la sublevación del cuartel de San Gil sirvió de excusa para obligarle a presentar la dimisión. Así, el 10 de julio de 1866 Ramón María Narváez fue nombrado nuevo Presidente del Consejo de Ministros. O'Donnell, principal impulsor de las expediciones al exterior, era apartado definitivamente del poder. Sin embargo, el descontento popular no cesó hasta dos años más tarde, cuando el 19 de septiembre de 1868 estallaría la revolución conocida como La Gloriosa y que provocaría el destronamiento de Isabel II.

Bibliografía

  • Novo y Colson, Pedro (1884). Historia de la guerra de España en el Pacífico
  • Rodríguez González, Agustín Ramón (1999). La Armada Española, la Campaña del Pacífico, 1862-1871. España frente a Chile y Perú
  • Ponz Muzzo, Gustavo (Lima, 1966). Historia del Conflicto entre el Perú y España
  • García Martínez, José Ramón (1994). El Combate Del 2 de Mayo de 1866 En El Callao: Resultados y conclusiones. Ed. Naval. ISBN 84-7341-077-7. 
  • Basadre Grohmann, Jorge (2005). Historia de la República del Perú. Lima: Diario La República. ISBN 9972-205-62-2 (Obra completa) y Depósito Legal Nº 2005-4930 en la Biblioteca Nacional del Perú. 
  • Villanueva Sotomayor, Julio R. (2002). El Perú en los tiempos modernos. Lima, Quebecor World Perú S.A.. ISBN ¿?, Depósito Legal N° 1501032002-1041. 

Notas

  1. En año 1836 España ya había hecho renuncia a la soberanía de todo el territorio continental americano sin menoscabo de cerrar tratados de Paz, amistad y reconocimiento con cada país por separado
  2. Pons Muzzo, Gustavo "Historia del Conflicto entre el Perú y España" págs. 45-46
  3. Congreso del Perú. Aprobando el Tratado de Alianza ofensiva y defensiva, celebrado entre las Repúblicas de Perú y Chile
  4. Carlos López Urrutia, "Historia de la Marina de Chile", pág. 223

Véase también

Enlaces externos


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