Ofensiva del Norte

Ofensiva del Norte
Ofensiva del Norte
Parte de la Guerra Civil Española
Nido de ametralladoras del Cinturón de Hierro de Bilbao, en las peñas de Santa Marina (1937).jpg
Nido de ametralladoras, perteneciente al Cinturón de Hierro.
Fecha 31 de Marzo-21 de Octubre de 1937
Lugar País Vasco, Cantabria, Asturias, Mar Cantábrico
Resultado Victoria decisiva de los sublevados.
Cambios territoriales El Frente del Norte es controlado por el Bando Nacional.
Beligerantes
Flag of Spain 1931 1939.svg II República española
Bandera del País Vasco. Gobierno provisional del País Vasco
Flag of Spain 1931 1939.svg Consejo Soberano de Asturias y León
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Fuerzas sublevadas
Flag of Italy (1861-1946).svg Reino de Italia
Flag of the NSDAP (1920–1945).svg Alemania nazi
Comandantes
Flag of Spain 1931 1939.svg Francisco Llano de la Encomienda
Flag of Spain 1931 1939.svg Mariano Gamir Ulibarri
Flag of Spain 1931 1939.svg Toribio Martínez Cabrera
Flag of Spain 1931 1939.svg Francisco Ciutat de Miguel
Bandera del País Vasco. Alberto Montaud Noguerol
Flag of Spain 1931 1939.svg Adolfo Prada Vaquero
Flag of Spain 1931 1939.svg Francisco Galán
Flag of Spain 1931 1939.svg José García Vayas
Flag of the International Brigades.svg Nino Nanetti
Flag of Spain 1931 1939.svg Enrique Navarro Margati
Bandera del País Vasco. Joaquín de Eguía
Bandera del País Vasco. José Antonio Aguirre
Flag of Spain 1931 1939.svg Belarmino Tomás
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Emilio Mola Vidal
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Fidel Dávila Arrondo
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Juan Vigón
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Rafael García Valiño
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg José Solchaga
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Antonio Aranda Mata
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Juan Cervera
Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Salvador Moreno Fernández
Flag of the NSDAP (1920–1945).svg Von Richthofen
Flag of the NSDAP (1920–1945).svg Hugo Sperrle
Flag of Italy (1861-1946).svg Ettore Bastico
Flag of Italy (1861-1946).svg Sandro Piazzoni
Fuerzas en combate
Ejército del Norte (republicano)
+/-120.000 hombres
250 piezas de artillería
40 tanques FT-17 y T-26
Aviación Republicana (F.A.R.E.)
+/- 70 aviones
Armada Republicana
2 destructores
3 submarinos[1]
Euzko itsas Gudarostea
11 Bous armados
24 Dragaminas
Ejército del Norte
Corpo Truppe Volontarie
+/-160.000 hombres
400 piezas de artillería
60 Panzer I y CV-35
Legión Cóndor
80 aviones
Aviación Legionaria
70 aviones
Aviación Nacional
70 aviones
Armada nacionalista
1 Acorazado.[2]
2 Cruceros
1 destructor
Varios bous y cruceros auxiliares[3]
Bajas
33.000 muertos
100.000 heridos
100.000 prisioneros[4]
1 Destructor
1 Submarino
Grandes pérdidas de material y equipo
10.000 muertos
100.000 heridos y desaparecidos
1 acorazado
Fuertes pérdidas materiales

La Ofensiva del Norte (también denominada Campaña del Norte) es el nombre que recibe el conjunto de operaciones y combates que tuvieron lugar en la franja cantábrica desde la primavera al otoño de 1937, entre las fuerzas sublevadas y las de la zona leal al gobierno republicano durante la Guerra Civil Española. El desarrollo de las operaciones fue completamente contrario a las armas republicanas, que además de encontrarse políticamente dividas, en lo que se refiere al equipo y armamento de su Ejército en el Norte, éste era muy inferior al que disponían los ejército republicanos en la zona centro. Esta superioridad fue aprovechada por los militares franquistas para conseguir una victoria que inclinara la balanza de la guerra a su favor. En una serie de grandes operaciones militares, las fuerzas sublevadas (con el siempre decisivo apoyo militar de la Legión Cóndor y el Corpo Truppe Volontarie) destruyeron a las fuerzas republicanas en la cornisa Cantábrica y se hicieron con el control de Vizcaya, Santander y Asturias. El desastre republicano en el Norte prepararía el camino para siguientes derrotas hasta su derrota final en 1939.

Contenido

Antecedentes

El frente norte se había mantenido prácticamente estable desde el octubre de 1936, cuando los sublevados habían completado la conquista de Guipuzcoa (cerrando el acceso terrestre con Francia, lo cual supuso un duro golpe para la República), mientras que en Asturias habían conseguido establecer una pasillo directo a Oviedo y terminaron con el cerco al que estaba sometida esta ciudad por parte de las milicias republicanas. No obstante, la ciudad seguía sitiada por las tropas republicanas y en una situación precaria. En ese momento las fuerzas nacionalistas en el Norte eran insuficientes para llevar a cabo la conquista de la zona que se mantenía fiel a la República, de la misma manera que los republicanos del norte no poseían de tropas suficientes (a decir verdad, no poseían de un ejército organizado) para lanzar ofensivas contra los territorios de Castilla la Vieja o León. Las tropas republicanas del norte estaban divididas según las regiones existentes, existiendo las milicias asturianas, las milicias cántabras y las milicias vascas (dependientes del Gobierno provisional del País Vasco); Existían entre ellas más conflictos y recelos que una efectiva colaboración entre ellas, a la par de que eran pocas y estaba pésimamente armadas.[5] Poco a poco las milicias fueron militarizándose y llegaron a lanzar alguna ofensiva de corto alcance y, también, de limitado éxito. Las milicias vascas se organizaron en el Euzko Gudarostea, el ejército organizado por el Gobierno vasco para hacer frente a las tropas sublevadas y lanzaron una Ofensiva en Álava con la intención de tomar Vitoria, la capital de la provincia. Pero el avance no pasó de Villareal, donde se estancó la lucha hasta que las tropas vascas se retiraron. A comienzos de Marzo las milicias asturianas lanzaron un fuerte ataque contra Oviedo, que ya se encontraba muy presionada en el sitio al que se veía sometida, aunque finalmente fracasaron. Fueron estos los únicos combates de importancia que se produjeron hasta la llegada de la primavera.

El 22 de Marzo de 1937, tras los repetidos fracasos de Madrid, Franco expuso sus generales los nuevos planes militares: Madrid pasaría a ser un frente defensivo mientras que los principales esfuerzos se dirigirían en el Frente norte bajo la dirección de Mola, el antiguo Director de la Conspiración militar de julio de 1936. Este plan suponía la dura aceptación de que Madrid no podía ser conquistado inmediatamente, y de que no se podía ganar la guerra rápidamente. Los territorios republicanos del norte eran una presa tentadora: no sólo estaban políticamente divididos y peor equipados que las unidades del centro, sino que comprendían el hierro del País Vasco y el carbón de Asturias, así como el acero y las industrias químicas de Vizcaya.[6] Una vez que se terminase.

Bloqueo marítimo del Cantábrico

Artículo principal: Batalla del Cabo Machichaco

Desde que la frontera de Irún fuera conquistada por los sublevados en Septiembre de 1936, el único medio de comunicación que le quedaba a la zona norte republicana era el marítimo y muy escuetamente el aéreo. Ello no pasó inadvertido a los rebeldes, que a pesar de tener una flota mucho más pequeña que la republicana se encargaron de bloquear el Mar Cantábrico; La flota republicana era mucho más numerosa pero estaba peor organizada y, sobretodo, se encontraba concentrada en el Mediterráneo. Con un par de destructores y submarinos era imposible hacer frente a la pequeña pero poderosa flota franquista compuesta por el viejo acorazado España, los cruceros Canarias y Almirante Cervera y el destructor Velasco. Por otro lado, destaca la recientemente fundada Armada auxiliar de Euskadi (Euzko itsas Gudarostea), formada con bous (pesqueros reconvertidos) y buques auxiliares; Si bien sus ligeros buques eran insuficientes para hacer frente a la marina rebelde, su extraordinario arrojo y valor compensó esta deficiencia.[7]

En marzo de 1937 se produjo la Batalla del Cabo Machichaco, donde los pequeños bous (pesqueros armados) vascos hicieron frente a la armada sublevada para defender a un mercante (el Galdames) que se dirigía con material bélico a Bilbao.[8] La escena de los minísculos pesqueros armados haciendo frente al enorme Canarias era una reencarnación de la lucha de David contra Goliath. A pesar de este pequeño combate, lo cierto es que no hubo apenas combates de cierta entidad en el Cantábrico. Pero tampoco el bloqueo naval de los sublevados era impermeable; Este se demostró un mito cuando buques mercantes británicos cruzaron los supuestos campos de minas y sin encontrarse con la oposición de los grandes navíos de superficie de los sublevados.[9] Los campos de minas, no obstante, si constituían una amenaza real, como bien demuestra el hundimiento del España el 30 de abril de 1937 frente a las costas de Santander. Unos meses más tarde, con la caída de Bilbao empezó el endurecimiento en el bloqueo marítimo del Cantábrico, que se vio empeorado por la actividad aérea. Así, durante la caída de Santander y Asturias la superioridad aeronaval sublevada era tal que la evacuación de estos territorios fue casi imposible a excepción de contados casos, especialmente de autoridades republicanas.

La Campaña de Vizcaya

Vizcaya: Comienza la Ofensiva del Norte

Artículo principal: Campaña de Vizcaya

El ataque de Mola comenzó el 31 de Marzo la gran ofensiva nacionalista sobre Vizcaya bajo el asesoramiento de los coroneles Solchaga y Vigón. El ejército republicano del norte seguía mandado por el general Llano de la Encomienda y éste en sí era pesimista en cuanto a las posibilidades de victoria de las unidades situadas a lo largo de la costa cantábrica sobre las que tenía mando. A decir verdad, el republicano Ejército del Norte no constituía en sí una unidad homogénea y organizada. Había tres ejércitos distintos por cada zona, estando las unidades vascas del Eusko Gudarostea, las brigadas santanderinas y las asturianas. Entre ellos no existía ningún nexo y, aún peor, había fuertes tensiones entre los izquierdistas mineros de las milicias asturianas y los católicos vascos de las milicias del PNV.

Las tropas sublevadas alineaban en el País Vasco un total de 38.000 hombres, 250 piezas de artillería, 60 tanques y 150 aviones además del apoyo naval. Por su lado, las fuerzas vascas y republicanas estaban agrupadas en el Eusko Gudarostea (pues los vascos actuaban al margen del Ejército del Norte republicano agrupaban 40.000 hombres, 46 piezas de artillería y 12 aviones.[10]

Después de un intenso y bien coordinado bombardeo de aviación y artillería, el coronel Alonso Vega avanzó por la derecha del frente para conquistar las montañas de Maroto, Albertia y Jarondo. Al Norte de Villareal, en el centro del frente, hubo una lucha violenta en los alrededores de Ochandiano. Las luchas particularmente violentas en torno a esta localidad continuaron hasta el 4 de abril; Cada día era bombardeado por entre 40 y 50 aviones y las tropas navarras casi llegaron a cercar a sus defensores. Ante la posibilidad de quedar aislados y caer vivos ante el enemigo, los vascos se retiraron desordenadamente, dejando 600 muertos y 400 prisioneros.[11] Ante la dura resistencia ofrecida por los vascos, Mola decidió detener las operaciones aprovechando la llegada del mal tiempo y reorganizar sus tropas; El general Sperrle se quejó ante esta medida.[12] Después de esta toma de contacto las unidades vascas fotificaron nuevas posiciiones, y realizaron nuevos ajustes en el Cinturón de Hierro. Además fueron movilizados más hombres y llegó más material de guerra, de manera que para el 10 de abril los vascos contaban con 140 piezas de artillería.[13] También llegó a Bilbao el general Goriev, destacado militar soviético que ya había jugado un importante papel en Madrid, aunque su llegada y la de otros militares rusos no pareció mejorar excesivamente las cosas.[14] El 20 de abril empezó en Vizcaya un nuevo avance nacionalista; Cuando hubo cesado el fuego de le preparación artillera y los bombardeos aéreos, los vascos empezaron a salir de las superficiales trincheras en que se habían refugiado y oyeron las ametralladoras de los navarros; Muchos defensores se retiraron desordenadamente, como ya hubiera ocurrido en Ochandiano. Sin embargo, en la localidad de Elgeta se habían cavado profundas trincheras entre las onduladas colinas de alrededor, y allí los soldados dirigidos por el comandante de milicias Pablo Belderrain rechazaron el ataque. Entonces, en otra sección del frente se retiraron del frente dos batallones de la CNT, y esta retirada completó el hundimiento del frente[15] Ahora los comandantes vascos estaban deseando retirar a las buenas trincheras del Cinturón de Hierro, aunque el estado mayor en Bilbao mostró apatía ante la situación. Existía un clima de pesimismo[16] y pánico ante lo que se identificaba como una derrota general.[17]

El bombardeo de Guernica

Artículo principal: Bombardeo de Guernica

La ofensiva en Vizcaya se vio acompañada de una fuerte campaña de bombardeos ejecutada por la aviación alemana e italiana que ayudaban al bando sublevado. El mismo 31 de marzo había sido bombardeada la localidad de Durango, causando una gran destrucción en esta pequeña ciudad y anticipando lo que vendría después.

La resistencia vasca se reorganiza

La Muerte de Mola

El 3 de junio, inesperadamente, murió el general Mola, el alma de la Conspiración militar que dio lugar a la Guerra Civil la presente ofensiva nacionalista en Vizcaya. El avión en que viajaba se estrelló en la colina de Alcocero, cerca de Burgos. Mola solía emplear el avión con frecuencia en sus desplazamientos y no existen pruebas de que hubiera sabotaje, aunque la muerte favorecía claramente a Franco al eliminar al Director como rival.[18] El general Dávila, jefe de la Junta de Burgos, sucedió a este como jefe del Ejército del Norte nacionalista.[19]

El Cinturón de Hierro

Artículo principal: Cinturón de Hierro

La toma del Cinturón de Hierro: La defensa vasca se deshace

A pesar de la fortaleza ofrecida por la propaganda sobre el Cinturón de Hierro y de los laboriosos trabajos invertidos en su construcción, lo cierto es que este tipo de defensas estaban condenadas a fracasar frente a la Guerra Moderna. El 11 de junio las fuerzas sublevadas iniciaron el asalto del Cinturón de Hierro. El bombardeo preliminar de 150 piezas de artillería acompañado por ataques aéreos de la Legión Cóndor y la aviación italiana fue particularmente intenso. Aquel golpe quebrantó la resistencia de los defensores vascos concentrados en la última cota de terreno inmediatamente anterior al "Cinturón de Hierro". Al anocher, los coroneles García Valiño, Bautista Sánchez y Bartomeu, con tres de las seis brigadas navarras, alcanzaron la célebre línea defensiva.[20] Los bombardeos de prolongaron durante toda la noche. Gamir podía echar mano de forma inmediata de unos 40.000 hombres, algunos de los cuales asturianos y santanderinos y, por consiguiente, no inspiraban confianza a las unidades vascas.[20] El 12 de junio, una vez que las baterías y las nuevas oleadas de aviones hubieron machacado el Cinturón de hierro durante varias horas, la brigada de Sánchez Bautista atacó el punto en el monte Gaztelumendi en el que el sistema defensivo era más débil e incompleto.[21] El bombardeo de artillería precedió a la ofensiva. Los defensores, de esta forma, no pudieron distinguir en qué momento preciso terminaron los bombardeos y empezaron a disparar a los tanques. De repente, en todas partes surgieron la confusión, el humo y el movimiento y las unidades vascas sintieron la amenaza de verse rodeadas y apresuraron la retirada. Así, Juan Bautista Sánchez había roto las líneas vascas en un frente de 800 metros de longitud al amparo de la oscuridad. Los nacionalistas se encontraban a menos de 10 Kilómetros del centro de Bilbao y podían bombardearlo a su antojo mediante la artillería o la aviación.[20]

La caída de Bilbao

Artículo principal: Batalla de Bilbao

El 13 de junio todos las tropas vascas que quedaban al otro lado del Cinturón de hierro fueron trasladados al interior de la capital. La moral de estos había sufrido un duro quebranto, lo cual pone en evidencia que, desde un punto de vista psicológico, un sistema defensivo fijo es un error. Durante esa misma noche, las autoridades republicanas y vascas empezaron a preparar la evacuación de la mayoría de la población civil de la ciudad, en ese momento principalmente a los funcionarios y personal del gobierno vasco.[22] A la vez, en el Hotel Carlton se celebró una reunión en el curso de la cual Aguirre preguntó a los jefes militares sobre si Bilbao estaba en condiciones de defenderse: Las opiniones eran dispares, si bien al final en el transcurso de la noche el gobierno vasco resolvió defender la capital. Prieto cursó órdenes precisas del ministerio de Defensa a tal efecto. En ellas precisaba que debían destruirse las instalaciones industriales que pudieran ser útiles al enemigo. Pero el hecho de que la mayor parte de la población estaba siendo evacuada hacia el Oeste, hacia Santander, presagiaba el abandono de la capital.[23] El gobierno vasco se retiró a la aldea de Trucios, dejando en la capital a una Junta de Defensa de Bilbao integrada por el consjero de Justicia, Leizaola, el general Gamir y otros. En estas circunstancias, la retirada de gobierno fue un acto razonable, no así la huida de Navarro, jefe de la marina republicana en el Cantábrico, y la de muchos más.[24] El 15 de junio, gracias a la acción de Putz, quedó abierta una línea al avance de los carlistas y los italianos: Belderraín se hallaba al norte; Putz en el centro, y al sur Nino Nanetti. El siguiente ataque se lanzó contra un punto en que Goicoechea, el comandante traidor, había revelado que las fortificaciones estaban incompletas. Tras un poderoso bombardeo de la artillería y la aviación nacionales, los hombres de Nanetti huyeron cruzando el río Nervión, sin volar los puentes tras de sí. Quedaba abierta la carretera de Bilbao.[25] Al día siguiente, 16 de junio, Prieto telegrafió a Gamir ordenándole que defendiera Bilbao a toda costa, y especialmente la zona industrial de la ciudad.

A pesar del avance nacionalista, no se produjeron bombardeos aéreos: los nacionalistas habían aprendido la lección de Guernica. Al mismo tiempo, Leizaola descubrió que se preparaba un plan para incendiar la ciudad cuando las fuerzas republicanas se retirasen y lo hizo abortar. El avance nacionalista se prolongó durante todo el día. El día 17 de Junio cayeron sobre la ciudad 20.000 bombas, al tiempo que las elevaciones de terreno y las casas aisladas cambiaron de manos varias veces. En esta situación se decretó la evacuación de la industria y algunas fábricas fueron parcialmente evacuadas, otras completamente aunque la mayoría quedaron abandonadas.[26] Dentro de Bilbao, los hombres y el material eran trasladados en ferrocarril o por las dos últimas carreteras que quedaban libres en dirección a Santander. Estas carreteras iban quedando al alcance de la artillería de los Flechas Negras, que proseguían su avance. Ahora los nacionalistas controlaban toda la orilla derecha del Nervión desde la ciudad hasta el mar y la mayor parte de la orilla izquierda hasta el puente de ferrocarril.[27] El 18 de junio el General Ulibarri retiró los restos de sus tropas de la ciudad; la última de estas unidades salió de la ciudad en la madrugada del 19 de junio, de forma que a primera hora de la mañana Bilbao se encontraba prácticamente desierta.

El Ayuntamiento de Bilbao junto a la Ría. Las tropas carlistas al mando de Bautista Sánchez colgaron la bandera roja y gualda del balcón a las 17:00 del día 19, marcando el final de la batalla por la disputada ciudad.

Efectivamente, a mediodía los tanques nacionalistas efectuaron una exploración preliminar a lo largo del Nervión, comprobando que la ciudad se encontraba vacía. La mayoría de los puentes de la ciudad habían sido destruidos para dificultar el paso de los invasores pero la ciudad permaneció intacta en su mayoría, incluyendo sus estructuras industriales que fueron preservadas a pesar de que algunos líderes republicanos sugirieron su destrucción para que no fueran aprovechadas por los rebeldes. Entre las 5 y las 6 de la tarde, la 5ª Brigada Navarra, a las órdenes de Juan Bautista Sánchez, entró en la ciudad y colgó la bandera monárquica en el balcón del Ayuntamiento.[28]

Los dirigentes políticos vascos se trasladaron a Barcelona, donde formarían un gobierno en el exilio, mientras el general Gamir se ocupó de retirar el máximo posible de tropas en dirección a Santander; La retirada de Gamir y sus hombres se vio facilitada por el hecho de que Franco no tenía ninguna prisa en proseguir la ofensiva después de la caída de Bilbao, como así denunció el general Kindelán, jefe de la aviación nacionalista.[29]

La Campaña de Santander

Continua la campaña

Artículo principal: Batalla de Santander

En julio de 1937 el Gobierno de la República ordenó una ofensiva sobre Brunete, como maniobra de distracción que descongestionase Madrid y contuviera el avance del ejército nacional en el Norte, en esos momentos, a las puertas de la provincia de Santander. No obstante, la batalla de Brunete acabó a finales de julio y el general Franco, deseoso de finalizar el episodio del Norte, recuperó para este frente las unidades que había desplazado a las operaciones del centro. La ofensiva era inminente.

El 6 de agosto, un decreto creaba en Santander la Junta Delegada del Gobierno en el Norte, persidida por el general Mariano Gamir Ulibarri, máximo responsable militar, y compuesta por un representante de los Gobiernos del País Vasco, Asturias y Santander.[30] Se trataba así de coordinar las acciones de defensa. En este tiempo, unido a la falta de alimentos, los habitantes de la capital sufrían ataques aéreos regulares, mucho más frecuentes que el año anterior, y se les animaba desde la prensa local a una febril tarea de fortificación. A la vez, se procedía a la evacuación por mar de refugiados vascos con destino a Francia. La defensa del territorio cántabro se confió a 80.000 hombres englobados en cuatro cuerpos de ejércitos: el XIV formado por lo que quedaba del Ejército Vasco, el XV compuesto en su mayoría por tropa cántabra y, en menor medida, los XVI y XVII asturianos.[31] Apoyando a estas fuerzas los republicanos contaban con 50 baterías artilleras, 33 cazas y bombarderos y 11 aviones de reconocimiento.[32] Por su parte, las fuerzas sublevadas constaban de seis brigadas de Navarra[33] y dos de Castilla[34] apoyadas ambas por tres divisiones y una brigada italiana,[35] todas ellas al mando del general Fidel Dávila Arrondo, responsable del Ejército del Norte tras la muerte del general Emilio Mola. A ello hay que sumar un importante apoyo artillero[36] y de aviación.[37] Formaban 90.000 hombres.

La Bolsa de Reinosa

El 14 de agosto comenzaron las operaciones por parte del bando franquista con el bombardeo de las posiciones republicanas mediante artillería y aviación; el primer objetivo fue la fábrica de armamento Constructora Naval de Reinosa y el nudo ferroviario de Mataporquera, atacando la 1ª Brigada Navarra entre el Pico Valdecebollas y Cuesta Labra, ocupando las alturas de la Sierra de Híjar y avanzando hacia Reinosa. Con ello se pretendía amenazar la principal arteria de comunicación del enemigo, dejando así en situación crítica a las fuerzas republicanas que se hallaban al sur de la Cordillera Cantábrica. Este primer día de ataque las brigadas navarras rompieron la línea del frente sur republicana, muy castigada por los bombarderos aéreos.[38] El CTV italiano rompe el frente en Soncillo (entre el puerto de Carrales y la zona de Quintanaentello, Burgos) avanzando hacia El Escudo (Cantabria) y Arija (Burgos); se dan combates aéreos en El Escudo, derribando la aviación republicana un biplano de asalto Romeo Ro 37.[39] Al día siguiente las fuerzas nacionales avanzan, no sin dificultad, por el sector de Barruelo de Santullán hasta Peña Rubia, Salcedillo, Matalejos y Reinosilla, encontrando fuerte resistencia en el Portillo de Suano. El general Gamir Ulibarri planifica una desesperada defensa en la línea norte de Peña Astía - Peña Rubia - Peña Labra. Seis mil soldados republicanos quedan copados en la bolsa de Reinosa. La aviación del bando nacional bombardea Soto-Iruz (causando cuatro muertos y varios heridos) y derriba dos Polikarpov I-16 sobre El Escudo.[40] La IV Brigada Navarra logró romper la resistencia en el Portillo de Suano avanzando y apoderándose del complejo fabril intacto, ante la negativa de los obreros de destruirlo, y entran en Reinosa al anochecer. La brigada de García Valiño proseguiría su avance a lo largo del río Saja, buscando el valle de Cabuérniga.

Las fuerzas italianas avanzaron paralelamente por la carretera Corconte - Reinosa ante la retirada de las fuerzas republicanas por Lanchares hacia San Miguel de Aguayo. A su vez proseguían los ataques al Puerto del Escudo donde la División 55 Montañesa de Choque del Teniente Coronel Sanjuán oponía una fuerte resistencia. Las fuerzas republicanas se retiran por el Valle de Luena volando varios puentes e incendiando varias casas y el Ayuntamiento con su archivo.[41] Pese a las labores de fortificación republicanas, los italianos de la División 23 de Marzo logran conquistar del Puerto del Escudo,[42] copando de este modo a 22 batallones republicanos y consiguiendo reunirse con el resto del ejército en la localidad de San Miguel de Aguayo. Con este rápido ataque en tenaza, las fuerzas nacionalistas logran estrangular la bolsa republicana del Alto Ebro. La destrucción de esta bolsa, con su importante número de fuerzas republicanas, supuso un duro golpe moral para el resto del ejército.

Desastre republicano

A partir de aquí la ofensiva sigue en dos direcciones: por un lado, un sur-norte, profundizando por los cuatro valles que abren camino desde la montaña hacia el Mar Cantábrico con un objetivo claro: la población de Torrelavega que permitiría cortar la retirada hacia Asturias de las fuerzas republicanas. Por otro lado, las fuerzas italianas Flechas Negras[43] abren el frente por el oeste avanzando por la costa y alcanzando los ríos Asón y Agüera. Para el 18 de agosto, todo el sistema defensivo planteado por el general Gamir Ulibarri estaba roto, no pudiendo establecer una línea continua de defensa, ya que el rápido avance enemigo era imparable, desbordando todas las posiciones que le hacían frente. Gamir Ulibarri manda todas las tropas de reserva a vanguardia y solicita al XIV Cuerpo de Ejército el envío urgente de dos brigadas vascas desde Carranza a Ramales de la Victoria. Ese mismo día, tropas navarras ocupan Santiurde en tanto que los italianos alcanzan San Pedro del Romeral y San Miguel de Luena. Al día siguiente los avances de las tropas nacionales por Cabuérniga, Bárcena de Pie de Concha en el valle del Besaya, Entrambasmestas y el valle del Pas obliga a Gamir Ulibarri a dictar rigurosas órdenes para que se resistiese. No obstante, el rápido avance franquista logra rebasar la tercera línea de defensa republicana establecida, por lo que no tuvo más remedio que organizar el plan estudiado de repliegue a la ciudad de Santander. La aviación franquista bombardea la Vega de Pas, destruyendo la iglesia, y por la noche las fuerzas republicanas se retiran de la Vega hacia Selaya.[44] Por su parte, el XVII Cuerpo de Ejército situó una brigada en Torrelavega y la 48 División vasca solicitada por el Jefe del Ejército del Norte se dispone en Puente Viesgo, para defender las comunicaciones con Asturias. Las tropas italianas alcanzan las cumbres de Cildá, Guzparras y Berana, rodeando Alceda y Ontaneda y entrando en Vega de Pas; la aviación republicana ataca la columna italiana que asciende por el puerto de La Braguía, causando numerosas bajas.[45]

El 21 las tropas franquistas entran en San Martín de Toranzo, Selaya, Castillo Pedroso, Quintana de Toranzo, Alceda, Ontaneda, San Vicente de Toranzo, Villacarriedo, Tezanos y Bárcena, alcanzando Santibáñez; la aviación italiana derriba seis Polikarpov I-16 y un Polikarpov I-15 sobre El Escudo.[46] El día 22, las fuerzas nacionales ya estaban a pocos kilómetros de Torrelavega y de Puente Viesgo. Cae Las Fraguas. Todo el XIV Cuerpo de Ejército republicano se prepara para cubrir la línea defensiva del río Asón, con el fin de defender Santander, en tanto que las demás fuerzas intentan salvaguardar las comunicaciones con Asturias. La aviación italiana derriba otros tres Polikarpov I-15 sobre El Escudo; se dan combates entre fuerzas italianas y republicanas; la aviación republicana bombardea Selaya causando tres muertos.[47] Mientras tanto, la noche anterior los tres batallones de nacionalistas vascos de la 50ª División de choque vasca, al mando de Ibarrola, abandonan sus posiciones en el valle del Saja -así como los de la División de Gómez, Cristobal Errandone y Lazcano- desplazándose hacia Santoña. Mientras tanto las fuerzas italianas y las brigadas navarras prosiguen su avance hacia Torrelavega y Cabezón de la Sal.

Dada la situación tan crítica, por la tarde se reúne la Junta Delegada del Gobierno republicano con el fin de estudiar las dos alternativas posibles: retirar el ejército hacia Asturias o replegarse hacia la ciudad de Santander y resistir durante 72 horas más, con el fin de esperar la maniobra de distracción prometida por el Ministro de la Guerra, Indalecio Prieto, que se desencadenaría a partir del día 24 de agosto en el Frente de Aragón (la Ofensiva de Zaragoza). Se opta por esta última alternativa. Las fuerzas armadas vascas comienzan a retirarse en dirección a Santoña, a 30 kilómetros al Este de la capital cántabra. El gobierno vasco desistía de seguir combatiendo tan lejos del País Vasco, y tenía las esperanzas puestas en las negociaciones de su rendición que se estaban llevando a cabo con el gobierno italiano en Roma. El día 24 se renuncia a la defensa de la capital cántabra y Gamir Ulibarri ordena la evacuación general hacia Asturias, aún en manos republicanas. Fuerzas nacionales toman Torrelavega, ocupan a las 18:00 el cruce de Barreda y quedan cortadas la comunicaciones terrestres con Asturias. Las fuerzas republicanas estaban ya copadas y la deserción y huida de los mandos políticos y militares es en ese momento generalizada. Unidades enteras se quedan sin superiores. Ese mismo día el comandante de la División 54, Eloy Fernández Navamuel, sale en avión en dirección a Francia.

El Pacto de Santoña

Artículo principal: Pacto de Santoña

Así las cosas, en el frente oriental los batallones vascos en rebeldía se habían ido concentrado en Santoña, enviando emisarios que tomaron contacto en Guriezo con las fuerzas italianas de la brigada Flechas Negras que marchaban por la costa, e iniciando unas confusas negociaciones. Desde la primavera, antes de la caída de Bilbao y de las últimas plazas que controlaba el gobierno vasco, Juan de Ajuriaguerra, presidente del Bizkai Buru Batzar, había estado negociando con los italianos, durante varios meses, un acuerdo de rendición con la mediación del Vaticano que llegó a oídos del gobierno de la República al interceptar un telegrama. Ambos firmaron en el pueblo de Guriezo un documento por el cual se rendían con condiciones. Este acuerdo se conocería posteriormente como el Pacto de Santoña, el cual no se llevaría a efecto al enterarse el general Dávila.

La caída de Santander

El 25 de agosto el general Gamir Ulibarri, con parte de su estado mayor, el asesor ruso el general Vladimir Gorev y algunos políticos entre los que se encontraba el presidente del País Vasco, José Antonio Aguirre, abandonan Santander a bordo de un submarino, se dirigen a Gijón y establecen posteriormente su Cuartel General en Ribadesella, ordenando que se organizase una línea defensiva en el río Deva con los restos de las tropas de Galán y de la División de Ibarrola. Las fuerzas republicanas que aún permanecían en la capital cántabra se rinden. La caída de la capital es inminente y efectivamente, a las 8:00 del 26 de agosto, soldados de la IV Brigada de Navarra y de la División Littorio avanzan hacia la capital, entrando en ella hacia el mediodía entre el recibimiento enfervorizado de una población mayoritariamente conservadora. En Santander, las tropas nacionales hicieron más de 17.000 prisioneros, muchos de los cuales serían fusilados de inmediato. Las personas más comprometidas con el régimen republicano habían vivido 48 horas dramáticas esperando encontrar plaza en alguno de los barcos que zarpasen para Asturias o Francia con la esperanza de no ser interceptados en altamar por la armada franquista que controlaba el Mar Cantábrico. A los que no pudieron escapar les quedaba un futuro incierto, con innumerables citaciones públicas ante tribunales militares sumarísimos.[48] Otras tropas rebeldes alcanzan Cabezón de la Sal.[49]

El día 31 de agosto los restos del ejército republicano en retirada hacia Asturias supuestamente incendian y dinamitan Potes. El día 1 de septiembre las tropas franquistas alcanzan la línea del río Deva, ocupando Unquera (en la desembocadura), así como Panes y todo el Valle de Peñarrubia, cortando las comunicaciones entre Liébana y Asturias.[50] Después de esto la Batalla de Santander podía darse por finalizada con un absoluto triunfo de los franquistas (su victoria absoluta y completa en toda la guerra) mientras los republicanos debían retirarse apresuradamente hacia Asturias, en medio de un gran desastre entre las filas de su Ejército del Norte, que ha quedado prácticamente destruido.

Asturias: El último baluarte

Artículo principal: Ofensiva de Asturias
Artículo principal: Batalla de El Mazuco

Consecuencias

Tras la larga campaña iniciada en el mes de marzo, los nacionalistas poseían las minas de carbón asturianas y las industrias de Bilbao y, lo que es más importante, las industrias de armas. Al término de la campaña, los nacionalistas habían conquistado 18.500 kilómetros cuadrados de territorio. Contaban con un millón y medio más de habitantes (incluidos muchos prisioneros de guerra, que fueron enviados a campos de concentración). Así mismo, ahora controlaban el 36% de la producción industrial española, el 60% de la producción española de carbón y poseían casi todo el acero que se producía antes de la guerra.[51] La guerra en el norte mostró la notable superioridad el armamento aéreo y artillero nacionalista. Especialmente importante fue la actividad de la Legión Cóndor alemana, que se demostró decisiva como ocurriría en otras campañas de la Guerra Civil Española. Pero ni en la campaña del País Vasco, ni en la de Santander, ni en la de Asturias puede explicarse la victoria de los nacionalistas por superioridad técnica. La existencia de casi tres Estados independientes en el bando republicano, cada uno de los cuales sustentaba sus propias teorías de gobierno y su propio ejército, debilitó a los republicanos fatalmente. El apoyo aéreo de los republicanos en el País Vasco fue muy débil al principio, pero en el mes de junio pudo disponerse de gran número de aviones: por desgracia eran aparatos ya muy usados y los aviones rusos se veían en inferioridad numérica ante las aviaciones alemana e italiana. El general Llano de la Encomienda nunca logró crear un mando unificado, ni tampoco su sucesor Gamir Ulibarri. También se daba el derrotismo en el bando republicano, en mucho mayor que la traición abierta. Así lo señalaría Dolores Ibárruri más tarde:

Hablar del Ejército del Norte era un eufemismo. Había las milicias de Asturias, las milicias de Santander y las del País Vasco, que en general actuaban cada una con sus propios mandos... No se toleraba que ningún intruso se inmiscuyese en asuntos de familia, aunque la estrechez egoísta y localista llevase a unos y a otros a la catástrofe, y a todos, a ir preparando el terreno para la derrota de la República...
Dolores Ibárruri. El único camino.

La victoria también permitió que la flota nacionalista pudiera trasladarse al Mediterráneo para concentrarse allí. Finalmente, 65.000 hombres del Ejército del Norte quedaran disponibles, junto a sus armamentos, para incorporarse al frente del sur.[52] Desde mayo de 1937, el Ejército del Norte republicano perdió 33.000 hombres, más otros 100.000 que cayeron prisioneros y otros 100.000 heridos. Las pérdidas nacionalistas incluían 10.000 muertos y otras 100.000 bajas de diversa consideración. Lo cierto es que aunque el Frente Norte había desaparecido, varios millares de hombres permanecieron en las montañas astur-leonesas hasta el mes de marzo, frenando así otras posibles ofensivas de los sublevados (la actividad de la guerrilla fue tal que durante meses permanecieron en esta área un gran número de tropas y Guardias Civiles). Entre 1937 y 1948 habría una actividad guerrillera en Asturias y Cantabria si cabe más intensa que la actividad militar durante los meses de combates habidos.[53]

Referencias

  1. Hugh Thomas, pág. 666
  2. Hugh Thomas, p.663
  3. Hugh Thomas, pág. 665.
  4. Hugh Thomas, pág.663
  5. Hugh Thomas, p.666
  6. Hugh Thomas, p.662
  7. Hugh Thomas, pág. 673
  8. Hugh Thomas, pág.663
  9. Hugh Thomas, pág.673
  10. Hugh Thomas, pág. 663
  11. Hugh Thomas, pág. 668.
  12. Alcofar Nassaes, p. 112
  13. Martínez Bande,La Campaña de Vizcaya, pág. 35.
  14. Hugh Thomas, pág. 669.
  15. Hugh Thomas, pág. 674
  16. En aquel momento parecía que el hundimiento del frente era imparable y que era cuestión de días que Mola llegase a Bilbao, aunque luego cambiase la situación.
  17. Hugh Thomas, pág. 675.
  18. Hugh Thomas, pág. 744.
  19. Hugh Thomas, pág. 745.
  20. a b c Hugh Thomas, pág. 745.
  21. Manuel Montero García (1980) Historia de Vizcaya
  22. Hugh Thomas, pág. 746
  23. Hugh Thomas, pág. 747
  24. Hugh Thomas, pág. 747
  25. Hugh Thomas, pág. 747
  26. Hugh Thomas, pág. 747
  27. Hugh Thomas, pág. 748
  28. Hugh Thomas, pág. 748
  29. Alfredo Kindelán, Mis cuadernos de Guerra, pág. 86
  30. Los generales Francisco Llano de la Encomienda y Toribio Martínez Cabrera, desacreditados, fueron enviados a la zona central, con lo que Gamir quedó como jefe supremo del Frente Norte republicano.
  31. El XIV Cuerpo de Ejército lo comandaba el coronel Adolfo Prada Vaquero, mientras que el coronel José García Vayas hacía lo propio con el XV.
  32. Cabe señalar que del conjunto de aviones que los republicanos disponían, únicamente 18 cazas facilitados por los rusos podían presentar batalla a los nacionales, ya que el resto de los aparatos eran lentos y antiguos.
  33. A pesar de su nombre los efectivos de las brigadas navarras eran superiores a una división republicana. Estuvieron bajo las órdenes del general José Solchaga y mandadas por los coroneles Rafael García Valiño, Rafael Latorre Roca, Miguel Abriat, Camilo Alonso Vega, Juán Bautista Sánchez Gonzalez respectivamente.
  34. Al mando de Miguel Cabanellas Ferrer.
  35. Las divisiones eran Littorio, Llamas Negras y XXIII de Marzo, a cuyo mando iban los generales Annibale Bergonzoli, Luigi Frusci, Enrico Francisci y bajo las órdenes todos ellos del general Ettore Bastico. En total iban a participar en la batalla 25.000 soldados italianos.
  36. Dadas las características de La Montaña ambos bandos utilizaron gran cantidad de artillería.
  37. Eran 70 modernos aviones alemanes de la Legión Cóndor, 80 aviones italianos y 70 aparatos españoles, junto con una flotilla de hidroaviones.
  38. Los conflictos en terreno montañoso suelen acontecer en las praderas subalpinas y alpinas de los puertos de montaña. Estos lugares son los únicos puntos en los que hay espacio suficiente como para que los ejércitos puedan formar. Los acantilados, las simas y los afloramientos rocosos complican la tarea de movilizar un ejército de tamaño considerable por un entorno montañoso y la mayoría de las batallas que acontecen en las montañas son de carácter aéreo.
  39. Obregón Goyarrola, Fernando; República, Guerra Civil y Posguerra en los Valles del Pas (1931-1950), edit. el autor, Maliaño, 2009; pág. 210 y 216
  40. Obregón Goyarrola, Fernando; República, Guerra Civil y Posguerra en los Valles del Pas (1931-1950), edit. el autor, Maliaño, 2009; pág. 221 y 216
  41. Obregón Goyarrola, Fernando; República, Guerra Civil y Posguerra en los Valles del Pas (1931-1950), edit. el autor, Maliaño, 2009; pág. 218
  42. La toma de este crucial paso de montaña hizo desmoronar las líneas de defensa republicanas y el frente como tal dejaría de existir.
  43. Las Flechas Negras era una brigada mixta de 8.000 hombres formada por españoles e italianos a cuyo mando estaba el coronel Sandro Piazzoni
  44. Obregón Goyarrola, Fernando; República, Guerra Civil y Posguerra en los Valles del Pas (1931-1950), edit. el autor, Maliaño, 2009; pág. 188 y 233
  45. Obregón Goyarrola, Fernando; República, Guerra Civil y Posguerra en los Valles del Pas (1931-1950), edit. el autor, Maliaño, 2009; pág. 234
  46. Obregón Goyarrola, Fernando; República, Guerra Civil y Posguerra en los Valles del Pas (1931-1950), edit. el autor, Maliaño, 2009; pág. 211, 233, 236, 238 y 239
  47. Obregón Goyarrola, Fernando; República, Guerra Civil y Posguerra en los Valles del Pas (1931-1950), edit. el autor, Maliaño, 2009; pág. 233, 240, 241 y 510
  48. Ramón Ruiz Rebollo, diputado por Santander en aquella época y uno de los últimos en evacuar la capital y en sobrevivir a a aquellas jornadas, describiría el terrible panorama de las 100.000 personas amontonadas en los muelles del puerto de Santander esperando la llegada de las fuerzas rebeldes.
  49. Obregón Goyarrola, Fernando; República, Guerra Civil y Posguerra en los Valles de Liébana y Peñarrubia (1931-1957), edit. el autor, Maliaño, 2007; pág. 498
  50. Obregón Goyarrola, Fernando; República, Guerra Civil y Posguerra en los Valles de Liébana y Peñarrubia (1931-1957), edit. el autor, Maliaño, 2007; pág. 498
  51. Hugh Thomas, p.789
  52. Hugh Thomas, p.789
  53. Hugh Thomas, p.788

Bibliografía especializada

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