Variable geohistórica del deterioro ambiental venezolano en el siglo XIX


Variable geohistórica del deterioro ambiental venezolano en el siglo XIX

La geohistórica es un proceso de deterioro ecológico con una proyección de situaciones que han acelerado la disminución de los distintos paisajes naturales, teniendo como principal agente de destrucción al hombre, quien a modificado la fauna y flora de los entornos costeros, guayaneses y andinos de Venezuela en el siglo XIX. Características

  • Acción destructiva del hombre.
  • Sequía de ríos, lagos, etc.
  • Migración de aves y animales terrestres.
  • Agotamiento de yacimientos naturales.
  • Modificación de paisajes.
  • Variable geohistorica

La variable geohistórica ha tenido una gran incidencia en el proceso de degradación ambiental especialmente en países como Venezuela. Resulta limitativo analizar los procesos de deterioro ecológico en solo una proyección contemporánea sin ninguna perspectiva histórica, olvidándose de que en muchos casos son resultado de situaciones que han venido acelerando desde el siglo XVI hasta la época contemporánea. Se estima que se cometen graves errores interpretativos por el desconocimiento de la evolución y/o regresión de los pises urbanos y rurales venezolanos cuando se afirman visiones falsas de un pasado idealizado, que intenta hacer contrastar la situación del deterioro ecológico actual con una visión simplista del siglo XIX y en los inicio del presente siglo, donde sucedían aparentemente en el espacio geográfico del país, paisajes vírgenes e impolutos o apenas hollados por el hombre, con un uso rural del suelo más o menos bien conservado y una escasa movilización de recursos naturales por sociedades patriarcales, guardándose simultáneamente armoniosos paisajes urbanos. Esta interpretación estereotipada de una acción humana, histórica, tenue y respetuosa del entorno geográfico venezolano, se considera limitada y errónea como la visión etnocentrista europeizante decimonónica, aceptada por sectores importantes de la opinión pública, que enfatizaba en el deterioro ambiental desencadenado por la economía destructiva de sociedades primitivas que solo se superaría con la acción creadora y constructiva del colonizador y roturador de tierras nuevas.

Contenido

Variaciones en los ritmos

En Venezuela los ritmos geohistóricos de la acción humana en el ambiente han variado fuertemente debido, entre otras causas, a la heterogeneidad de sus características geográficas y de recursos naturales. El ambiente se ha deteriorado en función de coyunturas socioeconómicas de los tipos de poblamiento, proceso de extracción de sus recursos marítimos, minerales, hídricos, de recolección forestal y de fauna agrícola y ganaderos. Las variables geohistóricas que suceden desde el siglo XVI hasta el siglo XIX y que inciden en el deterioro del ambiente son el resultado de combinaciones geográficas regionales y subregionales de diversos tipos de factores, entre los cuales han tenido un peso decisivo los que surgen de la pluralidad geográfico-física de la organización social, económica y tecnológica de su población distribuida heterogéneamente. Se estima que la degradación ambiental geohistorica ha comenzado en un franco descenso de la calidad de vida en sectores mayoritarios de la población pesquera, cazadora recolectora, minera, campesina y urbana, desencadenando procesos de marginalización geográfica a los países productivos, lo que a su vez a hecho iniciar nuevos ciclos en el uso del suelo. Estos procesos de degradación ambiental fueron muy intensos durante el siglo XIX, comprometiendo tanto al paisaje ocupado tradicionalmente desde los siglos coloniales, como a paisajes relativamente aislados del interior.

Procesos de deterioro ambiental durante el siglo XIX en diversos sectores regionales del país

Regiones paisajísticas litorales en el siglo XIX en las islas litorales de Venezuela han sucedido diversas modalidades destructivas de sus recursos por la pesca, recolección y caza que han desencadenado regiones paisajísticas locales, incidiendo en el agotamiento irreversible de estos recursos de las islas venezolanas en el Caribe fue una constante en el periodo. En las islas de los Roques, La Orchila y varios islotes, la recolección de La Orchila fue efectuada abusivamente por antillanos y otros extranjeros, que se beneficiaban con la vente de este lique que tiene un principio colorante morad. Por ello, en 1834, el ejecutivo tuvo que tomar mediadas para regularizar su extracción clandestina de huevos de aves y de tortugas en las islas venezolanas, especialmente por antillanos provenientes de Saba y Saint Thomas. A partir de 1854, firmas comerciales estadounidenses, radicadas en Boston, explotan el gusano de ave marinas de la isla, exterminando los yacimientos y agotándolos en la década de 1870, fecha cundo se establece otra factoría en la Orchila. La pesca por arrastre de perlas en la isla Cubagua por la firma inglesa Rundell Bridge y Rundell, agotó este recurso casi totalmente hacia 1833, iniciándose un nuevo ciclo destructivo en 1945. La última fase expoliadora fue efectuada por alemanes en 1854 y 1857, sin registrarse ulteriormente vestigios de concentraciones comerciales de otras perlíferas. La rica flora insular de Margarita fue asolada continuamente durante todo el siglo XIX, experimentándose exterminio no solo por el consumo local, si no también incrementado por la demanda de materiales tanantes, utilizadas en las curtiduras de las islas que provenían a los numerosos artesanos zapateros, sino también por la exportación. Así pues en 1874, se registran en la aduana de Pampatar una exportación de 78.750 kilogramos. De manera que tinte a la colonia Holandesa. La organización comercial de las pesquerías margariteñas en el siglo XIX, indudablemente aceleró modificaciones negativas en el paisaje cultural con la instalación de rancherías ocasionales y el deterioro del uso del suelo insular, por la presión demográfica de comunidades explotadas por empresarios. Los procesos regionales en el ambiente de los paisajes litorales se pueden constatar en múltiples pesquerías de Venezuela, en especial cuando convergen factores geofísicos de morfología litoral. Ilustrativo es el caso de la decadencia de las pesquerías de la laguna de Unare. En efecto, a comienzos del siglo XIX se formó espontáneamente la población de Hatillo, la cual fue rebautizada como Herrera, en la punta del Cabo Unare por pescadores de Barcelona y Píritu, que se trasladaron a allí para aprovechar las pesquerías de la laguna de Unare. Con estos recurso, el poblado progresó bastante por los años de 1853, pero habiéndose obstruido el cause principal del caño del río que llenaba la laguna, cesó la producción masiva de pescado salado, acarreando la decadencia del poblado. Hacia 1875 contaba apenas con 295 habitantes que Vivian aun de la poca pesca local de la explotación salina. En cuanto al ambiente Litoral del Golfo, se vio severamente afectado por la instalación de un astillero en el pueblo de Tucacas en la década de 1830, por la compañía inglesa Bolívar Mining Association, que trabajaba las minas cupríferas de Aroa. La localización de este astillero implico una marcada aceleración del proceso de destrucción paisajística, por la tala de árboles selváticos y del mangle costero, pues la variedad de mangle rojo fue adelgazada por su activa explotación, haciéndose de ella un gran consumo por su condición de madera incorruptible, para embarcaciones de la compañía minera. Igualmente los ingleses deterioraron los bosques de mangle negro. Aún má[[]]s sufrió durante todo el siglo, el litoral del lago de Maracaibo, por regularse el corte excesivo de palo de mora, aunque virtualmente estaban agotadas las concentraciones de este recurso hacia 1890. Similar proceso se experimentó en esta región con el brasilete y la bosuga que eran muy comunes hasta 1841 en el cantón de Gibraltar y en los entornos de los pueblos de Altagracia, Santa Rita, Cabimas y Lagunillas. Los buscadores de madera fina penetraron en los primeros decenios del siglo XIX, hasta las cabeceras de los ríos Apon, Negro, Yasa y Santa Ana en Perijá.

Deterioro ambiental en las cordillera de los andes y en la costa

En las tierras andinas venezolanas se evidencia un deterioro ambiental. La roturación de tierras nuevas para cultivos de cafetales, acabó con grandes sectores de selva nublada, en especial en comarcas trujillanas y tachirenses. Hay investigaciones que muestran alrededor de cincuenta micro regiones confinadas con la destrucción en la vegetación natural de cambios en el uso del suelo, dinámica de movimientos de colonización espontánea y formación de caminos locales en sitios piedemontanos como el Quiño, el Morro, Guaitó, Torondoy, San Cristóbal, la Azulita o el tigre. Simultáneamente en la tierra al tas la mayor presión demográfica acarrea un evidente deterioro de los recursos de agua y vegetación. En 1845 el gobernador de Mérida denunció la situación “tolerase incautamente la tal de los bosques que están situados en las inmediaciones de los lugares, y por consecuencia de semejantes abuso no solo se destruyen las dehesas que suministran pasto a los animales domésticos, sino que se ciegan y damnifican las vertientes de agua potables que proveen a sus poblaciones”. La explotación del ambiente andino incluso toca a los quinales que proliferan en las cercanías de Rubio y son explotados clandestinamente en 18877 por Colombianos de Labateca. En la cordillera de la costa el proceso es aún mayor, como se evidencia desde comienzos del siglo XIX, cuando los entornos selváticos de las faldas meridionales de la sierra del Ávila son muy deterioradas por el poblamiento intermitente de leñateros y carboneros. A ellos se agregan numerosos marginalizados que hacen de la recolección y tala su modo de vida. Así, en 1811 se lee el seminario de Caracas una denuncia contra los cortadores de madera y recolectores de zarzaparrilla. No se tuvo mucho éxito pues Juan Larrazábal en la estadística General de la provincia de Caracas en 1855, denuncio el creciente deterioro de los entornos de la capital por la tala indiscriminada. “En los desmontes se sacrifican indiscretamente todos los árboles, y caen bajo el hacha exterminadora, robustos cabo, corpulentos cedros, antiguos guayacanes, copaibas, curtidores, almendros, granadillos, angelinos, maderas preciosas, que después devora el fuego en breves días. Los cortes de leña para carbón sacrifican también árboles de algún precio, que ni se reponen ni es posible conseguirlo en tres generaciones”. De esa tala asoladora y del sistema de imprevisión con que se hace, no será extraño que se vean trasformados dentro de poco nuestros bosques, y que se hagan sumamente la adquisición de materiales.

Movimientos comerciales de caza de recursos ambientales llaneros y guayaneses

En el llano se ha evidenciado un sistema de expoliación de los hatos de Apure y Barinas en la segunda mitad del siglo XIX, debido a la intensificación de la cacería comercial, como se puede probar con las fluctuaciones de las exportaciones de cueros de venado en los puertos del Orinoco; entre 1856 y 1874 se exporto solo por el puerto de Ciudad Bolívar la cantidad de 1.193.347 cueros de venado; a ello habría que sumar los consumidos localmente y los dañados. En la década de 1870 se exportaban anualmente, desde Puerto Nutria de 1º.ooo a 15.000 cueros de venado. También se acelero la demanda de aceite de tortuga, manteca de caimán, pescado seco y plumas de garza. La explotación de los cauchales en las proyecciones espaciales venezolanas amazónicas alcanzó, desde mediados del siglo XIX hasta comienzos del actual, formas análogas a las que regían el trabajo de las caucheras en Brasil. Estos métodos de extracción primitiva y destructiva que desencadenaron procesos irreversibles de aculturación de tribus aborígenes.


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