Batalla de Tolón


Batalla de Tolón

Batalla de Tolón

Batalla de Tolón
Parte de Guerra de Sucesión Austriaca
Combate de Tolón.jpg
Combate entre el navío Real Felipe y el Namur. (Museo Naval de Madrid).

Fecha 22 de febrero de 1744
Lugar Cabo Sicié, cerca de Tolón, Francia
Resultado Victoria estratégica española
Beligerantes
Border Reino de España Union flag 1606 (Kings Colors).svg Reino de Gran Bretaña
Comandantes
Almirante Juan José Navarro Almirante Thomas Mathews
Fuerzas en combate
6 navios de línea,
6 marchantes,
(1,806 balas)
30 navíos de línea,
3 fragatas,
3 brulotes,
3 bergantines
(2,280 balas)
Bajas
149 muertos,
467 heridos,
6 barcos dañados[1]
800 muertos o heridos,[1]
10 barcos dañados,
1 barco hundido

La Batalla Naval de Tolón o Batalla de Cabo Sicié tomó lugar el 22 de febrero y 23 de febrero de 1744 entre las 1:30 p.m. y las 5:00 p.m. en el Mar Mediterráneo cerca de la costa de Tolón, Francia (Cabo Sicié esta cerca de Tolón). Un convoy español, coligado con un francès que no participo en la batalla, derrota a la Flota mediterránea británica, la cual acabò retirándose.

Contenido

Fuerzas presentes en Tolon

La escuadra combinada se componía de dieciséis navíos franceses y de doce españoles, en lo que se refiere a los que habían de formar las líneas de combate, pues, además, tenían los franceses tres fragatas, dos brulotes y un buque hospital. Las fragatas españolas quedarían decididamente en puerto.

Los ingleses, entre sus tres escuadras: de vanguardia, cuerpo de batalla y retaguardia, sumaban treinta y dos navíos; los buques fuera de línea eran tres fragatas, tres brulotes y tres bergantines. Treinta y dos, pues, en la línea de combate contra veintiocho franceses y españoles, suponiendo, claro está, que los de De Court combatiesen como era de esperar. La diferencia del número de buques no era grande pero sí la de sus armas: 1.806 cañones españoles y franceses contra 2.280 ingleses (Campbell). Hay que tener en cuenta también, que el portar mayor número de cañones llevaba consigo en la mayor parte de los casos que los del buque que los llevaba más en número, eran de mayor calibre —de mayor peso la bala en libras, como entonces se medía.

De los doce navíos españoles tan sólo seis eran de guerra, del Rey, el resto eran de la Carrera de Indias, marchantes se les denominaba, metidos en esos lances de batirse bien formados contra una escuadra adversaria. La Verdadera relación del combate... incluida en la Vida del Marqués de la Victoria, de Vargas Ponce —probablemente publicada muy a posteriori bajo la dirección de Navarro— dice que del Rey eran el Real Felipe, de 110 cañones montados; el Santa Isabel, de 80; el Constante, de 70, y los América, Hércules y San Fernando, de 64, buques estos últimos construidos con el objeto de defender la navegación de Indias, no siendo a propósito para el combate naval entre escuadras de navíos. Tenían cañones de 18 y 12 libras, en vez de tenerlos de a 24 y aun de 36 —algunos los tenían en la batería baja—. Los titulados marchantes eran los Brillante, Soberbio, Oriente, Poder, Halcón y Neptuno, de 60 cañones, en realidad de 52 ó 54 y los mayores de 18 libras tan sólo.

Hay que decir en honor de los llamados marchantes que se batieron muy bien, debiéndose señalar el heroico comportamiento del Poder.

Los franceses tenían también doce navíos de 64 y aun de 60 cañones; uno de 68 y tres de 70 y 74. Los ingleses tenían diez navíos de 70 cañones, nueve de 80, cuatro de 90 y solamente nueve de 60 o menos. La diferencia artillera era grande como puede verse. Además, se insiste, los calibres mayores estaban en los buques de mayor porte. En cuanto al personal, las dotaciones de los buques españoles y franceses sumaban 19.100 hombres y las de los ingleses tan sólo 16.585. A menos hombres, menos peso de víveres y de agua, cosa importante para buques que habían de mantenerse mucho tiempo en la mar durante los largos bloqueos. En el combate artillero se empleaban tan sólo los hombres necesarios para manejar las piezas y aprovisionarlas y para tener una razonable reserva, para cubrir bajas, ya que el excesivo número de sirvientes se prestaba a que se estorbasen y a que las bajas propias aumentasen. Algo escasos estaban, sin embargo, los ingleses de gente en su escuadra al empezar la campaña pues se sabe que completaron sus dotaciones con hombres del Piamonte. Estos no estarían muy bien adiestrados pero sí el resto de los equipajes.

En lo que a moral se refiere, los ingleses estaban naturalmente dispuestos a batirse desde el principio, decididos a destruir la escuadra española. Los nuestros estaban igualmente dispuestos a luchar desde el primer momento. Los franceses... podían tener que hacerlo en defensa de la escuadra española.

Había, sin embargo, un punto que podía disminuir mucho la eficacia de la escuadra inglesa y la disminuyó indudablemente, hasta hacer inoperante casi su tercera parte, su retaguardia: era la animosidad de Mathews y de Lestock, almirante en jefe y comandante de la referida retaguardia.

Eran dos caracteres muy diferentes: Mathews, honrado y valiente; Lestock, artificioso, vengativo y muy poco flexible, dice uno de los comentaristas ingleses. Mathews tampoco tenía esas cualidades que distinguían a Nelson, de hacerse seguir por todos; Lestock había llegado a la escuadra antes que Mathews y la venida de éste le contrarió grandemente. Su modo de ser era lo menos conveniente para un almirante subordinado.

Aproximacion de las escuadras

El día 19 de febrero salieron de puerto, pero un accidente hizo que los buques fondeasen en franquía, esperando se reconociesen los daños que el navío Leopardo y la fragata Volage se habían producido al abordarse. Ambos buques eran franceses. El Real Felipe no fondeó, quedando voltejeando toda la noche por no darle el viento para tomar el fondeadero. Al siguiente día, resuelto que habían de quedarse en puerto los buques averiados, levaron todos los buques y se mantuvieron dando bordadas a la vista de las islas Hiéres, tras de las cuales estaban fondeados los buques ingleses. Navarro, que recibió la orden de penetrar en su fondeadero por el Pequeño Paso, situado al oeste de la isla de Porqueroles, la más occidental, y allí atacarles al ancla y al abordaje, representó a De Court lo disparatada que era la idea, teniendo que pasar barco a barco por un estrecho paso, sin apoyo mutuo entre buques y con la grave amenaza de ser atacados con brulotes. De Court admitió primero las razones, pero después reiteró la orden. Ya se disponía Navarro a cumplirla cuando, por fortuna para los nuestros, se vio que los ingleses se ponían en movimiento para salir del fondeadero por el Gran Paso, situado al este de la isla de Porqueroles. Con ello se suspendió el ataque disponiendo De Court que la escuadra de Navarro, que hasta entonces iba en vanguardia, se retrasase y quedase formando la retaguardia de la escuadra combinada. Tomada la nueva formación, quedó aquélla navegando sensiblemente hacia el sur, con viento suave del nordeste. Era el día 22. La escuadra inglesa se acercó describiendo una gran curva: primero con el viento muy largo, cazando después sus velas según ponían su vanguardia y cuerpo de batalla en una línea paralela a la de la escuadra combinada, que navegaba también siguiendo una línea muy ligeramente curva. Mandaba la vanguardia de ella Monsieur de Gavaret, el cuerpo de batalla De Court y la retaguardia, Navarro.

En la escuadra inglesa mandaba la vanguardia el contralmirante Martin Rowley, el grueso o batalla Mathews y la vanguardia Lestock. Cuando empezó el combate, éste quedó muy atrasado con respecto a la retaguardia oponente.

El Combate

Primer ataque

A eso de las doce y cuarto del día 22, estando los buques británicos pertenecientes al grueso, mandado por Mathews, a tiro de fusil de los de Navarro: el Real Felipe, sus matalotes y buques más cercanos, cinco en total; arribó sobre los nuestros el almirante inglés, saliendo de su línea de batalla situada a barlovento de la nuestra. Con su navío insignia el Namur, seguido del Marlborough y del Norfolk, todos ellos de tres puentes, uno de 80 cañones y dos de 70, cargaron sobre el Real Felipe de Navarro. Al mismo tiempo, imitando a su almirante, arribaron varios buques ingleses sobre los españoles que formaban el grupo central antes dicho: Hércules, Constante, Poder, Real y Neptuno. Algunos enemigos se acercaron también a los dos españoles que navegaban por la proa del grupo mencionado: Oriente y América que mantenían contacto con el grupo de batalla francés de De Court. Con los de aquel —Neptuno incluido— se trabaron dos o tres enemigos contra cada uno de los nuestros. El choque artillero, en muchos casos, casi a tiro de pistola, fue terrible. Por la popa de los buques del grupo atacado navegaban, demasiado separados de él, por poco andar del que iba en cabeza, los navíos Brillante, San Fernando, Halcón, Soberbio y Santa Isabel. Los incorporados a De Court también se habían alejado al mandar el almirante francés forzar la vela, señal obedecida por su cuerpo de batalla y por su vanguardia. Los últimos buques de aquél se cañonearon con los buques de la vanguardia inglesa de Rowley..., los de cabeza del grupo atrasados de Navarro, que seguían al Brillante, cruzaron sus fuegos con los primeros de la retaguardia inglesa de Lestock. De los de éste la mayor parte de los buques permanecieron inactivos en el combate.

Mathews, como se ve, aprovechó el momento en que los españoles estaban algo separados de los franceses y que no iban perfectamente formados y, de este modo, atacó a Navarro con la esperanza de anonadarle con su mayor fuerza. Insistamos ahora en la parte más cruenta de la batalla, en cuyo desarrollo se fundamenta nuestra victoria.

El Real Felipe respondió con vigor al fuego que de tan de cerca le hacían sus atacantes, según refirieron los mismos ingleses parecía un infierno durante todo el tiempo que duró la acción. Pericia maniobrera y artillera y heroísmo, caracterizan el comportamiento de los españoles en este choque; así se explican únicamente las averías que el buque insignia de Navarro infligió a los enemigos, que en un momento llegaron a ser cinco los buques con que le atacaron. El Marlbourough fue el más decidido, llegando a cruzar nuestra línea, tuvo tantos daños que llegó a creerse que era inminente su hundimiento. El Hércules, matalote de popa del Real, rechazó vigorosamente el ataque de tres navíos enemigos. Fue un gran apoyo para su capitana; recibió muchos impactos en su costado de babor, algunos a flor de agua, pasados sus palos y vergas y cortado todo su aparejo. Pudo rehacerse saliéndose algo de la línea. El Constante, matalote de proa del Real, echó abajo la verga de trinquete y la cebadera del navío que le atacó primero, haciéndole retirarse con grandes destrozos. Este fue reemplazado por dos, con los que siguió batiéndose durante las tres horas que duró este primer ataque. Muerto su valeroso comandante Don Agustín de Iturriaga, con grandes averías y muchas bajas, se sotaventeó algo para poder reparar aquéllas.

El Poder fue otro de los navíos españoles que aguantaron el impetuoso ataque —y era de los marchantes—. Al primero de los enemigos que le atacó, el Princesa, de 70 cañones y él tenía 60, le rechazó causándole tales averías que arrió su bandera, y esto ocurrió por dos veces, impidiendo su rendición la resolución de su segundo comandante. El ataque fue continuado por el Somerset, de 80 cañones, al que también rechazó enérgicamente con el fuego de su artillería y de su fusilería. Tres navíos más acosaron al Poder, el Bedford, el Dragón y el Kinsgton, y aún se zafó de ellos aunque ya muy destrozado. Herido su comandante, Don Rodrigo de Urrutia, y con muchas bajas a bordo fue, al fin, apresado por el Berwick, que para ello abandonó su puesto en la vanguardia enemiga.

El Neptuno combatió a distancia de tiro de pistola con cuatro navíos enemigos y una fragata, que casi llegaron a rodearle. Se defendió tenazmente durante casi cuatro horas, pese a tener grandes destrozos y muchas bajas. Al cejar los ingleses en este primer ataque, el Neptuno, puede decirse que anulado su poder combativo, se apartó a sotavento, luchando su dotación para evitar se fuese a pique, tal era la naturaleza de los impactos recibidos.

Los ingleses, muy castigados como ha quedado expuesto, se retiraron también a reparar en lo posible sus averías.

Segundo ataque.

A eso de las cinco de la tarde, el almirante Mathews, reparados algo los daños sufridos por su buque insignia, el Namur, volvió al ataque contra el Real Felipe, que muy desmantelado se había quedado momentáneamente solo, llevando con él otros dos navíos de 70 cañones y un brulote, el Ann Galloway, de gran tamaño. El momento era desesperado, pero el navío Brillante, el primero de los del grupo retrasado de Navarro, que se acercaba a toda vela, llegó a tiempo para salvar a su capitana cañoneando al brulote, deteniéndole. Seguidamente llegaron el San Fernando y el Santa Isabel. Fue particularmente certero un cañonazo disparado por el Real Felipe. La falúa de éste, tripulada por una heroica dotación, al mando del teniente de navío Don Pedro Sáenz Sagardía se acercó al brulote bajo un intenso fuego de fusilería hecho desde él y desde los otros buques enemigos, con ánimo de desviarle de su rumbo. Al fin, el brulote voló, proyectando trágicamente por el aire a los pocos que en él quedaban. Al parecer pegó fuego a sus artificios un disparo que su propio comandante hizo con uno de sus cañones.

Con la llegada de los navíos antes mencionados y la nueva intervención del Hércules —que al fin tuvo que apartarse, debido a sus averías anteriores— fue rechazado este segundo ataque inglés en el que llegaron a tomar parte siete navíos enemigos. Mathews supo del acercamiento de la escuadra francesa, y tal como estaba —y sin emplear a Lestock con su retaguardia—, juzgó prudente retirarse, dejando pues a los españoles dueños del lugar de combate.

El segundo comandante de Mathews, Vice Almirante Lestock, pediría más tarde al Jorge II de Gran Bretaña realizar una corte marcial contra algunos de los oficiales británicos, incluyendo a Mathews. Mathews y otros muchos oficiales fueron cesados de sus cargos en la Royal Navy.


Retirada inglesa

La escuadra francesa, en efecto, había virado y se acercaba en buen orden. De Court manifestará, más adelante, que hizo señal a Gavaret para que virase con la vanguardia, que aquél no vio la señal con el humo de los disparos de los buques del cuerpo de batalla que se cañoneaban con la vanguardia británica y que ellos, combatiendo como estaban, no podían virar. Al fin Gavaret viró por contramarcha y De Court lo hizo cuando pudo, por giros simultáneos. Gavaret tuvo ocasión de doblar a la vanguardia inglesa, pero De Court lo impidió haciéndole señal de que arribase para que se acercase a él. Por otra parte, tres buques ingleses salieron de la formación, maniobrando así para impedirlo si lo hubiese intentado.

Conforme se acercaban los franceses, se alejaban los ingleses. Reunidas las escuadras española y francesa navegaron con rumbos cercanos al NNO. El Real Felipe iba remolcado por el Santa Isabel. De Court propuso a Navarro ir juntos a atacar a los ingleses. Este le hizo ver el estado enque se hallaban sus buques después de tan duros combates, pero que estaba dispuesto si se interpolaban los navíos franceses con los españoles, para que de este modo no se separasen como había ocurrido durante la acción. Se desistió de la idea y De Court auxilió a los buques españoles enviándoles ochenta hombres de maestranza y marinería.

Al amanecer del día 23 estaba la escuadra española a sotavento de la francesa y el enemigo a la vista. El Hércules, muy averiado como iba, se había separado mucho por la noche y amaneció cerca de los ingleses, que destacaron un navío de tres puentes que se lanzó sobre él, manteniéndose en vivo combate durante casi una hora, hasta que llegaron navíos franceses a socorrerle. La escuadra francesa maniobró como para combatir a la inglesa y ésta la esperó, pero aquélla no siguió adelante y arribó sobre la escuadra española para cubrirla de un posible ataque que, sin duda, hubiese tenido lugar con parte de la escuadra inglesa que se mantenía a barlovento. Un navío francés represó el Poder que navegaba muy separado de los ingleses con dotación de presa. Recogió a ésta y a los españoles que iban, y pegó fuego al barco por considerar ya inservible aquél casco tan destrozado en sus gloriosos combates del día anterior.

El día 24, al amanecer, no estaba a la vista la escuadra enemiga. El Hércules hizo señas de grave incomodidad, pidiendo socorro de un buque que le convoyase. No pudiendo navegar más que con el viento muy largo, se le ordenó dirigirse a Cartagena, y así lo hizo —llegaría el día 27.

Al amanecer del día 25 se encontraban solos los españoles. La noche anterior la escuadra francesa se había mantenido a la capa y la española había seguido navegando a poca vela. Los españoles se hallaban a diez leguas de Barcelona. El punto previsto para una posible reunión era Rosas, pero con el fuerte NE reinante no podían arrumbar allí debido al estado de los buques y con el Real Felipe a remolque como iba. El Neptuno hacía mucha agua; ésta crecía y no podía aguantar vela alguna; a palo seco y con ayuda de alguna bandola se dirigió a Barcelona, entró aquel mismo día.

Durante esta penosa navegación aún se hizo una presa: una fragata inglesa mercante que con otras cuatro, escoltadas por tres de guerra, se dirigía a Mahón.

La escuadra francesa había continuado procurando cubrir a la española, si bien no a la vista de ella. El día 7 se reunieron al fin ambas... y en conserva se dirigieron a Cartagena. La española entraría el día 9 y el 11 la francesa. Durante todo este tiempo Francia seguía en paz con Reino Unido.

La escuadra inglesa, apartada de la vista de la combinada desde el día 24, se dirigió a Rosas en busca de los españoles, pero al no hallarles lo hizo a Las Hiéres; mas considerando Mathews el estado en que se encontraban algunos de sus buques, que necesitaban urgentes reparaciones, decidió dirigirse a Mahón, donde entró el 2 de marzo. El día 5 saldría de nuevo, tras intensa labor de ciento cincuenta carpinteros trabajando día y noche, dice el capitán de navío Urrutia, comandante del Poder, que estaba prisionero de los ingleses. Tenía la esperanza Mathews de poder interceptar aún a los nuestros antes de que llegasen a Cartagena, pero encontró un nordeste muy duro y, como las reparaciones efectuadas habían sido tan a la ligera, hubo de regresar a Mahón a donde llegó el día 10, con tres navíos: uno de 70, desarbolado, y dos con palos rendidos. Todo el mes de marzo estuvieron detenidos los ingleses.


Los Almirantes

Edad:59 años, jefe de escuadra desde 1737.
  • Matthews (1676-1751)
Edad:69 años, se le nombró en lmarzo de 1741 jefe de la Flota Británica del Mediterráeo .
  • Lestock (1679?-1746).
  • Rowley (1690?-1768)

Orden de batalla

Fuerzas Hispano-francesas

Escuadra blanca y azul
Nombre Cañones Nación Notas
Oriente 60 español
América 60 español
Neptuno 60 español
Poder 60 español
El Constante 70 español
Real Felipe 110 español Buque insignia de Don J. Navarro
Hercules 64 español
Brillante 60 español
Alcón 60 español
San Fernando 64 español
Sobierdo 60 español
Santa Isabel 80 español


Escuadra azul (avant-garde)
Nombre Cañones Nación Notas
Le Borée 64 Français
Le Toulouse 60 francés
Le Tigre 50 francés
L'Éole 64 francés
L'Alcyon 56 francés
Duc d'Orléans 68 francés
Espérance 74 francés navire du chef d'escadre P. de Gabaret
Escuadra Blanca
Nombre Cañones Nación Notas
Le Trident 64 francés
Le Bienheureux 60 francés
L'Aquilon 44 francés
Le Solide 64 francés Un de ses gardes-marines est Suffren
Le Diamant 50 francés
Le Ferme 70 francés
Le Terrible 74 francés navire amiral de Court La Bruyère
Le Saint-Esprit 68 francés
Le Sérieux 64 francés
Le Saint-Esprit 68 francés
Le Sérieux 64 francés

Además de estos navíos de línea habían 3 fragatas, que servían para repetir las señales del almirante. La flota franco-española contaba además con dos 2 brulotes y un barco hospital.

Fuerzas inglesas

Escuadra blanca
Nombre Cañones Nación Notas
Chatham 50
Nassau 70
Chichester 80
Boyne 80
Barfleur 90 porte la marque du contre-amiral Rowley
Princess Carolina 80
Berwick 70
Stirling Castle 70
Bedford 70
Escuadra rouge (corps de bataille)
Nombre Cañones Nación Notas
Dragon 60
Royal Oak 70
Princess 70
Somerset 80
Norfolk 80
Malborough 90
Dorsetshire 80
Essex 70
Rupert 60
Namur 90 porte la marque de l'amiral Matthews
Escuadra azul (arrière-garde)
Nombre Cañones Nación Notas
élément élément
Salisbury 50
Romney 50
Dunkirk 60
Revenge 70
Cambridge 80
Neptune 90 porte la marque du vice-amiral Lestock
Torbay 80
Russell 80
Buckingham 70
Elizabeth 70
Kingston 60
Oxford 50
Warwick 60


Además de los navíos de línea los británicos poseían tres fragatas: Diamond (40 cañones), Durstey (22 cañones) y Winchelsea (22 cañones) así como 3 brulotes y 3 bergantines. Los ingleses también contaban con un barco hospital

Referencias

  1. a b Carlos Martínez-Valverde, La campaña de don Juan José Navarro en el Mediterráneo y la batalla de Sicié (1742-1744).

Enlaces externos

Obtenido de "Batalla de Tol%C3%B3n"

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