Carmen Romano


Carmen Romano

Carmen Romano

Carmen Romano
Carmen Romano

Primera Dama de México
1 de diciembre de 1976 – 30 de noviembre de 1982
Precedido por María Esther Zuno
Sucedido por Paloma Cordero

Datos personales
Nacimiento 10 de febrero de 1926
Bandera de México Ciudad de México
Fallecimiento 9 de mayo de 2000 (74 años)
Bandera de México Ciudad de México
Cónyuge José López Portillo
(1951-1991)
Hijos José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina López Portillo Romano
Profesión Pianista
Alma máter Conservatorio de Música de México
Religión Católica Romana

Carmen Romano Nölck (10 de febrero de 19269 de mayo del 2000) fue la primer esposa del ex-presidente José López Portillo y sirvió como Primera Dama de los Estados Unidos Mexicanos durante el sexenio de 1976 a 1982. Descendiente de franceses, alemanes y españoles; vinculada también con Chimalpopoca, nació y se formó en la capital de la República Mexicana. Hija de una familia de fuerte tradición musical, estudió para pianista con los mejores maestros del Conservatorio de Música. En los últimos meses del año de 1951 contrajo matrimonio con José López Portillo, quien era entonces un reconocido abogado de posición prometedora; tuvieron tres hijos. Cuando López Portillo fue secretario de Hacienda, Carmen laboró en el Voluntariado de esa dependencia.

Se convirtió en Primera Dama de los Estados Unidos Mexicanos el 1 de diciembre de 1976 y, desde ese día hasta que finalizó el sexenio de su esposo, emprendió una excepcional labor. Carmen condujo la institucionalización de las labores voluntarias a través del Patronato Nacional de Promotores Voluntarios, promovió las labores en pro de la familia mexicana con la creación del DIF. Puso todo su entusiasmo y empeño en las Casas de la Cultura, los museos, y sobre todo, en la música. Creó el FONAPAS, mediante el cual se abrieron numerosas salas de concierto por todo el país; y la Orquesta Sinfónica Nacional, que hizo giras por el mundo. Asimismo, la señora Romano creó e impulsó el Festival Internacional Cervantino de Guanajuato.

Terminada la administración de su esposo, Carmen se retiró de la luz pública. En 1985 organizó un bazar en el que vendió muchos de los objetos que le habían sido regalados a ella y a López Portillo durante el gobierno de éste. Cuatro años después, en 1989, Carmen se separó de su marido, de quien quedó legalmente divorciada en 1991. Se le veía comiendo sola, ya no era invitada a los conciertos que con frecuencia asistía y los funcionarios públicos la mantenían en el olvido. La señora se dedicó a viajar por el mundo, en la década de 1990 tuvo su última aparición en público cuando una de sus hijas presentó un libro de teoría filosófica. Carmen Romano murió en el 2000, a los 74 años de edad.

Contenido

Antecedentes familiares

Su bisabuelo llegó de Francia a vivir al estado de Guerrero, conoció y se enamoró de una mexicana, descendiente directa de Chimalpopoca, y se instalaron en una hacienda muy grande que el adquirió, con su trapiche de hacer mieles, llamada Tlapa, en Guerrero; antes perteneciente a Puebla. Una hija de este matrimonio, su abuela Adolfina Juana Guillemín Sotelo contrajo matrimonio con Faustino Romano, un inmigrante español que vino a México y se estableció en Tlapa, Guerrero. Ahí se hizo de varias fincas y se casaron; tuvieron siete hijos, entre ellos su padre Alfonso Romano Guillemín.

Él fue secretario privado de Emiliano Zapata, de quien luego debe de huir ante las intrigas de los zapatistas. Se establece en Estados Unidos y en Nueva York atiende diversos eventos sociales, incluso oficia misas y aprende a hablar inglés. Alfonso Romano, gracias a su contacto con estadounidenses y mexicanos, logra ingresar en la agencia automotriz Ford Motor Company, donde hace gran parte de su carrera y llega a ser director de la misma. Tuvo una granja por el Cerro de la Estrella, que le complementa sus ingresos. Coleccionó además arte y tuvo suficientes recursos económicos para vivir desahogadamente.

La familia Nölck es originaria de Hamburgo. Su abuelo Hans Nölck era un joyero que tenía joyerías en Alemania, Nueva York y Venezuela; en este lugar conoció y contrajo matrimonio con una lugareña de ascendencia italiana de apellido Traviesso, quien le dio tres hijos, entre éstos su madre Margarita Nölck. Estudió para cantar ópera en Hamburgo, México y Guatemala; estudio que prosiguió hasta aproximadamente los 40 años de edad. Durante la Primera Guerra Mundial, su madre pierde a su prometido y después de concluidos los conflictos, viaja a Nueva York donde vive un par de años. Margarita luego emigra a Guatemala, donde Alfonso Romano estaba trabajando como publicista recién llegado de Nueva York. Ahí en Guatemala se conocieron, se casaron y nació su hermana mayor. Luego el matrimonio Romano Nölck se vino a vivir a México, donde permanecerían el resto de sus días, y donde nacieron ella y su hermano.

Primeros años y estudios

De ascendencia española, francesa, alemana, venezolana e italiana; Carmen Romano vino al mundo el viernes 10 de febrero de 1926 en la Ciudad de México. Fue la última de los tres hijos – Margarita (ama de casa y pintora) y Sergio Guillermo (licenciado en administración de empresas, pintor y empresario) – nacidos del matrimonio entre el tlapaneco Alfonso Romano Guillemín (31 de diciembre de 1888Agosto de 1960); publicista, gerente de agencias de la Ford y granjero cuyo hermano Francisco introdujo las artes del puntillismo e impresionismo en México, y la caraqueña Margarita Teresa Nölck Traviesso (26 de enero de 188926 de abril de 1980), cantante de ópera que pertenecía a una familia ligada completamente a la música y que además estaba emparentada con el gran violonchelista alemán y director del Conservatorio de Viena August Nölck (1862-1928). “La Muncy”, como la apodaban sus amigos y familiares, efectuó sus estudios primarios en la escuela Helena Herlihy Hall, situada en la quinta calle de Danubio número 90. Hizo su carrera de concertista con los maestros del Conservatorio de Música que su papá le llevaba a casa, donde era instruida por Miguel C. Meza. Posteriormente, la señora Romano tomó el curso de piano “Master Class” con el connotado pianista húngaro Giorgi Sandor.

Al finalizar estas clases, conoció a la reconocida artista mexicana Angélica Morales, quien le propuso que la acompañara a Austria para que se dedicara a ser concertista. Prometiendo ser una de las mejores intérpretes, la carrera pianística de la señora Romano se vio truncada por una enfermedad que la puso al borde de la muerte. Asimismo, por ese tiempo ya había conocido a su futuro marido, el licenciado José López Portillo, quien le había propuesto que se casaran.

Matrimonio y familia

Carmen Romano y José López Portillo se habían conocido siendo vecinos. Desde que era una niña, el licenciado veía a su futura esposa brincar las escaleras y jugar a los Jacks y a la pelota. “Con esta niña me voy a casar” pensaba don José cuando pasaba por la residencia de Carmen. A media cuadra de la casa de José López Portillo, vivía la familia Romano. Carmen y él radicaban en la colonia Del Valle y, pese a las diferencias de edades de ambos, conocidos mutuos los presentaron. Por esos años, el licenciado López Portillo llevaba un juicio muy difícil para divorciar su hermana Margarita de Félix Galindo.

En 1948, Carmen y José comenzaron a salir. “¡Me caso contigo con la condición de que seas presidente de la República!” le advirtió Carmen a su novio José. Sin medir la importancia de aquella petición, el licenciado se lo cumplió. Tras tres años de noviazgo, contrajeron matrimonio el 20 de octubre de 1951 en la antigua iglesia de San Juan Bautista en Coyoacán. El novio tenía 31 años mientras que la novia, seis años menor, tenía 25. A la ceremonia religiosa acudieron los parientes del licenciado López Portillo, al igual que los de la señora Romano. Después de efectuado el enlace, el recién unido matrimonio López Portillo-Romano se trasladó al puerto de Acapulco, donde se llevó a cabo la luna de miel. Regresaron a su casa de tres pisos, situada en la capital, que vería crecer a los tres hijos del matrimonio: José Ramón (economista, 2 de febrero de 1954), Carmen Beatriz (rectora de la UCSJ, 7 de abril de 1955) y Paulina (doctora en historia, escritora y ex-cantante, 20 de junio de 1959).

Antes de asumir el papel de Primera Dama, la señora López Portillo se dedicó al diseño y arquitectura de construcciones, otro de los motivos por los cuáles había abandonado su carrera de pianista; pues con el apoyo de albañiles, pero sin ingeniero, construyó con sus propias manos lo que, después de un tiempo de noviazgo, se convirtió en su hogar. No solo construyó todas las residencias de su familia, sino que también colaboró en la construcción de otras. Asimismo, la señora Romano se dedicó al cuidado de su hogar y a lo que más le gustaba, tocar el piano, actividad que realizaría hasta el fin de sus días.

En la Secretaría de Hacienda, 1973–1975

En el año de 1973, el licenciado José López Portillo fue nombrado secretario de Hacienda y Crédito Público durante la administración del presidente Luis Echeverría. Durante ese tiempo, Carmen Romano trabajó en el Voluntariado de esa dependencia emprendiendo una decidida labor en pro a la atención médica de niños en el DIF y atendiendo los numerosos eventos políticos a los que acudía en compañía de su esposo. Por esos años, la señora López Portillo entabló una cercana amistad con la Primera Dama en turno, la señora María Esther Zuno de Echeverría.

Primera Dama de México, 1976-1982

La campaña

El 5 de octubre de 1975 el licenciado José López Portillo rindió protesta como candidato del PRI a la presidencia de la República. Desde ese momento, y hasta la fecha en la cuál se cerraron las elecciones, Carmen Romano acompañó a su esposo en las giras que emprendió por todo el país. Asimismo, participó activamente en la campaña, en la que se estrecharon más de cien mil manos de mexicanos y en la que se recorrieron ochenta y cinco mil kilómetros en diez meses y medio. La futura Primera Dama realizó su propia campaña para enterarse de las necesidades que tenían los ciudadanos. El 1 de diciembre del año de 1976, José López Portillo protestó como presidente de México.

Los Pinos

Renovación

El 1 de diciembre de 1976, el licenciado José López Portillo y su hijo José Ramón fueron los primeros en habitar la residencia oficial de Los Pinos. Quince días después, tras haber concluido las adaptaciones necesarias, el resto de la familia llegó a habitar la casa. Las habitaciones fueron decoradas muy al gusto de los nuevos habitantes. La planta baja quedó decorada con muebles de corte colonial muy sobrio, impuestos por el presidente Luis Echeverría. En la parte alta de la casa se adaptó un comedor y un antecomedor y se instaló también una pequeña cocina. Los banquetes y las celebraciones especiales se realizaban en el comedor de abajo, en el cuál también eran efectuadas reuniones de trabajo, aprovechando la mesa triangular que permitía participar a todos los comensales; las comidas de la familia se hicieron siempre en la parte superior de la residencia, en forma completamente sencilla y casera.

Además de la familia López Portillo-Romano, se fueron a vivir con ellos Margarita Nölck viuda de Romano, quien se instaló con su hija y nietos en un ala de la casa. Mientras el presidente ocupaba la otra parte, en casas aledañas se instalaron su madre Refugio Pacheco viuda de López Portillo y su hermana Margarita, que poco antes había sufrido un brutal atentado y se encontraba aún amenzada por la guerrilla urbana. Conforme se fueron casando los hijos de Carmen y José, se aprovecharon las distintas casas que en el jardín poniente había mandado construir el presidente Echeverría para que quedaran como muestras de habitación popular. Con algunas adaptaciones hechas, y ya los hijos casados, vivieron en tres de aquellas casas, ampliadas y adecuadas a ellos. En el sexenio de López Portillo se mandó construir un picadero y un gimnasio, que a la vez era usado para la celebración de múltiples eventos. El presidente López Portillo disfrutaba recorrer a caballo los jardines de la residencia oficial, jugar tenis y nadar en las dos albercas que tienen Los Pinos.

Carmen Romano mandó a construir un elevador chico, en lo que antes era un clóset, que tenía un cupo de dos o tres personas. Era utilizado por ella durante el día para descender a sus oficinas en la residencia, pero en la noche usaba las escaleras tras haber laborado varias horas sentada. Era del agrado de la señora López Portillo el croquet y lanzar dardos, pero ya en Los Pinos, dedicaba largas horas al estudio del piano. Incluso, el presidente Jimmy Carter la invitó a tocar en la Casa Blanca. Carmen y José dormían en habitaciones diferentes, pues además de que desde años atrás de conquistar la presidencia su esposo estaban separados de hecho, él se dormía a las 23:30 mientras que ella pasaba largas horas trabajando en su despacho, situado en una sala inmediata a la gran escalera de Los Pinos.

Bodas

La residencia oficial de Los Pinos atestiguó el enlace matrimonial de los tres vástagos del licenciado José López Portillo y de Carmen Romano. El sábado 20 de octubre de 1979, Carmen Beatriz López Portillo contrajo matrimonio con el licenciado Rafael Tovar y de Teresa en una sobria ceremonia civil que ofició la juez Margarita Sotomayor y se llevó a cabo en el gran vestíbulo de Los Pinos. Durante el acto, que duró diez minutos, las familias estuvieron acompañadas por los miembros del gabinete presidencial, y las esposas de éstos, así como de algunas amistades con quienes al término de la ceremonia brindó la pareja. Enseguida, los más de mil trescientos invitados se trasladaron al Casino Militar del Campo Marte, donde se ofreció la recepción. Cadetes del Heroico Colegio Militar montaban guardia en las afueras del casino y la gran celebración estuvo animada por un espectáculo de fuegos artificiales.

Al año siguiente, el sábado 29 de marzo de 1980, se casó el primogénito José Ramón López Portillo con María Antonieta García-López Loaeza, hija del embajador Agustín García-López Santaolalla y de Antonia Loaeza. La boda se celebró en Los Pinos. A las 20:00 horas descendieron por la escalera central los novios en compañía de sus respectivos padres. Abajo eran esperados por un reducido número de invitados. Aproximadamente, media hora duró la ceremonia en la que participaron como testigos Dolores Tovar y Agustín García-López Loaeza, entre otros, y por parte del novio sus abuelas Refugio Pacheco de López Portillo y Margarita Nölck de Romano. Entre otros familiares y amigos, en calidad de testigo fungió también Miguel de la Madrid. Después de la ceremonia civil se efectuó la boda religiosa y, al término de esta, salieron los novios acompañados de su padres y familiares hacia el Casino del Colegio Militar, donde tuvo lugar una elegante recepción.

Por último, el sábado 30 de mayo de 1981, la última hija del matrimonio López Portillo Romano, Paulina, se unió en matrimonio con el licenciado Pascual Ortiz-Rubio Downey, nieto del ex-presidente Pascual Ortiz Rubio. La ceremonia se efectuó también en la residencia oficial de Los Pinos, y en ella estuvo presente todo el mundo oficial mexicano. Los testigos principales de este acontecimiento social fueron los padres de los contrayentes: el presidente López Portillo, Carmen Romano, el ingeniero Pascual Ortiz Rubio y Lourdes Downey. A la ceremonia acudieron también los familiares cercanos de los desposados, colaboradores del Jefe del Ejecutivo y algunos invitados especiales entre los que destacaron el ex-presidente Miguel Alemán.

Obras

Una vez como Primera Dama, Carmen Romano creó un organismo que aglutinaba a las dos instituciones encargadas de la asistencia social pública, el INPI y el IMAN, pero que a la vez coordinaría la asistencia social privada. Fue así que, el 10 de enero de 1977 se estableció el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), organismo que debía promover el bienestar social, fomentar la nutrición y prestar servicios asistenciales. De igual manera, el DIF realizó actividades dirigidas a la medicina preventiva, nutrición y desarrollo de la comunidad, teniendo como prioridades las áreas suburbanas y rurales marginadas. En el mes de julio de ese mismo año, se dio a conocer el Plan Nacional de Promoción Social Voluntaria que creaba el Patronato Nacional de Promotores Voluntarios con el fin de institucionalizar la labor de las señoras que colaboraban con la Primera Dama. Lo que esta asociación proponía era preservar los valores éticos y morales en una conciencia nacional que reuniera todos los esfuerzos del gobierno en turno.

La señora Romano puso en marcha, por primera vez, en gran escala los programas culturales. Como buena pianista y amante de la música, Carmen llegó a aparecer en alguna película tocando una obra clásica. Un día de enero de 1977, en que ella había asistido a Bellas Artes a platicar sobre la Orquesta Sinfónica Nacional y escuchar sus ensayos, se le ocurrió la idea de la creación del Fondo Nacional para Actividades Sociales (FONAPAS). Este organismo tenía el propósito de promover y difundir la cultura para que llegara indistintamente a todos los pobladores de la República Mexicana. El FONAPAS patrocinó casas de cultura en diversas partes del país donde eran celebradas actividades literarias, musicales, artísticas y teatrales para niños y adultos. Y dio especial impulso al tradicional Festival Internacional Cervantino que se realizaba año con año en Guanajuato, con el objetivo de mostrar a México lo mejor del mundo y al mundo lo mejor de México. Ahí se presentaron bailarinas, cantantes, pianistas, folclor, teatro y orquestas sinfónicas.

Carmen Romano promovió la creación de dos orquestas, una de jóvenes y otra la Filarmónica de la Ciudad de México, cuyo objetivo era difundir la música mexicana. En 1978 se fundó la Escuela de Perfeccionamiento Vida y Movimiento, cuyo propósito era formar músicos talentosos que se convirtieran después en maestros de las nuevas generaciones y encauzar la reparación, construcción y afinación de instrumentos musicales. Para la albergar la escuela se construyó un edificio al sur de la ciudad de México, que también era empleado como sala de conciertos, sala de exposiciones, aulas para impartición de cursos y venta de libros y discos. En mayo de 1979, Carmen Romano creó el Premio Internacional Literario Ollin Yoliztli, con el fin de premiar los méritos de los escritores de habla española y que inmediatamente se convirtió en el más importante de los galardones en su género en América Latina.

Por decreto presidencial, el 28 de junio de 1977 fue creado el Comité Técnico del Fideicomiso del Centro de Espectáculos, Convenciones y Exposiciones de Acapulco, que era presidido también por la Primera Dama. La señora López Portillo cumplió con las actividades que le correspondían como esposa del presidente: acompañarlo a ceremonias, festivales, giras de trabajo, inauguración de obras, recibir al cuerpo diplomático, asistir a festivales, encabezar las colectas para la Cruz Roja, representar a México en distintos actos oficiales en el extranjero y en foros internacionales, así como recibir a importantes personalidades. Por sus labores, Carmen Romano recibió condecoraciones de los gobiernos de Italia, República Dominicana y Guatemala. En noviembre de 1979 se reunió la conferencia de Primeras Damas y Comisiones Nacionales del Año Internacional del Niño. La UNICEF la nombró presidenta del Comité Especial sobre la Infancia en América Latina, acreditada ante la ONU. Abrió posibilidades de educación artística a muchos jóvenes sin recursos, ya que se establecieron en todas partes casas de cultura y se formaron orquestas y talleres de enseñanza musical; pero lamentablemente todo esto desapareció junto con su ella apenas terminado el sexenio de su marido.

La reina Sofía y Rosalynn Carter

A lo largo del sexenio del licenciado López Portillo, a México arribaron numerosas personalidades del mundo. Entre todas ellas, Carmen Romano estableció una relación muy amistosa con la reina Sofía de España y con la Primera Dama de Estados Unidos, Rosalynn Carter.

El viernes 17 de noviembre de 1978, después de haberse reanudado las relaciones diplomáticas entre México y España, llegaron a México el rey Juan Carlos de Borbón y la reina Sofía. Debido al mal tiempo de aquella ocasión, se suspendió la visita a Chichén-Itzá y Uxmal. A las 10:30 procedentes de Cancún, los reyes arribaron a la Ciudad de México; donde fueron recibidos por Carmen Romano y José López Portillo, el gabinete y el cuerpo diplomático acreditado. Una vez en la ciudad, los reyes rindieron homenaje a los Héroes de la Independencia colocando un ofrenda floral en la columna de la Independencia; después acompañados del regente Carlos Hank González, descubrieron una placa conmemorativa en el Parque de Mestizaje, en la delegación Gustavo A. Madero. Una vez en la residencia oficial de Los Pinos, se tomaron la fotografía oficial y enseguida, López Portillo y el rey Juan Carlos conversaron sobre importantes convenios culturales, económicos y sociales. Carmen Romano se hizo muy amiga de la reina Sofía durante la primer visita de ellos a México. Hay una anécdota, que data de esa época, sobre la reina Sofía y que fue contada por la propia ex-Primera Dama de México:

En uno de nuestros encuentros se acercó a ella el Jefe del Protocolo y le dijo:

-Su Majestad, ahorita que van a saludar al Cuerpo Diplomático y a los invitados, usted tiene que estar al lado del presidente López Portillo; usted señora de López Portillo tiene que estar a la izquierda del rey Juan Carlos; terminando el saludo, entonces ustedes se voltean, y usted señora de López Portillo, tiene que darle su brazo izquierdo a Su Majestad el rey para ir a la cena, y usted reina Sofía tiene que darle el brazo derecho a...y la reina se le queda viendo y le dice:

-Como no entendí nada, hágame el favor de irme empujando para donde yo tenga que ir...De verdad me pareció muy graciosa por su sencillez; y luego más adelante me dio este consejo:

-Mira, cuando bajes las escaleras, no importa quién venga a tu lado, inmediatamente te agarras de su brazo y así bajas no sea que te tropieces, porque yo ya me rodé en una ocasión y se siente horrible.

Por supuesto que con esa simpatía natural, pronto rompimos el protocolo.
Carmen Romano Nölck; México, 1988.

El miércoles 14 de febrero de 1979, el presidente Jimmy Carter y su esposa Rosalynn iniciaron una visita en México. Para la señora Carter, el viaje a este país en compañía de su esposo no fue sólo una visita oficial, sino de acercamiento personal con Carmen Romano, con quien se había reunido en varias ocasiones anteriores (incluyendo la toma de posesión de López Portillo. Por ello, cuando llegó a la Ciudad de México, Rosalynn Carter hizo a la señora López Portillo una cordial visita en su residencia presidencial, la que recorrieron manejando el pequeño automóvil eléctrico, junto con sus hijas Carmen Beatriz y Paulina; conversaron acerca de los programas que se iban a efectuar con motivo al Año Internacional del Niño, tanto en México como en Estados Unidos. Después visitaron en su despacho al presidente y también la oficina de la señora Romano en Los Pinos, donde charlaron sobre los mismos temas antes de asistir al banquete efectuado en la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Personalidad

La forma de ser de Carmen Romano, extravagante y derrochadora, propició a que se contaran numerosas historias, chismes y anécdotas sobre su persona.

Como eran de su agrado los pianos, siempre traía consigo uno que la acompañaba en sus giras nacionales e internacionales y la esperaba en todos los hoteles a los que iba para practicar. Se dice que llegó a tener treinta y dos, cada uno regalado por quiénes querían quedar bien con ella y con el licenciado López Portillo. Incluso, la Universidad del Claustro de Sor Juana posee cuatro de ellos, dos de los cuales están en constante uso para los pianistas invitados. En las visitas oficiales y en los museos, Carmen siempre se empeñaba en tocar el piano, por ejemplo, en la Casa Blanca y en Europa, cuando la llevaron a conocer el piano de Mozart. La comida era muy del agrado de la señora López Portillo y se hacía llevar a cualquier parte y a cualquier hora lo que se le apeteciera. Se dice que alguna vez paró el avión presidencial en algún lugar de Estados Unidos para comprar pollo frito. También se cuenta que hacía llenar el avión en el que viajaba con pays de piña, que eran de su agrado, suficientes para durarle todo el tiempo del viaje. Cuando acudía a cenar a restaurantes de lujo, porque le agradaba el ambiente, la señora mandaba traer tacos al pastor que le gustaban más que la comida de esos lugares. También fue clienta de varias joyerías muy exclusivas de Europa.

Y dicen que no solo lo hacía en los restaurantes sino también en las tiendas. Tenía gran fama de ser compradora y los grandes almacenes de México y Estados Unidos cerraban sus puertas a la clientela para que ella pudiera comprar cómodamente todo lo que deseara, que era mucho. Sus vestidos tenían colores llamativos, portaba grandes abrigos y zapatos de pulsera con tacones muy delgados y altos. Llevaba una larga melena negra con peinados muy esponjados y se maquillaba con exageración, lo que había hecho desde joven para destacar sus hermosos ojos verdes. Tanto era el maquillaje que se ponía que corrió el chiste de que su maquillista era Sherwin-Williams. Sin embargo, lo que más le gustaba a doña Carmen eran las joyas y se colgaba todas las que podía. Así era Carmen Romano.

Años posteriores y muerte

La costumbre establecía que tres meses antes del fin de la administración del presidente saliente, la familia debía dejar la residencia de Los Pinos para darle oportunidad a los futuros ocupantes y ordenar los arreglos y cambios que consideraran necesarios. Sin embargo, los días pasaron y la señora Romano no abandonaba el lugar. Permaneció allí hasta el último momento. El 30 de noviembre, un día antes de la toma de posesión del nuevo presidente, las mudanzas trabajaron toda la noche.

Cuando el licenciado López Portillo reconoció a dos hijos fuera del matrimonio, pensó que lo mejor era darles el cobijo de un hogar formal y decidió separarse de Carmen Romano (de la que vivía separado de hecho desde antes de llegar a la presidencia) en 1989. Pese a la oposición que manifestaron sus tres hijos, llegó un momento en que fue inevitable la separación. Carmen resistió hasta que fue inevitable el divorcio, acontecido el lunes 30 de septiembre de 1991, poco antes de cumplir 40 años de casados.

La señora Romano se retiró de la luz pública a su casa en una colonia residencial al sur de la ciudad. El 23 de septiembre de 1985, en el mismo mes y año de los temblores que devastaron la capital, la señora Romano sacó a remate gran cantidad de objetos, todos regalados a ella y a su marido durante la gestión presidencial. Las ganancias de éste bazar se destinaron a ayudar a las familias que perdieron todo en dicho temblor. En esta venta había cuadros, espejos, cristales, marfiles, alfombras, biombos, tibores, muebles, esculturas, electrodomésticos, vinos y finos pianos italianos, austriacos y alemanes. La venta se realizó en el sitio donde habían sido las oficinas del DIF: un conjunto de cinco casas y jardines que cubrían una hectárea en la calle Florida, al sur del Distrito Federal.

Doña Carmen anheló haber podido continuar promoviendo actividades culturales y artísticas, como la danza y la música, pero se le cerraron las puertas. Continuó tocando el piano, atendiendo conciertos y viajando por el mundo. Vivió por una temporada en París. A quince años de haber dejado de ser Primera Dama, volvió a aparecer por última vez ante la prensa cuando una de sus hijas presentó un libro de su autoría sobre temas filosóficos. Se le veía comiendo en distintos restaurantes de la capital, siendo Bondy, La Cava y el Champs Elysees su favoritos, con sus hijas y sus nietos. En su residencia de la capital, al poco tiempo de haber cumplido los 74 años de edad, Carmen Romano murió serenamente el martes 9 de mayo de 2000 a las 18:00 horas rodeada de toda su familia. El deceso fue provocado por problemas renales e infartos cerebrales. Sus restos fueron velados en la agencia Gayosso de Félix Cuevas, en la colonia Del Valle, y el día 11 fue sepultada en el Panteón Jardín de la Ciudad de México.

Polémica sobre su fallecimiento

Al poco tiempo de su deceso se comenzó a especular que, por su estilo de vida íntima (sobre el cual siempre abundaron rumores), Carmen Romano murió víctima de complicaciones propias del SIDA. Tales afirmaciones se fortalecieron luego de conocer las declaraciones de una enfermera militar que la atendió en su etapa final, añadiendo que el ex-presidente López Portillo pidió que no se diera a conocer la causa real de su muerte a la opinión pública. Posteriormente, el periodista y cineasta Manuel Ávila Camacho, amigo del ex presidente López Portillo y de su entonces esposa Sasha Montenegro, comentaría en distintos medios que el ex mandatario le habría platicado que Doña Carmen pereció a causa de aquella enfermedad. La familia López Portillo Romano demandó a varias publicaciones y al cineasta Manuel Ávila Camacho por daño moral y difamación. La familia ganó todos los juicios obligando al ya también finado nieto del ex presidente Ávila Camacho, así como a diversas publicaciones, a indemnizarles por daño moral.

Bibliografía

Fuentes principales

  • SEFCHOVICH, Sara: "La Suerte de la Consorte", Ciudad de México, D.F., Editorial Océano, 1999. ISBN 970-651-214-4
  • "La Suerte de la Consorte.", Ciudad de México, D.F., Editorial Océano, 2007. ISBN 978-970-651-643-5
  • MUÑOZ ALTEA, Fernando y Magdalena Escobosa Hass de Rangel: "Historia de la Residencia Oficial de Los Pinos", México, Fondo de Cultura Económica, 1988. ISBN 968-16-3054-8
  • LOPEZ PORTILLO, José: "Mis tiempos. Biografía y Testimonio Político, tomo 1", México, Fernández Editores, 1988. ISBN 968-416-832-2
  • AGUILAR CASTRO, Alicia: "Primeras Damas, las Ausentes Presentes", en la serie "Historias de mujeres mexicanas", Madrid, Editorial DEMAC, 2006. ISBN 968-6851-60-7

Fuentes secundarias

Enlaces externos

Commons

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