Castrismo


Castrismo

Castrismo


Generalmente se denomina castrismo al movimiento político generado por la personalidad de Fidel Castro en Cuba tras el triunfo de la Revolución del 1 de enero de 1959 y, por extensión, a la ideología marxista y raíz antiimperialista esbozada por éste a lo largo de su vida, moldeando así una versión latinoamericana y tercermundista del marxismo-leninismo. En pocas palabras, el castrismo es una variante de la ideología comunista, creado a partir de las ideas y praxis revolucionaria de Fidel Castro, el líder máximo de la Revolución cubana.

El término es usado sobre todo por los detractores de la Revolución; sus defensores prefieren el de fidelismo para referirse al mismo fenómeno[cita requerida]. En cualquier caso, no es un término muy utilizado en la bibliografía política específica. No obstante, la palabra fidelismo es aún más precisa, ya que se refiere específicamente a las ideas de Fidel, excluyendo de esa manera los eventuales matices que lo diferencian de las posiciones sostendidas por el actual mandatario Raúl Castro (a veces denominadas genéricamente como “raulismo” por los analistas de la actualidad cubana).

Fidel Castro en 2002, frente a la estatua de José Martí, conocido como el apóstol de la lucha cubana por la independencia.

Contenido

Algunas generalidades

El castrismo está básicamente influenciado por el marxismo (con las contribuciones de Friedrich Engels), pretendiendo asimismo amalgamar en él los escritos del máximo luchador por la independencia cubana, José Martí (aunque de hecho, este último era de ideología liberal). Dado su carácter eminentemente comunista, por supuesto que no sólo está relacionado al mero marxismo teórico, sino también por la propia práctica al respecto llevada a cabo por el líder de la bolchevique de 1917, Vladimir Lenin (dando por lo tanto origen a la combinación teórico-práctica del denominado marxismo-leninismo). Aunque Castro fue un íntimo amigo de Ernesto “Che” Guevara, desde sus días en el Movimiento 26 de Julio en Sierra Maestra, el castrismo en sí tiene algunas diferencias con el guevarismo. El primero tiende a ser más pragmático (como, por ejemplo, en la relación entre Fidel Castro y los entonces dirigentes soviéticos Nikita Jrushchov y Leonid Brézhnev), frente al voluntarismo y foquismo -por momentos maoista- del intempestivo guerrillero argentino-cubano. Esta diferencia entre ambos dirigentes marxistas no debería sorprender demasiado, ya que Castro se enfrentaba efectivamente con la tarea de gobernar.

La principal línea histórica del castrismo ha sido la práctica (más que la teoría) resultante del establecimiento y consolidación un gobierno comunista en Cuba, además de la promoción de la solidaridad latinoamericana desde una óptica marxista. Una de las características duales más interesantes del castrismo es que combina un férreo nacionalismo (frente a la tradicional prepotencia imperial de los Estados Unidos) con una actitud internacionalista, en particular respecto de las relaciones de Cuba con otros países del denominado Tercer Mundo.

Historia

Antes de 1959

Fidel Castro anticipó algunos de los elementos de lo que luego sería conocido como castrismo o fidelismo en su ya legendario alegato de 1953, conocido como “La Historia me absolverá”. En ese romántico discurso, pronunciado mientras -como abogado- ejercía su autodefensa durante el proceso judicial iniciado contra él y sus hombres luego de su malogrado intento de asalto al cuartel Moncada (del 20 de julio de 1953), Castro hizo hincapié en la necesidad de restablecer la vigencia de la Constitución cubana de 1940 (justamente “derogada” por el dictador Fulgencio Batista), además de promover algunas reformas laborales y relativas a la distribución de la tierra. En ese alegato, muy crítico hacia el entonces régimen batistiano, Castro mencionó poco y nada acerca de la ideología y terminología socialista (y menos aún de la comunista), sino que habló del nacionalismo cubano, además de la solidaridad y la igualdad social que debían prevalecer entre sus compatriotas (ésta última en particular estaba virtualmente ausente en la Cuba de esos días). Entre otros puntos, Castro hizo referencia a una entonces cifra de más de 1.000.000 de desempleados (en un país que en 1953 tenía una población total de unos 6,1 millones), además de que unos 2.500.000 habitantes urbanos pagaban una alta tasa de alquiler y que -debido a los problemas de vivienda- 400.000 personas vivían hacinadas en las ciudades y el campo. Por otro lado, destacó que más de la mitad de las mejores tierras de la isla se encontraban en manos de compañias extranjeras (en particular estadounidenses) y que el 85% de los pequeños agricultores debía pagar renta, estando permanentemente expuestos a la posibilidad de ser desalojados de las tierras que cultivaban. También mencionó la preocupantemente alta tasa de analfabetismo y el hecho de que un 90% de los niños que vivían en regiones rurares del país estaban expuestos a los parásitos. En el posterior manifiesto que Castro publicaría, basado en aquel alegado de defensa 1953, además mencionaría el derecho de los trabajadores industriales urbanos a recibir un 30% de las ganancias generadas por las empresas, porcentaje que sugería elevar hasta un 55% para los que laboraban en los ingenios azucareros del interior de Cuba.

1959-1961: Primeros años de la Revolución cubana

Luego del triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959, Fidel Castro fue nombrado Primer Ministro del por entonces flamante gobierno revolucionario. Es lógico que luego de haber alcanzado el pináculo del poder en la isla, el nuevo líder tuviese un gran interés en intentar llevar a la práctica los principios enunciados en aquel alegato. Aunque algunos de ellos habían sido mencionados de manera más bien genérica o vaga, la práctica de gobierno le iría dando forma a lo que años después sería conocido como castrismo.

Durante su período inicial de gobierno, Castro implementó varias medidas socializantes, pero no abierta no explícitamente marxistas, como la ley de reforma agraria, promulgada el 17 de mayo de 1959. A partir del entonces ministro soviético Anastas Mikoyan en febrero de 1960, Cuba se iría paulatinamente acercando cada vez más a la órbita de la Unión Soviética (en plena área o influencia geopolítica o “patio trasero” (backyard) estadounidense). Luego de los primeros contactos diplomáticos entre ambos países, la URSS envió a la isla unos 500 consejeros de habla española (Posteriormente trascendería que algunos funcionarios cubanos hubieron contactado a miembros del KGB soviético en la Ciudad de México).

Inicialmente, los soviéticos no le prestaron demasiada atención a la flamante revolución, pero luego fueron cambiando de parecer, ante la muy interesante posibilidad que se les presentaba de establecer una suerte de “cabeza de playa” cerca del territorio de los Estados Unidos. Pero a medida que el nuevo régimen castrista se solidificaba y establecía un gobierno funcional, la URSS comenzó a tener un cada vez mayor interés en la isla. Incluso el líder soviético Nikita Jrushchov llegaría al temerario extremo de instalar misiles nucleares de alcance intermedio (MRBMs) en la isla en 1962, hecho que desencadenó la muy delicada y peligrosa crisis de los misiles cubanos de octubre de ese año. Ese irresponsable “aventurismo militar”, que finalmente dejó a la URSS con la sensación de que había sido derrotada por el presidente John F. Kennedy, fue una de las causas que llevaron al derrocamiento interno de Jrushchov dos años después, el 14 de octubre de 1964.

Desde 1961 Fidel Castro comenzó a introducir cada vez más ideas tomadas de la ideología marxista-leninista, las cuales irían dando forma al castrismo, su propia variante de “socialismo tropical”. Después de que Castro declarase que su revolución era “socialista” se comenzaron a instaurar cada vez más esquemas de colectivización y otras prácticas estatizantes. La educación y la salud habrían de ser gratuitas, pero el Estado restringiría severamente el flujo de información, la libertad de conciencia y las organizaciones religiosas dentro de la isla. Evidentemente, Castro estaba incorporando explícitos principios soviéticos a la legislación de la Cuba revolucionaria.

Los entonces crecientes críticos de Castro, cubanos exiliados y extranjeros, comenzarían a definir a su gobierno como un “régimen totalitario” debido a básicamente cinco puntos: 1) Ideología (absolutamente) obligatoria para toda la población; 2) Partido político monolítico e intolerante en el poder; 3) Policía política, que no sólo eventualmente reprimía la delincuencia común (o “antisocial”), sino la ‘ideológica’, encarcelando a los disidentes, que devenían así en presos de conciencia; 4) Monopolio absoluto de los medios de comunicación de masas; 5) Economía casi totalmente estatizada y cerrada.

Durante los años siguientes, Castro se dedicaría a consolidar su relación con la Unión Soviética, con la que obtendría un muy conveniente trato comercial inicial: a cambio de petróleo les ofrecería azúcar, que los soviéticos terminarían pagando a mayor precio que el del internacional (el hecho de que las refinerías de origen estadounidense en Cuba se negasen a refinarlo derivó en que Castro las expropiase, lo que tensó aún más sus malas relaciones con los Estados Unidos). Esa nueva vinculación económica, que por un lado sería muy beneficiosa para Cuba, por el otro la llegaría a hacerla depender de manera alarmante en los insumos y repuestos (no siempre disponibles ni de la mejor calidad) provenientes de la URSS

Luego de 1961

A comienzos de la década de 1960, el gobierno de Castro estaba cada vez más enfrentada con el gobierno de los Estados Unidos, enfrentamiento que (luego de fracasada la invasión de Bahía de Cochinos) llevó a la Crisis de los misiles cubanos de octubre de 1962. En ese orden de cosas es hasta lógico y natural que Cuba se haya integrado definitivamente dentro del Bloque del Este encabezado por la entonces URSS. La distancia de la isla respecto de la URSS le daba a la isla un mayor margen de maniobra respecto de los soviéticos. No obstante, esa ventaja algunos detractores del régimen de Castro consideraban a Cuba como un “satélite a control remoto de la URSS”. Luego de la desintegración el propio Castro aseveró que el hecho de que Cuba lograse sobrevivir a la URSS “demostraba que no se trataba de un satélite”.

Por su parte, el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) dio lugar, a partir del 1 de octubre de 1965 a la conformación del Partido Comunista Cubano, el cual pasaría a ser considerado como “la fuerza dirigente de la sociedad y del Estado”. Entre 1966 y 1967 tuvo lugar el mayor período de agitación internacional del castrismo, después de que sesionasen en La Habana la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) y la rimbombante Tricontinental (la cual pretendía coordinar las acciones de los movimientos guerrilleros marxistas en América Latina, África y Asia). No obstante, los soviéticos no aprobaban del todo las por momentos obsesiva idea inicial de Castro de exportar su revolución, a la que los primeros llegaron a definir despectivamente como “aventurerismo revolucionario”[1] (en particular, luego del fracaso del la guerrilla del ”Che” Guevara en Bolivia, que derivó en la ejecución sumaria de éste último por los militares de ese país).

En 1976, el régimen cubano introdujo cambios a su Constitución, la cual formalizó o institucionalizó los grandes cambios producidos desde el triunfo de la Revolución cubana, y los principios marxistas-leninistas sobre los que ésta se terminó basando. La nueva carta magna estaba en gran medida basada en sus contrapartes soviética y de los países del entonces Bloque oriental. La nueva constitución, que para sus detractores era tan sólo un disfraz que intentaba disimular la suma del poder público por parte del líder supremo Fidel Castro, formalizó o institucionalizó la ideología revolucionaria marxista dentro del gobierno cubano. Es decir, se le dio un status de jure a un proceso histórico que había comenzado con la victoria de la Revolución el 1 de enero de 1959 y que se había radicalizado desde 1961 (ya que poco después de la fracasada invasión de Bahía de Cochinos del 15 de abril de ese año, Castro había proclamado el carácter socialista de la revolución, y el 1 de diciembre de 1961 el barbado dirigente había proclamado su filiación marxismo-leninismo en la Universidad de la Habana y que además lo “sería por el resto de su vida”. La Constitución, que había sido reformada en 1992, ante el entonces comienzo del llamado “Período Especial en Tiempos de Paz”, volvió a serlo en 2002. La primera vez se habían introducido pequeños cambios, como que a partir de entonces “Los medios fundamentales de producción pertenecían al pueblo...” (es decir, al Estado, dando pie a cierta inversión extranjera directa residual en la isla). La segunda, en cambio, fue para afirmar taxativamente que el “carácter socialista de la Revolución es irreversible” (Esta súbita reforma se debió al Proyecto Varela, que algunos disidentes habían aprovechado a partir de un artículo de la nominal Carta Magna cubana).

Trasfondo histórico

Como se puede observar históricamente, el castrismo está íntimamente relacionado a la práctica política plasmada o llevada a cabo en Cuba con posterioridad al triunfo de la Revolución cubana en 1959. Asimismo ha sido moldeado en gran medida a partir de la relación de Cuba con la URSS durante algo más de tres décadas 1960-1991), pareciendo muy difícil y hasta imposible que Fidel Castro hubiese podido llevar a cabo muchas de la reformas económicas que realizó durante su largo régimen sin el decisivo apoyo brindado por la URSS; de hecho, la muy cercana y estrecha relación entre ambos países llegó a afectar en gran medida el proceso decisional dentro de Cuba, no sólo respecto de los asuntos externos, sino también de su propia política interna.

Resultados e influencia internacional

Con el paso de los años, el castrismo iría adquiriendo un peso y una entidad propios, que lo diferenciarían frente a otras variantes de la praxis marxista histórica, como el leninismo propiamente dicho y el maoísmo. Por ejemplo, no sólo ha pretendido erigirse únicamente como la “vanguaria” de la clase obrera, sino también extenderse hacia los estudiantes e incluso hacia los cristianos radicales y sacerdotes del Tecer Mundo.

En general, la praxis del castrismo estuvo dada por tratar de expresar el marxismo en términos latinoamericanos o en clave hispanoamericana, y a la par que logró una relación bastante personal con los líderes de la extinta Unión Soviética, en particular durante las tres décadas comprendidas entre 1961 y 1991. Muchas de las políticas implementadas por Castro estaban en influenciadas por la gran confianza que él tenía respecto del incondicional apoyo soviético, no tanto desde el punto de vista político (no siempre apoyado por Moscú), sino desde el económico. En relación a esta última dependencia, Cuba llegaría a estar tan endeudada con su entonces socio estratégico que el 7 de mayo de 1990 el periódico soviético Izvestia anunció que la deuda del gobierno castrista ascendía a 24.000 millones de dólares[2] . Incluso hay quienes han llegado a asegurar que el monto total de la ayuda soviética a Cuba en el período 1960-1990 ascendió a nada menos que unos USD 100.000 millones, implicando una media diaria de unos 9.000.000 de dólares.[cita requerida]. Otras veces se ha mencionado una cifra menor y más conservadora, de “sólo” un millón de dólares diarios. Sea como fuere, es evidente que la contribución soviética al sostenimiento económico del régimen castrista a lo largo de 30 años ha tenido un costo elevado (máxime teniendo en cuenta que, al margen de sus grandes reservas y producción de petróleo, la URSS carecía de grandes reservas de divisas fuertes).

Por otro lado, poco tiempo después del colapso de la Unión Soviética, Cuba regresó al Movimiento de Países No Alineados, organización de países del Tercer Mundo que el propio Fidel Castro volvió a presidir en 2006 (aunque esta vez fue prontamente sucedido en el cargo por su hermano Raúl, presidente cubano en funciones ejecutivas desde mediados de ese año).

Hasta cierto punto también puede aseverarse que el castrismo tuvo una influencia importante en algunos países africanos, como Angola y Etiopía. En el caso angoleño, Fidel Castro envió tropas regulares cubanas para participar del lado del MPLA en la guerra civil que estalló luego de la independencia de este país, antiguo miembro del África colonial portuguesa. Respecto de Etiopía, los cubanos ayudaron al sostenimiento del régimen marxista que, entre 1984 y 1991, tuvo lugar en esa nación del Cuerno de África.

La proyección que aún posee el castrismo en América Latina ha sido confirmada durante los últimos años (sobre todo, antes de abandonar definitivamente su cargo en 2006 debido a problemas de salud), en que el histórico líder se ha encontrado en varias cumbres de países junto a otros referentes socialistas, como el venezolano Hugo Chávez, el boliviano Evo Morales, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el fallecido salvadoreño Schafik Handal.

Contradicciones

A partir de sus dichos y acciones, Fidel Castro siempre se ha mostrado muy contrario al “imperialismo” (en referencia al estadounidense). No obstante, por obvias razones nunca ha criticado al soviético (a veces denominado “socialimperialismo” por los maoistas y trotskistas). Ya tras la invasión soviética de la antigua Checoslovaquia, hecho histórico que sería conocido como Primavera de Praga, Fidel Castro había declarado públicamente que “nosotros no condenamos” (y seguidamente lo repitió). Esa posición dual históricamente le ha traído algunos problemas de coherencia al líder cubano: Por ejemplo, apoyó la invasión soviética de Afganistán de fines de 1979, la cual fue claramente vista como ilegítima por muchas de las naciones del Movimiento de Países No Alineados, de los que Cuba formaba y forma parte. Es más, ese apoyo tuvo lugar mientras el mismísimo Castro era el presidente de ese organismo, siéndolo justamente entre 1979 y 1983.

No obstante, desde posiciones marxistas se afirma que tal contradicción no existe, ya que el imperialismo desde una perspectiva marxista-leninista no supone simplemente una política anexionista por parte de una potencia, sino la etapa superior del capitalismo descrita por Vladímir Lenin en sus escritos (en particular en su obra de 1916 “El imperialismo, fase superior del capitalismo”). Esto enlaza con tesis de varios marxista-leninistas como Ludo Martens que critican la teoría maoísta del socialimperialismo soviético.

Referencias

  1. Comunismo científico - Diccionario (Nauchniy kommunizm - Slovar), Editorial Progreso (Progress), Moscú, (entonces) Unión Soviética (URSS), 1975 (Traducción al castellano, 1981), páginas 23-25.
  2. Citado por Almanaque Mundial 1992, Editorial América, Ciudad de Panamá, 1991.

Véase también

Enlaces externos (En inglés)

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