San Baltazar Chichicapam (municipio)


San Baltazar Chichicapam (municipio)
Municipio de San Baltazar Chichicápam
Municipio de México
Ubicación de
 • Latitud 16° 46'
 • Longitud 96° 29'
Entidad Municipio
 • País Bandera de México México
 • Estado Coat of arms of Oaxaca.svg Oaxaca
 • Cabecera San Baltazar Chichicápam
Superficie  
 • Total 100,79 km²
Altitud  
 • Máxima 1.540 msnm
Población  
 • Total 2.716 hab.
 • Densidad 26,95 hab/km²
Código INEGI 20112

San Baltazar Chichicapam se localiza en la parte central del estado de Oaxaca, al sureste de la capital del mismo, al este del distrito de Ocotlán, en la región de los Valles Centrales, en las coordenadas 96º 29´ longitud oeste, 16º 46´ latitud norte, a una altura de 1, 540 metros sobre el nivel del mar.

Su toponimia ha sido muy debatida, pues proviene de la lengua náhuatl. A continuación se presentan brevemente las definiciones de algunos autores, las que podrán ampliarse en la bibliografía que se indica o en la monografía de la población.

Nicolás de Espíndola, en 1580, argumentó que Chichicapa1 quiere decir “Agua amarga”. Por su parte, el padre Francisco de Burgoa amplía la definición como “Río amargo o de aguas amargas, insípidas o salsuginosas"2, muy similar denominación hace el padre Esteban Arroyo al expresar que Chichicapan significa “Río amargo o aguas amargas”, aunque no debe entenderse en un sentido literal. Posteriormente, Manuel Martínez Gracida traduce el topónimo como “Río de la amargura” y José María Bradomín dice que: chichic es “amargo” y apan, “en el agua”, de manera que Chichicapan significa “En el agua amarga”.3

Al respecto, el doctor Bernd Fahmel Beyer, comenta que en un mapa de 1593 guardado en el Archivo General de la Nación (Tierras: 2729/9:148 y149), el nombre de Chichicapam, se escribe Xixicapa, dando a entender que se trata de “Agua que se desparrama a donde se encuentra un gran remolino”. Este significado coincide mejor con el nombre zapoteco del lugar, “Piedra del remolino”, que hace referencia a una piedra alrededor de la cual se arremolina el agua durante las crecidas del río”.4 Esta piedra es de gran significado para los pobladores, en zapoteco se le denomina la’n dxiah ltah guee’la (“dentro de la piedra dura donde se acumula el agua”). Recuperando lo esencial de estos conceptos, el significado que la propia comunidad acepta es: “Dentro de la piedra dura donde se acumula, arremolina y desparrama el agua”.

En relación con el período y la época de fundación de Chichicapam no se tiene ninguna certeza, para lograr una aproximación se han considerado las evidencias que existen del poblamiento del Valle de Oaxaca, hasta las suposiciones que de este tópico se formulan en el caso particular de Chichicapam.

Para conocer algunas referencias históricas del periodo del poblamiento del valle de Oaxaca, se acudió al Museo del Centro Cultural Santo Domingo de la ciudad de Oaxaca, las cuales pueden contrastarse con la secuencia cronológica y arqueológica de los Valles Centrales de Oaxaca.5

Así se indica que los primeros caseríos en el valle datan del año 1500 a. C. a 1400 a. C. En el año 900 a. C., iniciaron las construcciones de Monte Albán, y en el año 900 d. C., cesaron. Según las referencias del museo, en el período Preclásico Temprano (año 1600 a. C. al 900 a. C.) ya había caseríos en el Valle de Oaxaca, esto mucho antes del inicio de la construcción de Monte Albán, Preclásico Medio (año 900 a. C., al 300 a. C.)

Por otra parte, y como dato importante, está la referencia que sobre los zapotecas hace el padre José Antonio Gay cuando dice: “Los zapotecas pertenecen a la primera inmigración tolteca verificada cien años antes de nuestra era. La colonia establecida en el Valle de Oaxaca debe haber sido al principio muy pequeña, pues necesitó de mucho tiempo para multiplicarse. Durante cerca de seiscientos años fueron desarrollándose lentamente”.6

El padre Gay acerca todavía más el periodo de desarrollo del valle, pues lo ubica entre 100 a. C., y 600 años d.C. En el supuesto de ser así tendríamos que muy probablemente en este lapso se haya dado la expansión de los zapotecas, y por tanto la fundación de Yihka Lada Dxiaa’, que se dice fue el asentamiento que antecedió a Chichicapam, esto corresponde a la etapa Urbana Tardía del período Clásico de la época Xoo Temprana de la fase de 500-650 d. C. De aceptarse tal supuesto la antigüedad aproximada del pueblo sería de 1500 años, pero en el caso de ubicarla en la frontera de las épocas Xoo Temprana y Xoo Tardía, sería de 1350 años.

Se dice que Yihka Lada Dxiaa’ o “Cabeza de la Gran Plaza”, también denominado “Pueblo viejo”, fue un centro ceremonial y comercial importante, lo que hace de este lugar en la actualidad un potencial sitio arqueológico e histórico prehispánico inexplorado, cuyos vestigios se localizan hacia el noreste, a dos kilómetros de la población.

Según las investigaciones realizadas en Chichicapam en el año 2004, por el doctor Bernd Fahmel Beyer, en Yihka Lada Dxiaa’ y en el promontorio natural del Calvario: “Debido a que en la superficie de ambos lugares se han observado tepalcates de la época Monte Albán I a IIIB-IV, y ningún policromado ni forma ‘mixteca’, tenemos la duda sobre cuáles son los diagnósticos de la época posclásica”.7 Esta afirmación del investigador plantea más interrogantes que respuestas de la época prehispánica, y consecuentemente sugiere que hay que investigar acerca de Chichicapam.

Sobre la época hispánica, se dispone de mayor información, aunque con muchas incertidumbres. A pesar del corto tiempo a partir de la conquista, en la memoria de los pobladores existen narraciones que han pasado de generación en generación, entre otras, las vejaciones de que fueron objeto nuestros indígenas. Para tener un panorama general de esta época, reflexionemos en las siguientes citas.

En 1580 se elaboró la primera Relación de Chichicapa y su partido,8 por Nicolás de Spíndola, y él mismo dice: “Es la relación más cierta y verdadera que se ha podido hacer”. En dicha relación se habla de los dioses, costumbres y tradiciones de nuestros antecesores.

Los pueblos prehispánicos estaban organizados y controlados mediante formas de gobierno, a los pueblos dominantes se les tributaba, y en nuestro caso Peter Gerhard menciona: “En el valle de Oaxaca tuvieron reyes zapotecas y tributaban a los aztecas en 1521, así como Chichicapa”.9

Respecto a la conquista de los pueblos cercanos, Peter Gerhard escribe: “La conquista española de la zona ocurrió entre 1521 y principios de 1522, Chichicapa se dice fue reducido por Pedro de Alvarado y Teitipac por Juan Esteban Colmenero”.10

Alrededor de 1550 Chichicapam era importante por su producción diversa, que se manifestaba en su día de plaza, como lo dice John K. Chance: “Estas diferencias estimularon el intercambio y el comercio y cuando llegaron los españoles, había un bien desarrollado sistema de mercados regionales, cada uno de los cuales tenía lugar cada cinco días. En Etla, Santa Elena (probablemente Tlapacoya) y Chichicapan”. 11 Chance agrega que:

“Los dominicos comenzaron formalmente su labor misionera entre los indios a mitad del siglo, fundando doctrinas en Etla, Cuilapan y la Villa de Oaxaca en 1550, Guaxolotitlán en 1554 y en Ocotlán en 1562. A fines del siglo XVI habían extendido su poder a Teozapotlán, Santa Ana Zegache, Ixtepec, Santa Catarina Minas, Chichicapan, Tlalixtac, Tlacochahuaya, Teitipac, Teotitlán del Valle y Tlacolula”.12

Peter Gerhard menciona que los depósitos minerales fueron descubiertos en los límites de Chichicapan en julio de 1599 y que a finales de este mismo año un nuevo encomendero fue mandado a las minas de Chichicapan.13

Robert J. Mullen, en este sentido escribe: “Chichicapam; como una descripción de Burgoa, Chichicapam en apariencia era una dependencia de Ocotlán (aceptado en 1555)”.14 Por su parte, Esteban Arroyo expresa:

Por algún tiempo este pueblo fue asistido y visitado por los dominicos residentes en Santo Domingo Ocotlán. Fue una de las primeras doctrinas que asistieron nuestros religiosos en estos valles; sin embargo, de acuerdo con la Relación hecha el año 1580, todavía no habían fijado residencia en Chichicapam, pues por esa Relación sabemos que los dominicos de Ocotlán visitaban esos pueblos en la fecha indicada. Nos inclinamos a creer que esta casa se fundó durante el Virreinato de Gaspar de Acevedo Zúñiga –conde de Monterrey–, o sea, entre los años 1595 a 1603.15

De lo que se tiene certeza es que hacia el año 1600, Chichicapam era uno de los centros comerciales más importantes, que llegó a convertirse en una gran plaza debido a su ubicación estratégica, al encontrarse en el intermedio de zonas y poblados de los valles centrales, lo que le hacía paso necesario a los destinos que hoy conocemos como la región del Istmo y Miahuatlán, que también fueron grandes puntos comerciales (se puede consultar en la monografía de la población, y contrastar con otros datos que la fundación mencionada se ubica entre los años 1599 a 1603). Esta ubicación también fue aprovechada por los frailes dominicos para el adoctrinamiento. Refiriéndose al ocaso de las minas, la explotación y los abusos, el padre Gay señala:

“En Chichicapam, no sólo fatigaron a los indios con el trabajo de las minas y los repartimientos, sino que destruyeron las sementeras, talaron los campos y se apoderaron de los bienes de los escasos vecinos que quedaron vivos. Cuando el laboreo de las minas cesó, el templo y el convento estaban casi en ruinas, el asiento del pueblo convertido en pantanos y los campos repartidos entre los mineros que los habían aprovechado para estancias de ganado”.16

Los abusos hacia los nativos se efectuaban de diversas maneras, lo que hizo que se generalizaran en otras regiones del estado; por ejemplo, “el repartimiento”. En relación con esto el padre Gay escribe:

Los abusos de los repartimientos no eran privativos del Valle de Oaxaca, pues de la misma o de distinta manera eran vejados los indios de la Sierra y de la Mixteca. Aquel fácil y lucrativo comercio que habían inventado los españoles, de vender sus mercaderías, distribuyéndolas por fuerza entre los indios, aunque no las necesitasen, a precios obligatorios señalados al arbitrio del vendedor, estaba muy extendido y perseveró hasta el último siglo de la dominación española.17

Estas formas de dominio y otros abusos de los españoles, además de las desigualdades entre las diferentes clases sociales, desencadenó en rebeliones y movimientos sociales más organizados, que al final propiciaron la Guerra de Independencia de México, y cien años después la Revolución Mexicana.

Hecho este brevísimo recuento histórico de Chichicapam, ahora, de manera particular, se aborda a las narraciones que se presentan en este libro, las que se relacionan con los acontecimientos referidos y con la cotidianeidad del pueblo, toda vez que para nadie es desconocido que desde el principio de la humanidad se ha tenido la necesidad de compartir las experiencias como una forma de aprendizaje entre las generaciones. Sin duda, el cúmulo de experiencias, influyen principalmente en la forma de pensar y de actuar como seres humanos, lo que provoca una mentalidad abierta y flexible al cambio, o al contrario mantenga los esquemas anquilosados, en este proceso cumple un papel importante la educación, la cual esta obra tiene entre sus propósitos.

Cuentos y leyendas de San Baltazar Chichicapam, Ocotlán, Oaxaca, se compone de narraciones transmitidas de generación en generación de forma oral, mediante pláticas y entrevistas con personas de mayor edad del pueblo, que, dicho sea de paso, la mayoría no tuvo la oportunidad de asistir y aprender en la escuela formal, sin embargo han desarrollado otras habilidades y adquirido distintos aprendizajes en su vida.

Para la comunidad de San Baltazar Chichicapam esta obra cultural y recreativa resulta novedosa, y es el resultado de la colaboración de personas adultas, profesionales y estudiantes; con ella no se ha pretendido agotar la temática, sino motivar para investigar en el conocimiento y preservación de la identidad y cultura.

Los títulos de las narraciones se escribieron en la lengua originaria, de donde provienen; la lengua zapoteca, la cual conjuntamente con la diversidad de lenguas indígenas que posee el estado de Oaxaca integran una gran riqueza que es parte de su idiosincrasia, y que como nativos de San Baltazar Chichicapam, partícipes de esa riqueza, debemos cuidar y transmitirla como un valioso legado a las futuras generaciones.

REBOLLAR San Juan Inocencio. CUENTOS Y LEYENDAS DE SAN BALTAZAR CHICHICAPAM, OCOTLÁN, OAX. Producido por la Dirección General de Culturas Populares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Oaxaca y la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, A.C. Colección diálogos, No.13 de la serie Urdimbres,Oaxaca, 2008. Mención Honorífica en el Premio Nacional de Cuento, Mito y Leyenda "Andrés Henestrosa 2007"

Contenido

Leyendas de San Baltazar Chichicapam

La leyenda representativa de esta población es:

LA’H DXI’BA GUIDO’ GULAHSA (Zapoteco del Valle)

LA CAMPANA DEL TEMPLO DE LA SABIDURÍA

L E Y E N D A

Cuentan los pobladores de Chichicapam que al dirigirse a realizar sus labores campestres y al pasar cerca de un lugar habitado por nuestros antepasados denominado Yihka Lada Dxiaa’, que en zapoteco y por el significado del lugar se ha denominado “Cabeza de la Gran Plaza”, escuchaban una campana que sonaba sólo una vez, sin que pudiera percibirse de donde provenía el tañer, pues se repetía debido al eco de las montañas. Pensaban por ello que seguramente se originaba en algún templo, pero no había ninguno cerca.

La campana se escuchaba siempre a la misma hora, y la curiosidad de los campesinos crecía, por tanto se dispusieron a descubrir el misterio. Llegaron a dicho lugar antes de la hora de la campanada, y ubicándose en diferentes puntos del paraje, durante varios días esperaron con ansiedad, sin descubrir de dónde provenía el sonido. Sin embargo su perseverancia tuvo resultado y por fin pudieron ubicar que el sonido salía de adentro de una loma llamada en zapoteco “Guido’ Gulahsa”, que significa “Templo de la sabiduría”.

¡Emocionados corrieron al pueblo a comunicar a todos la gran noticia! De inmediato y contagiados de alegría, los pobladores marcharon al lugar, unos caminando y otros en carretas en las cuales llevaban sus herramientas para excavar.

Una vez que llegaron al punto señalado, la multitud se organizó para iniciar la excavación, y decidieron que la mejor forma era hacer un canal que dividiera la loma en dos. Cuando habían cavado escasos metros, apareció parte de un objeto metálico desconocido, por lo que continuaron excavando con más emoción. Ante el asombro de todos ¡era una campana! Hicieron las maniobras para sacarla y con grandes esfuerzos la subieron a una carreta y trasladarla inmediatamente a la iglesia de la población. La instalaron en el atrio, apoyado en postes de madera unidos por un travesaño y por ser tan pesada no se colocó en el campanario.

¡El pueblo estaba asombrado! ¿Qué mensaje les daba esa campana, que tiene labrada en la cara exterior una cruz y en la parte inferior en relieve una lagartija de 32 cm de largo?

Relatan los pobladores que al tocarla con el badajo y repicar, se escuchaba hasta lugares muy alejados de la población; sin embargo hay quienes dicen que estaba encantada y sólo algunos la podían escuchar en las afueras del pueblo.

Dice la leyenda que un día el cielo se nubló, comenzaron fuertes aguaceros como nunca había sucedido. La gente se asustó augurando un mal presagio. Tanta lluvia no les permitía salir de sus hogares, así mismo provocó que el río de San Baltazar Chichicapam que se encuentra atrás de la iglesia y que atraviesa el pueblo, comenzara a crecer amenazando a la población. De repente la campana comenzó a sonar fuertemente previniendo a los pobladores; rápidamente se dirigieron al templo y vieron con asombro que el agua de la lluvia se estaba represando, formando un remolino que socavaba la loma donde se ubica la iglesia, con la amenaza de tirarla. La represa se formaba a partir del lugar que se llama “La’n Dxiah Ltah Guee’la”. Ante esto las personas se asustaron, pues no comprendían tal suceso, y sólo recordaban haber escuchado que en otros pueblos en situaciones similares había caído del cielo animales malignos, pero que no sabían como destruirlos, lo cual aumentaba su tristeza y desconsuelo

De pronto, ¡apareció un hombre de aspecto extraño! Nadie sabía cómo había llegado ni de dónde venía; se notaba por su vestimenta elegante que no era de ninguno de los pueblos circunvecinos; éste se dirigió a un grupo de ancianos, gente sabia; y sin perder tiempo les dijo:

–Vine guiado por el sonido de la campana y estoy enterado de lo que sucede en el pueblo, sólo yo puedo ayudarles a destruir a esos “malignos” que pretenden acabar con la iglesia y el pueblo… pero con una condición, que me den esa campana.

Tal propuesta contrarió a los presentes, quienes asustados, al mirarse unos a otros se decían todo: no estaban dispuestos a dar la campana que consideraban su tesoro. El más anciano, interpretando la actitud del pueblo, respondió con una negativa al extraño visitante. Pero éste insistió en su afán de obtener la campana.

Entonces ocurrió lo inesperado, el hombre propuso que le dieran sólo el badajo de la campana; ante esta alternativa el pueblo, con mediación del consejo de ancianos aceptó para salvar a la iglesia y a la comunidad de la situación amenazante.

Hecho el compromiso, el extraño pidió que todos se ubicaran en un lugar seguro, alejados del remolino. Se desnudó y pidió que lo ayudaran a bajar a las aguas del río, en sus últimas indicaciones dijo:

–Permanezcan atentos a todo lo que suceda, porque no sé si logre destruir a estos animales malignos como lo he hecho en otros pueblos, la señal será la siguiente: una vez que esté bajo el agua, si empiezan a brotar burbujas blancas en la superficie, significa que he sido vencido, la iglesia comenzará a caerse, y ustedes morirán ahogados; pero… si las burbujas son rojas, ¡alégrense!, porque entonces yo habré ganado y todo volverá a la calma y podrán vivir tranquilos y felices.

Diciendo estas últimas palabras y con el apoyo de los hombres, se introdujo en las amenazantes aguas. Enseguida las personas se apartaron del lugar y permanecieron atentas. Fueron pasando los minutos que se hacían eternos, no veían nada, permanecía una turbulencia que sin duda alguna indicaba una batalla a muerte en el fondo de las aguas.

Cuando la desesperación de la gente había llegado a su punto máximo, de repente se escuchó un fuerte ruido, como el que produce el estruendo de un rayo; un profundo silencio invadió el lugar, y la superficie del agua se cubrió de burbujas rojas. ¡La gente gritó llena de alegría!, al mismo tiempo que el agua del río volvía a su normalidad! el extraño hombre, salió y dijo:

–He derrotado a uno de los animales pero… han huido dos y se han refugiado en dos sabinos, uno ubicado río arriba y otro río abajo.

Al escuchar esto los pobladores comprendieron que el peligro continuaba, ante ello el hombre misterioso les comunicó:

–Por favor traten de mantener la calma… voy a continuar.

Diciendo lo anterior y en actitud de profunda concentración juntó sus manos y levantó su rostro hacia el cielo; al cabo de unos segundos el cielo se iluminó intensamente, al mismo tiempo se escuchó el estruendoso ruido provocado por dos rayos que cayeron cada uno sobre los sabinos, destruyendo a los animales malignos que se habían refugiado en ellos. Entonces el hombre misterioso, con una gran sonrisa en el rostro volvió a hablar:

–¡Volví a derrotar a esos seres malignos! He cumplido mi parte; ahora toca a ustedes cumplir la suya entregándome el badajo.

Respetando su palabra, el pueblo, entre la alegría de haber resuelto su problema y la tristeza de perder una parte de la campana, entregó el badajo. El hombre lo recibió gustoso, lo colocó encima de sus hombros y con paso firme y seguro se dirigió rumbo al noreste, hacia Guido’ Gulahsa en la zona de Yihka Lada Dxiaa’. La gente cuenta que vieron cómo se alejaba hasta perderlo de vista y sin saber exactamente su destino, nunca más se volvió a saber de él.

La campana ansiosa espera que algún día vuelva a ella el badajo, y así repicar tan fuerte para ser escuchada muy lejos como antaño.

Notas: “La campana de templo de la sabiduría” es la leyenda más significativa para los pobladores, por la relación que tiene con los diferentes lugares de Chichicapam. Los sitios que se mencionan en esta leyenda existen y actualmente, Yihka Lada Dxiaa’ es un emplazamiento arqueológico dentro del cual está el montículo al que se le denomina Guido’ Gulaza. La’n Dxiah Ltah Guee’la, que significa “dentro de la piedra dura donde se acumula el agua”, está situado a 65 metros del templo; la loma de tierra que se cuenta se fue socavando se aprovechó para hacer las gradas del Rodeo y está separada sólo por la calle de la iglesia; también existen los sabinos donde cayeron los rayos, que aun al paso de tantos años guardan el daño que sufrieron. Tomando como referencia La’n Dxiah Ltah Guee’la, uno se encuentra río arriba a 625 metros y el otro río abajo, a 100 metros.

“La campana del templo de la sabiduría” no tiene el badajo y está resguardada dentro de la iglesia junto con otras campanas; actualmente se tiene el proyecto de ubicarla en un lugar especial para exhibirse al público. Cabe mencionar que algunas personas cuando narran la leyenda mencionan que el badajo era de oro o plata.

REBOLLAR San Juan Inocencio. CUENTOS Y LEYENDAS DE SAN BALTAZAR CHICHICAPAM, OCOTLÁN, OAX. Producido por la Dirección General de Culturas Populares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Oaxaca y la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, A.C. Colección diálogos, No.13 de la serie Urdimbres,Oaxaca, 2008. pp. 53-56. Mención Honorífica en el Premio Nacional de Cuento, Mito y Leyenda "Andrés Henestrosa 2007"

Referencias

Notas

Fuentes

1 Del Paso y Troncoso, Francisco, Papeles de Nueva España, Tomo IV, Relaciones Geográficas de la Diócesis de Oaxaca, Est., “Tipográfico de Rivadeneyra”, Madrid, 1905, p. 116.

2 De Burgoa, Francisco, Geográfica descripción de la parte septentrional, del Polo Ártico de la América, Grupo Editorial Miguel Ángel Porrúa, México, MCMXCVII, p. 223.

3 Bradomín, José María, Toponimia de Oaxaca (Crítica Etimológica), publicación del autor, México, 1955, p. 129.

4 Tomado textualmente del Informe preliminar hasta el 30 de agosto del año 2004 del doctor Bernd Fahmel Beyer, referente a la investigación de la Arquitectura Prehispánica que realiza la UNAM en los vestigios arqueológicos de Yihka Lada Dxiaa’, ubicados en el Municipio de San Baltazar Chichicapam, Ocotlán, Oax.

5 Revista Arqueología Mexicana, “Oaxaca”, Editorial Raíces, julio-agosto de 1997, volumen V, número 26, México 1997, p. 16.

6 Gay, José Antonio, Historia de Oaxaca, segunda edición, Editorial Porrúa, S.A. “Sepan Cuantos…”, México, 1986, p. 83.

7 Tomado textualmente del Informe preliminar hasta el 30 de agosto del año 2004 del doctor Bernd Fahmel Beyer, referente a la investigación de la Arquitectura Prehispánica que realiza la UNAM en los vestigios arqueológicos de Yihka Lada Dxiaa’, ubicados en el Municipio de San Baltazar Chichicapam, Ocotlán, Oax.

8 Del Paso y Troncoso, Francisco. Papeles de Nueva España, Tomo IV, Relaciones Geográficas de la Diócesis de Oaxaca, Est., “Tipográfico de Rivadeneyra”, Madrid, 1905, pp. 115-119.

9 Gerhard, Peter. A Guide to the Historical Geography of New Spain, Cambridge. At University Press, 1972, p. 71.

10 Ibid, p. 71.

11 K. Chance, John, Razas y clases en la Oaxaca Colonial, colección Presencias, Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, INI, México, 1982, p. 64.

12 Ibid, pp. 39-40.

13 Gerhard, Peter. A Guide to The HIstorical Geography of New Spain, Cambridge. At University Press, 1972, pp. 72-73.

14 James Ames Mullen, Robert. Dominican Architecture in Sixteent-Century Oaxaca, publicado por el Centro de Estudios de Latinoamérica, Arizona State University and Friends of Mexican Art, Phoenix, Arizona, 1975, p. 55.

15 Arroyo, Esteban O. P. Los dominicos, forjadores de la civilización Oaxaqueña, tomo segundo, Oaxaca, México, 1961, p. 167.

16 Gay, José Antonio, Historia de Oaxaca, colección “Sepan cuantos…”, segunda edición, Editorial Porrúa, S.A., México, 1986, p. 284.

17 Ibid, p. 284.


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