Constantino XI

Constantino XI
Constantino XI Paleólogo
Κωνσταντῖνος ΙΑ' Παλαιολόγος
Emperador del Imperio bizantino
ConstantinoXI.jpg
Icono de Constantino XI
Reinado 6 de enero de 1449 - 29 de mayo de 1453
Coronación 6 de enero de 1449
Nombre real Kōnstantinos XI Dragasēs Palaiologos (en griego: Κωνσταντίνος ΙΑ' Δραγάσης Παλαιολόγος)
Nacimiento 8 de febrero de 1405
Constantinopla
Fallecimiento 29 de mayo de 1453
Constantinopla
Entierro Constantinopla
Predecesor Juan VIII Paleólogo
Sucesor Último Emperador bizantino debido a la Caída de Constantinopla a manos de los Turcos. El título de pretendiente al trono bizantino iría para el hermano de este, Tomás Paleólogo.
Cónyuge/s Magdalena Tocco
Caterina Gattilusio
Caterina Notara
Descendencia Ninguna
Dinastía Paleólogo
Padre Manuel II Paleólogo
Madre Helena Dragaš

Escudo de Constantino XI
Para otros usos de este término, véase Constantino.

Constantino XI[nota 1] Paleólogo (en griego: Κωνσταντίνος ΙΑ' Δραγάσης Παλαιολόγος; en serbio: Константин Палеолог Драгаш, Kōnstantinos XI Dragasēs Palaiologos) (8 de febrero de 1405 - 29 de mayo de 1453), fue el último emperador bizantino (y, como tal, el último emperador romano) desde 1449 hasta su muerte como miembro de la dinastía de los Paleólogos, ocurrida durante el asedio a Constantinopla en 1453 por parte de los turcos otomanos que después conquistaron la ciudad, poniendo así fin al milenario Imperio bizantino. Su muerte en batalla se ha convertido con el paso de los siglos, en un símbolo de la lucha del cristianismo contra los turcos y, en el siglo XIX, de la independencia de Grecia. Es considerado santo y mártir de la iglesia ortodoxa.

Contenido

Biografía

Juventud

Constantino fue el hijo del emperador Manuel II Paleólogo y Helena Dragaš (en griego: Dragases), hija del príncipe serbio Constantino Dragaš. Sus hermanos fueron Juan VIII Paleólogo, también emperador bizantino, así como los déspotas de Morea (actual Peloponeso) Teodoro II Paleólogo, Demetrio Paleólogo, Tomás y el déspota de Tesalónica, Andrónico Paleólogo.

En el Imperio bizantino no era raro que una persona por razones de prestigio, llevara dos apellidos, el apellido paterno seguido del apellido materno. Aunque a Constantino XI se le conoce como Paleólogo que como Dragases por el lado serbio de su familia, era sabido que le gustaba que se le conociese por el apellido materno, debido al fuerte vínculo emocional que tuvo con su madre.[1] [2] Inclusive su hermano Juan VIII admiró tanto a Constantino, que muchos años después éste le pasaría la corona imperial en calidad de regente.

Déspota de Morea

El 15 de noviembre de 1423, Juan VIII partió con rumbo a Venecia, Milán, Mantua y Hungría en busca de ayuda contra la amenaza otomana, pero antes de salir de la capital, nombró a Constantino como regente del imperio.[3] Durante la ausencia de su hermano, bajo la dirección de su madre Helena Dragases, Constantino firmó un tratado de paz con el sultán Murad II. Luego fue nombrado déspota y se le encomendó la gestión de la costa del Mar Egeo desde Acaya, que desde la Cuarta Cruzada (1204) todavía estaba en manos de los latinos.[4]

En noviembre de 1427 fue acompañado por Juan VIII a Morea (actual Peloponeso) para tomar posesión de Acaya.[5] Constantino demostró inmediatamente su capacidad y puso su máximo esfuerzo para la reconquista de la región, comenzando por atacar los dominios de los Tocco, señores del Epiro y de la parte oeste del Peloponeso. Constantino había organizado un fuerte ejército, bajo el mando de su general de confianza Jorge Frantzes, por lo cual Tocco no pudo ser capaz de ofrecer resistencia.[5] Después de la campaña de reconquista, la transferencia del poder fue sellada con un matrimonio. La hija de Leonardo II Tocco, Magdalena, fue dada en matrimonio a Constantino.[5] El matrimonio se celebró en julio de 1428 y Magdalena, según las costumbres, recibió el nombre bizantino de Teodora.[6] Sin embargo, el matrimonio nunca se consumó debido a la prematura muerte de esta justo al año de la boda.

Constantino continuó con su política expansionista de los territorios bizantinos, aumentando el número de protestas por parte de Venecia y Francia. En 1430 el ejército de Constantino, después de un largo asedio, conquistó la ciudad de Patras (en el extremo norte de Morea), cuyos gobernantes contaban con el apoyo del Papa Martín V, finalmente toda Morea se encontraba bajo control bizantino nuevamente con la excepción de las ciudades venecianas de Corona y Modona, el conflicto entre los bizantinos y los francos en Morea, que se inició en 1259 había terminado y el vencedor fue Constantino.[5] Después de estos éxitos, Constantino, cruzó el istmo de Corinto y entró en Beocia, territorio administrado por el Imperio otomano, pero en este caso su marcha fue detenida por los ejércitos de Turahan Bey.

El Despotado de Morea, después de las conquistas de Constantino XI Paleólogo, en 1430.

De regreso a Constantinopla, Constantino siguió con sus funciones de regente del trono imperial, mientras que su hermano se encontraba en el occidente intentando en vano conciliar a la Iglesia católica con la Iglesia ortodoxa, en el concilio de Ferrara.,[7] [8] Las razones por las que Juan trató de reunificar las dos iglesias se debían a que este suponía el único modo de poder obtener ayuda de los reinos de Europa occidental contra el continuo avance de los otomanos sobre los pocos territorios que quedaban del Imperio bizantino.[9] Presionado por su madre Helena, Constantino enfrentó una fuerte tensión popular por parte del clero y los fieles ortodoxos, quienes rechazaron dicha unión con la Iglesia de Roma. En varias ocasiones tuvo que asumir el mando imperial debido a la ya decadente salud de Juan, hasta el momento en que regresó a Morea en 1440.[10]

A mediados de 1440 Constantino volvió a reanudar la administración de los territorios de Morea y durante el viaje de regreso pasó a la isla de Lesbos, donde contrajo segundas nupcias con Catalina Gattiluiso, hija del gobernante genovés Dorino I Gattilusio. Lamentablemente para Constantino esta segunda unión terminó igual que la anterior, ya que Catalina también murió un año después cuando Constantino tuvo que salir de emergencia hacia la capital del imperio en auxilio de su hermano ante las invasiones otomanas del sultán Murad II. Dentro de la corte bizantina, dos altos representantes se opusieron a cualquier pacto con los católicos: Demetrio II, hermano de Constantino, y Lucas Notaras, megas doux del imperio (cargo comparable al de «primer ministro de la corona»).[11] Demetrio, que esperaba usurpar el trono bizantino, forjó una alianza con los otomanos en el verano de 1442.[10] Sin embargo, el ataque otomano fracasó gracias a los esfuerzos del ejército imperial y Demetrio se vio obligado a huir y Constantino pudo regresar a Morea.

Según algunas fuentes, en 1443 Constantino se casó con Catalina Notaras, perteneciente a una de las más influyentes familias bizantinas de la época, del cual era miembro el propio megas doux del imperio. No obstante, algunos historiadores omiten este matrimonio debido a su fugaz duración (fue aún más corto que los últimos dos matrimonios de Constantino).[12]

Ruinas de la muralla de Hexamilion.

Al regresar, Constantino concentró de nuevo sus esfuerzos en proteger y expandir sus territorios. Por primera vez en 1443 empezó a reconstruir la muralla de Hexamilion, que había sido destruida en 1423.[13] [14] En ese mismo año cruzó de nuevo el istmo de Corinto, y conquistó Atenas y Tebas, obligando al duque latino de Atenas, Nerio II Acciaiuoli, a reconocerlo como nuevo señor de Morea y obligándolo a pagar tributos anuales, en lugar de los otomanos. Con este movimiento, Constantino puso de nuevo el Ática bajo su poder.[15] Aprovechando la breve victoria cristiana contra el creciente poder otomano, Constantino avanzó hacia el centro de Grecia, capturando los territorios otomanos circundantes. Sin embargo las cosas estaban cambiando, de hecho mientras Constantino seguía con su avance, los húngaros y polacos fueron derrotados en la batalla de Varna el 10 de noviembre de 1444.[16] Constantino no se hizo intimidar y continuó con sus conquistas, incluyendo Beocia y Fócida, llegando hasta la frontera del Pindo.[13] Parecía que los planes de Constantino consistían en la reconstrucción de un nuevo estado fuerte en Grecia. Desafortunadamente para el déspota, Murad II no tenía ninguna intención de abandonar sus territorios bizantinos y, en 1446, el sultán organizó un gran ejército e invadió los territorios recién conquistados por Constantino. El déspota huyó con su ejército hacia las murallas de Hexamiliano, pero la resistencia fue inútil: los bizantinos estaban claramente en desventaja a comparación de los otomanos quienes habían incluido la pólvora como parte de su máquina de guerra y pronto los muros cedieron ante los cañones otomanos.[13] [17] Era el 10 de diciembre de 1446 cuando los otomanos vencieron en Morea, capturando a varios prisioneros y acabando con los planes expansionistas de Constantino. Para evitar poner en peligro la seguridad del resto del imperio, Constantino se vio obligado a firmar la paz con los turcos a cambio de un pago anual de tributos al sultán.[17]

Ascensión al trono

Retrato imaginario del emperador Constantino XI, realizado en el siglo XIX. En pleno romanticismo, se lo representa como defensor de la identidad griega (equipado como hoplita) frente al invasor otomano que subyugaría a esa nación casi cuatro siglos.

El 31 de octubre de 1448 Juan VIII murió después de una larga enfermedad.[13] A la espera de la llegada de Constantino, su madre Helena Dragases tuvo que tomar el control de Constantinopla para hacer frente a los intentos de usurpación del trono por su hijo Demetrio. Helena envió a Constantino dos emisarios, acompañados por su hijo Tomás, fiel a la corona, pidiéndole que regresara pronto a Constantinopla.[18]

El 6 de enero de 1449 Constantino organizó en Mistra, en el centro del Peloponeso, la ceremonia para su coronación como basileus Rhomaíōn (emperador de los romanos).[13] Muchos historiadores han cuestionado la legitimidad de esta coronación debido a que en toda coronación de un nuevo emperador bizantino, siempre debía estar presente el patriarca de Constantinopla. En este caso, Constantino recibió el reconocimiento por parte del ejército.[19] El 12 de marzo el nuevo emperador regresó en un barco veneciano a Constantinopla, donde su madre le entregó las insignias imperiales y la llave del tesoro imperial, los cuales le son entregados al nuevo soberano de Bizancio.[20] Constantino entonces nombró déspota de Morea a su hermano Tomás, para impedir las continuas intrigas de Demetrio.[13]

Búsqueda de una emperatriz

Convertido en emperador, Constantino intentó nuevamente encontrar una emperatriz para sus súbditos. En octubre de 1449 encomendó a su amigo de confianza Jorge Frantzes la búsqueda de una esposa, una princesa de ibera (reino antiguo ubicado en la actual Georgia) o de trebisonda.[21] Como parte del escandaloso contrato matrimonial, Constantino envió junto a Frantzes un gran séquito de soldados, nobles, cantantes, médicos, músicos y monjes, con una gran cantidad de preciosos regalos. El primer estado visitado fue Iberia, donde le dieron a Frantzes una cálida bienvenida. Los habitantes del reino de Iberia, más que mostrar cordialidad con sus invitados, se mostraron asombrados por los instrumentos que llevaban consigo los bizantinos. Entre esos instrumentos se encontraba un magnifico órgano que tocaba una "fascinante música" que era nueva para los habitantes del reino.[22] Después de haber visto a la princesa ibérica, Frantzes fue entonces al cercano Imperio de Trebisonda, donde tuvo en la homónima capital, una recepción similar a la recibida en Iberia, tanto que hizo que Frantzes se mostrara indeciso sobre la respuesta que le daría a su emperador.[23]

Mientras Frantzes se encontraba en Trebisonda, llegó la noticia de que el sultán otomano Murad II acababa de fallecer (3 de febrero de 1451) y en su lugar, había sido declarado sultán su hijo: el joven y ambicioso Mehmed II, quién ya tenía puestos sus ojos en la rica Constantinopla.[24] [25] A fin de seguir manteniendo las relaciones de paz que Juan VIII había mantenido con mucho trabajo con los otomanos durante el reinado de Murad II, el embajador bizantino pensó en casar a su emperador con la viuda de Murad II, Mara Branković, una princesa de la Iglesia ortodoxa serbia. Constantino supo de inmediato que esta era una oportunidad que debía de aprovecharse sin vacilar y llamó a consejo a sus más altos dignatarios: dadas las delicadas condiciones en las que se encontraba el imperio, todos acordaron llevar a cabo la propuesta de Frantzes para asegurar la supervivencia del mismo ante la amenaza de Mehmed II.[23] Inmediatamente Constantino envió una carta a Đurađ Branković, el padre de Mara y déspota de Serbia, que se mostró entusiasta con la propuesta. Ni siquiera la Iglesia bizantina se opuso a la elección del emperador. El matrimonio, sin embargo, no pudo suceder, debido a la negativa de Mara: después de la muerte de Murad II se retiró a vivir el resto de sus días en un monasterio.[23]

Fracasado el proyecto, Frantzes aconsejó aceptar la propuesta de la boda real en Iberia, en lugar de la de Juan IV Comneno, emperador de Trebisonda.[26] De hecho, el soberano ibérico se adelantó al de Trebisonda al proponer como dote para la boda de su hija grandes regalos en oro y plata. Entre esos regalos, figuraban magníficas joyas, un enorme armario para la futura emperatriz ricamente adornado y 56.000 monedas de oro, además de enviar desde Iberia una suma de 3.000 monedas de oro al año, comenzando en el momento en que la princesa se convirtiese en emperatriz.[27] Entre septiembre y octubre de 1451, Frantzes regresó a Constantinopla, seguido por un embajador de Iberia, para anunciar la propuesta a Constantino.[28] Frantzes traía consigo los fastuosos regalos del rey de Iberia, incluidos unos preciosos tejidos. Constantino inmediatamente firmó la declaración que anunciaba oficialmente su matrimonio con la princesa ibérica. En la primavera de 1452 el emperador emitió un nuevo documento en que renovaba su decisión. Frantzes entonces recibió instrucciones de ir nuevamente a Iberia para comunicar la decisión. A pesar del respeto que el general bizantino le tenía a su mejor amigo y emperador, este no quiso llevar a cabo ese nuevo viaje. Ya había pasado dos años fuera de Constantinopla y su esposa le había amenazado con el divorcio y con tomar el vestido de monja si no regresaba.[27] Constantino trató de convencerlo para ir de todos modos, prometiéndole grandes favores si accedía, pero el matrimonio no se dio porque los otomanos se estaban preparando para sitiar la capital del imperio y el emperador tuvo que prepararse para la defensa de la ciudad.[27]

El problema eclesiástico

Bandera bizantina del ejército Paleólogo.

La situación religiosa en Constantinopla se había vuelto muy confusa. Durante el concilio de Basilea a la que asistió Juan VIII, se había decidido fusionar la Iglesia católica con la Iglesia ortodoxa: el Imperio bizantino se sometería a la autoridad espiritual del Papa, no obstante, la gran mayoría de los bizantinos, se opusieron a esta decisión en tanto que los que habían decidido convertirse a la ortodoxia, se negaban a aceptar las órdenes de Constantinopla.[29] El trono patriarcal pasó a Gregorio III, un patriarca que seguía el rito latino y que pronto se convirtió en un hombre muy odiado por los bizantinos, quienes lo consideraban un traidor. Gregorio III tuvo que partir al exilio en Roma pese a sus intentos de conciliar a las dos iglesias.[18]

Constantino XI, viendo la precaria situación en la que se encontraba el imperio, apoyó la unión de las dos iglesias debido a que los otomanos estaban prácticamente a las puertas de Constantinopla. Abrigado por la absoluta necesidad de salvar a la capital, se ve obligado a aceptar la unión con Roma, para poder asegurarse la ayuda de occidente.[19] Su valiente postura, sin embargo, se pagó a un precio muy alto: los themas bizantinos que quedaban, se mostraban contrarios a la unión de la iglesia con Roma, lo cuál le impedía ser coronado de manera oficial como emperador. Sin embargo, también evitó el estallido de la guerra civil entre la minoría de los que apoyaron la ceremonia latina con los seguidores de la tradición ortodoxa.[18]

La construcción de una nueva fortaleza otomana sobre el Bósforo

Costantino XI Paleólogo en una miniatura de la época.

Después de su elección, Constantino XI trató de imponer derechos sobre las mercancías de importación en un intento de llenar las casi vacías arcas imperiales, sin embargo esto provocó protestas por parte de la República de Venecia, lo que obligó al emperador, en un corto período de tiempo, abolir el nuevo impuesto.[19] La decisión de ceder ante las protestas del gobierno veneciano se debió principalmente al hecho de que los turcos se estaban convirtiendo más y más en una amenaza apremiante, sobre todo después del ascenso de Mehmed II al sultanato. A pesar de que los otomanos habían renovado el tratado de paz firmado anteriormente con Murad II, su política hacia Constantinopla se mantuvo ambigua.[30]

Constantino, no pudiendo confiar en el nuevo sultán, envió al embajador bizantino Leontari Brienno a Venecia, Ferrara, Nápoles y Roma para buscar apoyo económico y en caso de un intento de asedio a la capital asistencia militar.[30] Las respuestas, sin embargo, seguían siendo imprecisas, con promesas que a la larga fueron olvidadas. El papa Nicolás V había prometido llevar a cabo la preservación de Constantinopla, pero a cambio exigió la restauración del patriarca Gregorio III y la aceleración del proceso de reunificación de las dos iglesias, lo cuál se hizo muy difícil por la fuerte oposición de los nobles anti-católicos y el propio pueblo bizantino.[28]

Las sospechas de Constantino sobre las verdaderas intenciones del nuevo sultán se confirmaron cuando, en abril de 1451, los otomanos, bajo las órdenes de Mehmed II, comenzaron a construir una nueva fortaleza a pocos kilómetros de Constantinopla.[11] Ya el sultán Beyazid I, había construido en el siglo XIV una fortaleza en el lado opuesto del Bósforo. A través de los dos fuertes Mehmed II podría dominar completamente el estrecho, dándole al sultán una excelente posición para atacar la capital bizantina. Después de la construcción de la fortaleza, los otomanos empezaron con el saqueo sistemático de las áreas vecinas que culminó con una masacre en la pueblo bizantino de Epibation, a raíz de una revuelta organizada por la población local debido a la presencia turca.[31] El terror se extendió a Constantinopla. Los bizantinos protestaron contra los otomanos y a sus voces se añadieron las de los genoveses en la ciudad de Pera.[32]

El Imperio bizantino en 1450.

En esta última provocación, Constantino XI respondió con la orden de arrestar a todos los turcos que residían en las ciudades, así como el cierre de las puertas de Constantinopla.[31] Iniciados los preparativos para la defensa de la ciudad, el emperador envió dos embajadores a Mehmet II con varios regalos con el fin de disuadir al sultán de respetar los tratados existentes así como la integridad de los pueblos bizantinos ubicados a las orillas del Bósforo.[32] El sultán, sin embargo, envió de vuelta a los embajadores, rechazando la propuesta. Dos semanas después, Constantino envió a un tercer grupo de representantes para insistirle al sultán, pero cuando llegaron a entrevistarse con el sultán, estos fueron ejecutados por orden suya. El 31 de agosto de 1451 la construcción de la fortaleza otomana llamada Boghaz-Kesen (es decir, «Cortadora del Estrecho» o «Cuello» - hoy se le conoce como Rumeli Hisarı, o «Fortaleza de Rumelia»), fue terminada. Ahora con los dos bastiones turcos en funcionamiento Mehmed II podría controlar el paso de cada barco así como evitar la posible llegada de refuerzos aliados fuera por mar o por tierra a lo largo de la costa.

Construida la fortaleza, Mehmed II comenzó una búsqueda sistemática de todos los barcos en tránsito por el Bósforo, de cualquier nacionalidad. Al mismo tiempo lanzó duros ataques a la ciudad bizantina aún en el Mar Negro, con el fin de aislar el Peloponeso, confiado a los hermanos Tomás y Demetrio. El 26 de noviembre de ese año, un barco veneciano que navegaba desde el Mar Negro, confiando en la neutralidad de la república para con los turcos, fue destruido por un cañón. De los 30 supervivientes que llegaron a la orilla nadando, el capitán Antonio Rizzo fue trasladado a Didymoteico y empalado, mientras que los otros marineros fueron cortados en dos.[33] Con la política represiva adoptada por el sultán, el occidente finalmente reaccionó y se dio cuenta del terrible peligro que representaban los turcos, si estos llegaban a tomar Constantinopla.

La reunificación de las dos Iglesias

Bandera del Impero bizantino de 1259 hasta la caída de Morea en 1460.

Viendo la gravedad de la situación, Constantino multiplicó las solicitudes de ayuda a Europa occidental acelerando la llegada desde Roma del cardenal Isidoro de Kiev, que se esperaba en octubre, para tratar sobre la reunificación de las dos iglesias.[31] El papa encomendó a Isidoro a su salida de Roma, ocurrida el 20 de mayo de 1452 una tropa de 200 arqueros napolitanos, que fueron puestos de inmediato a disposición del emperador.[34]

Además del papa, de todas las potencias occidentales sólo el Reino de Nápoles y las dos repúblicas de Venecia y Génova, y principalmente más por razones políticas que por el deseo de ayudar, le proporcionaron ayuda a Constantino. El verdadero interés tanto de venecianos como genoveses fue de hecho meramente comercial. Si llegara a caer la "Roma de oriente" no solo se perderían bienes inmuebles de extraordinario valor que poseían las dos repúblicas en Constantinopla, sino también se perderían las ricas colonias del Mar Negro: extensiones de sus respectivas patrias, que podrían caer en manos de los otomanos. Los genoveses y su colonia de Quios enviaron materiales para construir barcos de guerra, así como varios conjuntos de excelentes soldados que se dedicarían posteriormente en cuerpo y alma a defender las murallas de Constantinopla. Venecia, sin embargo, debido a que ya estaba en guerra con el Ducado de Milán, usó la diplomacia: recibió embajadores bizantinos, hizo sus promesas, y se limitó a enviar en auxilio de los bizantinos unos cuantos barcos.

Estatua del papa Nicolás V.

Mientras tanto Isidoro tuvo que cumplir la misión confiada por el papa Nicolás V y el[12 de diciembre de 1452, en la basílica de Santa Sofía, fue proclamada solemnemente la unión de la Iglesia oriental con la Iglesia occidental en presencia de Constantino XI.[35] [11] Por lo tanto decretó la unión de las iglesias, como se había acordado en el concilio de Ferrara por parte de su hermano Juan VIII.[36] Pero la fiesta solo se limitó a unos cuantos círculos de la corte: las iglesias en donde se oficiaban los ritos latinos quedaron vacías, incluyendo la misma iglesia de Santa Sofía. Inclusive aquellos que estaban más estrechamente vinculados con el emperador prefirieron asistir a los servicios ortodoxos que acompañar al emperador.

La ciudad fue sacudida por protestas populares y la preocupación general de un inminente ataque de los otomanos. Constantino ordenó reforzar las murallas de la ciudad y bloquear los puertos de las flotas occidentales en un intento de presionar a los venecianos por más ayuda a la ciudad.[37] El invierno pasó de largo sin ningún acto de guerra; y tanto un bando y como el otro se dedicaron a reunir todas sus fuerzas para el año siguiente, que se suponía sería la batalla decisiva.

El asedio a Constantinopla

Véase también: Caída de Constantinopla
El asedio de Constantinopla.

En los últimos años la armada otomana había conocido un impresionante crecimiento. Constantinopla, que fue prácticamente inexpugnable por tierra debido a los poderosos muros teodosianos, podía ser conquistada por el hambre a través de un bloqueo naval impresionantemente rígido.

En marzo de 1453, en Galípoli, un pueblo en el estrecho de los Dardanelos, se reunió una gran flota turca, reforzada por unos 250 barcos, que se estacionó frente a los muros de Constantinopla. [nota 2] Al mismo tiempo un gran ejército en tierra, de aproximadamente unos 100.000 hombres -de los cuales 60.000 eran jenízaros- entraron en acción en Tracia, avanzando hacia los muros de Constantinopla.[38] [37]

Mehmed II además llevó consigo un arma «secreta» de la que estaba muy orgulloso: una gran bombarda, fabricada especialmente por un húngaro llamado Orban, en enero de 1453. Aquel gigantesco cañón de bronce podía disparar balas de 6 quintales a una distancia de un kilómetro y medio cada 90 minutos. Se requería la ayuda de 200 de hombres para llevar la bombarda, tirada a Constantinopla por 70 pares de bueyes.[nota 3]

El 5 de abril de 1453 Mehmed II, a través de un mensajero, le exigió a Constantino la rendición de la ciudad.[39] A cambio, podría salvar la vida y la de sus súbditos y además le prometía convertirlo en gobernador independiente en Mistra. Evitando así que sus ejércitos saquearan la ciudad y mataran en su totalidad a la población de Constantinopla. En vez de intimidarse, Constantino le responde lo siguiente:

Darle la ciudad no es decisión mía ni la de alguno de sus habitantes; hemos decidido por nuestra propia voluntad el combatir, y no salvar la vida.
Constantino XI Paleólogo

En las primeras horas del viernes 6 de abril de 1453, las tropas del sultán abrieron fuego contra Constantinopla. Los bizantinos ya habían previsto este movimiento y todos los residentes en la ciudad, incluida la parte de la población generalmente extranjera, con excepción de las mujeres, los ancianos y los niños; empezaron a trabajar para reforzar los muros de la ciudad.[37]

El ejército otomano con la gran bombarda marcha a Constantinopla.

Constantino quiso fortalecer aún más todas las murallas de la ciudad incluso aquellas que daban al mar de Mármara y el Bósforo, el estrecho que conecta el mar Negro con el mar Egeo.[37] El recuerdo de la Cuarta Cruzada todavía no se había olvidado: los cruzados habían conquistado la ciudad desde el mar lo que reveló una debilidad.[40] La relación entre los bizantinos y los latinos seguía alimentando el recuerdo. Unos días antes se había celebrado la Pascua, y al igual que en la reunificación de las dos iglesias, Santa Sofía había permanecido vacía debido al total rechazo de esta unión por parte de la población.

En febrero de 1453, el senado veneciano, consciente de la muerte de Antonio Rizzo, decidió enviar en ayuda a Constantinopla dos galeras con 400 hombres cada uno junto con la promesa de enviar otras 15.[41] Fue el admirable comportamiento del gobernador del barrio veneciano de la ciudad, Girolamo Minotto quién prometió de hecho toda la asistencia que pudiera dar y aseguró que ningún barco zarparía de regreso a Venecia sin su consentimiento.[39]

A Constantinopla se enviaron también algunos barcos por parte de la colonia genovesa de Gálata (ubicado al otro lado del Cuerno de Oro) y de Italia, por parte del papa Nicolás V y la república de Génova.[39] En cada barco habían 700 soldados, que abrazaron la causa bizantina dispuestos a defenderla con sus vidas. Estos hombres de armas eran parte del ejército privado de Giovanni Giustiniani Longo, perteneciente a una de las más poderosas familias de Génova.[42] Nicolás V también prometió enviar tres barcos más cargados con víveres y refuerzos.[41]

La gran bombarda otomana.

En total Constantino poseía para la defensa 10 barcos bizantinos, 8 venecianos, 5 genoveses, uno de Ancona, uno catalán y otro de Provenza, haciendo un total de 26 barcos: una cifra muy modesta en comparación con la poderosa flota otomana.[39]

De mayor preocupación fue el escaso número de soldados a su disposición: 5.000 bizantinos y unos poco más de 2.000 latinos, para un total de 7.000 hombres que tendrían que defender veintidós kilómetros de muros por un ejército de 160.000 turcos.[11] En la mañana del 6 de abril todos los cristianos fueron a sus lugares de combate. Constantino y Giovanni defendieron la parte más vulnerable de las murallas, donde probablemente atacarían primero los musulmanes, por la puerta de san Romano. Por el lado del mar, los muros estaban casi desiertos: los pocos soldados presentes eran en su mayoría utilizados para tareas de vigilancia y control de los movimientos de los barcos otomanos. La bombarda que hizo el sultán también suponía un problema muy grande para los defensores. Los proyectiles del gigantesco cañón golpeaban con una violencia desconocida en la historia de los asedios a los muros de Constantinopla.

Al terminar el primer día de asedio los otomanos habían demolido la mayor parte de los muros cerca de la puerta de Carso y habían intentado entrar varias veces en la ciudad sin éxito. Durante la noche, mientras que los musulmanes descansaban en sus campamentos, la población había logrado reparar los muros destrozados. El sultán, desalentado por esto, decidió suspender el sitio y esperar refuerzos.

Los refuerzos otomanos llegaron el 11 de abril en grandes cantidades, en un total de 60.000 hombres. El asedio entonces continuó, pero pese a los daños hechos por la gran bombarda y las continuas escaramuzas otomanas, los cristianos siempre reparaban los daños en la noche para continuar con la defensa el día siguiente.

Miniatura francesa, representando el asedio de Constantinopla en 1453, en el libro Voyages d'Outremer de Bertrandon de la Broquière del año 1455.

En aquellos días, por el estrecho de los Dardanelos los tres barcos genoveses prometidos por el papa, acompañados a su vez por un barco lleno de grano enviado por Alfonso V de Aragón, lograron llegar a la ciudad. Mehmed II había cometido el error de haber dejado abierto un pasaje por aquel estrecho dejando pasar sin ningún problema a los cuatro barcos cristianos hacia al mar de Mármara. Era la mañana del 20 de abril, y pese a los esfuerzos cometidos, el almirante otomano, Süleyman Baltoğlu, no pudo impedir la entrada de los barcos a la ciudad.[43]

Después de eso, el sultán escogió un método de traer sus barcos desde el Cuerno de Oro, hacia la ciudad. Ordenó a sus ingenieros diseñar nuevos barcos que pudieran cerrar la entrada al mar de Mármara. Los herreros otomanos inmediatamente comenzaron a construir las ruedas de hierro y barandillas de metal, mientras los carpinteros se comprometieron a la fabricación de marcos de madera tan grandes que pudieran encerrar la quilla de un barco mediano.[43]

Cuando los bizantinos vieron los nuevos barcos otomanos en el Cuerno de Oro se sorprendieron. Ahora la situación había empeorado para los defensores: el puerto ya no era seguro y las murallas marítimas ahora eran más susceptibles a los ataques turcos. En el inicio de mayo, Constantino había entendido que el fin estaba cerca: la escasez de alimentos se hacía más evidente y los barcos que había prometido Venecia nunca llegaron.

Pero parecía que todavía había esperanzas de que Venecia cumpliera con su palabra. El 3 de mayo, antes de la medianoche, se vio un bergantín con bandera turca cruzando hacia el mar de Mármara.[44] De ese bergantín, bajaron unos 12 voluntarios vestidos como los otomanos. La noche del 23 de mayo regresó el bergantín a la ciudad. El capitán de la expedición pidió hablar urgentemente con Constantino XI y con Girolamo Minotto. Cuando el emperador le recibió, este recibió la mala noticia de que el gobierno veneciano no podía cumplir con su promesa realizada hacía tres semanas de enviar ayuda a Constantinopla, dado que los turcos tenían fuertemente vigilado el mar Egeo.[45] Constantino dio las gracias a los marineros uno por uno, pero con la voz ahogada debido a las lágrimas, incluso la mayoría de su corte tenía lágrimas en la cara debido a esta noticia.

Después de esto, los ministros y senadores bizantinos le rogaron al emperador salir de la capital y ponerse a salvo con otros refugiados bizantinos. Sin embargo, Constantino XI respondió con determinación:

No me iría si hubiese algún beneficio por abandonar la ciudad, pero no puedo ir lejos... No los dejaré nunca. ¡¡He decidido morir con vosotros!!.
Constantino XI Paleólogo

El sábado 26 de mayo Mehmed II se reunió con su consejo de guerra y anunció que el ataque final se iniciaría el 29 de mayo, precedido por un día de descanso y oración (el 28 de mayo). Cuando el día 28 llegó, todo ataque otomano cesó y el día se dedicó a la oración y al descanso para el día siguiente que sería la batalla decisiva. Aunque sus soldados dormían, el sultán tuvo una larga gira de inspección, después regresó al campo vio por una última vez las murallas de la ciudad y entonces se fue a dormir.[46]

En la noche del 28 de mayo Constantino XI y Giustiniani Longo se trasladaron junto con una guarnición hacía la puerta de san Romano.[46] El emperador pronunció un discurso a los defensores que habían sobrevivido a lo largo de los siglos:

Mis señores, mis hermanos, mis amigos. El último honor que se nos ofrece como cristianos está en nuestras manos.
Constantino XI Paleólogo

En el último lunes de la Constantinopla bizantina, fueron olvidados todas las controversias y desacuerdos entre los bizantinos y latinos. Para la ocasión se llevó a cabo una larga procesión espontánea en cada rincón de Constantinopla. Los fieles cruzaron las calles de la capital con muchísimos iconos de culto. Cientos de miles de santos, latinos y ortodoxos marcharon juntos en lo que iba a ser el último acto cristiano que vería la ciudad. El emperador y todos sus súbditos se reunieron por una última vez en Santa Sofía, para una magna misa. Ahí, Constantino se reunió con sus comandantes, y les dijo:

Vaya que ha llegado el momento, en que el enemigo de nuestra fe nos amenaza por cualquier sitio... Confío a ustedes, en su valor, en esta espléndida y célebre ciudad, en nuestra patria.

Luego Constantino abrazó a todos, diciendo después:

Pido disculpas por cualquier insulto que haya hecho a ustedes sin querer.[47]
Constantino XI Paleólogo

Después, el emperador se volvió a la multitud reunida en Santa Sofía y les dijo:

Hay cuatro razones principales por las que vale la pena morir: la fe, el hogar, la familia y el basileo. Ahora ustedes deben estar dispuestos a sacrificar sus vidas para estas cosas, así como yo también estoy dispuesto a sacrificar mi propia vida. [48]
Constantino XI Paleólogo

Luego se dirigió a los latinos y les agradeció lo que habían hecho para ayudar a Constantinopla, diciendo:

A partir de hoy, los latinos y los romanos son la misma gente, unidos en dios y es con la ayuda de dios, que hemos de salvar Constantinopla.[48]
Constantino XI Paleólogo

Incluso las diferencias religiosas fueron olvidadas: la totalidad de la población de Constantinopla se concentró en la iglesia de Santa Sofía, el símbolo milenario de la cristiandad en oriente. Fue la última liturgia cristiana celebrada en la basílica y, probablemente la más conmovedora de toda la historia, no solo del Imperio bizantino, sino de toda la Cristiandad. A continuación, en una liturgia que no ha terminado todavía, Constantino y todos en la iglesia se arrodillaron y pidieron perdón de sus pecados para después recibir la eucaristía junto con sus súbditos.

Mehmed II entra victorioso a Constantinopla.

Ya en su palacio, el palacio de Blanquerna, se despidió de su familia y de los sirvientes del palacio y, alrededor de la medianoche, partió hacía las murallas junto con su mejor amigo Jorge Frantzes. El martes 29 de mayo de 1453 fue el último día de vida de la Constantinopla "romana". Después de haberles dado a los soldados turcos el descanso prometido a la una y media de la madrugada Mehmed II dio la orden de ataque y se iniciaron los bombardeos a las murallas y la marcha de los turcos hacía la ciudad.

Cuando eso ocurrió, todas las campanas de las iglesias en Constantinopla fueron echadas a vuelo para anunciar el inicio de la batalla final.[49] Mehmed II sabía que si quería ganar la batalla, entonces no se podía dar el lujo de darles cuartel a los cristianos, a fin de no darles oportunidad ni de reparar los daños ni de reorganizarse. Los primeros soldados que el sultán envió el ataque fueron los basi-bozuk, soldados novatos pobremente armados y deficientemente entrenados, empujados a golpes de látigo y mazos de hierro.[50]

Durante dos horas y media los basi-bozuk atacaron ininterrumpidamente a los cristianos hasta que a las cuatro de la mañana, Mehmed II ordenó al segundo grupo de combatientes a intervenir en la lucha. Este segundo grupo consistía en soldados mejor equipados y entrenados. Estos últimos sin embargo fueron inmediatamente rodeados por los soldados comandados directamente por Constantino y consequentemente aniquilados. En la última batalla el sultán envió a la batalla a lo que era la élite del ejército otomano, los jenízaros. Los bizantinos y latinos no serían capaces de resistir por mucho tiempo al ataque de los jenízaros, dado que ya llevaban cinco horas luchando sin descanso.

La situación para los bizantinos, llegó a un punto catastrófico horas después del amanecer: el capitán Giovanni Longo Giustiniani fue herido y retirado del campo de batalla por sus hombres. Muchos defensores latinos interpretaron esta medida como un desesperado intento de escapar y muchos huyeron hacia los barcos. Mehmed II vio lo ocurrido, y ordenó a los jenízaros concentrar toda la ofensiva en las posiciones abandonadas por los genoveses. Los bizantinos comenzaron a retirarse y a ser rodeados por los turcos, siendo muertos casi todos. Constantinopla finalmente fue tomada por el Imperio otomano y con la caída de la ciudad, el Imperio bizantino, el último heredero del gran Imperio romano, había dejado de existir, bañada de la sangre de un puñado de héroes que defendieron su patria hasta el final.[51]

Muerte

Reconstrucción de la Columna de Constantino I en Constantinopla.
La puerta de San Romano a Constantinopla.

Fuentes relativas a la muerte de Constantino XI argumentan en contra de Jorge Frantzes, fiel amigo del basileo, que en ese momento estaba lejos de la batalla, diciendo solamente:

Mi señor y emperador, de feliz memoria, el señor Constantino, cayó muerto, mientras yo estaba en ese momento no cerca de él, pero en otra parte de la ciudad, por su orden, a los efectos de una inspección por desgracia. ¡Desgracia!.
Jorge Franzes[52]

Algunos historiadores sostienen que el emperador pudo ser asesinado mientras se dirigía a la Puerta Áurea, otros argumentan que cayó cerca de Santa Sofía, y otros más alegan inclusive que Constantino XI, viendo que la batalla estaba perdida, se había despojado de los signos imperiales y confundido entre la población, salvó la vida (esta hipótesis es muy poco probable).

La mayoría de los historiadores, están casi seguros que Constantino XI perdió la vida cerca de la puerta de San Romano.[49] Ahí al ver que la derrota estaba cerca, se quitó sus insignias imperiales y se arrojó a la batalla junto con los últimos defensores y desapareció para siempre después de haber matado, dicen, la hiperbólica cifra de 600 otomanos. Parece que las últimas palabras de Constantino antes de su muerte, fueron las siguientes:

¿No hay un solo cristiano aquí dispuesto a perder la cabeza?.
Constantino XI Paleólogo

Probablemente, el cuerpo fue reconocido a través de las botas púrpura que llevaba en ese momento, botas que sólo los emperadores bizantinos tenían derecho a usar. Mehmet II entonces le enterró en una fosa común, a fin de que los cristianos no pudieran construir un mausoleo a su memoria, o que la gesta de Constantino convirtiera el lugar en un centro de peregrinación para el resto de Europa.[53] Sin embargo, antes de ser enterrado, parece que el cuerpo de Constantino, por sugerencia de los jefes otomanos, se convirtió en una especie de trofeo de guerra. Tomaron el cuerpo del emperador, le removieron las vísceras y luego fue colgado en la cima de la columna de Constantino I como acto de humillación al milenario Imperio. Después, Mehmet II mandó embalsamar la cabeza y la conservó para sí.

Una estatua que representa Constantino XI -quién se convirtió en un santo para la Iglesia Ortodoxa, y años más tarde, en el símbolo principal de la guerra de independencia de Grecia contra el Imperio otomano - fue puesta en la Catedral de Atenas mientras que una segunda estatua se encuentra en la ciudad de Mistra, donde fue aclamado emperador en 1448. Es así como termina la vida del último de una larga lista de emperadores romanos que inició con César Augusto.

Genealogía

Fuentes y referencias

Notas

  1. Hay una incertidumbre considerable sobre el número, ya que algunos historiadores cuentan a Constantino Láscaris (1204 - 1205) pero normalmente no se le asigna un numeral, si lo tuviera sería Constantino XI, y Constantino Paleólogo, sería Constantino XII.
  2. Según la crónica de Leonardo de Quíos, contemporáneo de la caída de Constantinopla, la armada otomana era de 250 barcos, de los cuales 6 eran trirremes, 10 birremes, 70 fustas y 164 de otros tipos. La versión de Leonardo de Quíos es la más aceptada pero hay otras versiones que dan cifran de entre 70 y 400 barcos.
  3. Según Leonardo de Quíos, la gran bombarda otomana era transportada por 70 pares de bueyes y 2.000 hombres, otros historiadores hablan de 40 a 150 pares de bueyes y de 200 a 2.000 hombres, pero el testimonio más creíble parece ser el de Leonardo de Quíos.

Fuentes

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Referencias

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  53. (Norwich, 2000, p. 416)

Enlaces externos



Predecesor:
Juan VIII Paleólogo
Emperador bizantino
Palaiologos-Dynasty.svg

1448 - 1453
Sucesor:
Oficialmente abolido

Reclamado por Mehmed II y otros en el exilio

Predecesor:
Teodoro II Paleólogo
Déspota de Morea
1428 - 1449
Sucesor:
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