Educación en Argentina


Educación en Argentina

Educación en Argentina

La educación en Argentina, llamada también "La docta latinoamericana", ha tenido una historia revuelta. Empezó a tener peso a partir del presidente Domingo Faustino Sarmiento. Sarmiento fomentó la inmigración y trajo educadores europeos y construyó escuelas y bibliotecas en todo el país, que terminó con doblar la inscripción de alumnos al final de su mandato. El día del maestro coincide con el día en el que murió Sarmiento, el 11 de septiembre, para conmemoración del trabajo realizado por tal presidente.

La primera ley de educación universal, obligatoria, gratuita y laica (Ley 1420 de Educación) fue sancionada en 1884 durante el mandato de Julio Argentino Roca a pesar de la gran oposición proveniente de la Iglesia Católica tanto a través del clero local como del Vaticano a través del nuncio papal.[1]

La educación religiosa en la escuela pública se re-estableció en diciembre de 1943, durante la breve dictadura de Pedro Pablo Ramírez y se mantuvo cuando en 1946 asumió el gobierno Juan Domingo Perón. Es recién en medio de un conflicto con la Iglesia Católica que en 1954 Perón derogó la enseñanza religiosa. Durante su gobierno (19461955), la educación pública fue utilizada para propiciar un culto personal sobre las figuras del presidente y su esposa (imágenes de Perón y Evita eran incluidas prominentemente en el material educativo, fragmentos de sus discursos y escritos fueron utilizados como material de lectura, etc).[2]

La Revolución Libertadora (golpe militar que destituyó a Perón en 1955) dispuso que fueran destruídos los libros de propaganda peronista y prohibió 1a mera mención o representación de Perón o Evita mediante el decreto 4161 del 5 de marzo de 1956 que se mantuvo en vigencia hasta 1958.[3]

La educación Pública, como el resto de la cultura argentina, sufrió mucho la crisis económica de los años 90. Mientras la economía se ha ido recuperando constantemente desde 2002, la mayoría de los establecimientos educativos públicos (escuelas y universidades) siguen contando con bajos niveles presupuestarios, y las interrupciones no son inusuales debido a los reclamos docentes.

Es en el día de hoy, que la educación argentina es considerada como una de las más avanzadas y progresistas de América Latina, así como también, es firmemente reconocida y destacada por diversos organismos internacionales, como lo son la UNESCO y la UNICEF.

Contenido

Características

La educación se divide en cuatro niveles. El primero comprende los grados primero a sexto y se llama Educación Primaria Básica o EPB (ex EGB I y II). La EPB está dividido en dos etapas llamados ciclos:

  1. EPB I: Primero, Segundo y Tercer año escolar
  2. EPB II: Cuarto, Quinto y Sexto año escolar

El siguiente nivel es la Educación Secundaria Básica o ESB (ex EGB III) que comprende los años escolares Séptimo, Octavo y Noveno (actuales Primero, Segundo y Tercero de la ESB). Una vez finalizada la ESB, los estudiantes comienzan la Educación Secundaria Superior o ESS (ex Polimodal), que dura tres años y ofrece diferentes orientaciones. Al culminar la ESS los alumnos completan la educación obligatoria en Argentina.

El cuarto nivel es la educación superior o universitaria.

Este nivel es solo aplicado por las provincias que adoptaron el sistema educacional. Las demás provincias siguen con el mismo y viejo sistema de 7 años de primaria y 5 de secundaria (Capital Federal, Río Negro, La Pampa, etc.). [4]

Galardones

Argentina posee un índice de alfabetización elevado respecto a otros países hispano-americanos.

A pesar de las diversas adversidades, la educación superior argentina logró alcanzar niveles mundiales de excelencia en la década del 60. El país cuenta con tres ganadores del Premio Nobel en ciencias: Luis Federico Leloir, Bernardo Houssay y César Milstein.

Historia

La colonia

Domingo Faustino Sarmiento, quien fue el principal impusor de la educación de Argentina

En los primeros años de poblamiento del actual territorio argentino, la educación estuvo centrada en la escolaridad primaria a cargo de las órdenes religiosas (franciscanos, dominicos y más tarde, jesuitas) y basada en la evangelización y en el uso del idioma español con carácter obligatorio. Probablemente haya sido durante la gobernación de Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias) cuando se establecieron las primeras escuelas en el actual territorio argentino. En 1609 concurrían a estos establecimientos unos 150 alumnos. Hubo algunos intentos por parte del estado de ampliar la educación pública como por ejemplo la obligación por parte de los Cabildos de proveer con fondos públicos, de casas apropiadas a las escuelas y la admisión de un cierto número de alumnos, con certificado de pobreza expedido por el propio cabildo, a los que debía darse igual educación que a los demás. Se cobraban aranceles de un peso por mes para leer y dos pesos para leer, escribir y contar.[5]

En 1613 se fundó la primera universidad del país: la Universidad de Córdoba, a manos de jesuitas y dominicos, sustentada en una concepción filosófica aristotélico–tomista, proponiéndose como objetivos formar al alto clero y a la burocracia colonial.

A partir del siglo XIX la burguesía criolla adoptó los ideales de la Ilustración. La educación se orientó hacia el comercio, la marina, la agricultura y los oficios, con carácter práctico y utilitario. Autores como Copérnico, Descartes o Newton no formaron parte del corpus de textos universitarios.

Los primeros esfuerzos sistemáticos por impulsar la educación, a todos sus niveles, se rastrean hasta Belgrano. Durante su labor como Secretario del Consulado de Comercio de Buenos Aires, fundó la Escuela de Náutica y la Escuela de Matemáticas. Impulsó incansablemente la creación de la Academia de Geometría y Dibujo y abogó por la creación de una Escuela de Comercio, una academia de Matemáticas y otra de Arquitectura y Perspectiva. Belgrano impulsó la educación tanto primaria, técnica como universitaria, en un contexto hostil, donde la Corona boicoteaba cualquier esfuerzo de educación en las colonias. También aboga Belgrano por la educación de las mujeres, algo poco común a comienzos del siglo XIX. El fervor de Belgrano por la educación puede entenderse cuando éste destina íntegramente las recompensas monetarias como trinfador contra las fuerzas realistas a la creación de cuatro escuelas primarias, pero acaba muriendo sólo y en la pobreza.

Lograda la independencia argentina en 1816 y ante la carencia de profesionales de la educación se implementó el sistema lancasteriano (el General San Martín fue uno de sus defensores) que, apoyándose en alumnos monitores, intentaba compensar las desigualdades del simultaneísmo en el aula. Se trataba, no obstante, de una educación memorística sustentada en una férrea disciplina.

La Constitución Nacional

La Constitución Nacional de 1853 estableció el derecho a educar y enseñar como una responsabilidad atribuida a los gobiernos provinciales. Uno de los pioneros en tal sentido fue el gobierno de la Provincia de Corrientes. Una ley de 1857 estableció como uno de los destinos de la renta la fundación de escuelas. En esa dirección, se realizaron las primeras experiencias en la Provincia de Buenos Aires, que sancionó su Ley de Educación en 1875. Las bibliotecas populares en tanto, cubrían la instrucción de las mujeres y fue Juana Manso la primera Directora de una escuela mixta en Buenos Aires. En 1864, a instancias de Bartolomé Mitre, se fundó el Colegio Nacional de Buenos Aires sobre la base del Libres del Sur y con dependencia de la Universidad, creada en 1821. Sobre este modelo institucional crecieron otros colegios nacionales en Catamarca, Tucumán, Mendoza, San Juan y Salta. Durante este período abrió sus puertas la Escuela Normal de Paraná, paradigma del normalismo y, a instancias de Sarmiento, arribaron al país 65 maestras estadounidenses que fueron afectadas a la formación de docentes. Así llegaron Mary Gorman, las hermanas Dudley, Serena Frances Wood, Julia Hope, Frances Nyman, entre otras. En 1870 Serena Frances Wood, que había creado en Virginia la primera escuela para los esclavos que acababan de ser liberados tras la guerra civil, fundó en Buenos Aires la escuela que llevaría en Número 1 cerca de Retiro. Morirá apenas un año después víctima de la epidemia de fiebre amarilla. Serena y sus compañeras debieron enfrentar graves dificultades para poder ejercer su vocación y aportaron lo mejor de si para difundir la enseñanza en la Argentina.

La primera Huelga

Durante la presidencia de Julio Argentino Roca, en 1881, se produce la primera huelga docente en la Argentina. Las maestras de la Escuela Graduada y Superior de San Luis, encabezadas por su directora, Enriqueta Lucero de Lallemant, llevaron adelante la medida de fuerza en reclamo por el atraso en el pago de sus sueldos y en contra de los recortes en los sueldos de todos los empleados públicos que se venían aplicando desde 1874 durante la presidencia de Avellaneda, que decidió enfrentar la crisis económica rebajando los sueldos y despidiendo personal estatal. A partir de entonces y hasta nuestros días, los maestros no dejarán nunca de luchar por condiciones dignas de trabajo para ellos y sus alumnos y por un salario justo que les permita vivir dignamente de su profesión.

Finaliza el régimen Conservador

La educación tuvo un papel central en la constitución de la nación, considerada una condición esencial para hacer del país una república. En ese marco se sancionó la Ley Nº1420 de educación común, estableciendo su carácter obligatorio, estatal, laico y graduado. Sin embargo, este impulso del Estado a la educación pública universal entró pronto en contradicción con el sistema político restrictivo. Las consecuencias de esta tensión estallaron en las primeras décadas del siglo XX, cuando los nuevos sectores medios en expansión pusieron fin al régimen conservador.

En las primeras décadas del siglo XX, la población escolar se duplicó, alcanzando prácticamente al 70% de los niños de edad entre 6 y 13 años. Hacia 1910, en el marco de los festejos del centenario, se profundizaron los contenidos patrióticos a fin de consolidar una concepción unificadora de la identidad nacional. En esta línea de acción, se había sancionado la Ley Láinez que señalaba claramente el influjo del estado nacional en los sistemas educativos provinciales. Por otra parte, en la universidad tuvo lugar una profunda democratización en los claustros, a través de la Reforma universitaria de 1918. Paralelamente, la discusión sobre la reforma en la enseñanza media entre 1916 y 1917, giró en torno al proceso de ampliación política.

Peronismo

El peronismo resignificó socialmente la infancia. Se redactaron nuevos programas educativos y se impusieron celebraciones y conmemoraciones a tono con el enaltecimiento de la figura de la pareja presidencial. En el país la ampliación del consumo y la vigencia de los derechos sociales repercutieron en la extensión de la matrícula educativa.

Desarrollismo

Con el desarrollismo se fortalecieron las escuelas técnicas y se dio un proceso de sistematización de la enseñanza media. A partir de los comienzos de los años 60 comenzaron a soplar aires de renovación en las aulas: surgieron los cuestionamientos y empezó a fortalecerse la opción de la educación problematizadora al influjo de Paulo Freire y las nuevas corrientes pedagógicas.

Interrupción democrática

Las interrupciones democráticas de 1966–1973 y el proceso militar de 1976–1983 asestaron duros golpes a la educación argentina, cercenando la libertad de cátedra y postulando la selección de contenidos fundamentalistas y obsoletos. Dos hechos trágicos: La Noche de los bastones largos – que significó un duro revés para la universidad pública– y La Noche de los lápices – salvaje golpe a la participación estudiantil secundaria– lo ilustran tristemente. El retorno a la democracia permitió cambios y transformaciones que aún hoy continúan en implementación y evaluación permanente.

Las señoritas maestras

En Argentina más del 90% de los maestros primarios son mujeres. En 1870 Nicolás Avellaneda escribía: "La experiencia ha demostrado efectivamente que la mujer es el mejor de los maestros, porque es más perseverante en la dedicación a la enseñanza, desde que no se le presentan como al hombre otras carreras para tentar su actividad o ambición y porque se halla, en fin, dotada de todas esas cualidades delicadas y comunicativas que la hacen apoderarse fácilmente de la inteligencia y de la atención de los niños." Este tipo de apreciaciones, en consonancia con el marco cultural de la época, hicieron de la docencia una actividad predominantemente femenina. Entre 1874 y 1921 se graduaron 2.626 maestras y sólo 504 maestros, una proporción que se volvió aun más desigual con el correr de los años debido a la permanencia de estereotipos de género fuertemente consolidados.

El día del maestro

El 11 de septiembre de 1943, durante la Primera Conferencia de Ministros y Directores de Educación de las Repúblicas Americanas resolvió homenajear la figura de Sarmiento como educador declarando al 11 de septiembre, fecha de la muerte del sanjuanino, Día del Maestro en todos los países americanos. La resolución decía:

" Considerando: que es actividad fundamental de la Escuela la educación de los sentimientos, por cuyo motivo no debe olvidarse que entre ellos figura en primer plano la gratitud y devoción debidas al maestro de la escuela primaria, que su abnegación y sacrificio guía los primeros pasos de nuestras generaciones y orienta el porvenir espiritual y cultural de nuestros pueblos; que ninguna fecha ha des ser más oportuna para celebrar el día del maestro que el 11 de septiembre, día que pasó a la inmortalidad, el año 1888, el prócer argentino Domingo Faustino Sarmiento."

Modo de calificación

Sobresaliente 10 Muy satisfactorio 9 Satisfactorio 8 ,7 Poco satisfactorio 6 ,5 Aun no satisfactorio 4,3,2,1

Universidades

Universidades Públicas

Universidades Privadas

Enlaces a Escuelas Argentinas

Referencias

Enlaces externos

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