Ley de Convertibilidad del Austral


Ley de Convertibilidad del Austral
Domingo Cavallo, ministro de economía de Carlos Menem que impulsó la Convertibilidad.

La Ley de Convertibilidad del Austral (Ley Nº 23.928) fue sancionada el 27 de marzo de 1991 por el Congreso de la República Argentina, durante el gobierno de Carlos Menem, bajo la iniciativa del entonces Ministro de Economía Domingo Cavallo, y estuvo vigente durante 11 años.

De acuerdo a ella, se establecía a partir del 1 de abril de 1991 una relación cambiaria fija entre la moneda nacional y la estadounidense, a razón de 1 (un) Dólar estadounidense por cada 10.000 (diez mil) Australes, que luego serían reemplazados por una nueva moneda, el Peso Convertible, de valor fijo también en U$S 1. Tenía como objetivo principal el control de la hiperinflación que afectaba la economía en aquel entonces. También exigía la existencia de respaldo en reservas de la moneda circulante, por lo que se restringía la emisión monetaria al aumento del Tesoro Nacional. El período en que duró la ley de convertibilidad se llamó popularmente "el uno a uno", en clara referencia a la igualdad peso dólar.


Contenido

Impacto de la ley de convertibilidad en la economía

El ministro de economía del gobierno de Menem, Domingo Cavallo, habla del plan económico, la situación fiscal y el plan de convertibilidad. Cadena Nacional. 06/04/1991 Fuente: Radio y Televisión Argentina. http://www.rta-se.com.ar

La convertibilidad, en un principio, logró estabilizar la economía luego de la grave crisis inflacionaria que provenía del gobierno de Alfonsín.[1] La Argentina tuvo niveles muy bajos de inflación en todo el periodo en que estuvo en vigencia esta ley (aproximadamente 10 años), algo poco frecuente en la historia económica del país.

En mayo de 1991, a un mes de iniciado el plan, la pobreza en el Buenos Aires y zonas aledañas (el conurbano bonaerense) era de 28,9%. Tres años después, era de 16,1%.[2]

Si bien el tipo de cambio favorecía las importaciones y favorecía a la modernización y tecnologización, iba en desmedro de la producción nacional y provocó el cierre de industrias y aumento del desempleo. En mayo de 1991, había un 6,9% de desempleados a nivel nacional y trepó hasta el 18,4% en mayo de 1995. En octubre de 2001, cuando se realizó el último sondeo antes del fin de la convertibilidad, había un 18,3% de desempleados.[3] Desde 1994 hasta el tercer trimestre de 2006 la desocupación a nivel nacional ha sido siempre de dos dígitos.

En cuanto a la balanza comercial –la relación entre las importaciones y las exportaciones del país–, en los 11 años de convertibilidad, seis de ellos registraron un saldo negativo (con más importaciones que exportaciones). En esta etapa, el país llegó a tener tres años consecutivos de déficit comercial (entre 1992 y 1994, y entre 1997 y 1999).[4]

Mucha gente se endeudó en dólares, y el gobierno de Carlos Menem se benefició electoralmente de dicha situación, ya que durante los procesos electorales podía introducir como elemento de presión las consecuencias que tendrían para esas personas el que el dólar aumentase de precio. Dicha situación fue bautizada como "Voto cuota", en referencia a los bienes adquiridos mediante compras en cuotas.

Asimismo, la imposibilidad de emitir dinero por parte del Estado provocó que el déficit fiscal recayera únicamente en aumentar la deuda externa.

Fin de la Convertibilidad

Los recurrentes problemas de este modelo determinaron una recesión desde 1998 que estalló a finales de 2001, y terminaron por provocar el fin de la Ley de Convertibilidad monetaria con importantes secuelas de crisis económica, política y social. Una de las más notables, luego de una corrida bancaria que desestabilizó al sistema financiero, fue la restricción a la extracción de dinero en efectivo de fuentes bancarias (medida que se conoció como Corralito). En 2002, en parte por la devaluación que adoptó el país luego del default de la Deuda Externa (pública y privada) casi el 60% de la población pasó a ser pobre en términos de sus ingresos económicos y el producto bruto interno a precios corrientes de 268.697 millones de dólares en 2001 se redujo casi un 64% a fines de 2002. En el periodo recesivo y posterior crisis (junio de 1998 a 2002 inclusive), éste sufrió una pérdida del 19,5% acumulada, registrándose el mayor descenso en el último año de la crisis con un decrecimiento del 10,9%. Una de las principales secuelas que dejó la crisis de 2001 fue el aumento de la inequidad en la distribución de la riqueza en comparación con los demás países de América Latina. A nivel nacional la pobreza alcanzó al 57,5% de la población, la indigencia al 27,5% y la desocupación al 21,5%, todos niveles récord para el país.

Referencias

Enlaces externos


Wikimedia foundation. 2010.