Enrique IV de Castilla


Enrique IV de Castilla

Enrique IV de Castilla

Enrique IV
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Enrique IV de Castilla
Reinado 1454 - 1474
Nacimiento 25 de enero de 1425
Valladolid
Fallecimiento 11 de diciembre de 1474
Madrid
Predecesor Juan II
' Juana
Sucesor Isabel la Católica
Cónyuge/s Blanca de Navarra
Juana de Portugal
Padre Juan II
Madre María de Aragón

Enrique IV de Castilla, conocido vulgarmente como Enrique el impotente (Valladolid, 25 de enero de 1425Madrid, 11 de diciembre de 1474). Rey de Castilla y de León entre 1454 y 1474 y Conde de Barcelona (1462-63)[cita requerida], hijo de Juan II y de María de Aragón, y hermanastro de Isabel la Católica, nació en la desaparecida Casa de las aldabas de la calle Teresa Gil de Valladolid.

Contenido

Biografía

A la edad de 15 años, en una ceremonia oficiada por el cardenal Juan de Cervantes, casa con la infanta Blanca de Navarra, hija de Blanca I de Navarra y de Juan II de Aragón, de la cual no tuvo descendencia. En 1453 y después de comprobar que Enrique IV no había tenido ninguna relación con su esposa, el Papa Nicolás V anuló el matrimonio. Se alegó "impotencia perpetua" de Enrique, aunque relativa a sus relaciones con doña Blanca. Blanca y Enrique eran primos, al igual que también era primo de doña Juana de Portugal, con la que deseaba casarse. Seguramente por ello, el razonamiento usado para pedir la nulidad fue que algún tipo de encantamiento le impedía consumar el matrimonio, no teniendo tal problema con otras mujeres.[1]

En 1455 casó en segundas nupcias con Juana de Portugal. De la unión nació una hija:

Juana además perdió un hijo varón, estando embarazada de seis meses.

Pero las dudas sobre su legitimidad y el ascenso político del noble don Beltrán de la Cueva, hicieron pensar que Juana no era hija del rey, sino de Beltrán; de ahí el nombre de Juana la Beltraneja. Sus enemigos lo acusaron de impotencia, por no consumar, supuestamente, sus matrimonios. Tal acusación era en su época, por otro lado, una poderosa arma política.

Enrique IV en su reinado quiso restablecer la paz entre la monarquía y los nobles, relación que tan revuelta había dejado su padre. Perdonó a los nobles, les pidió su regreso, les entregó las tierras y todos los bienes que habían sido confiscados pero, lejos de agradecer el gesto, los levantamientos de éstos fueron constantes, según ellos, debido al poder y al desastre económico al que les conducía el rey.

Asediado por las revueltas y las exigencias de los nobles, Enrique IV tuvo que firmar un tratado por el que nombraba a su hermano Alfonso legítimo heredero. Tras la muerte de éste, Enrique firma con su hermanastra Isabel el Tratado de los Toros de Guisando, según el cual la nombra heredera, dejando a su hija Juana fuera de la sucesión, a cambio de algunas cuestiones, entre las cuales está que Isabel no se casaría sin la aprobación del rey.

En 1469, el rey, ante el matrimonio secreto entre su hermana Isabel y Fernando de Aragón, celebrado en Valladolid, consideró violado el tratado y proclamó a su hija Juana como heredera al trono, jurando públicamente que era hija legítima.

A su muerte, acaecida en 1474, comenzó una guerra civil entre los partidarios de Isabel y los de Juana la Beltraneja. En 1479 terminó la guerra quedando Isabel I como reina de Castilla.

Enrique IV yace enterrado en el panteón real del Monasterio de Guadalupe, en Cáceres.

Enrique como Príncipe

Al nacer Enrique, Castilla se encontraba bajo el control de Álvaro de Luna, que intentó controlar las compañías y educación de Enrique. Entre los compañeros de su juventud se contaba Juan Pacheco que sería su hombre de confianza. Las luchas, reconciliaciones e intrigas por el poder entre los diversos nobles, el condestable Álvaro de Luna y los Infantes de Aragón serían una constante. Hacia 1444, Enrique se convertiría en el primer Príncipe de Asturias.[3] Así mismo el 10 de octubre de 1444 se convierte en el primer, y único, príncipe de Jaén. En 1445 provocó la Batalla de Olmedo, en la que saldría derrotado el bando de los Infantes de Aragón.

Tras la victoria de Olmedo el poder de Álvaro de Luna se debilitaría, ganando en influencia el bando del Príncipe Enrique y Juan Pacheco. Para contrarrestar la política de Juan II de Aragón, apoyaron a su hijo Carlos de Viana, heredero de Navarra, que se había sublevado contra su padre en 1450 al negarse éste a cederle el trono de Navarra.[4] La influencia de Álvaro de Luna acabaría con su arresto y ejecución en 1453.

Enrique como rey

El 20 de julio de 1454 fallecía Juan II; al día siguiente Enrique era proclamado rey de Castilla. Su reinado empezó con el perdón a varios nobles[5] y el nombramientos de nuevos consejeros como Miguel Lucas de Iranzo, Beltrán de la Cueva, Diego Arias Dávila, Gómez de Cáceres, Alonso de Fonseca. Enrique asegura las fronteras con tratados de paz con Aragón y Francia y convoca a las cortes para lanzar una ofensiva contra el Reino de Granada.[6] Enrique parece ganar apoyos y confianza, y el cronista Alonso de Palencia, que le critica a posteriori, da la impresión de que se le consideraba entonces un buen rey.

Sublevaciones y problemas sucesorios

Durante el reinado de Enrique fueron constantes los conflictos por el poder entre los diferentes nobles: ascendiendo unos y siendo alejados del poder otros. Los conflictos se agravaron cuando Juan Pacheco, marqués de Villena, y su hermano Pedro Girón, maestre de Calatrava, fueron desplazados del poder por Beltrán de la Cueva. Se creó entonces una liga para que recuperaran el poder, o bien lo retomaran apoyando la candidatura al trono de su hermanastro Alfonso. Se acusó al rey de haber incumplido la costumbre de tener relaciones sexuales con su esposa ante testigos y se pone en duda la legitimidad de la entonces princesa Juana. Alonso de Palencia, el cronista enemigo del rey, fue por esa época portavoz de dicha liga.[7] En 1464, intentando salvar la situación, Enrique accede a nombrar heredero a Alfonso, con la condición de que se casase con Juana.[8] Los nobles contrarios a Enrique no aceptan el trato y le acusan de favorecer a judíos y musulmanes, y de no hacer caso a los nobles en su política judicial y económica. Alegan que Enrique estaba dominado por Beltrán de la Cueva y que la vida de los infantes Alfonso e Isabel peligraba. Finalmente, el marqués de Villena obtiene la custodia de Alfonso. Juan Pacheco recupera su poder, Beltrán de la Cueva es alejado de la corte y Alfonso recupera el maestrazgo de Santiago.[9]

Enrique IV

El 16 de enero de 1465 se dicta la Sentencia arbitral de Medina del Campo, con el rey debilitado por la ausencia de Miguel Lucas de Iranzo y de Beltrán de la Cueva. Sus capítulos incluyen una serie exhaustiva de medidas de gobierno, como la organización de las cortes, la justicia a aplicar a los nobles, el control de las ferias, los nombramientos de cargos eclesiásticos, medidas contra musulmanes y judíos, etc.[10] Enrique no acepta las medidas y el 27 de abril del mismo año sus adversarios proclaman rey a Alfonso.[11] El 5 de junio siguiente se ratificó la proclamación con una ceremonia llamada Farsa de Ávila. Alfonso tenía entonces la edad de 11 años. Se levantan así dos ejércitos pero las acciones militares se intercalan con las negociaciones: Enrique hace concesiones a sus partidarios e intenta ganarse a sus adversarios. Como parte de estas negociaciones se ofrece el matrimonio de la infanta Isabel con Pedro Girón, aunque éste moriría antes de que pudiese celebrarse la boda. Los nobles se enfrentaban además entre ellos y las ciudades y villas revivieron a las Hermandades con el fin de intentar imponer un cierto orden.[12] Dentro del desorden general, hubo abusos por parte de las hermandades, y ataques a conversos. En 1467, tenía lugar la Batalla de Olmedo entre partidarios y adversarios del rey, del que salió levemente favorecido. Sin embargo, perdió Segovia, sede del tesoro real y una nueva tentativa de acuerdo le llevó a entregar a su esposa Juana como rehén, lo que más tarde le perjudicaría al argumentarse luego que la reina había quedado nuevamente embarazada durante su cautiverio.[13] El 5 de julio de 1468, sin embargo, muere Alfonso, que había reinado unos 3 años.[14] Para los que no aceptaban a Juana como heredera, la sucesión pasaba entonces a Isabel.[15] Puesto que ambas eran mujeres, cobró fuerza la acusación de ilegitimidad contra Juana.[16] En 1468, Enrique e Isabel firman un acuerdo, el Tratado de los Toros de Guisando, por el que Enrique vuelve a ser rey pero acepta como heredera a Isabel, reservándose el derecho de acordar su matrimonio. La razón esgrimida para dejar a la infanta Juana de lado no es su condición de hija de otro hombre, sino la dudosa legalidad del matrimonio de Enrique con su madre y el mal comportamiento reciente de ésta, a la que se acusa de infidelidad durante su cautiverio.[17] Enrique debe divorciarse de su esposa, según el tratado, pero no llega a iniciar los trámites. Enrique trata el matrimonio de Isabel con Alfonso V, rey de Portugal, procurando el matrimonio de la infanta Juana con algún hijo de Alfonso.[18] Pero Isabel se casa con Fernando en 1469, con lo que Enrique da por roto el tratado, retirándole el título de princesa al año siguiente. Enrique jura solemnemente la legitimidad de la infanta Juana, que retorna al rango de princesa y se busca un matrimonio que salve la situación. A la muerte de Enrique, en diciembre de 1474, comienza por ello la Guerra de Sucesión Castellana entre los partidarios de una y otra princesa.

Matrimonios y sexualidad de Enrique

En 1440 se celebra el matrimonio de Enrique IV de Castilla y Blanca de Navarra, hija de Juan II de Aragón y Blanca I de Navarra, acordado en 1436 como parte de las negociaciones de paz entre Castilla y Navarra.[19] La dote de la novia incluía territorios y villas previamente navarros pero ganadas por el bando castellano durante la guerra, de tal forma que los castellanos entregaban lo que luego recibirían en calidad de dote.[20]

En mayo de 1453 se firma la separación de Enrique y Blanca,[21] reflejando los cambios políticos habidos: el apoyo desde 1451 a Carlos de Viana en su pugna contra Juan II de Aragón por el trono navarro; y la ejecución de Álvaro de Luna en mayo de 1453, que deja a Enrique con un mayor control de Castilla.[22] Enrique alegó que había sido incapaz de consumar sexualmente el matrimonio, a pesar de haberlo intentado durante más de tres años, el periodo mínimo exigido por la Iglesia. Algunas mujeres, prostitutas de Segovia, testificaron haber tenido relaciones sexuales con Enrique, por lo que la falta de consumación del matrimonio se atribuía a un hechizo. El Papa Nicolás V corroboró la sentencia de anulación en diciembre de ese mismo año.[23] [24]

El cronista Alonso de Palencia, uno de los detractores de Enrique, escribió que el matrimonio había sido una farsa y acusaba a Enrique de despreciar a su esposa y de intentar que cometiese adulterio para poder así tener descendencia. Según el cronista, Enrique llegaría en los últimos años de su matrimonio a mostrar el “más extremado aborrecimiento” a su esposa y a mostrarse indiferente antes las “estrecheces” que ésta pasaba.[25] Sin embargo, Blanca llegó a renunciar en 1462 a sus derechos al trono de Navarra a favor de Enrique, al que invocaría como protector, en contra de su propio padre, Juan de Aragón.

El alejamiento de Aragón lleva a un acercamiento a Portugal. Y en marzo de 1453, antes de firmarse el divorcio con Blanca, ya hay constancia de que se negociaba el nuevo matrimonio de Enrique con Juana de Portugal, hermana del rey Alfonso de Portugal. Las primeras capitulaciones matrimoniales se firmaron en diciembre de ese año aunque las negociaciones fueron largas y no se firmaron las capitulaciones definitivas hasta febrero de 1455.[26] Según los cronistas de la época, Juana no aportó dote al matrimonio y no devolvería lo recibido aunque el matrimonio no se hiciese efectivo. Lo largo de las negociaciones y estas concesiones podrían interpretarse como una debilidad de Enrique por los rumores sobre su impotencia.[27] La boda se celebró en mayo de 1455, pero sin acto notarial ni una bula concreta que autorizara la boda entre los contrayentes, que eran primos segundos.[28] El 28 de febrero de 1462, la reina tuvo una hija, llamada también Juana, cuya paternidad se vio cuestionada durante el conflicto por la sucesión por la corona.[29]

Debate sobre la salud y sexualidad de Enrique IV

La cuestión de si Enrique era realmente impotente y de la paternidad de Juana no está para nada zanjada. Los testimonios que afirman que sí era capaz de mantener relaciones sexuales pueden tildarse de partidistas, mientras que su impotencia fue pregonada por sus detractores, que veían en ella señales de que no podía gobernar correctamente.[30] Muerto Alfonso, preferido a Isabel por su condición de varón, sus partidarios se pasaron al bando de Isabel.[31] Al ser ambas mujeres la legitimidad de Isabel como heredera requeriría la ilegitimidad de Juana. En tiempos más recientes el debate continúa, pues Isabel cuenta aún con numerosos partidarios, llegándose a impulsar un proceso de beatificación en su nombre.[32]

A Enrique se le ha achacado: impotencia, homosexualidad, y de forzar las relaciones de su esposa con otros hombres. Incluso algunas fuentes incluyen la forma en que habría dejado embarazada a la reina, mediante una precoz técnica de inseminación artificial utilizando una cánula de oro (per cannam auream), y otras descripciones físicas que permitieron a Gregorio Marañón realizar su Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo (Madrid 1930), que diagnosticó al rey de displasia eunucoide con reacción acromegálica, y que en la actualidad se define como una endocrinopatía, posiblemente un tumor hipofisario, manifestando litiasis renal crónica, impotencia, anomalía peneana e infertilidad, además de caracteres psico-patológicos.[33]

También en su época se atribuyó a Enrique el ser homosexual, en la obra de su detractor Alonso de Palencia y en poesías satíricas. Alonso de Palencia le acusa además de maurofilia, que asocia a la homosexualidad. Sin embargo, Alonso de Palencia acusa también de homosexualidad a Juan II de Castilla, padre de Enrique y de la propia Isabel la Católica, y de adúltera a su madre, la reina María.[34] También se acusaba de homosexualidad a Álvaro de Luna y otros personajes notables de la corte, lo que hace sospechar que este tipo de acusaciones eran usuales en campañas de desprestigio. Gregorio Marañón, basándose en la obra de Alonso de Palencia habla también de la homosexualidad de Enrique, aunque llega a la conclusión de que no está probada.[35]

Finalmente, tanto la "Crónica Castellana"[36] como la de Alonso de Palencia hablan de “amantes” del rey, entre las que se cuentan Catalina de Sandoval, Guiomar de Castro y Beatriz de Vergara. Si bien suelen añadir que los amores eran “vanos” no deja de extrañar que un rey impotente buscase amoríos que podrían ponerlo en evidencia.[37]


Predecesor:
Catalina de Trastámara[38]
Príncipe de Asturias
1425 - 1454
Sucesor:
Juana de Trastámara y Avís
Predecesor:
Juan II de Castilla
Cross Santiago.svg
Administrador de la Orden de Santiago

1453 - 1462
(durante la minoría de edad de Alfonso de Castilla)
Sucesor:
Beltrán de la Cueva
Predecesor:
Juan II
Escudo Corona de Castilla.png
Rey de Castilla y de León

1454 - 1474
Rey rival Alfonso de Trastámara
(1465-1468)
Sucesor:
Isabel I

Véase también

Referencias

Notas

  1. Martín, José Luis, "Enrique IV", ed. Nerea, Hondarribia, 2003, pp. 312-313
  2. Martín, p. 146
  3. Martín, p. 41. El título fue creado en 1388 pero tanto Enrique III como Juan II accedieron al trono antes de cumplir la edad necesaria para ser príncipes.
  4. Martín, p. 55
  5. Martín, p. 73. Enrique liberó a los condes de Alba y Treviño, prisioneros desde el golpe de Záfraga, y anuló el destierro del almirante don Fadrique
  6. Martín, p. 73
  7. Martín, pp. 148-150
  8. Martín, p. 151
  9. Martín, pp. 153-156
  10. Martín, pp. 158-170
  11. Martín, p. 176
  12. Martín, pp. 184-186
  13. Martín, pp. 199-200
  14. Martín, p. 205
  15. Según lo dispuesto en el testamento de Juan II. Martín, p. 208
  16. Martín, pp. 209-211
  17. Martín, p. 211
  18. Martín, pp. 212
  19. Valdeón Baruque, Julio, "Los Trastámaras", p.135
  20. Martín, p. 30
  21. Testimonio de la sentencia de divorcio entre el príncipe D. Enrique y la infanta doña Blanca, incluido en la Colección de documentos inéditos para la historia de España, vol. XL, pags. 444-450.
  22. Martín, pp. 112-113
  23. Martín, pp.62-63
  24. Ohara, p. 59
  25. Ohara, p.57
  26. Ohara, p. 59
  27. Martín, pp. 65-67
  28. Ohara, pp. 61-67
  29. Ohara, p. 68
  30. Ohara, p.54, 59
  31. Martín, p.208, 59
  32. Jesús Bastante, El Episcopado español impulsa la beatificación de Isabel la Católica, ABC, 22-4-2003
  33. Emilio Maganto Pavón (2003) Enrique IV de Castilla (1454-1474). Un singular enfermo urológico. Retrato morfológico y de la personalidad de Enrique IV "El Impotente" en las crónicas y escritos contemporáneos, en Historia de la urología Arch. Esp. Urol., 56, 3 (211-220). El texto latino pertenece a un manuscrito de Hieronymus Münzer Viaje por España y Portugal, 1494-1495 Versión del latín, noticia preliminar y notas por Julio Puyol y Alonso, Madrid 1924. La cita latina completa, y su traducción, dicen así:
    Habuit enim membrum circa radicem debile et parvum, et in culmine et summitate mágnum, ita que arrigere non potuit. Fecerunt medici cannam auream, quam Regina in vulvam recepit, an per ipsam semen inicere posset; nequivit tamen. Mulgere item fecerunt feretrum (veretrum) eius, et exivit sperma, sed aquosum et sterile.

    Tenía un miembro viril que en su origen era delgado y pequeño, pero luego hacia el extremo se alargaba y era grande, de manera que no podía enderezarlo. Unos médicos hicieron una cánula de oro que se colocó a la reina en la vulva, para ver si a través de ella podía recibir el semen; sin embargo no pudo. Hicieron como un ordeño de su miembro viril [le masturbaron] y salió esperma, pero acuoso y estéril.

    El hecho se recoge también sucintamente en el manual de José Botella Llusiá, José A. Clavero Núñez (1993) Tratado de Ginecología: Fisiología, Obstetricia, Perinatología, Ginecología, Reproducción Ediciones Díaz de Santos ISBN 84-7978-092-4, pg. 1003, que citan como fuentes a Gregorio Marañón y Orestes Ferrara.
  34. Martín, pp. 222-227
  35. Marañón, Gregorio, "Ensayo Biológico sobre Enrique IV de Castilla y su Tiempo", Ed. Austral, Buenos Aires, 1946, pp. 95-99
  36. Crónica Anónima de Enrique IV, también conocida como "Crónica Castellana". Editada por Maria Pilar Sánchez Parra, Madrid, 1991. Citada por Martín.
  37. Martín, p. 240
  38. La numeración de los Príncipes de Asturias

Bibliografía

  • Martín, José Luis (2003). Enrique IV. Hondarribia: Nerea. ISBN 84-89569-82-7.
  • Valdeón Baruque, Julio (2001). Los Trastámaras. Madrid: Temas de Hoy. ISBN 84-8460-129-3.
  • OHARA, Shima (2004). La propaganda política en torno al conflicto sucesorio de Enrique IV. Universidad de Valladolid: Tesis de doctorado. Ohara.
  • González Herrero, Manuel (1970). Consideración de Enrique IV de Castilla. Estudios Segovianos. Tomo XXII, nº 65-66..
  • González Herrero, Manuel (1993). Castilla: Negro sobre rojo. De Enrique IV a Isabel la Católica. Segovia: Taller Imagen. 84-604-7251-5.
  • González Herrero, Manuel (2004). Segovia y la Reina Isabel I. Historia de una relación conflictiva. Segovia: Taller Imagen. 84-609-2682-6.
  • Cañas Gálvez, Francisco de Paula, “La música en la corte de Enrique IV de Castilla (1454-1474). Una aproximación institucional y prosopográfica”, Revista de Musicología, XXIX (2006), nº 1, pp. 217-313.
  • Suárez, Luis (2001). Enrique IV de Castilla: la difamación como arma política. Barcelona: Ariel. 84-344-6630-9.

Enlaces externos

Commons

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