Enrique de Castilla "El Senador\


Enrique de Castilla "El Senador\

Enrique de Castilla "El Senador"

Enrique de Castilla "el Senador"
Infante de Castilla y León
Armas del infante Enrique de Castilla.svg
Escudo de armas del infante Enrique de Castilla "el Senador".
Nacimiento 1230
Fallecimiento 8 de agosto de 1303
Entierro Monasterio de San Francisco de Valladolid
Cónyuge/s Juana Núñez de Lara "la Palomilla"
Casa Real Casa de Borgoña (España)
Padre Fernando III el Santo
Madre Beatriz de Suabia

Enrique de Castilla "el Senador" (¿?, 1230 – † Roa, 8 de agosto de 1303). Infante de Castilla. Hijo de Fernando III el Santo, rey de Castilla y León, y de su esposa, la reina Beatriz de Suabia. Señor de Vizcaya (1294-1295), Écija, Roa, Medellín, Almazán, Dueñas, Atienza, Berlanga, Calatañazor, San Esteban de Gormaz y Morón. Durante el reinado de su hermano, Alfonso X el Sabio, abandonó el reino, permaneciendo en Túnez y en Italia. Encontrándose en Italia fue nombrado senador de Roma, de ahí el sobrenombre con el que se le conoce. Tras la derrota del bando gibelino en la Batalla de Tagliacozzo, fue encarcelado durante 26 años por orden de Carlos de Anjou, hasta el año 1294, en que fue libertado y retornó al reino de Castilla y León, donde su sobrino Sancho IV el Bravo le concedió el señorío de Vizcaya, cuya posesión ostentó el infante hasta el año 1295.[1]

A la muerte de su sobrino Sancho IV el Bravo, hijo de su hermano Alfonso X el Sabio, fue nombrado tutor del rey Fernando IV el Emplazado durante su minoría de edad, cargo que ejerció hasta 1302, gobernando el reino junto con María de Molina, madre de Fernando IV, en ese periodo. Fue además Adelantado Mayor de la Frontera de Andalucía y Mayordomo mayor de Fernando IV. Falleció en la localidad burgalesa de Roa el día 8 de agosto de 1303.

Contenido

Orígenes familiares

Hijo de Fernando III el Santo, rey de Castilla y León, y de su primera esposa, la reina Beatriz de Suabia, era por parte paterna nieto de Alfonso IX de León y de Berenguela I de Castilla, reina de Castilla, que renunció al trono que había recibido por la muerte de su hermano, Enrique I de Castilla, siendo ambos hermanos hijos del rey Alfonso VIII de Castilla. Por parte materna era nieto de Felipe de Suabia, rey de Romanos y duque de Suabia, y de Irene Ángelo, hija de Isaac II Ángelo, emperador del Imperio Romano de Oriente.

Fueron sus hermanos, entre otros, Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León, Fadrique de Castilla, ejecutado en 1277 por orden de su hermano Alfonso X el Sabio, y Manuel de Borgoña y Suabia, padre de Don Juan Manuel.

Juventud del infante y estancias en Túnez e Italia (1230-1294)

Nació en 1230. Se distinguió en la conquista de la ciudad de Sevilla, defendiendo el campamento del rey junto a Lorenzo Suárez, y causando más de 550 bajas a los musulmanes, en un contraataque que dirigió el propio infante.[2] Como recompensa por su defensa del campamento cristiano, su padre el rey le entregó los señoríos de Arcos, Lebrija, Morón y Medina Sidonia, aunque dichas plazas aún no habían sido arrebatadas a los musulmanes. La ciudad de Sevilla capituló ante su padre, Fernando III el Santo, en 1248.[3]

En 1252 falleció Fernando III en la ciudad de Sevilla y un año más tarde, en 1253, su hermano, Alfonso X, le colocó al mando de un ejército, y le ordenó que conquistase las ciudades de Lebrija y Arcos, que capitularon ante el infante cuando tuvieron conocimiento de que la ciudad de Jerez de la Frontera se había rendido ante las tropas de Alfonso X el Sabio.[4] Una vez conquistadas las ciudades de Arcos y Lebrija, que Fernando III había dispuesto serían entregadas a su hijo Enrique, Alfonso X, ignorando las disposiciones paternas, reclamó al Maestre de la Orden de Calatrava los privilegios que confirmaban la donación por parte de Fernando III de esas ciudades al infante Enrique, y los destruyó en público en 1253, deteriorándose con ello aún más las relaciones entre el rey y el infante, que se vió desposeído de la posesión de Arcos, Lebrija, Morón de la Frontera, Medina Sidonia y Cote.[5] La viuda de Fernando III, Juana de Danmartín, que mantenía excelentes relaciones con el infante Enrique, se vió desposeída, al igual que el infante Enrique, de varios de sus señoríos y latifundios por Alfonso X el Sabio. Además, el infante Enrique mantuvo una entrevista secreta con Jaime I el Conquistador en la localidad de Maluenda, planteándose la posibilidad de que el infante contrajese matrimonio con Constanza de Aragón y de Hungría, hija del soberano aragonés, que terminaría desposándose con el infante Manuel de Castilla, hermano del infante Enrique. Dicha entrevista con el rey aragonés, y los rumores que circularon de la posible relación carnal entre el infante y Juana de Danmartín, ocasionaron el enojo de Alfonso X.[6]

A finales de octubre de 1255 el infante Enrique, apoyado secretamente por Jaime I de Aragón, se levantó en armas contra su hermano el rey, atacando desde sus ciudades de Arcos y Lebrija las tierras del rey, al tiempo que otros nobles, descontentos con Alfonso X, atacaban el reino desde las tierras de Vizcaya. Alfonso X envió a combatir combatir contra el infante a Nuño González de Lara, quien le derrotó en una batalla campal, librada en las cercanías de Lebrija. Después de su derrota, el infante Enrique se refugió en Lebrija, pero no pareciéndole un lugar seguro, buscó refugio en el reino de Aragón.[7] Después de su derrota en Lebrija, el infante embarcó en el Puerto de Santa María con destino a la ciudad de Valencia. Sin embargo, el rey Jaime I no le acogió en su reino, con lo que el infante decidió demandar la ayuda de los reyes de Francia e Inglaterra.[8]

El periodo de la vida del infante Enrique que comprende los años 1255-1260 es desconocido en muchos aspectos por los historiadores.[9] Mientras que la Crónica de Alfonso X señala que después de su salida del reino de Aragón en 1255 el infante Enrique se dirigió a Túnez, otros escritores sostienen que pasó a Francia e Inglaterra para solicitar la ayuda financiera de los monarcas de ambos reinos. Según esta versión de los hechos, el infante residió buena parte de los años entre 1255 y 1259 en Inglaterra, donde fue huésped de Enrique III de Inglaterra. En la corte inglesa se encontraba su hermanastra Leonor de Castilla, que había contraído matrimonio en 1254 en la ciudad de Burgos con el futuro Eduardo I de Inglaterra, hijo de Enrique III. En 1259 Enrique III autorizó al infante Enrique a proveerse de tropas y navíos en la ciudad de Burdeos, a condición de que no causase molestia alguna a su hermano Alfonso X.[10]

Estancia del infante Enrique en Túnez (1259-1266)

En Bayona embarcó el infante Enrique, rumbo a Túnez, en 1259.[11] Una vez en tierras africanas, el infante se puso al servicio del al-Mustansir, sultán de Túnez. Allí se unió a él su hermano, el infante Fadrique de Castilla, que había abandonado el reino de Castilla y León debido a sus desavenencias con el rey. La Crónica de Alfonso X refiere que el sultán de Túnez dispensó una calurosa acogida al infante Enrique, debido a su condición de hijo de rey. El infante, junto con un grupo de caballeros a sus órdenes, combatió durante los años que permaneció en tierras africanas a los enemigos del sultán, adquiriendo además una gran fortuna. No obstante, según refiere la crónica de su hermano, comenzaron los súbditos del sultán a inquietarse y a mostrarse envidiosos de los triunfos del infante, cuya popularidad aumentaba por momentos debido a sus victorias. Por ello, comenzaron a presionar al sultán para que expulsase de sus tierras al infante.[12] Según la crónica de su hermano, el infante Enrique fue entonces expulsado del reino de Túnez, habiendo previamente escapado de ser devorado por unos leones, que según el relato, habían sido encerrados en un corral con el propósito de que devorasen al infante Enrique. Frustrado el intento de asesinato según el relato, el infante fue expulsado del reino, de donde partió junto con los caballeros que le habían acompañado desde el principio de su expedición.[13]

Senador de Roma (1266-1268)

Después de su partida de Túnez, según algunas fuentes, el infante Enrique se dirigió a Italia, donde se encontraba hacia 1266.[14] Una vez en Italia, pasó a apoyar a Carlos I de Sicilia y Nápoles, rey de Sicilia e hijo de Luis VIII de Francia, en su lucha contra Manfredo de Sicilia, hijo ilegítimo de Federico II Hohenstaufen, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Ambos personajes se proclamaban reyes de Sicilia. El infante Enrique, que había amasado una gran fortuna durante los años que permaneció en Túnez, puso su dinero y su ejército personal a disposición de Carlos de Anjou y del papa Clemente IV, que había nombrado a Carlos de Anjou rey de Sicilia.[15] El infante Enrique confiaba en que el pontífice le nombraría rey de Cerdeña, isla cuyo dominio ostentaba la Santa Sede en aquellos momentos. Según la Crónica de Alfonso X la propuesta de nombrar al infante Enrique rey de Cerdeña fue acogida con agrado en la curia pontificia. Sin embargo, el pontífice pospuso su decisión sobre ello. Al mismo tiempo, el infante Enrique prestó a Carlos de Anjou 60.000 doblas de oro, con la condición de que éste persuadiera al papa de que nombrase al infante rey de Cerdeña. No obstante Carlos de Anjou reclamó el trono de Cerdeña para sí ante el pontífice, quien, valiéndose de la circunstancia de que la isla se hallaba ocupada en su mayor parte por los pisanos, enemigos de la Iglesia, persuadió a ambos de que resultaría difícil la conquista de la isla.[16]

El infante Enrique montó en cólera cuando tuvo conocimiento de las pretensiones de Carlos de Anjou, por lo que abandonó desde entonces el partido güelfo, y se pasó al bando de Conradino de Hohenstaufen, respaldado por los gibelinos, aprovechando la circunstancia de que Carlos de Anjou se había negado a devolverle las 60.000 doblas.[17] A continuación se instaló en la ciudad de Roma, donde ejerció el cargo de Senador o gobernador de Roma, nombramiento que había sido realizado por el pontífice. A su llegada a Roma y según refiere la crónica de su hermano, el infante fue bien acogido por los ciudadanos romanos, aunque con ciertas reservas por parte de ciertos cardenales, que conocían su talante engañoso.[18]

Retrato que representa al papa Clemente IV, quien nombró al infante Enrique de Castilla Senador de Roma.

En un primer momento el infante dio muestras de magnanimidad y equidad. Sin embargo, pronto comenzó a dar muestras de su carácter despótico y cruel. Se confederó entonces con los gibelinos de Florencia, Pisa y Siena, y persuadió a Conradino de Hohenstaufen, que contaba con dieciséis años de edad, de que se dirigiese a Italia y tomase posesión del reino de Sicilia, comprometiéndose el infante a sublevar la ciudad de Roma y la región de Campania en su favor. Poco despúes, el infante Enrique ordenó la detención de los principales nobles güelfos de la ciudad de Roma, al tiempo que se apropió de numerosos fondos depositados en las iglesias y monasterios de Roma, pues era costumbre entonces depositar los objetos valiosos en los templos, debido a la inseguridad de los propios hogares. De todo ello se quejó el papa Clemente IV a Carlos de Anjou.[19] Sin embargo, otra versión de los hechos relata que las iglesias de Roma, junto con la Basílica de San Pedro, fueron saqueadas por Conradino de Hohenstaufen:


"Deteniendose algo Conradino en Siena, se fue a Roma: i recibido de los romanos i de D. Henrique su Senador casi como Emperador, hizo allí su recluta de dinero i de gente; despojò el tesoro de S. Pedro i el de otras iglesias, i se hallò en Roma con mas de cinco mil cavallos entre Alemanes, Italianos, i la gente del Senador D. Enrique de España…" [20]


Después de que Conradino se hubo reunido en Roma con el infante Enrique, abandonó la ciudad con su ejército. El papa Clemente IV excomulgó entonces al infante Enrique y a todos los partidarios de Conradino de Hohenstaufen y a todos los que le prestasen apoyo, suprimiendo la validez de los juramentos de fidelidad que les habían prestado a ambos, ordenando además el pontífice al infante que devolviese los bienes de los que se había apoderado y que diese satisfacción a los cardenales y prelados a los que había agraviado. No obstante, el infante Enrique no atendió las demandas del pontífice, y se dirigió junto a Conradino de Hohenstaufen hacia donde se encontraban las tropas de Carlos de Anjou, buscando el enfrentamiento con ellas.[21] El infante Enrique se encontraba al mando de sus caballeros españoles, así como al frente de uno de los tres cuerpos en que fue dividido el ejército gibelino. Al mando de los otros dos cuerpos de ejército se encontraban el propio Conradino de Hohenstaufen y Galvano Lancia.

La batalla final entre los partidarios de Carlos de Anjou y Conradino de Hohenstaufen, conocida como la batalla de Tagliacozzo se libró el día 23 de agosto de 1268 en la provincia de L'Aquila, situada en la región de los Abruzos, localizada en el centro de la península italiana. La batalla se saldó con la derrota total del ejército de Conradino de Hohenstaufen, quien fue ejecutado en la plaza del mercado de Nápoles el día 29 de octubre de 1268. Aabiendo que la batalla estaba perdida, el infante Enrique, que durante la misma no había tomado parte junto con sus tropas en la misma por encontrarse en otra posición, acometió junto con sus caballeros al ejército de Carlos de Anjou, siendo derrotado sin embargo después de varias horas de combate.[22]

Cautiverio del infante Enrique en Italia y retorno al reino de Castilla y León (1268-1294)

Tras la batalla, el infante Enrique buscó refugio en la Abadía de Montecasino, situada unos 130 km. al sur de la ciudad de Roma. Al llegar a la abadía, el infante proclamó, mintiendo, que en la batalla había triunfado el bando gibelino, lo cual era una noticia falsa.

Tras ser derrotado en la batalla de Tagliacozzo, el infante Enrique fue entregado a Carlos de Anjou, rey de Sicilia, y encarcelado durante veintiséis años, hasta que fue libertado en 1294.

Cuando el abad de Montecasino tuvo conocimiento de la derrota y captura de Conradino de Hohenstaufen, hizo prender al infante Enrique. A continuación, el abad entregó al infante Enrique a Carlos de Anjou, a condición de que no le quitase la vida.[23] Carlos de Anjou ordenó que el infante fuera encerrado en la prisión del castillo de Canosa di Puglia, situado en la región italiana de Apulia, donde permaneció encerrado hasta el año 1280, en que fue trasladado al castel del Monte, llamado originalmente castillo de Santa María del Monte, situado a dieciséis kilómetros de la ciudad de Andria.

En el castillo de Canosa, el infante Enrique compartió cautiverio con Conrado, conde de Caserta. A pesar de que las condiciones de su cautiverio eran severas, se le permitió tener su propia servidumbre. Durante su estancia en Canosa, el infante recibió en 1272 la visita de su hermanastra Leonor de Castilla, esposa de Eduardo I de Inglaterra. Está documentado que en 1272, Carlos de Anjou ordenó que se pagara al castellano de Canosa la suma de 6 onzas de oro al mes, para costear los gastos derivados del alojamiento en el castillo del infante Enrique y del conde de Caserta.[24] Desde el momento en que las cortes castellana y aragonesa tuvieron conocimiento de que el infante Enrique se hallaba cautivo, dieron comienzo las negociaciones entre ambas y Carlos de Anjou, rey de Sicilia, a fin de que el infante fuera libertado lo antes posible. Alfonso X el Sabio envió una embajada a Carlos de Anjou, a cuyo frente se hallaba Guillén de Rocafull, y de la que también formaban parte los obispos de Cuenca y Cádiz. Sin embargo, Carlos de Anjou se negó a concederle la libertad al infante, aduciendo que le había causado grandes quebrantos en el pasado a la Iglesia, así como a él mismo, y manifestó que sería libertado cuando hubiese reparado las faltas por él cometidas.[25] En 1286 el papa Honorio IV levantó la excomunión que pesaba sobre él desde el año 1268.[26]

En 1294, diez años después de la muerte de su hermano Alfonso X el Sabio, y reinando en Castilla y León su hijo, Sancho IV el Bravo, el infante Enrique fue puesto en libertad. El mismo año de su liberación el infante regresó a Castilla y León, donde fue bien acogido por su sobrino Sancho IV el Bravo, quien le hizo entrega de varios señoríos a fin de que el infante pudiese mantener su rango,[27] y por su prima la reina María de Molina, hija del infante Alfonso de Molina. Contaba en 1294 el infante 64 años de edad y había estado prisionero durante veintiséis años. Al regresar a Castilla, acompañó a su sobrino Sancho IV en una incursión militar que éste realizó en el señorío de Vizcaya, para enfrentarse a Diego López V de Haro, quien se había apoderado del señorío a la muerte de su sobrino Diego López IV de Haro, ignorando los derechos de María II Díaz de Haro, en cuyo nombre actuaba Sancho IV el Bravo. Una vez ocupado el señorío de Vizcaya, Sancho IV se lo concedió al infante Enrique, quien lo conservó hasta 1295, en que Diego López V de Haro lo recuperó con ayuda de Juan Núñez de Lara el Menor, señor de Lara.[28]

Tutor del rey Fernando IV el Emplazado durante su minoría de edad (1295-1303)

El día 25 de abril de 1295 falleció el rey Sancho IV el Bravo, dejando como heredero al infante Fernando. Sepultado el rey en la Catedral de Toledo, María de Molina se retiró al primitivo Alcázar de Toledo para guardar un luto de nueve días. La reina fue la encargada de ejercer la tutoría durante la minoría de edad de su hijo, que sólo contaba con nueve años de edad. Debido a la ilegitimidad de Fernando IV, causada por el matrimonio ilegitimado de sus padres, la reina tuvo que afrontar numerosos problemas para conseguir que su hijo permaneciera en el trono.[29]

María de Molina presenta a su hijo Fernando IV en las Cortes de Valladolid de 1295. Óleo sobre lienzo de Antonio Gisbert Pérez. 1863.

A las luchas incesantes con la nobleza castellana dirigida por los infantes Juan de Castilla, que reclamaba el trono de su hermano Sancho IV, y por el infante Enrique de Castilla "El Senador", que reclamaba la tutoría del rey, y con los infantes de la Cerda, apoyados por el reino de Aragón y por su abuela la reina Violante de Aragón y Hungría, viuda de Alfonso X el Sabio, por el control del Reino, se unieron los problemas con Aragón, Portugal y Francia, quienes intentaron aprovechar la situación de inestabilidad que atravesaba la Corona de Castilla y León en su propio beneficio. Al mismo tiempo, Diego López V de Haro, señor de Vizcaya, Nuño González de Lara, y Juan Núñez de Lara el Menor, entre otros magnates, sembraban la confusión y la anarquía en el reino de Castilla y León.

En las Cortes de Valladolid de 1295 el infante Enrique de Castilla fue nombrado tutor del rey, pero la reina María de Molina consiguió mediante el apoyo de las ciudades con voto en Cortes que la custodia de su hijo le fuera confiada a ella. Mientras se celebraban las Cortes de Valladolid de 1295, el infante Juan de Castilla abandonó la ciudad de Granada e intentó ocupar la ciudad de Badajoz, pero, al fracasar en su intento, se apoderó de Coria y del castillo de Alcántara. Pasó después al reino de Portugal, donde presionó al rey Don Dionís para que declarase la guerra al reino de Castilla y León, y al mismo tiempo, para que le apoyase en sus pretensiones de acceder al trono leonés.[30] En el verano de 1295, terminadas las Cortes de Valladolid, la reina y el infante Enrique se entrevistaron en Ciudad Rodrigo con el rey Don Dionís de Portugal, al que la reina entregó varias plazas. En la entrevista de Ciudad Rodrigo se convino que Fernando IV contraería matrimonio con la infanta Constanza, hija del rey Don Dionís, mientras que la infanta Beatriz de Castilla y de Molina, hija de María de Molina, se desposaría con el infante heredero del trono portugués. Al mismo tiempo, a Diego López V de Haro se le confirmó la posesión del señorío de Vizcaya, que había arrebatado al infante Enrique, y al infante Juan, que aceptó como soberano a Fernando IV en privado, se le restituyeron sus propiedades. [31] Jaime II de Aragón devolvió a la infanta Isabel de Castilla y de Molina a la corte de Castilla sin haberse desposado con ella y declaró la guerra al reino de Castilla y León.

A principios de 1296, el infante Juan tomó Astudillo, Paredes de Nava y Dueñas, al tiempo que su hijo Alfonso de Castilla tomaba Mansilla. En abril de 1296 Alfonso de la Cerda invadió el reino de Castilla y León, acompañado por tropas aragonesas, y se dirigieron a la ciudad de León, donde el infante Juan fue proclamado rey de León, de Sevilla y de Galicia.[32] Acto seguido, el infante Juan acompañó a Sahagún a Alfonso de la Cerda, donde éste último fue proclamado rey de Castilla, Toledo, Córdoba, Murcia y Jaén. [33] Poco después de ser coronados Alfonso de la Cerda y el infante Juan, cercaron el municipio vallisoletano de Mayorga, partiendo al mismo tiempo el infante Enrique al reino de Granada para concertar la paz entre el sultán granadino y Fernando IV, pues los granadinos atacaban en esos momentos en toda Andalucía las tierras del rey, siendo defendidas por Alonso Pérez de Guzmán.[34] El 25 de agosto de 1296, falleció el infante Pedro de Aragón y Sicilia, víctima de la peste, mientras se encontraba al mando del ejército aragonés que sitiaba la ciudad de Mayorga, perdiendo con ello el infante Juan a uno de sus valedores, al tiempo que, debido a la mortalidad que se extendió entre los sitiadores de Mayorga, se vió obligado a levantar el cerco de la localidad.[35]

Mientras el infante Juan de Castilla y Juan Núñez de Lara el Menor aguardaban la llegada del rey de Portugal con sus tropas para unirse a ellos en el sitio al que proyectaban someter la ciudad de Valladolid, donde se encontraban la reina María de Molina y Fernando IV, [36] el rey aragonés atacaba Murcia y Soria, y el rey Don Dionís de Portugal atacaba a lo largo de la línea del río Duero, mientras que Diego López V de Haro sembraba el desorden en su señorío de Vizcaya. Ante ésta situación, la reina María de Molina amenazó al rey de Portugal con romper los acuerdos del año anterior si persistían sus ataques al reino y su apoyo al infante Juan y a Alfonso de la Cerda. [37] El soberano de Portugal, ante las amenazas de María de Molina, e informado de que Juan Núñez de Lara el Menor se negaba a sitiar Valladolid, así como que numerosos magnates, nobles y prelados desertaban del bando del infante Juan, retornó a Portugal, habíéndose apoderado previamente de Castel Rodrigo, Alfaiates y Sabugal, territorios pertenecientes a Sancho de Castilla "el de la Paz", nieto de Alfonso X el Sabio. [38] Poco después de la retirada del rey de Portugal, el infante Juan se retiraba a León y Alfonso de la Cerda regresaba a Aragón. [39] En octubre de 1296, las tropas de María de Molina, enferma de gravedad en esos momentos, cercaron Paredes de Nava, donde se hallaba María Díaz de Haro, esposa del infante Juan de Castilla, acompañada por su madre y por su hijo Lope. [40]

Cuando el infante Enrique "el Senador", que se hallaba conferenciando con el rey de Granada, tuvo conocimiento de que los aragoneses y los portugueses habían abandonado el reino de Castilla y León, y que la reina se encontraba sitiando Paredes de Nava, decidió a regresar a Castilla, temiendo que le privasen de la tutoría del rey. Sin embargo, presionado por Alonso Pérez de Guzmán y otros caballeros, antes de emprender el regreso, atacó a los granadinos, que en esos momentos habían vuelto a atacar a los territorios castellanos. A cuatro leguas de Arjona, se entabló una batalla con los granadinos, en la que hubiera perdido la vida el infante Enrique de no haberle salvado Alonso Pérez de Guzmán, pues la derrota castellano-leonesa fue completa, siendo saqueado el campamento cristiano.[41] A su regreso a Castilla, el infante Enrique persuadió a algunos caballeros y consiguió que se levantase el asedio a que se hallaba sometida Paredes de Nava, a pesar de la oposición de la reina María de Molina, que regresó a Valladolid en enero de 1297 sin haber tomado la plaza. [42] En 1297, durante las Cortes de Cuéllar, convocadas por la reina María de Molina, el infante Enrique presionó para que la plaza de Tarifa fuera devuelta al rey de Granada, no pudiendo conseguir su objetivo por la oposición de la reina. En dichas Cortes el infante Enrique consiguió que a su sobrino Don Juan Manuel se le entregase el castillo de Alarcón como compensación por haberle arrebatado los aragoneses la villa de Elche, a pesar de la oposición de la reina, que no deseaba sentar ese tipo de precedentes entre los nobles. [43] Poco antes de la firma del Tratado de Alcañices, Juan Núñez de Lara el Menor, que apoyaba a Alfonso de la Cerda y al infante Juan, fue sitiado en Ampudia, aunque consiguió escapar del cerco.[44]

El Tratado de Alcañices (1297)

Artículo principal: Tratado de Alcañices

En 1296, la reina María de Molina había amenazado al rey de Portugal con romper los acuerdos del año anterior si persistían sus ataques, ante lo cual Don Dionís de Portugal aceptó retirarse del reino de Castilla y León. Mediante el tratado de Alcañices quedaron fijadas, entre otros puntos, las fronteras entre el reino de Castilla y León y el reino de Portugal, que recibía una serie de plazas fuertes y villas a cambio de romper sus acuerdos que lo posicionaban en contra del reino de Castilla y León, y que habían sido firmados con Jaime II de Aragón, con Alfonso de la Cerda, con el Infante Juan de Castilla, y con Juan Núñez de Lara el Menor. [45]

Castillo de San Felices de los Gallegos (Salamanca). La localidad salmantina de San Felices de los Gallegos permaneció en poder del Reino de Portugal entre 1297, año de la firma del Tratado de Alcañices, y 1497, año en que fue devuelta al Reino de Castilla y León durante el reinado de los Reyes Católicos.

Al mismo tiempo, en el Tratado de Alcañices fue vuelto a confirmar el proyectado enlace entre Fernando IV y la Infanta Constanza de Portugal, al tiempo que se acordaban los esponsales entre el infante Alfonso de Portugal, heredero del trono lusitano, y la infanta Beatriz, hija de Sancho IV el Bravo y hermana de Fernando IV. Por otra parte, el monarca portugués aportó un ejército de trescientos caballeros, puestos a las órdenes de Juan Alfonso de Alburquerque, para ayudar a la reina María de Molina en su lucha contra el infante Juan, que hasta ese momento había recibido el apoyo del rey Dionís.

Además se estipulaba en el tratado que las villas y plazas de Campo Maior, Olivenza, Ouguela y San Felices de los Gallegos serían entregadas a Don Dionís de Portugal como compensación por la pérdida por parte de Portugal, durante el reinado de Alfonso III de Portugal de una serie de plazas que le fueron arrebatadas por Alfonso X el Sabio. Al mismo tiempo, le fueron entregadas al rey portugués las plazas de Almeida, Castelo Bom, Castelo Meior (Castelo Melhor), Castelo Rodrigo, Monforte, Sabugal, Sastres y Vilar Maior.Los monarcas castellano y portugués renunciaron a plantearse mutuamente reclamaciones territoriales en el futuro. Los prelados de los dos reinos acordaron el día 13 de septiembre de 1297 apoyarse mutuamente y defenderse de las posibles pretensiones, por parte de otros estamentos, de restarles libertades o privilegios. El Tratado fue ratificado no sólo por los dos monarcas de ambos reinos, sino también por una representación abundante de los brazos nobiliario y eclesiástico de ambas naciones, así como por la Hermandad de los concejos de Castilla y por su equivalente del Reino de León. A largo plazo las consecuencias de este tratado serán duraderas, ya que la frontera entre ambos reinos apenas fue modificada en el curso de los siglos posteriores, convirtiéndose de esa forma en una de las fronteras establecidas entre dos países más longevas del continente europeo.

Por otra parte, el Tratado de Alcañices contribuyó a asegurar la posición en el trono de Fernando IV, insegura a causa de las discordias internas y externas, y permitió que la reina María de Molina ampliase su libertad de movimientos al no existir ya disputas con el soberano portugués, que había pasado a apoyarla en su lucha contra el infante Juan, quien, en esos momentos, aún seguía controlando el territorio leonés.[46]

Última etapa de la minoría de edad de Fernando IV el Emplazado (1297-1301)

A finales de 1297, la reina envió a Alonso Pérez de Guzmán al reino de León para que combatiese al infante Juan de Castilla, que seguía controlando el territorio leonés.[47] A comienzos de 1298, Alfonso de la Cerda y el infante Juan, apoyados por Juan Núñez de Lara el Menor, comenzaron a acuñar moneda falsa, puesto que contenía menos metal del que correspondía, con el propósito de desestabilizar la economía del reino de Castilla y León. [48]

En 1298 la ciudad de Sigüenza cayó en poder de Juan Núñez de Lara el Menor, pero tuvo que evacuarla al poco tiempo a causa de la resistencia de los defensores y, poco después, caían en manos del magnate castellano Almazán, que se convirtió en la plaza fuerte de Alfonso de la Cerda, y Deza, siéndole además devuelto a Juan Núñez de Lara el Menor el Albarracín por el rey de Aragón, Jaime II el Justo. En las Cortes de Valladolid de 1298, el infante Enrique volvió a aconsejar la devolución de Tarifa a los musulmanes, negándose a ello la reina María de Molina. [49]

La reina María de Molina se entrevistó en 1298 con el rey de Portugal en Toro, y le solicitó que le ayudase en la lucha contra el infante Juan. Sin embargo, el soberano portugués se negó a atacar al infante y, de común acuerdo con el infante Enrique, propuso que Fernando IV llegase a un acuerdo de paz con el infante Juan, conservando el infante el reino de Galicia, la ciudad de León, y todas las plazas que había conquistado mientras durase su vida, pasando a Fernando IV todos esos territorios a la muerte del infante.[50] No obstante, la reina María de Molina, que se oponía al proyecto de entregar dichos territorios al infante Juan, sobornó al infante Enrique, a quien entregó Écija, Roa y Medellín para que el proyecto no siguiera adelante, logrando al mismo tiempo que los representantes de los Concejos rechazasen públicamente el proyecto del soberano portugués. [51]

Después de la entrevista con el monarca lusitano en 1298, la reina envió a su hijo, el infante Felipe, que contaba con siete años de edad, a Galicia, con el propósito de reforzar la autoridad real en aquella zona, en la que Juan Alfonso de Albuquerque y Fernando Rodríguez de Castro, señor de Lemos, sembraban el desorden. [52] En el mes de abril de 1299, una vez finalizadas las Cortes de Valladolid de ese año, la reina recuperó los castillos de Mónzón y de Becerril de Campos, en poder de los partidarios de Alfonso de la Cerda.[53] En 1299 Juan Alfonso de Haro, señor de los Cameros, capturó a Juan Núñez de Lara el Menor. Mientras tanto, la reina disponía tropas para socorrer la ciudad de Lorca, sitiada por el rey de Aragón Jaime II el Justo, al tiempo que, en agosto del mismo año, las tropas del rey castellano cercaban Palenzuela. [54] Juan Núñez de Lara el Menor fue libertado en 1299 a condición de que su hermana Juana Núñez de Lara "la Palomilla" se desposase con el infante Enrique "el Senador", de que rindiese homenaje a Fernando IV y se comprometiese a no guerrear contra él, y que devolviese a la Corona Osma, Palenzuela, Amaya, Dueñas, que le fue concedida al infante Enrique, Ampudia, Tordehumos, que le fue entregada a Diego López V de Haro, señor de Vizcaya, la Mota, y Lerma.[55] En marzo de 1300, la reina María de Molina se entrevistó con Don Dionís de Portugal en Ciudad Rodrigo, donde el soberano portugués solicitó fondos para poder abonar el coste de las dispensas matrimoniales que el papa debería otorgar, a fin de que se llevasen a cabo los esponsales entre Fernando IV y Constanza de Portugal, hija del rey de Portugal, así como el de la infanta Beatriz de Castilla con el infante Alfonso de Portugal.[56] En las Cortes de Valladolid de 1300 María de Molina, imponiendo su voluntad a las Cortes, consiguió reunir la cantidad necesaria de dinero con la que poder comprar la voluntad del papa Bonifacio VIII, a fin de que éste emitiera la bula que legitimaría el matrimonio del difunto Sancho IV el Bravo con la soberana.

Durante las Cortes de Valladolid de 1300 el infante Juan de Castilla renunció a sus pretensiones sobre el reino de Castilla y León, no obstante haber sido proclamado rey de León en 1296, y prestó público juramento de fidelidad a Fernando IV y a sus sucesores, el día 26 de junio de 1300. A cambio de su renuncia a la posesión del señorío de Vizcaya, cuya posesión le fue confirmada a Diego López V de Haro, el infante Juan y su esposa, María II Díaz de Haro recibieron Mansilla, Paredes de Nava, Medina de Rioseco, Castronuño y Cabreros.[57] Poco después, María de Molina y los infantes Enrique y Juan, acompañados por Diego López de Haro, sitiaron Almazán, pero levantaron el asedio por la oposición del infante Enrique. [58]

En 1301 Jaime II de Aragón sitió la villa de Lorca, perteneciente a Don Juan Manuel, quien entregó la villa al monarca aragonés, al tiempo que María de Molina, con el propósito de amortizar el desembolso realizado para proveer un ejército con el que liberar a la villa del cerco aragonés, ordenaba cercar los castillos de Alcalá y Mula, y sitiaba a continuación la ciudad de Murcia, donde se hallaba Jaime II, que pudo haber sido capturado por las tropas castellanas, de no haber sido prevenido por los infantes Enrique y Juan, temerosos de una completa derrota del soberano aragonés, debido a las buenas relaciones que ambos mantenían con él.[59] En el mes de abril de 1301 se celebraron Cortes en Burgos, en las que se concedieron los subsidios demandados por la Corona para financiar la guerra contra el reino de Aragón, contra el reino de Granada, y contra Alfonso de la Cerda, al tiempo que se concedían subsidios para conseguir la legitimación del matrimonio de la reina con Sancho IV el Bravo, enviándose 10.000 marcos de plata a Roma, a pesar de la hambruna que asolaba el reino.[60] En el mes de junio de 1301, en las Cortes de Zamora, el infante Juan y los ricoshombres de Léon, Galicia y Asturias aprobaron los subsidios demandados por la Corona.[61]

Reinado de Fernando IV el Emplazado (1301-1312)

En noviembre de 1301, hallándose la corte en Burgos, se hizo pública en el reino de Castilla y León la bula por la que el papa Bonifacio VIII legitimaba el matrimonio de María de Molina con el difunto rey Sancho IV el Bravo, siendo por tanto sus hijos legítimos a partir de ese momento. Con ello, el infante Juan y los infantes de la Cerda perdieron uno de sus principales argumentos a la hora de reclamar el trono, no pudiendo esgrimir en adelante la ilegitimidad del monarca castellano-leonés. También se recibió la dispensa pontificia que permitía el matrimonio de Fernando IV con Constanza de Portugal.[62] El infante Enrique, molesto por la legitimación de Fernando IV por el papa Bonifacio VIII, se alió con Juan Núñez de Lara el Menor para indisponer y enemistar a Fernando IV con su madre. A ambos magnates se les unió el infante Juan.[63] En 1301, mientras la reina se encontraba en Vitoria con el infante Enrique respondiendo a las quejas presentadas por el reino de Navarra en relación con los ataques castellanos a sus tierras, el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor indisponían al rey con su madre y procuraban su diversión en tierras de León, valiéndose de la afición que el monarca sentía por la caza, a la que se mostraba aficcionado desde joven.[64] Estando la reina en Vitoria, los nobles aragoneses, sublevados contra su rey, le ofrecieron su apoyo para conseguir que Jaime II de Aragón devolviera a Castilla las plazas de las que se había apoderado en el reino de Murcia.[65] En 1301 el infante Enrique, aliado con Diego López V de Haro, reclamó al rey, como compensación por abandonar la tutoría del soberano, y habíendo chantajeado previamente a la reina con declarar la guerra a su hijo si no accedían a sus deseos, la posesión de Atienza y San Esteban de Gormaz, que le fueron concedidas por el rey.[66]

Corona del rey Sancho IV el Bravo, padre de Fernando IV el Emplazado, rey de Castilla y León. La corona del rey fue descubierta en la tumba de Sancho IV el Bravo, situada en la Catedral de Toledo, en 1947. (Catedral de Toledo).

El día 23 de enero de 1302 Fernando IV contrajo matrimonio en Valladolid con Constanza de Portugal y Aragón, hija del rey Don Dionís de Portugal. En las Cortes de Medina del Campo de 1302, celebradas en mayo de ese año,[67] los infantes Enrique y Juan y Juan Núñez de Lara el Menor intentaron indisponer al rey con su madre, acusándola de haber regalado las joyas que le diera Sancho IV, y posteriormente, cuando se demostró la falsedad de esta acusación,[68] la acusaron de haberse apropiado de los subsidios concedidos a la Corona en las Cortes del reino de años anteriores, acusación que se demostró era falsa cuando Don Nuño, abad de Santander y canciller de la reina, revisó las cuentas de la soberana.[69] Mientras se celebraban las Cortes de Medina del Campo de 1302, a las que acudió la representación del reino de Castilla, murió el rey Muhammad II de Granada, siendo sucedido en el trono por Muhammad III de Granada, quien atacó el reino de Castilla y León y conquistó Bedmar. [70] En julio de 1302 se reunieron las Cortes en Burgos, a las que el monarca acudió con su madre, restablecidas las buenas relaciones con ella, y con el infante Enrique. El monarca, a pesar de hallarse bajo la influencia de su privado Samuel, de origen judío, que intentaba separar al rey de su madre, había decidido prescindir de la presencia del infante Juan y de Juan Núñez de Lara el Menor en dichas Cortes.[71] Terminadas las Cortes, el rey se dirigió a Palencia, donde se celebró el matrimonio de Alfonso de Castilla, hijo del infante Juan de Castilla, con Teresa Núñez de Lara, hija de Juan Núñez de Lara III el Viejo y hermana de Juan Núñez de Lara el Menor.[72] Mientras tanto, se acentuaba la rivalidad existente entre el infante Enrique, María de Molina y Diego López V de Haro de un lado, y el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor del otro. El infante Enrique amenazó a la reina con declarar la guerra a su hijo y a ella misma si no se accedía a sus demandas, al tiempo que los magnates procuraban eliminar la influencia que María de Molina ejercía en su hijo, a quien el pueblo comenzó a dejar de estimar, debido a la influencia que los ricoshombres ejercían sobre él.[73] En los últimos meses de 1302, la reina, que se hallaba en Valladolid, se vió obligada a aplacar a los ricoshombres y a la nobleza, que planeaban levantarse en armas contra Fernando IV, quien pasó las navidades de 1302 en tierras del reino de León, acompañado por el infante Juan y por Juan Núñez de Lara el Menor.

A comienzos de 1303 había una entrevista prevista entre el soberano portugués y Fernando IV, que confiaba en que su primo Don Dionís de Portugal le devolvería parte de los territorios que había obtenido mediante el Tratado de Alcañices de 1297. El infante Enrique, Diego López V de Haro y la reina madre se excusaron de asistir. El propósito de la reina al negarse a asistir era vigilar al infante Enrique y al señor de Vizcaya, cuyas relaciones con su hijo eran tensas debido a la amistad que el monarca concedía al infante Juan y a Juan Núñez de Lara el Menor.[74] En mayo de 1303 se celebró la entrevista entre Don Dionís de Portugal y Fernando IV en Badajoz, a quien el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor predispusieron en contra del infante Enrique y del señor de Vizcaya, al tiempo que las concesiones del soberano portugués, que se ofreció a ayudarle si fuera preciso contra el infante Enrique, decepcionaban al soberano castellano. [75]

Vistas de Ariza y muerte del infante Enrique de Castilla "el Senador" (1303)

Mientras el rey se encontraba en Badajoz, en 1303, se reunieron en Roa el infante Enrique, Diego López V de Haro y Don Juan Manuel, y acordaron que Don Juan Manuel[76] se entrevistase con el rey de Aragón, quien acordó con Don Juan Manuel que los tres magnates y él mismo se reuniensen el día de San Juan Bautista (24 de junio) en Ariza. Después, el infante Enrique comunicó sus planes a María de Molina, que se encontraba en Valladolid, con el propósito de que ella se uniera a ellos. El plan del infante Enrique consistía, a fin de lograr la paz en el reino y de eliminar la influencia del infante Juan y de Juan Núñez de Lara el Menor, en que Alfonso de la Cerda se conviertiese en rey de León y se desposase con la infanta Isabel, hija de María de Molina, al tiempo que el infante Pedro, hermano de Fernando IV, sería proclamado rey de Castilla y se desposaría con una hija de Jaime II de Aragón. El plan, que hubiera supuesto la disgregación de los territorios del reino de Castilla y León, así como la renuncia al mismo, forzosa u obligada, de Fernando IV el Emplazado, fue rechazado por la reina María de Molina, que se negó a secundar el proyecto y a entrevistarse con el soberano aragonés en Ariza. Fernando IV, mientras tanto, suplicaba a su madre que pusiese paz entre él y los magnates que apoyaban al infante Enrique, quienes volvieron a suplicar a la reina que apoyase el plan del infante, a lo que ella se negó.[77] Mientras se celebraban las Vistas de Ariza, la reina recordó al infante Enrique y a sus acompañantes la lealtad que debían a su hijo, así como los grandes heredamientos con que les había dotado, consiguiendo con ello que algunos caballeros abandonasen Ariza, sin secundar el plan del infante Enrique.[78]

Retrato que se supone representa a Don Juan Manuel, hijo del Infante Manuel de Castilla, y nieto de Fernando III el Santo, quien fue designado albacea testamentario por su tío, el infante Enrique de Castilla, junto con la reina María de Molina y el rey Fernando IV el Emplazado.

Sin embargo, el infante Enrique, Don Juan Manuel y otros caballeros se comprometieron a hacer la guerra al rey Fernando, así como a que le fuera devuelto el reino de Murcia al reino de Aragón, y a que el reino de Jaén le fuese entregado a Alfonso de la Cerda. Sin embargo, mientras la reina María de Molina reunía los Concejos y estorbaba los propósitos del infante Enrique, éste enfermó de gravedad y hubo de ser trasladado a su villa de Roa.[79] Ante la enfermedad del infante Enrique, la reina, temerosa de que sus señoríos y castillos pasasen a Don Juan Manuel y a Lope Díaz de Haro, a quienes el infante planeaba legar sus posesiones a su muerte, persuadió al confesor del infante, así como a sus acompañantes, de que convencieran al infante Enrique para que a su muerte sus bienes revirtieran a la Corona, a lo que el infante se negó, pues no deseaba que sus bienes pasasen a ser de su sobrino Fernando IV.[80] Cuando Don Juan Manuel, sobrino carnal del infante Enrique, llegó a Roa, le encontró sin habla y, tomándole por muerto, se apropió de todos los objetos valiosos que allí había, como refiere la Crónica de Fernando IV:

"E desque vió á D. Enrique fallolo sin fabla, é cuydando que era muerto, tomóle quanto le falló en la casa, plata é bestias é cartas que tenia blancas del sello del rey, é salió fuera de la villa é levó consigo quanto y falló de D. Enrique, é fuese para Peñafiel, que era deste D. Juan Manuel." [81]

La reina envió entonces órdenes a todas las fortalezas del infante moribundo, en las que se disponía que si el infante Enrique falleciese, no entregasen los castillos si no a las tropas del rey, a quien pertenecían. Mientras el infante Enrique agonizaba, Fernando IV hizo un pacto con el rey Muhammad III de Granada, en el que se estipulaba que el soberano granadino conservaría Alcaudete, Quesada y Bedmar, mientras que Fernando IV conservaría la plaza de Tarifa. El soberano nazarita se declaró vasallo de Fernando IV y se comprometió a pagarle las parias correspondientes.[82]

Antes de su fallecimiento, el infante dictó testamento. El documento original se conservaba en el Monasterio de San Francisco de Valladolid, donde el infante dispuso que recibieran sepultura sus restos mortales después de su fallecimiento. [83] En su testamento, el infante nombraba testamentarios a su sobrino-nieto Fernando IV el Emplazado, a su prima la reina María de Molina, a su sobrino Don Juan Manuel y a su confesor, Fray Pedro Ruiz. En su testamento el infante ordenaba que su cadáver recibiese sepultura en el Monasterio de San Francisco de Valladolid, de la orden de los franciscanos. Ordenaba además que todos los señoríos que le habían sido concedidos por el rey Fernando IV fueran devueltos a la Corona a su muerte, así como que se devolviera a la reina María de Molina la localidad de Écija, que ella le había entregado, y a la Orden de Calatrava disponía que se le devolviera la localidad de Cogolludo. Por otra parte, ordenaba que todos las posesiones que él tenía y que pertenecían a las Órdenes Militares les fueran devueltas. Rogaba además a sus testamentarios que tratasen bien a sus servidores y que les concediesen algunas de sus propiedades si ello era posible.[84]

El día 8 de agosto de 1303 falleció el infante Enrique, a los 73 años de edad. Al saber que había fallecido el infante Enrique, Fernando IV se mostró complacido y concedió la mayoría de sus tierras a Juan Núñez de Lara el Menor, a quien también concedió el cargo de Adelantado Mayor de la Frontera de Andalucía, y a los hombres que se hallaban con él, al tiempo que devolvía Écija a su madre, por haber sido suya antes de que ella se la entregara al infante Enrique.[85]

Sepultura del infante Enrique de Castilla "el Senador"

A su muerte, el cadáver del infante Enrique fue trasladado desde Roa, localidad en que falleció, hasta la ciudad de Valladolid. El cadáver del infante Enrique recibió sepultura, tal como él había dispuesto en su testamento, en el Monasterio de San Francisco de Valladolid, de la orden de los franciscanos.[86] Tras su fallecimiento, los vasallos del infante dieron escasas muestras de duelo por él y, cuando tuvo conocimiento de ello la reina María de Molina, ordenó que se colocase sobre el ataúd un paño de brocado, así como que a los funerales asistiesen todos los clérigos y nobles presentes en Valladolid. María de Molina estuvo presente en el sepelio del infante junto con su hija la infanta Isabel de Castilla, y ambas guardaron luto por el infante durante ese día, así como dispuso la reina que se celebrasen las honras transcurridos cuarenta días.[87]

En el siglo XVI, el cronista Ambrosio de Morales dejó constancia de que se desconocía el lugar exacto en que reposaban los restos del infante Enrique,[88] aunque el escritor Antolínez de Burgos manifestó que los restos del infante se encontraban en un nicho situado en la capilla mayor de la iglesia del monasterio, en el lado del Evangelio. No obstante, el Monasterio de San Francisco de Valladolid fue demolido en el año 1837.[89]

Matrimonio y descendencia del infante "Enrique el Senador"

El infante Enrique contrajo matrimonio en 1299 con Juana Núñez de Lara "la Palomilla", hija de Juan Núñez de Lara III el Viejo, señor de Lara, y hermana de Juan Núñez de Lara el Menor, quien heredó el señorío paterno. El infante Enrique contaba con 69 años de edad cuando contrajo matrimonio con Juana Núñez de Lara y no hubo descendencia fruto de éste matrimonio. Posteriormente, una vez que hubo enviudado del infante Enrique, contrajo matrimonio con Fernando de la Cerda, hijo de Alfonso de la Cerda y nieto de Alfonso X el Sabio.[90]

Fruto de la relación entre el infante Enrique y Mayor Rodríguez Pecha, hija de Rodrigo Pecha, señor de Atanzón, nació un hijo:

  • Enrique Enríquez de Castilla. Señor de la Puebla de los Infantes. Contrajo matrimonio alrededor del año 1300 con Estefanía Rodríguez de Ceballos, señora del Vado de las Estacas y Villalba. Fruto del matrimonio de ambos nació Enrique Enríquez "el Mozo", señor de Villalba, que contrajo matrimonio con Urraca Pérez de Castro, hija de Pedro Fernández de Castro "el de la Guerra" señor de Lemos y Sarria.[91]

Referencias

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Enlaces externos

Véase también




Predecesor:
Diego López V de Haro
Señor de Vizcaya
1294 - 1295
Sucesor:
Diego López V de Haro
Obtenido de "Enrique de Castilla %22El Senador%22"

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