Eubalaena glacialis


Eubalaena glacialis

Eubalaena glacialis

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Ballena franca glacial
Eubalaena glacialis with calf.jpg
Una ballena franca glacial con su ballenato.
Estado de conservación
En peligro (EN)
IUCN 3.1[1]
Clasificación científica
Reino: Animalia
Filo: Chordata
Clase: Mammalia
Orden: Cetacea
Suborden: Mysticeti
Familia: Balaenidae
Género: Eubalaena
Especie: E. glacialis
Nombre binomial
Eubalaena glacialis
Müller, 1776
Distribución
Distribución
Distribución

La ballena franca glacial o ballena de los vascos (Eubalaena glacialis) es una especie de cetáceos del suborden Mysticeti, pertenecientes al género Eubalaena. Se extiende por el Atlántico norte.

Contenido

Descripción

La ballena franca glacial tiene una longitud aproximada de 14-18 m, aunque puede alcanzar los 24 m, un tercio de los cuales corresponde a la cabeza. Pesa entre 36 y 72 t.

La piel, desnuda, es negra en el dorso y blanca en la zona del mentón. Mandíbula fuertemente recurvada, con el extremo anterior dirigido hacia abajo. Con engrosamientos o callosidades de color claro en la cabeza que varían en tamaño, grosor y posición, lo que permite su identificación individual. Coloración negra en los adultos con mancha ventral blanca en algunos ejemplares. En su boca cuelgan 300 barbas de más de 3 metros de longitud. No posee aleta dorsal ni pliegues en la garganta[2] Kraus y Rolland, 2007.[3]

Hábitat

Se la puede encontrar en aguas poco profundas cercanas a la costa en bahías y penínsulas. Su ciclo anual ocupa dos tipos de hábitats; en verano se desplaza hacia aguas frías del Atlántico norte ricas en zooplacton en donde se alimentan. En invierno las hembras preñadas emigran hacia aguas subtropicales y allí tienen lugar los partos.

Hábitat en el Atlántico occidental

En la Bay of Fundy (Canadá) se pueden observar en verano y otoño ballenas en zonas en las que la densidad media de Calanus finmarchicus, (presa principal de esta especie), es de 1139/ m3 ( Woodley y Gaskin, 1996).[4] Las hembras preñadas emigran en invierno hacia aguas subtropicales (Florida y Georgia) y allí tienen lugar los partos. Para ello eligen zonas con una profundidad situada entre 13 y 19 m y una temperatura del mar entre 13 y 16 ºC (Garrison, 2007).[5] Una parte de la población permanece en aguas de la bahía de Cape Cod, mientras que el resto de la población se desconoce hacia donde se desplaza.

Hábitat en el Atlántico oriental

En invierno emigraban hacia el Golfo de Vizcaya, aguas situadas entre los archipiélagos de Azores y Madeira y las costas del noroeste de África. En verano se dirigían hacia los mares situados entre Islandia, las islas Svalbard y las costas de Noruega. La presencia de la ballena de los vascos en las aguas del Cantábrico se corresponde con la época de partos y periodo inmediatamente posterior. Durante el verano ascendían hacia el atlántico Norte, siguiendo la costa francesa y atlántica de Irlanda, pasando por las Hébridas, hacia Islandia y Noruega donde se alimentában. Esto se puede deducir de la fenología de capturas de las primeras décadas del siglo XX (Brown,1986)[6] ya que esos países nórdicos muestran un pico de presencia en el mes de junio. En Irlanda las capturas se concentraban en la primera mitad de junio y precedían a las capturas realizadas en las bases escocesas de las islas Hébridas, (Fairley , 1981)[7] que se concentraban en la segunda mitad de junio y julio. Por lo que se deduce que las ballenas se encontraban en Irlanda en tránsito y no eran por tanto sus territorios estivales de alimentación.

Caza

A pesar de que en un inicio los medios de casa fueron artesanales, (chalupas y arpones), su explotación masiva, desde el siglo VIII hasta 1901, año en que se cazó la última ballena franca en Orio, provocó prácticamente su extinción. En la Edad Media desde las atalayas de los pueblos de la costa del Cantábrico, los atalayeros daban la alarma cuando las ballenas, escapando de las aguas frías del Mar del Norte se acercaban a estas costas. Entonces se preparaban pinazas con 10 o 15 remeros y un arponero que clavaba el arpón en la cabeza del animal, comenzando una dura lucha hasta que el animal era vencido y se remolcaba hasta la costa. Las disputas entre pueblos costeros eran comunes en la época. Las rivalidades fueron origen de numerosos conflictos y desafíos. Siendo el embrión de las actuales regatas de traineras.

Abundancia antes del siglo XIX

Atlántico occidental

Se desconoce cual era el tamaño de las poblaciones antes del comienzo de su caza. Se ha estimado que tan solo en América del norte entre los años 1634 y 1951 se cazaron un mínimo de 5.500 individuos, aunque probablemente fuesen el doble (Reeves et al., 2007).[8] Las primeras cacerías de ballenas fueron hacia el año 1500 cuando se establecieron pescadores vascos en Labrador (Canadá) (Aguilar, 1986).[9] Las poblaciones americanas continuaron cazándose hasta principios del siglo XX. Cuando la especie fue protegida en 1935 sólo quedaban unos 50 individuos. Desde entonces ha aumentado su número a unos 350, cifra en la que se ha mantenido durante los últimos años. El análisis de ADN de huesos de ballenas procedentes de estaciones balleneras establecidas por los vascos en Labrador (Canadá), sugiere un escenario distinto al que se creía. Se analizaron 21 individuos de ballena procedentes de un depósito, pero solamente uno perteneció a E. glacialis. En otro análisis más amplio de restos de al menos 97 individuos de ballena, solamente uno era de E. glacialis. Estos resultados sugieren que los balleneros vascos no han sido responsables del declive supuesto de la especie en las costas americanas, sino que más bien la especie ha tenido un tamaño de población relativamente pequeño (Frasier et al., 2007).[10] Los verdaderos culpables de la practica extinción de la ballena franca en estas aguas fueron las cacerías modernas. El tamaño mínimo poblacional en base a individuos identificados en las costas de Norteamérica se estimó en 295 en 1992 (Knowlton et al., 1994).[11] En 2002 se ha estimado el tamaño mínimo de población en 328 individuos (Pike, 2003)[12] y en 2003 en 342 individuos (Hall, 2004).[13] Sin embargo, los análisis genéticos de paternidad muestran que hay machos y hembras que no se tienen identificados y que por lo tanto el tamaño de población debe ser mayor (Frasier et al., 2007)7.

Atlántico oriental

Aunque se tiene noticia de una venta en el año 670 de 10 toneladas enviadas a la abadía de Jumieges a orillas del Sena, la primera cita documental del uso de las ballenas procede del País Vasco francés (Bayona) y corresponde al año 1059, seguido en España por una de Santoña, datada en 1190 y otra de Motrico de 1200 (González Echegaray, 1978).[14] En Asturias la primera cita conocida es de 1232 (Graells, 1889)[15] y en Galicia se remonta a 1371 (Canoura, 2002).[16] De todas maneras, hay varias evidencias arqueológicas de la utilización de los restos de ballenas en época prerromana: en un castro de la Campa de Torres (Gijón) procedente del siglo IV o III a. C., Pero no se puede asegurar si fue cazada activamente o simplemente se aprovecho un varamiento accidental (Nores y Pis Millán, 2001).[17] Hay datos poco claros como: una vértebra aparecida entre material mezclado de la muralla romana de Gijón (siglos III-IV d. C.) y el reutilizado para construcciones posteriores (siglos XVI-XVII), por lo que no está probada fehacientemente la caza de ballenas en la Edad Antigua (Morales et al., 1992). Los historiadores sitúan el apogeo de la caza de la ballena en el Cantábrico entre los siglos XIII-XIV, su declive en torno a lo largo de los siglos XVI-XVII y su liquidación final en el XVIII, aunque no hay evidencias suficientes que permitan cuantificar las capturas antes del siglo XVI. A partir de este momento aparecen en documentos históricos series de capturas desde la implantación, a mediados del siglo XVI, del diezmo de las ballenas para aclarar los conflictos hasta entonces recurrentes entre los señores jurisdiccionales de los puertos y los armadores y capitanes de las compañías (Canoura, 2002). Según los registros conservados, en el Cantábrico se llegaban a contabilizar una media de casi 3 capturas por año y puerto durante la segunda mitad del siglo XVI y primeros años del XVII. A lo largo de la primera mitad del siglo XVII este valor cayó hasta 0,5 ballenas por año y puerto. Esto continuo así hasta que la actividad ballenera tradicional fue desapareciendo a medida que desaparecían las ballenas a lo largo del siglo XVIII. Es más difícil si cabe conocer el cese de la actividad en los puertos vascos, ya que se continúo cazando ballenas en Terranova, y en Vizcaya y Guipúzcoa se arponearon ocasionalmente ballenas a lo largo del siglo XIX.

Poblaciones en los siglos XIX y XX hasta la actualidad

Atlántico occidental

Cuenta con unos 350 ejemplares (en 2003 un mínimo de 342 ejemplares) y desde 1986 han muerto 50 ballenas, de las cuales al menos 19 por colisiones con navíos y 6 al enredarse en redes. Antes del 2000 había un promedio de 12 ballenatos al año pero entre 2001 y 2005 esa cifra aumento a un rango entre 16 y 31 ballenatos. Estos datos aunque buenos no son muy esperanzadores ya que conllevarían un aumento del 1,6 por ciento anual lo que no es suficiente para paliar las bajas sufridas por causas no naturales. En el Golfo de México sólo se conocen dos registros desde el año de 1900, un avistamiento en la costa occidental de Florida y el varamiento de una cría en la costa de Texas.

Atlántico oriental

Balleneros norteamericanos capturaron entre 19-30 ejemplares en la bahía de Cintra situada en el Sáhara Occidental entre 1855-1866 y en la década de 1880 (Reeves et al., 2007). En el norte de Europa todavía se capturaron entre 134 y 137 ballenas desde 1900 hasta 1937, la mayor parte en las Hébridas y las Islas Shetland (Brown, 1986). A partir de entonces los registros en el Atlántico nororiental han sido excepcionales. En latitudes más meridionales se observaron y capturaron ejemplares de esta especie hasta la actualidad, incluso en dos ocasiones hembras con cría. Es difícil establecer si se trata de ejemplares remanentes de una población residual o ejemplares divagantes de la población del Atlántico occidental. Se ha constatado este último fenómeno, al menos en las costas de Noruega (Jacobsen et al., 2004). En el siglo XX tan solo se dieron dos citas en las costas noruegas, una en 1926 y otra en 1999. Recientemente se observo un ejemplar proveniente de Canada en el norte de Noruega, tras lo que se pudo constatar que regreso a su lugar de origen. En el mediterráneo tan solo se conocen dos varamientos ocurridos durante la segunda mitad del siglo pasado, uno en las costas de Italia y otro en Argelia. En sus desplazamientos invernales algunos ejemplares alcanzan las Islas Canarias. Los avistamientos en aguas de Canarias podrían estar relacionados con la recuperación como zona de invernada y cría de la vecina costa de Mauritania. En Canarias su presencia había pasado desapercibida hasta la primavera de 1995 en que se observó un ejemplar solitario, a escasa distancia de la costa suroeste de Tenerife. Posteriormente se han registrado dos avistamientos más en Benderlau, La Gomera. Estas observaciones, y las realizadas en Portugal y Galicia parecen indicar que la especie está recuperando sus poblaciones en el Atlántico europeo y por lo tanto podemos esperar que los avistamientos sean cada vez más frecuentes. Un grupo de ballenas acude en invierno con sus crías a la Bahía de Cintra y a la Bahía de Gorey, a unos 150 kilómetros al sur de Villa Cisneros. Podrían constituir el último núcleo reproductor residual a este lado del Océano Atlántico.

Año Localidad Tipo de observación Autor
1805 Fuenterrabía Captura
1854 San Sebastián Captura
1878 Guetaria Captura
1893 San Sebastián Captura
1901 Orio Captura Nores y Pérez, 1983
1914 Azores Captura fallida Brown, 1986
Antes de 1930 Frente a Oporto Captura Teixeira,1979[18]
1959 Madeira Captura Jonsgård, en Brown, 1986
1967 Madeira Captura* Maul y Sergeant, 1977
1978 Frente a Finisterre (Galicia) Observación Aguilar, 1981
1980 Golfo de Vizcaya Observación Brown, 1986
2º mitad S. XX Costa Holandesa Restos óseos Kompanje y Smeenk, 1996
1993 Estaca de Bares (Galicia) Observación Arcos y Mosquera, 1994
1995 Frente al Cabo de San Vicente (Portugal) Observación* Martin y Walter, 1997
1995 Canal entre Tenerife y La Gomera Observación
La Gomera Dos observaciones distintas Benderlau
Canal entre Tenerife y Gran Canaria Observación
Entre la Punta de Teno y la Punta de Rasca Observación (Martín et al., 1998; Aguilar, 1999)
* Hembra acompañada por una cría.

Pescadores de la zona colindante entre Galicia y Asturias, afirman haber visto en varias ocasiones una ballena oscura de vientre blanco, saltando cerca de costa, y que por la descripción podría tratarse de un ejemplar de ballena vasca.

Amenazas

Ha sufrido persecuciones debido a cuatro causas fundamentales: vivir cerca de la costa, flotar cuando está muerta, nadar despacio y poseer una capa de grasa mayor (representa el 36-45% del peso total) que en ninguna otra especie.

Las principales amenazas que se ciernen actualmente sobre la especie son:

  • Colisiones con buques: el 7% tiene marcas de heridas producidas por hélices de buques y en torno al 20% de la mortalidad se debe a colisiones con buques (Kraus, 1990). De 45 casos de mortalidad registrados en el periodo 1970-1999, el 35,5% se debieron a colisiones con barcos ( Knowlton y Kraus, 2001). La gran flotabilidad de esta especie hace difícil la inmersión como respuesta al acercamiento de un buque. Además su capacidad de maniobra durante el ascenso a la superficie es limitado (Nowacek et al., 2001).
  • Enredamiento en artes de pesca: el 57 % de los individuos tienen marcas de haberse enredado en artes de pesca y entre el 12% y 6,7% la mortalidad se debe a esta causa según dos estudios (Kraus, 1990) (Kenney y Kraus,1993). Desde 1986, 61 ejemplares han sido observadas con redes en su cuerpo, de las que se ha confirmado su muerte en al menos seis individuos (Moore et al., 2007).
  • Tamaño reducido de población: mediante análisis de ADN se ha comprobado que la variabilidad genética es reducida, lo que sugiere que hay menores tasas de fertilidad, fecundidad y supervivencia de las crías (Schaeff et al., 1997).
  • Productividad del hábitat: un estudio sugirió que la población actual puede representar la capacidad de carga del hábitat hoy en día. Lo cual parece improbable ya que no hay evidencia de cambios oceanográficos (Kraus et al., 2007).
  • Ingestión de basura: cuando se alimenta en la superficie puede llegar a ingerir restos flotantes de basura (Kraus et al., 2007).
  • Efecto del ruido sobre la comunicación entre las ballenas: el incremento del ruido producido por las actividades humanas es un peligro potencial para la comunicación social de las ballenas (Parks y Clark, 2007, Clark et al., 2007).
  • Contaminación: se han encontrado niveles altos de PCB, seguido en importancia por DDT. (Woodley et al., 1991). Sin embargo, aunque las concentraciones de PCB aumentan con la edad en los machos, la acumulación de contaminantes en la grasa muestra variaciones que se deben a la ingestión de alimento en distintos sitios y a la eliminación de algunos contaminantes durante la disminución de lípidos en el invierno (Weisbrod et al., 2000).

Véase también

Referencias

  1. 2007 IUCN Red List – Search
  2. Aguilar, A. (1995). Eubalaena glacialis, Cetacea. Aula Verlag, Wiesbaden
  3. The Urban Whale. North Atlantic Right Whales at the Crossroads. Harvard University Press, Cambridge.
  4. Woodley, T. H., Gaskin, D. E. (1996) Environmental characteristics of North Atlantic right and fin whale habitat in the Lower Bay of Fundy, Canada. Canadian Journal of Zoology, 74
  5. Garrison, L. P. (2007). The Big Picture: Modeling Right Whales in Space and Time.
  6. Brown, S. G. (1986). Twentieth-century records of right whales (Eubalena glacilis) in the northeast Atlantic ocean. Reports of the International Whaling Commision.
  7. Fairley, J. (1981). Irish whales and Whaling. Blackstaff Press, Belfast.
  8. Reeves, R. R.,Smith, T. D., Josephson, E. A.(2007). Near-Annihilation of Species: Right Whaling in the North Atlantic. Harvard University Press
  9. Aguilar, A. (1986). A review of old Basque whaling and is effect on the right whales of the nosth Atlantic. Reports of the International Whaling Commission, 10
  10. Frasier, T. R., McLeod, B. A., Gillet, R. M., et al., (2007) Harvard University Press, Cambridge.
  11. Knowlton, A. R. et al. (2004). Reproduction in North Atlantic right whales (Eubalaena glacilis). Canadian Journal of Zoology, 72
  12. Pike, B. (2003). The north atlantic right whale catalog: An update on mortality, reproduction and population status. New Bedford Whaling Museum.
  13. Hall, L. (2004). The north atlantic right whale catalog.
  14. González Echegaray, R. (1978) Balleneros cántabros. Institución Cultural de Cantabria/Caja de Ahorros de Santander, Santander.
  15. Graells, M. de la P. (1889). Las ballenas en las costas oceánicas de España. Mem. Real Acad. Cien. Exact. Fis. Nat. 23.
  16. Canoura, A. (2002). A pesca da balea en Galicia non sécalos XVI e XVII. Xunta de Galicia, Santiago de Compostela.
  17. Nores, C., Pis Millán, J. A. (2001) Determinación de la escápula de ballena encontrada en la Campa Torres. El Castro de la Campa Torres. Ayuntamiento de Gijón. Gijón.
  18. Teixeira, A. M. (1979). Marine mammals of the Portuhuese coast. Z. Säugetierkd., 44

Enlaces externos

Bibliografía

  • ”Jugando con ballenas, La ballena franca o ballena de los vascos” Josefa A. Bontigui Eskisabel, Eusko Jaularitza *”Balea eta euskaldunak” Murgia eta Sardea taldeak, Elhuyar
  • Les mammiferes marins de la Méditerranée occidentale, Dugury, R. (1990)
  • Townsend´s unmapped North Atlantic right whales (Eubalaena glacialis) Schevill, .W.E. y Moore, K. E (1983)
Obtenido de "Eubalaena glacialis"

Wikimedia foundation. 2010.

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