Gilles de Rais

Gilles de Rais
Retrato imaginario de Gilles de Rais.

Gilles de Montmorency-Laval, baron de Rais, llamado Gilles de Rais (o Gilles de Retz) (10 de septiembre de 1404 - 26 de octubre de 1440), fue un noble y asesino en serie francés del siglo XV que luchó en los años finales de la Guerra de los Cien Años junto a Juana de Arco, a la que siguió y en la que creyó siempre.

Contenido

Biografía

Consiguió convertirse en mariscal tras su participación en la Guerra de los 100 años y amasó una gran fortuna. Pero, su buena fama en los pueblos franceses se vio truncada cuando se descubrió las atrocidades que había cometido con centenares de niños y niñas en una corte formada por brujos, alquimistas, videntes y adoradores del Diablo. Se dice que podía poseer una mentalidad psicopática, originada en su infancia, y que podía haber sufrido una gravísima esquizofrenia.

Junto con Erzsébet Báthory, la aristócrata húngara conocida cómo «la condesa sangrienta», es considerado como uno de esos aristócratas que utilizó su gran fortuna para dar rienda suelta a sus fechorías. Este hombre impulsivo, cuyos crímenes contradecían su exacerbada fe y creencia cristiana, que seguía la frase de San Agustín «Felix culpa!» —traducido cómo «¡Dichosa culpa!»— y que tuvo un anhelado deseo del perdón de Dios inspiró a Charles Perrault a la hora de explicar la historia de Barba Azul.

Georges Bataille lo calificó como «un niño con poder», y lo acusó de «ser un monstruo esencialmente infantiloide» y de «tener un carácter arcaico». En sus juicios, de Rais dijo que había actuado según la naturaleza que le habían impuesto los astros, y que no podía controlarse.

Infancia y juventud

Primer hijo de uno de los grandes linajes de Francia, Guy II de Laval y Marie de Craon nació en la torre negra del castillo de Champtocé, bañado por el río Loira en la región de Bretaña. Durante su infancia estuvo muy unido a su hermano pequeño, René de Susset (1407 - † ...), junto con el cual fue encomendado a varias nodrizas y tutores eclesiásticos, quienes abandonaron su puesto debido a la mente sádica y cruel de Gilles.

Un hecho que marcó a Gilles fue la muerte de su padre durante una sesión de caza. Guy II de Laval, después de herir a un verraco, fue embestido por éste en un último intento de venganza y le clavó los cuernos en el estómago. Gilles, que tenía 9 años, vio la escena y la agonía de su padre, y cómo sus vísceras se esparcían por su lecho. En el futuro, Gilles reconstruiría esta escena con sus víctimas, quedándose ensimismado con el espectáculo de sangre y entrañas que tenía delante de sí.

La viuda Marie de Craon murió poco después y Gilles y su hermano quedaron bajo la tutela de su abuelo materno, Jean de Craon, un hombre que inculcó en sus nietos el narcisismo, la soberbia, el poder y el orgullo, elementos que conformarían la personalidad de Gilles. Éste, que veía cómo su abuelo prestaba más atención a su nieto pequeño, se refugió en la biblioteca. Allí encontró un libro muy especial para él: Las vidas de los doce césares de Suetonio. Sus páginas le mostraron cómo los césares, hombres poderosos donde los hubiera, hacían lo que querían sin dar explicaciones posteriores a nadie (sus emperadores favoritos fueron los desequilibrados Nerón, Tiberio y Calígula, modelos que influyeron en su vida adulta) y, según dijo en sus juicios, De Rais no tuvo ningún tipo de control por parte de su abuelo e hizo siempre lo que quiso, moviéndose por impulsos violentos la mayoría de veces.

Con 14 años su abuelo le regaló una armadura milanesa y fue proclamado caballero. Manejó la espada y pronto se aburrió de practicar sólo con peleles, muñecos construidos para la práctica, comenzando a mostrar su agresividad hacia todo ser viviente que hubiera cercano a él. Primero fueron animales, pero luego fueron personas. Un caso fue el de su amigo de la infancia y compañero Antoin: después de proponerle un duelo con machetes, a Gilles se le fue de las manos y le clavó el suyo en el cuello. En vez de ayudarlo en salvarle la vida, Gilles observó cómo su amigo se desangraba y disfrutó con la escena. Tenía 15 años y fue su primer asesinato. Debido a su condición de noble y la intermediación de su abuelo, De Rais quedó sin condena y la familia de Antoin, de origen humilde, aceptó la indemnización que se les ofreció. Otros delitos que se conocen son alguna que otra perversión sexual que, claro, quedaron sin castigo.

Su abuelo De Craon, hombre sin escrúpulos, sólo quería engrandecer su fortuna y poder de forma calculadora, a diferencia de Gilles, hombre también carente de escrúpulos, que se dejaba llevar por sus impulsos violentos pero que era un inútil en política. Un hecho describe la personalidad de abuelo y nieto: cuando intentaron extorsionar a una familia raptando a una gran dama, sus tres hermanos quisieron rescatarla y fueron encarcelados también por Craon, de forma que uno de ellos murió de hambre.

Acciones militares

Escudo de armas de Gilles de Rais.

Su enorme agresividad y psicopatía lo llevaron a alistarse en el ejército para desahogarse con los enemigos a los que se enfrentaba. Su abuelo De Craon quería que llegase a la cumbre del poder francés y para ello le recomendó a Guillaime La Jumelliers como consejero en política, estrategias militares y finanzas. Se puso a las órdenes de Juan V, duque de Bretaña en las querellas residuales de la Guerra de Sucesión Bretona, entre los Montforts y los Penthièvres. Luchó siempre en la vanguardia con sus soldados —tropas pagadas por él—, y sus compañeros de armas lo admiraban porque parecía poseído cuando luchaba dando mandobles, con una rapidez y fuerza increíbles, pareciendo que eran los demonios quienes regían sus movimientos.

Con 17 años, de vuelta a casa después de esta campaña, Gilles raptó a su prima Catherine de Thouarscon, de 15 años, y se casó con ella ese mismo día, el 24 de abril de 1422. La familia Thouarson poseía varios castillos que, unidos a los suyos, harían de la unión la familia más rica y potente de Francia. Pero Gilles se equivocaba y la familia de su mujer no aceptó la unión matrimonial, por lo que en venganza Gilles raptó a su suegra y la encerró a pan y agua hasta que cedió los castillos que él pedía. Mientras tanto, Gilles y su primera esposa, tardaron siete años en tener descendencia, Marie, nacida en 1429, debido a las tendencias homosexuales que le hicieron desinteresarse por su mujer. Catherine, con su hija en brazos, huyó y se refugió en uno de los castillos de su padre. Gilles nunca mostró interés alguno por ninguna de ellas.

Después de las campañas de Juan V, Gilles rindió homenaje a Carlos VII, delfín de Francia en aquel momento, para combatir contra los ingleses y sus aliados de Borgoña. Lo reclutó Georges La Tremoille, gran chambelán del rey, hombre astuto y hábil que vio la capacidad combativa y guerrera de Gilles, quien arrastraba tras de sí a los soldados en las batallas. En aquel momento, La Tremoille pretendía aprovechar los éxitos militares para mantenerse en el poder. Fue en esa época —en la que, no olvidemos, la guerra era para los nobles un mero entretenimiento— cuando Gilles conoció, en 1429, a Juana de Arco, con la que quedó fascinado y maravillado por su historia y belleza física.

El Delfín Carlos concedió un pequeño ejército a Gilles y a Juana para liberar Orleans del asedio inglés. Junto a ellos estaban otros generales como el Bastard de Órleans —Conde de Dunois—, el Duque de Alençon y La Hire. En sólo ocho días las fuerzas francesas lograron levantar un sitio que duraba ya varios meses. Entraron triunfales en la ciudad y todo el mundo los veía como los salvadores de Francia. Poco después contribuyó a las victoria francesas en la batalla de Jargeau y en la batalla de Patay. Su audacia y violencia en combate eran comparables a la de los berseker vikingos. Gilles llegó a decir durante las campañas con Juana que ella era Dios y que si debía matar ingleses por mandato de Dios, así lo haría. Se convirtió en su escolta y protector, salvándola en varias ocasiones en los fragores de las batallas, como en el ataque a París a finales de 1429. Pese a las matanzas y crueldades de la guerra, Gilles se sentía realizado espiritualmente, ya que Juana lo inspiraba y había rendido un gran servicio a su patria. Además, en ese mismo año fue proclamado mariscal de Francia con tan sólo 25 años —caso único en la historia francesa—, amasando una inmensa fortuna. Adoptó la flor de lis en su escudo de armas, cuando Carlos VII fue proclamado rey el 17 de julio en la catedral de Reims.

Mientras disfrutaba de su posición como mariscal de Francia ocurrió otro hecho que lo marcó de por vida: la captura y condena a muerte en la hoguera de su amiga Juana de Arco, el 31 de mayo de 1431. Pese a que intentó ayudarla contratando un pequeño ejército de mercenarios, aún no se sabe qué pasó para que no llegara a tiempo, ya que tan sólo se encontraba a 25 kilómetros de Ruan, localidad en que se había llevado a cabo el juicio. Su última acción en la Guerra de los Cien Años fue en la batalla de Lagny en agosto de 1432, en la que resultó victorioso.

Además de la muerte de Juana de Arco, el chambelán La Tremoille, su protector, cayó en desgracia en 1434 después de la campaña de amparo al duque de Bourbon contra el duque de Borgoña, que sitiaba la ciudad de Grancey. Perdida su condición de mariscal, Gilles se refugió en el castillo de Tiffauges, ubicado en la Vendée, y se convirtió en un demonio que afloró sus instintos más perversos. Su mente se volvió más enfermiza debido a que no participaba en guerras para tranquilizarse y a que, tras la muerte de su abuelo en 1432, Gilles tuvo plena libertad para hacer lo que quisiera, como los emperadores romanos cuya vida había leído tiempo atrás.

Declive y crímenes

Su negra barba de azulados reflejos hizo que se lo llamara «Barba Azul». Era culto aunque no reflexivo, ávido de riquezas pero despilfarrador. Desde ese momento se entregó a los más locos dispendios para satisfacer sus más caros caprichos. No se recuerda príncipe o rey que hubiese llevado un lujo semejante. Este hombre tenía pasión por todas las artes, especialmente por la música. Se exacerbaba con los cantos gregorianos, llegando al éxtasis. Si oía decir que se había escuchado una hermosa voz, no descansaba hasta conseguir llevar a su servicio a quien la poseía, por muy lejos que estuviera, como los cantores contratados en Poitiers, André Buchet, de Vannes y Jean de Rossingol, de La Rochelle, a quienes pervirtió haciéndoles partícipes de sus orgías y crímenes. Poseía muchos órganos de toda clase. El sonido de este instrumento le producía tal enajenación que se los hizo construir portátiles para que lo acompañaran en sus menores traslados. Consiguió, en su exaltación religiosa, ser nombrado canónigo de Saint-Hilaire-de-Poitiers y se rodeó de una comitiva de cincuenta eclesiásticos, junto con 200 soldados de caballería, cuya sede se encontraba en la capilla de los Saints-Innocents, en Machecoul.

Por otra parte, todo el que acudía a él disfrutaba de su generosidad; el extranjero era bien recibido, cualquiera que fuese su condición, a cualquier hora del día o de la noche; tenía hospitalaria mesa, y era raro que abandonase su mansión sin salir colmado de dones en especies o en metálico. Gastaba dinero en ostentación para recuperar el prestigio perdido. Realizaba grandes banquetes. Gastó la mayoría de su fortuna en obras teatrales que recordaban sus campañas con Juana y en fiestas para sus extraños amigos y consejeros. Especialmente significativa fue la representación de la batalla del Orleans en mayo de 1435. Esta representación teatral contaba con más de 150 actores, trajes lujosamente rematados, infantería dispuesta con auténticas armaduras y cuadros que simulaban multitudes. La entrada a este espectáculo era gratuita e incluso agasajó a los asistentes con comida y vinos. La representación costó unas 80.000 coronas de la época. Gracias a la representación de la batalla de Orleans Gilles rememoró sus días de gloria. Además mandó construir autómatas sobre distintos tipos de pájaros, algo que le hizo menguar su fortuna pero que levantó gran expectación entre las personas que le frecuentaban.

El castillo de Tiffauges en la actualidad.

Para procurarse el dinero necesario, tuvo que recurrir a numerosos arbitrios y ruinosos contratos. Logra la colaboración de aposentadores, burgueses y mercaderes, que le adelantan a un interés usurario las sumas que, por una generosidad neurótica, se le funden entre los dedos y se hunden en un abismo sin fondo. En 1437 vendió Ingrandes y Champtocé a Juan V de Bretaña por unos escasos 100.000 escudos. Gilles se aproxima al momento en que se anuncia, amenazadora, la ruina inevitable. Sus cofres están vacíos; su crédito, agotado; los que le habían rodeado en las horas dichosas, presintiendo el desastre, se alejan de él. Ante esta situación se vuelve hacia el esoterismo buscando en la alquimia el modo de fabricar el oro que le falta (se interesó por el secreto de la Piedra filosofal). Se rodeó de una corte grotesca de brujas, nigromantes, alquimistas, entre los que se encontraban Guillaume de Sillé, Roger de Brinqueville, Antonio de Palerno, Heriet, Poitou, Corrillaut... Finalmente, cayó en manos de un embaucador florentino llamado Prelati quien le aseguró que llenaría sus arcas gracias a la magia negra.

El mariscal visitaba con frecuencia a su cómplice y se informaba con ansiedad del resultado de las investigaciones. Prelati aseguró a su señor que, en una de sus invocaciones, había visto cerca de él al demonio, pero que esta aparición fantástica se desvaneció sin que hubiera podido pronunciar palabra alguna. El crédulo mariscal, que tenía un pánico atroz al diablo aunque nunca lo veía, hizo caso de Prelatti, con quien tenía una relación homosexual, y mandó que se redoblasen los ensalmos y los conjuros. En otras ocasiones, Prelatti salía herido después de una de sus invocaciones, que siempre se realizaban en un cuarto escondido, causando en Gilles más pánico. Sillé fue el proveedor de todos los elementos para las invocaciones en Tiffauges y el padre Eustache Blanchet el encargado de contratar a los invocadores, como Prelatti, La Riviére —el cual vio al demonio en una invocación en un bosque en forma de leopardo, ante la credulidad de Gilles— o alquimistas como Jean Petit, el cual realizó varios hornos para trabajar con mercurio. Sin embargo, los hornos creados debieron ser destruidos ya que el futuro Luis XI, el delfín, visitó a Gilles por una orden del rey Carlos V, quien condenaba la alquimia como herejía. «Es imposible que el mariscal salga bien de sus empresas —dijo uno de los familiares de Gilles de Rais— si no ofrece al demonio la sangre y los miembros de niños llevados a la muerte. Porque su lectura habitual la constituyen los más ardientes poemas de Ovidio y el relato que hace Suetonio de los criminales sacrificios que exige el rey del infierno. ¿Qué le importa el sacrificio de vidas humanas si adquiere a ese precio el poderío que codicia?». A esto se unía, además, su voluntad de matar niños para su disfrute y placer personal.

En su afán por procurarse víctimas para sus sacrificios, servidores de Gilles de Rais como Henriet y Poitou, recorrían los pueblos y las aldeas buscando niños y adolescentes prometiéndoles que los harían pajes en los castillos del señor de Rais. Siempre en lugares lejanos, incluso en algunas ocasiones el propio Gilles con amabilidad acudía personalmente a las casas de los plebeyos para asegurar a los parientes de los niños un prometedor futuro. De las víctimas los padres no tenían más noticias y, si preguntaban, les respondían que estaban bien. Pronto la gente se alarmó y de Rais recurrió a los raptos. Entre 1432 y 1440 se llegaron a contabilizar hasta 1.000 desapariciones de niños de entre 8 y 10 años en Bretaña. Pero la gran locura llegaba por la noche cuando él y sus esbirros se dedicaban a torturar, vejar, humillar y asesinar a los niños previamente secuestrados. Después de cada sangrienta noche, Gilles salía al amanecer y recorría las calles solitario, como arrepintiéndose de lo hecho, mientras sus secuaces quemaban los cuerpos inertes de las víctimas. El temor se apoderó de los habitantes de los pueblos. Los criados tuvieron que ampliar su campo de acción, con lo que el pavor se extendía más y más. Hasta que las murmuraciones se convirtieron en gritos que llegaron a las más altas autoridades.

Llegó a utilizar varias de sus posesiones, no sólo el castillo de Tiffauges, para cometer sus fechorías, como el castillo de Machecoul, el de Champtocé y la casa de la Suze.

Una vez se aprovechó de unos niños que eran mendigos y que fueron a pedir limosna inocentemente a su castillo. Gilles los violó y desmembró. A algunos los violó ya muertos y con las entrañas al aire. Una vez muertos, los abrazaba fuertemente y deliraba; en otras ocasiones se reía ante los últimos estertores del niño y muchas veces cortaba la vena yugular haciendo brotar la sangre, lo que le producía gran placer.

En algunas ocasiones cuando asesinaba a una de sus víctimas se arrepentía y juraba partir hacia Tierra Santa para redimir sus pecados, pero al poco tiempo volvía a cometer las mismas atrocidades.

Durante los ocho años de terror, Gilles parecía no vivir en un mundo real, rodeado de gran fastuosidad y como si no se diera cuenta de las brutales acciones que llevaba a cabo. Según contó en el juicio que se le hizo, junto con su grotesca corte, cortaban las cabezas de varios niños recién muertos y hacían competiciones para elegir los rostros más bellos. Las cabezas eran ensartadas en picas y las iban calificando. Se llegó a contar que estas calificaciones las firmaba el mismo diablo, que un brujo llamado Rivière podía invocar al diablo, o a uno llamado Barrón, al cual le ofrecían sacrificios como los órganos, ojos, corazones, etc., de las víctimas; todo esto en el transcurso de orgías sexuales y etílicas.

En continuadas ocasiones, el hermano de Gilles, René, intentó salvar el patrimonio familiar que Gilles estaba vendiendo; incluso, con la ayuda del rey, logró un edicto según el cual no podía vender más posesiones. René logró comprar el castillo de Machecoul, y vio que en este lugar se encontraban los esqueletos de más de 50 niños. Quiso silenciar lo que vio para evitar posibles malentendidos contra él.

Investigación, captura y ejecución

Pero llegó el momento de que todo esto acabara, y ese momento fue cuando el obispo de Nantes, Jean de Malestroit, investigó las desapariciones de Bretaña y vio que no eran casuales. Malestroit descubrió los crímenes gracias al hecho de que, en plena depresión, Gilles vendió uno de sus últimos castillos, el de Saint-Etienne-de-Memorte al tesorero de Juan V, Geoffroy de Farron. Gilles se enteró de que un primo suyo, señor de Villecigne, quería comprar el castillo y creyó que Le Farron no aceptaría la anulación. Este había dejado a su hermano Jean, eclesiástico, al frente del castillo. Gilles, en otro de sus impulsos, atacó la iglesia donde Jean celebraba misa y lo secuestró, encerrándolo en Tiffauges. El ataque fue conocido por el duque de Bretaña y por el propio Malestroit. Juan V mandó a su hermano, el condestable del rey, a rescatar a Jean Le Farron mientras él intentaría apaciguar a Gilles. Al final, Gilles de Rais fue capturado el 15 de septiembre de 1440, cuando se presentó a las puertas del castillo de Machecoul, donde estaba entonces Gilles de Rais, un grupo armado al mando del capitán Jean Labbé, que iba acompañado por el notario Robin Guillaumet en nombre del obispo de Nantes. Portaban órdenes del duque. Era el fin. Gilles de Rais se entregó, junto con Prelatti, Blanche, Henriet y Poitou, y fue llevado a juicio. El 19 del mismo mes, es decir, cuatro días después de su detención, empezó el interrogatorio que continuó el día 28, y los días 8, 11, 13, 15 y 22 de octubre.

En el juicio, altamente detallado y cuyos escritos del siglo XV aún existen, pasaba del insulto a los jueces al hundimiento más absoluto. Fue encerrado en una prisión acomodada por su condición de noble. Se declaró al principio inocente, pero en uno de los trastornos de personalidad que ya sufría de años atrás, rectificó y se declaró culpable, quedando el día 15 de octubre muy arrepentido de lo que había hecho. Finalmente, el día 22, ante los jueces eclesiásticos comandados por el obispo de Saint-Brieuc, documentó todos los asesinatos y las vejaciones que practicaba a los niños de entre 7 y 20 años, actuaciones pedófilas, rasgaduras, colgamientos del techo por ganchos, decapitaciones, etc. Dijo que hasta había bebido la sangre de los niños, incluso cuando estos aún estaban vivos, que «necesitaba aquel goce sexual» y que escribió un libro de conjuros con la supuesta sangre de los asesinados. Fueron confesiones tremendas, toda Francia se convulsionó ya que la gente no se creía que uno de sus héroes fuera un hombre tan vil. Se llegaron a constatar 200 víctimas, aunque probablemente fueran muchas más. Fue condenado por asesinato, sodomía y herejía.

Fue tanto el horror que provocó su confesión que durante el juicio uno de los presentes cubrió el crucifijo que presidía la sala por la vergüenza que generaban sus palabras. Según crónicas de la época, las paredes emanaron sangre que lentamente se deslizó hacia el piso como buscando redención.

Ante su desmedido arrepentimiento fue incluso objeto de compasión de clérigos y plebeyos y se concedió la petición de que fuera una comitiva detrás de él hacia su lugar de ejecución. Finalmente, el día 26 de octubre de 1440 Gilles de Rais, junto a dos de sus más perversos colaboradores, habiendo rechazado la gracia real —perdón de la pena que se le extendía por ser Par de Francia—, fue conducido al prado de la Madeleine en Nantes para ser ahorcado. Sus restos fueron enterrados con solemnidad en la iglesia de las carmelitas de Nantes, a petición del mariscal.

Fragmentos de la declaración de Gilles de Rais en el juicio

Yo, Gilles de Rais, confieso que todo de lo que se me acusa es verdad. Es cierto que he cometido las más repugnantes ofensas contra muchos seres inocentes —niños y niñas— y que en el curso de muchos años he raptado o hecho raptar a un gran número de ellos —aún más vergonzosamente he de confesar que no recuerdo el número exacto— y que los he matado con mi propia mano o hecho que otros mataran, y que he cometido con ellos muchos crímenes y pecados.[1]
Confieso que maté a esos niños y niñas de distintas maneras y haciendo uso de diferentes métodos de tortura: a algunos les separé la cabeza del cuerpo, utilizando dagas y cuchillos; con otros usé palos y otros instrumentos de azote, dándoles en la cabeza golpes violentos; a otros los até con cuerdas y sogas y los colgué de puertas y vigas hasta que se ahogaron. Confieso que experimenté placer en herirlos y matarlos así. Gozaba en destruir la inocencia y en profanar la virginidad. Sentía un gran deleite al estrangular a niños de corta edad incluso cuando esos niños descubrían los primeros placeres y dolores de su carne inocente.[2]
Contemplaba a aquellos que poseían hermosa cabeza y proporcionados miembros para después abrir sus cuerpos y deleitarme a la vista de sus órganos internos y muy a menudo, cuando los muchachos estaban ya muriendo, me sentaba sobre sus estómagos, y me complacía ver su agonía...
Me gustaba ver correr la sangre, me proporcionaba un gran placer. Recuerdo que desde mi infancia los más grandes placeres me parecían terribles. Es decir, el Apocalipsis era lo único que me interesaba. Creí en el infierno antes de poder creer en el Cielo. Uno se cansa y aburre de lo ordinario. Empecé matando porque estaba aburrido y continué haciéndolo porque me gustaba desahogar mis energías. En el campo de batalla el hombre nunca desobedece y la tierra toda empapada de sangre es como un inmenso altar en el cual todo lo que tiene vida se inmola interminablemente, hasta la misma muerte de la muerte en sí. La muerte se convirtió en mi divinidad, mi sagrada y absoluta belleza. He estado viviendo con la muerte desde que me di cuenta de que podía respirar. Mi juego por excelencia es imaginarme muerto y roído por los gusanos.[3]
Yo soy una de esas personas para quienes todo lo que está relacionado con la muerte y el sufrimiento tiene una atracción dulce y misteriosa, una fuerza terrible que empuja hacia abajo. (...) Si lo pudiera describir o expresar, probablemente no habría pecado nunca. Yo hice lo que otros hombres sueñan. Yo soy vuestra pesadilla.[4]

En la cultura

Cine

En la película Juana de Arco de Luc Besson, el personaje de Gilles de Rais lo interpreta Vincent Cassel.

Paul Naschy se inspiró en su figura para el personaje Alaric de Marnac al que creó y dio vida en los films El espanto surge de la tumba de Carlos Aured y Latidos de pánico de Jacinto Molina.

El director italiano Pier Paolo Pasolini quiso hacer una película sobre Gilles de Rais que no pudo realizar debido a su asesinato en 1975. El guion estaría basado en las obras sobre Gilles de Georges Bataille.

Aparece como juego de palabras en la película Hannibal: el origen del mal (2006) de Peter Webber cuando se une el nombre del hospital donde Lecter comienza a trabajar nocturnamente, «Saint Gilles», y la ciudad donde se dice fue encerrado uno de los asesinos de su hermana, «Rais».

  • 1950 - "BBC Sunday-Night Theatre" (serie de TV) (1 episodio)
  • 1975 - Images à propos de: Enluminures autour des minutes du procès de Gilles de Rais (documental), dirigido por Martine Lancelot
  • 1999 - Juana de Arco, dirigida por Luc Besson

Música

El compositor húngaro Béla Bartók compuso entre 1911 y 1912 su única ópera, El castillo de Barba Azul, inspirada en el cuento de Perrault y con libreto del poeta Béla Balázs. Fue estrenada en Hungría el 24 de mayo de 1918.

La canción Into the Crypts of Rays del grupo de Thrash/Death/Black metal Celtic Frost trata sobre Gilles de Rais.

El grupo de rock argentino Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota titula una de sus canciones “Barba Azul versus el Amor Letal”

El grupo inglés Cradle Of Filth editó en 2008 un álbum dedicado a este personaje, Godspeed on the Devil's thunder (Life and crimes of Gilles De Rais) celebrando también que en 1998 sacaron un álbum inspirado en Elizabeth Bathory (Cruelty and the beast).

En videojuegos

  • Aparece el nombre de Gilles de Rais para designar a un vampiro en la saga de videojuegos llamado Castlevania. Este personaje aparece concretamente en Castlevania: Legacy of Darkness.
  • Aparece también en la Campaña de Juana de Arco, en el famoso juego Age of Empires II de Microsoft Games y es posible jugar con él.
  • Otra aparición que tuvo fue en el juego Bladestorm para playstation 3.
  • 2006 - Jeanne d'Arc
  • Hace una pequeña aparición en el juego Shadowman para Nintendo 64.

En Anime

Aparece el nombre de Gilles de Rais como personaje de la popular serie Kamikaze Kaitou Jeanne (Arina Tanemura), que cuenta la historia de Jeane d'Arc y el supuesto romance con Gilles de Rais, quien acabó maldiciendo a Dios y vendiendo su alma al demonio. Aparece además en su etapa como mariscal, ya muerta Juana de Arco, en El Mundo De S&M,(Chiho Saito y Be Papas)cometiendo atroces crímenes y usando las almas de sus soldados para «purificar la vida», salvando así el alma pura de la damisela Silvia. En el anime Fate/Zero, Gilles de Rais representa al Servant Caster, el cual se presenta a si mismo como Barba azul.En el segundo capítulo del anime, es invocado mientras su Master (Uryuu Ryuunosuke) tiene amordazado a un niño, este es liberado por Gilles. Cuando solamente quedan unos metros para que el niño escape, es brutalmente asesinado por una criatura con tentáculos, resultado de una invocación del propio Gilles.

En Manga

  • Es el líder enemigo de las protagonistas del manga Tetragrammaton Labyrinth. Desea destruir a la humanidad para crear un mundo sin dolor y resucitar a Juana de Arco

Referencias

  1. (CEBRIÁN, 2005, pp. 201)
  2. (CEBRIÁN, 2005, pp. 201, 202)
  3. (CEBRIÁN, 2005, pp. 203, 204)
  4. (CEBRIÁN, 2005, pp. 207, 208)

Bibliografía

  • CEBRIÁN, Juan Antonio (2005). El Mariscal de las Tinieblas. Madrid: Temas de Hoy. ISBN 84-8460-497-7. 
  • Tratado Sobre la Violencia. Wolfgang Sofsky Editorial Abada. 2006
  • El verdadero Barba-Azul (La tragedia de Gilles de Rais). Georges Bataille. Tusquets. 1972.
  • Gilles de Rais. La lectura prohibida. Aleister Crowley.
  • Vampiros, mito y realidad de los no-muertos. Miguel G. Aracil. Editorial EDAF. 2002.
  • Le procès de Gilles de Rais, Georges Bataille, Pauvert, 1979 (en francés).
  • Ladrón de almas. Ann Benson. 2002
  • La crueldad de la bestia". Shaun Hutson. 1990
  • Le Diable et la Pucelle, Hubert Lampo, 163 p., Presses universitaires du Septentrion, 2002, ISBN 2-85939-765-5 (en francés).
  • Gilles de Rais, Vicente Huidobro, Obra teatral, París, Totem, 1932

Toda la historia (incluyendo el proceso) de Gilles de Rais es ampliamente recogida y comentada en "Allá lejos" de Joris-Karl Huysmans.

  • La Espada Bruñida. Lawrence Schoonover. 1950. En esta novela se hace referencia a Gilles de Rais antes y después de su aprehensión.

Véase también

Enlaces externos


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