II Sínodo Diocesano de Alajuela

II Sínodo Diocesano de Alajuela

II Sínodo Diocesano de Alajuela

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DOCUMENTO DEL II SÍNODO DIOCESANO DE ALAJUELA

13 al 20 de febrero del 2000

“Padre, que todos sean Uno para que el mundo crea”

Diócesis de Alajuela

PRESENTACIÓN

Al presentar a toda la comunidad diocesana el Documento final del II Sínodo, deseo enmarcarlo, antes que todo, dentro de los ingentes esfuerzos de fidelidad al Evangelio y a la Iglesia que tantos pastores y laicos han realizado en tiempos anteriores.

Desde la creación de Alajuela como Diócesis, por parte del Papa Benedicto XV, el día 16 de febrero de 1921, a través de la Bula "Praedecessorum", se han venido realizando esfuerzos por darle una fisonomía cada vez mejor definida en el campo pastoral - administrativo. Cabe destacar en este proceso al segundo Obispo de la Diócesis, Monseñor Víctor Sanabria Martínez (1938 - 1940 ), quien convoca al I Sínodo diocesano a finales del año de 1938.

Bajo el episcopado del cuarto obispo diocesano, Monseñor Enrique Bolaños Quesada ( 1970 - 1980 ), se podría decir que se inició por parte de los diferentes agentes de pastoral, un camino de renovación eclesial conforme al espíritu y las líneas pastorales del Concilio Vaticano II. Esta experiencia revitalizadora, pero dispersa, llevó a que algunos presbíteros, religiosos (as) y laicos se empezaran a plantear la posibilidad de organizar las diferentes acciones evangelizadoras, a nivel diocesano, de un modo más orgánico y comunional, empezándose así a hablar de la importancia de ir creando una mayor conciencia sobre la urgencia de una plan pastoral común y general para toda la Diócesis. Esta inquietud empezó a tomar más fuerza con la promulgación de algunos documentos eclesiales clave, tanto a nivel universal, latinoamericano y nacional, como Evangelii Nuntiandi (1975), Puebla (1979), Santo Domingo (1992 ), Es hora de una nueva evangelización (1991), que invitaban a una pastoral de comunión y participación más planificada, sin olvidar el llamado del Papa Juan Pablo II, a partir de los años 80, a una Nueva Evangelización en su expresión, ardor y métodos.

Para responder a esta especie de "signo de los tiempos" se decidió, a nivel diocesano, reemprender un nuevo caminar pastoral, a partir de la década de 1980, con la elaboración de algunos planes de pastoral, la encuesta sobre la realidad socio - religiosa de la Diócesis, el inicio del proceso de pastoral y la misión diocesana; todo ello con la finalidad de ser más fieles a Dios y a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y así poder responder más adecuadamente a los diferentes desafíos que el progreso humano plantea a la misión de la Iglesia al inicio del tercer milenio del cristianismo.

Sobre todo a la luz del proceso diocesano, a partir de los años 90, los diferentes agentes de pastoral de la Diócesis iniciamos un proceso perceptivo, analítico y evaluativo de la realidad diocesana en sus diferentes ámbitos, tanto pastorales como administrativos.

Este proceso ha venido generando una cantidad de criterios y lineamientos que han llevado a descubrir la urgencia que tiene la Diócesis de elaborar no tanto un plan específico de pastoral, como "una pastoral de comunión y organización afectiva y efectiva", que permita caminar más organizadamente y con menos dispersión de esfuerzos humanos y recursos materia-les.

El proceso diocesano llevó a descubrir, en una de sus etapas, que era importante reunirnos en una "Asamblea Diocesana de Pastoral" para dar amarre a todos esos criterios y lineamientos comunes que ha venido generando él mismo.

Mientras se discutía la importancia de gestar esa Asamblea Pastoral para ser realizada entre el año 1999 o el 2000, las Congregaciones Romanas para los Obispos y para la Evangelización de los Pueblos hacen pública la "Instrucción sobre los Sínodos Diocesanos", el día 19 de Marzo de 1997.

Esta "instrucción" me lleva como Obispo, después de haber consultado al Consejo Presbiteral y al Consejo Diocesano de Pastoral ha decidirme por transformar esa posible Asamblea Diocesana de Pastoral en un "Sínodo Diocesano", Sínodo que se caracterizará fundamentalmente por ser de un espíritu "proyectivo - organizativo".

Otro aspecto que inclinará la balanza a favor de un Sínodo, es el de darle un sustento o asidero canónico - legal al proceso diocesano de pastoral(que una Asamblea por su naturaleza no se lo podría dar), que fortalezca no sólo una pastoral más orgánica sino también una mayor comunión entre presbíteros y laicos a nivel de vivencia y trabajo eclesial. Un tercer aspecto que influirá para pensar en la realización de un nuevo Sínodo Diocesano, fue la cantidad de años que habían transcurrido desde que la Diócesis realizó su primer y único Sínodo, y la feliz coincidencia histórica de estar celebrando en el año 1999 el 60 aniversario del mismo (1938 - 1939) y el centenario del I Concilio plenario de América Latina (1899).

La respuesta a la celebración de este II Sínodo Diocesano se empezó a plasmar una vez realizada la convocación del mismo, el día Domingo 31 de Mayo de 1998, solemnidad de Pentecostés, al programarse las tres etapas del caminar sinodal: a. Etapa catequética-informativa (1998). b. Etapa presinodal (escogencia temática, elaboración de capítulos y realización de las sesiones presinodales)(1999); y c. Etapa de las Sesiones Solemnes del Sínodo y promulgación del documento final (2000). Este Sínodo ha venido a ser un acontecimiento extraordinario, pastoral y jurídico, en el cual el Obispo, sirviéndose del auxilio y del consejo de miembros representantes de la Diócesis, ejerce de modo especial su ministerio de guía, legislador y pastor, adaptando los criterios pastorales y las leyes de la Iglesia universal a la propia Iglesia Particular, a fin de suscitar la corresponsabilidad de todos y todas en la edificación del Reino de Dios y de ordenar lo que requiera rectificación o promoción.

Se trata de un Sínodo que invita a buscar juntos nuevos caminos, aprovechando la experiencia recorrida revisando con humildad las capacidades y limitaciones existentes, asumiendo con generosidad nuevos compromisos ante los nuevos retos. Toca sobre todo a los diferentes agentes de pastoral asumir con mayor conciencia y entusiasmo apostólica las tareas fundamentales inherentes al triple ministerio de la Iglesia, apoyándose en renovadas estructuras, que puedan luego responder más y mejor a las prioridades pastorales determinadas por el II Sínodo, así la Diócesis será capaz de insertarse con un ejemplar dinamismo en el caminar de la Iglesia.

Los frutos sinodales quieren ser la mejor expresión y herencia que los cristianos de hoy podremos legar a las próximas generaciones. Especial atención se ha de poner en la formación integral y permanente de los (as) evangelizadores, los (as) cuales necesariamente han de ser agentes de comunión y fieles a Dios, a la Iglesia y al mundo, sin descuidar su espíritu misionero.

Luego de un serio discernimiento, en un clima de oración y consultas, después de varias correcciones y perfeccionamientos, presento, en un espíritu de gratitud a Dios, el Documento del II Sínodo Diocesano de Alajuela, que a todos (as) nos invita a una cuidadosa y leal aplicación en aras de la pastoral de comunión.

Mi gratitud impercedera a Dios y a todos (as) los (as) que hicieron posible este "caminar juntos". ¡El Señor recompense abundantemente su entrega y generosidad!.

Que Santa María, baja la advocación del Pilar, interceda ante su Hijo, como un día lo hizo en Caná de Galilea, para que con la fuerza del Evangelio, permita progresar en la construcción de un mundo más justo y de una Iglesia más solidaria, en orden al crecimiento del Reino de Dios en nuestras vidas y en nuestra Diócesis y parroquias. Que así sea. Amén.

PROPOSITO GENERAL

Impulsar por medio del Proceso Pastoral y Sinodal una Iglesia Diocesana, signo e instrumento del REINO DE DIOS, que deja actuar más libremente a Cristo en beneficio de la salvación de todos los hombres y mujeres, en un ambiente de comunión, participación y organización pastoral; y responda a las necesidades, retos y desafíos de una sociedad en constante cambio, que exige un sano proceso de adaptación y presencia testimonial.

DECRETO DE PROMULGACIÓN DE LOS DOCUMENTOS DEL II SÍNODO DIOCESANO

A través de las presentes letras y en mi condición de Obispo Diocesano, bajo la protección de Dios Uno y Trino, y de nuestros Santos Patronos la Virgen del Pilar y San Juan Nepomuceno, tengo el enorme gozo, en esta Solemnidad de Pentecostés, de promulgar oficialmente el Documento del II Sínodo Diocesano de Alajuela (cf. CIC. 466), efectuado entre los días 13 al 20 de febrero del presente Año Jubilar del 2000. Invocando el Santo Espíritu de Dios decreto:

1. Que el Documento Sinodal sea conocido y llevado a la práctica, dentro de un espíritu de comunión pastoral, por todos los agentes cualificados y demás miembros del pueblo de Dios, especialmente por parte de los Consejos Pastorales Diocesano y Parroquiales, esta porción de la Iglesia costarricense.

2. Que el Documento del II Sínodo Diocesano se convierta en el punto de referencia obligado de todas nuestras acciones evangelizadoras, tanto en los diferentes niveles de Iglesia como áreas de pastoral.

3. Que en las oficinas de la Curia y Parroquias se conserve al menos un par de ejemplares de dicho Documento para ser consultado en el momento oportuno.

4. Que cualquier reforma, ampliación, eliminación o duda interpretativa, referente a todas o algunas de las partes del Documento sinodal que hoy se promulga, siempre se harán bajo la autoridad del Obispo como único legislador diocesano (cf. Idem).

5. Que el presente Documento entrará en vigencia a partir del día 2 de Agosto del presente año, Festividad de Nuestra Señora de los Ángeles, Patrona de la República. Nuestra gratitud imperecedera a todos(as) aquellos, sin cuya oración y capacidad de entrega y servicio no hubiese sido posible la realización de este feliz acontecimiento eclesial, para así hacer más visible nuestra humilde colaboración en la construcción del Reino de Dios, dentro del contexto de la Nueva Evangelización y de la pastoral de comunión.

Dado en la Curia Diocesana el día Domingo 11 de Junio, Solemnidad de Pentecostés, del Año Jubilar del 2000.

Monseñor José Rafael Barquero Arce

Obtenido de "II S%C3%ADnodo Diocesano de Alajuela"

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