Jesús según dos textos anticristianos


Jesús según dos textos anticristianos

Jesús según dos textos anticristianos

El siguiente artículo presenta la opinión judía acerca de Jesús de Nazaret en los siglos V al XI, de acuerdo con dos polémicos textos anticristianos.

Contenido

Introducción

Ieshú nació, vivió y murió en Israel, y fue un judío en todos los aspectos, y por judíos fue rodeado. Sin embargo, los discípulos de sus discípulos se alejaron grandemente de Israel, así como de la fe que practicó él, la Ley de Moisés (la Toráh), o más bien, los sectores judíos más numerosos y poderosos rechazaron las enseñanzas del Jesús presentado por la cristiandad: «Se alzaron contra ellas durante su vida de sus sucesores y no se transformaron en cristianos a pesar de que todo el mundo fue cada vez más atraído por el cristianismo» (J. Klausner, Jesús de Nazaret: su vida, su época, sus enseñanzas.[1]

Según T. Frekey y Peter Gandy,[2] muchos judíos y cristianos aducirían que el cristianismo, desde la época de Pablo de Tarso, absorbió muchos elementos griegos y paganos que oscurecieron los factores hebreos, los únicos que conoció Jesús así como los judíos que le escucharon.[3]

Abd Al-Jabbar

El primer manuscrito que presenta la idea de los judíos acerca de Jesús es el Abd Al-Jabbar.[4] En 1929 H. Ritter escribió una reseña acerca de este texto en Der Islam (1929, pág. 42). El M. T. es el n.º 1575 en el Shehid Áll Psha, de la colección en Istambul.

Fue escrito en árabe y arameo por Abd Al-Jabbar a’Hammadaný, quien vivía en Bagdad (capital de la actual Iraq) en la época de Qaddy de Rayy. Según el folio 80, fue escrito en el año musulmán 385 (o sea en el 995 de nuestra era). Originalmente se llamaba Tathbit Dalail Nubuwat Sayyidina Muhamed, pero es mejor conocido como Abd Al-Jabbar (el nombre del autor).

En los años sesenta fue difundido por el Dr. Shlomo Pines (1908-1990, profesor de la Academia de Ciencias y Humanidades de Israel), quien lo subtituló: «Un texto musulmán en referencia a la conversión de los jázaros al judaísmo».[5] Después sería modificado: «Un nuevo texto de los judíos cristianos de un manuscrito árabe».

Este texto refleja las opiniones y tradiciones de una comunidad judía de Medio Oriente, identificados como ebionitas o ebvyionim, que existieron desde el siglo I al siglo XII. Los orígenes de este grupo judío datan de la época asmodea en Israel, y culminaron hasta el medioevo medio. Su doctrina consistía en el apego a la Ley de Moisés, así como de los profetas, quienes tenían parentescos con la secta judía de los caraítas del siglo VI, quienes consideraron a Ieshú como un judío honrado, sin intervenciones cristológicas.

Este manuscrito refleja las opiniones y tradiciones judías (fuertemente anticristianas) acerca de Jesús de Nazaret, identificado aquí bajo el nombre de Iasha Al-Nazraní.

Toledoth Ieshú

Otro texto conocido acerca de la opinión judía acerca de Jesús es el Toledoth Yeshú,[6] también conocido como Maaseh Talví. Data del año 1024 (siglo XI) y fue escrito en hebreo, arameo e yidish. En esta pieza folclórica aparecen confusamente entretejidos dichos primitivos y leyendas de la literatura rabínica, con una actitud hostil hacia la persona de «Ieshú». Este manuscrito es más provocativo que el Abd Al-Jabbar.

Perspectiva niceana

Para la Iglesia Católica Apostólica Romana, según el Credo de Nicea, Jesús de Nazaret es:

Unigénito Hijo de Dios, engendrado por su Padre antes de todos los mundos, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero del Dios verdadero, engendrado (no creado), de la misma sustancia que le Padre, que hizo todas las cosas.

Que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación, bajo del cielo y encarnó por el Espíritu Santo en la Virgen María y se hizo hombre y fue crucificado por nosotros.

Para el cristianismo, la Santísima Trinidad es la base de su religión: Dios, siendo una sola esencia, tiene tres personas diferentes (el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo). Este principio extraño a los primeros cristianos fue introducido dentro de su religión por el concilio de Nicea.

Esta es la creencia fundamentalista sobre la percepción de Jesús de Nazaret. Tal concepto tiene sus antecedentes en las enseñanzas de Pablo de Tarso, así como de los gnósticos posteriores a él.

Nacimiento de Jesús

La creencia cristiana sostiene que la Virgen María (que en arameo se llamaba originalmente Miriam) quedó embarazada por obra y gracia del Espíritu Santo.[7]

Para el pueblo judío del medievo tal idea es inconcebible, pues el decálogo de la Ley de Moisés[8] prohíbe el adulterio, y —según la literatura cristiana—[9] Miriam estaba casada con José, pero —antes de que José tuviera relaciones sexuales con ella— quedó embarazada por obra del dios Yahvé.

Esto para los judíos significaba que Yahvé habría cometido adulterio con Miriam, y que el hijo que ella tuvo, a pesar de ser un bastardo divino, estaría fuera de la Ley de Moisés (la Torá) y por lo tanto —según la jurisdicción de la época— Miriam quedaba bajo pena de muerte por adulterio.[10]

Ante esto tenemos el relato del Toledoth Yeshu, que sostiene que Miriam no fue preñada por Yahvé sino que fue violada por un soldado romano y que tal acto fue el origen de Ieshú.[11]

Por otro lado, el texto de Abd Al-Jabbar sostiene que Yashá (Jesús) era hijo legítimo de su padre Yosef (José), así como de Miriam (María), conforme al género humano, sin intervención divina.[12]

Tanto el Toldot Yeshú como el Abd Al-Jabar niegan rotundamente que Jesús sea un hijo engendrado por Yahvé.

Educación de Jesús

El Toledoth Yeshú sostiene que el niño fue enviado a la casa de estudios Beith haSefer, en donde un maestro capaz y distinguido sabio, le enseño a Ieshú la Ley de Moisés, pero el niño demostró ser impúdico y sostuvieron que era un bastardo y un hijo de la impureza.[13]

Por el contrario el Abd Al-Jabbar sostiene que Yashá era un estudiante serio, en cuanto a la Ley de Moisés, así como un hijo legitimo de sus padres.[14] Este manuscrito sostiene —a diferencia de los evangelios cristianos y del Toledoth Yeshú—, que Ieshú era un fuerte seguidor de las convenciones de la Toráh, a tal grado que él consideraba la circuncisión como obligatoria, nunca comió cerdo y consideraba malditos a los que comían cerdo (u otro animal impuro),[15] así como a los que profanaban el día sábado. También dice que Jesús prohibió que la gente de su pueblo (es decir los judíos), aceptarán los sacrificios de los no judíos, así como la unión con ellos. En lo que concierne al matrimonio, herencia, castigos legales así como los demás preceptos establecidos por la Toráh, Jesús siguió la manera de los profetas que estuvieron antes que él.[16] En una tentativa de resumir la misión de Jesús, el texto acentúa lo siguiente: «Yasha [Jesús] vino a vivificar y reestablecer la Torá».[17]

Vemos que la postura cristiana, así como la versión del Toledoth Yeshú sostienen que Jesús fue un apostata de la Ley de Moisés, mientras que para el texto de Abd Al-Jabar fue un judío honrado o como se dice en hebreo: un tzadiq shomer ha-mitzvoth.[18]

Los milagros de Jesús

El Toledoth Yeshú sostiene que Jesús hizo milagros, pero los hizo utilizando el «nombre inefable de Adonai», que había aprendido con propósitos maléficos y de hechizos.[19]

Por el contrario, el Abd Al-Jabbar sostiene que Jesús nunca obró milagros ni prodigios. El manuscrito acentúa que estas historias fueron añadidas por los cristianos, sobre la historia de él y que los judíos de Occidente (en Europa) lo han tomado como sátira y como indicio de engaño.[20]

El Mesías

El Toledoth Yeshú dice que el tal Ieshú se autoproclamó Mesías de una manera impúdica, tanto que la reina Helena de Adiabene (quien se convirtió al judaísmo cerca del año 30 y falleció en el 56) lo condenó a muerte, por mostrar signos claros de brujería así como de estafa, y él utilizo este titulo para engañar a la gente.[21] Por el contrario, el Abd Al-Jabbar sostiene que Ieshú nunca se proclamó Mesías, ni se consideró como tal. El texto acentúa que en una ocasión prohibió fuertemente que lo llegasen a considerar como tal.[22]

El texto subraya que quien hizo la añadidura para que lo consideraran como Mesías (cosa que Ieshú no había deseado en su vida) fue Pablo de Tarso.[23] quien anhelaba tener poder mundano, y utilizó la figura de Jesús para obtener influencia sobre la gente. El manuscrito indica que Pablo se vio en la necesidad de modificar el mensaje así como la historia de Jesús.

Esto es repetido por el Toledoth Yeshú, sobre la distorsión que ocasionó Pablo, para la reputación de Jesús, quien lo pasó a hacer un espantajo ante la nación judía.[24]

En esto concuerdan ambos textos, que presentan a Pablo de Tarso como un oportunista que distorsionó tanto el mensaje de Jesús como su historia. Además le adjudican a Pablo la culpa por el genocidio que los romanos perpetraron contra los judíos en el año 70, cuando el emperador Tito mandó arrasar Palestina y destruir el templo judío en Jerusalén.[25]

Muerte de Jesús

El Toledoth Yeshú dice que Jesús fue sentenciado a muerte por la Helena, por los cargos de brujo, embustero y criminal, pues llevaba por mal camino al pueblo judío.[26]

Jesús fue colgado de un árbol de repollo, en víspera de Pésaj (la Pascua judía), y antes de caer la tarde lo bajaron y lo enterraron en un basurero. Luego el jardinero Judá lo desenterró y lo puso en un canal de aguas sucias.[27]

El Abd Al-Jabbar en cambio sostiene que Jesús fue sentenciado por rebelarse contra el Imperio romano, y los romanos desearon darle muerte.[28]

Los romanos no crucificaron a Jesús, sino a otra persona, pues Yehudáh Ish Kerioth (Judas Iscariote —quien resulta el héroe de toda la historia—) engañó a los enemigos de Jesús entregándoles a otro hombre, que era estúpido, y así Judas aseguro la supervivencia de Jesús ante sus adversarios romanos y prorromanos.[29]

Conclusión

De estos manuscritos medievales judíos se aprecian similitudes entre ellos, así como varias contradicciones.

El Abd Al-Jabbar es más antiguo que el propio Toledoth Yeshú. Este manuscrito sostiene que los evangelios fueron escritos en Roma, y que los cristianos plagiaron los documentos originales para crear los nuevos textos llamados en conjunto Nuevo Testamento, y así fortalecer las creencias formadas por Pablo de Tarso y sus seguidores.

Los judíos de Europa, al ver que la Iglesia Católica se estaba volviendo oficial, propagaron el concepto de que Yasha Al-Nazrany (Jesús de Nazaret) había existido pero que para la nación judía había sido un espantajo.

Ante la imposibilidad de atacar físicamente al cristianismo, los judíos crearon un documento para refutar las ideas que se propagaban en el pagano mundo grecorromano, todo esto de una manera peyorativa y grotesca.

El manuscrito más antiguo, Abd Al-Jabbar, sostiene que los cristianos plagiaron este mismo texto y que posteriormente los judíos de Occidente tras ver el evangelio cristiano construyeron la sátira, así como las historias peyorativas relacionadas con Jesús.

En resumidas cuentas, Jesús visto por la perspectiva judía de la Edad Media no fue ni el Mesías, ni fue divino, ni engendrado divinamente, ni era un apóstata contra la Toráh. Simplemente fue un hombre que vivió, creció y murió como un judío honrado.

Bibliografía

  • Journal of Jewish Studies (diario de estudios judíos), 8, pág. 45. N. z, 1962.
  • WEGENSEIL, Johann Christoph (1633-1705):

Tela Ígnea Satánæ, sive Arcani et Horribiles Judæorum Adversus Christum, Deum, et Christianam Religionem Libri (capítulo acerca del «Toldoth Yeshú»). Altdorf bei Nuremberg, 1681.

  • Toledoth Yeshú, versión Goldesteinth.

Notas

  1. J. Klausner: Jesús de Nazaret: su vida, su época, sus enseñanzas (pág. 9). Barcelona: Paidós, 1989.
  2. T. FREKEY y Peter GANDY: Los misterios de Jesús (pág. 243-267). Barcelona: Grijalbo, 1999.
  3. J. KLAUSNER: Jesús de Nazaret, su vida, su época, sus enseñanzas (pág. 46). Barcelona: Paidós, 1989; Toledoth Yeshú, versión Goldesteinth.
  4. Dr. Shlomo Pines (1908-1990): «The Jewish Christians of the early centures of Christianity according to a new source» (‘los judíos cristianos en los primeros siglos del cristianismo, de acuerdo con una nueva fuente’), en la revista Journal of Jewish Studies, 13. Jerusalén, 1962.
  5. En A Moslem Text Concerning the Conversion of the Khazars to Judaism, en la revista Journal of Jewish Studies (pág. 45-55), 13. 1962.
  6. J. KLAUSNER: Jesús de Nazaret, su vida, su época, sus enseñanzas (pág. 46). Barcelona: Paidós, 1989; Toledoth Yeshú, versión Goldesteinth.
  7. Evangelio según Mateo 1, 18; cf. Tomás de Aquino, Summa Teológica, 3, q. 31, artículo 1.
  8. M. KATZNELSON: El Tanak, la Biblia hebreo-española conforme a la tradición judía (Éxodo/Shemoth 20, 14, pág. 122, vol. 1). Tel Aviv (Israel): 1996.
  9. Evangelio según Mateo 1, 18.
  10. C. DEL VALLE: La Mishnah (cap. 2-4, pág. 574-578, «Mishnah Sota», cap. 2-4). Salamanca: Sígueme, 1997.
  11. El Toledoth Yeshú 1, 5 dice: «Miriam atrajo a su casa a un hermoso villano llamado Pandira. Pero Pandira la violó en el final de un día de shabbath». Cf. Tosefta: Julin 2, 24; Avodá Zara 17a; Orígenes: Contra Celso 1, 28.
  12. El Adb Al-Jabbar 94a dice: «Ha-nolad Yasha ben Yossef ha-naggar». Cf. Ireneus: Haresus Adverses 3, 21.
  13. Toledoth Yeshú 2, 1-7.
  14. Toledoth Yeshú 66b.
  15. Toledoth Yeshú 69 a-b.
  16. Toledoth Yeshú 70b.
  17. Toledoth Yeshú 70a.
  18. Toledoth Yeshú 70a dice: «Tzadiq, shomer ha-mitzvoth», que significa ‘Un justo que guarda los preceptos de la Ley de Moisés’.
  19. Toledoth Yeshú 3:2-19.
  20. Abd Al-Jabbar 66a dice: «En cuanto a los prodigios y milagros que los cristianos declaran que él hacía, todo es infundado. Jesús no dijo haber obrado milagros. Ni hay ahí en su tiempo ni en la generación que le siguió, cualquier discípulo que haya declarado que Jesús hizo milagros».
  21. Toledoth Yeshú 3:9-19.
  22. Abd Al-Jabbar 66b.
  23. Abd Al-Jabbar 71a.
  24. Toledoth Yeshú 7:1-14; Toledoth Yeshú, versión Goldesteinth casi hasta el final.
  25. Abd Al-Jabbar 70-b.
  26. Toledoth Yeshú 5:1.; cf. Talmud Babli Guittim 56b-57a.
  27. Toledoth Yeshú 6, 5. El Zohar ha-Jadash, indica que «el cuerpo de Jesús fue arrojado al valle de Hinom, en donde arrojaban a los perros y asnos muertos».
  28. Abd Al-Jabbar 66ª.
  29. Abd Al-Jabbar 65 a-b.
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