Mosquete


Mosquete
Mosquetes y bayonetas.

El mosquete es un arma de fuego de infantería empleada desde el siglo XVI hasta el siglo XIX, que se caracteriza por cargarse por el cañón (avancarga). Las ditintas teconlogías de disparo incluyen, de más antiguo a mas moderno, la mecha, la rueda, el pedernal y el pistón.

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Utilidad

Surgió como evolución del arcabuz y su cañón mide hasta metro y medio. Era grande y pesado y se necesitaba una horquilla para apoyarlo si se quería apuntar de manera correcta. Debido a esto y a su menor precio, el arcabuz siguió usándose también durante el siglo XVII. Más tarde fue evolucionando a modelos más ligeros, que se impusieron definitivamente con el siglo XVIII. El mosquete usaba balas el doble de pesadas que el arcabuz, con el lógico aumento de poder de detención. Su alcance efectivo era de igual manera mayor. Solía dispararse a unos 50 metros, aunque en teoría su alcance eficaz rozaba los 100, frente a los 50 metros del arcabuz, que solía dispararse a 25 metros o menos.

A partir de mediados del siglo XVII, deja de usarse la mecha y se emplea un sistema de disparo en teoría muy similar, pero en la práctica mucho más moderno para la época, puesto que incorporaba una llave de chispa asistida por un pedernal, permitiendo una mayor velocidad de disparo y eliminando la engorrosa mecha del arcabuz.

Evolución

Aunque el arcabuz y el mosquete son armas de avancarga muy parecidas, en origen representaban dos conceptos de guerra distintos. El arcabuz era un arma ligera, algo más manejable que el mosquete, lo que permitía a sus usuarios operar como, en términos actuales, infantería ligera: tropa con amplia capacidad de maniobra de uso múltiple.

El mosquete, en su origen, era sencillamente artillería portátil. Se usaba por su mayor capacidad de detención del enemigo. Sin embargo era más caro, muy difícil de cargar y muy pesada -lo que exigía el uso de una horquilla para apuntarlo-, por lo que, al principio, sólo se destinaba a su uso a los soldados más vigorosos e instruidos.

Infantería de línea de Prusia atacando con mosquetes durante la Batalla de Hohenfriedbergo en 1745

En formación cerrada, ambos tipos de tropa combatían en lo que se llamaban en España, en los tercios, "mangas", y que no eran otra cosa que una agrupación de compañías en los flancos de los batallones de picas.

El proyectil del mosquete (como el del arcabuz) debía tener un calibre más pequeño que el de cañón que lo debía disparar para poder cargarla con cierta comodidad, por lo que gran parte de la potencia impulsora de la deflagración se perdía. Además, en su trayecto por el cañón, la bala iba "botando" por el tubo de forma que era muy difícil determinar su trayectoria a su salida por la boca. De ahí la baja precisión y alcance de este tipo de armas.

El mosquetero, al principio, era un soldado que rara vez llevaba otra armadura que un coleto de cuero, debido al peso de su equipo -en contraste con el arcabucero, que podía llegar a usar cascos e incluso corazas-. Para las cargas, el mosquetero llevaba los llamados “los doce apóstoles”, que era un cinturón de cuero en bandolera con doce pequeños depósitos de madera con la medida precisa de pólvora gruesa necesaria para la carga de la recámara del arma. Que un soldado llevase a la batalla sólo doce cargas da una idea de la baja cadencia de fuego de este tipo de arma.

También llevaba en bandolera una polvera, pequeño depósito de pólvora fina para cebar la cazoleta que iniciaba el proceso de disparo, y en una bolsita al costado, las balas de plomo, llamadas comúnmente “pelotas”. El hecho de llevar la mecha encendida por ambos extremos, provocaba no pocos riesgos, que a veces terminaban en trágicos accidentes, al prender cargas o polveras. El mosquetero solía llevar, además, espada y daga para la defensa cercana, aunque no era inusual usar el mismo mosquete como maza.

La principal ventaja del mosquete era su poder de penetración, y su éxito fue tal que poco a poco las armaduras se fueron eliminando del campo de batalla, por inútiles, lo que a su vez permitió el aligeramiento del mosquete. En la segunda mitad del siglo XVII los mosquetes eran lo suficientemente ligeros para desprenderse de la horquilla. Esta evolución hizo que el mosquetero fuera sustituyendo poco a poco al arcabucero en los ejércitos europeos, unificando los conceptos tácticos de potencia de fuego y versatilidad en un sólo soldado.

A finales del siglo XVII, el mosquete se apropia definitivamente del campo de batalla. De los sistemas de cuerda y rueda de sus inicios, se pasará al sistema de chispa. La incorporación de la bayoneta, primero encastradas -se introducían en el cañón e impedían disparar- y luego, a mediados del siglo XVIII, de cubo –que permiten calarla sin obstruir el cañón-, permitirán prescindir de la infantería con picas, en favor de más mosqueteros. Por primera vez en la historia, los hombres en el campo de batalla no eran una mezcla de espadachines, piqueros, mosqueteros, ballesteros, arqueros y jabalineros; casi todos los ejércitos comenzaron a estandarizar sus fuerzas militares dejando en la lucha frente a frente solo a los mosqueteros, por el poder de fuego que representaban y porque, si estaban entrenados y mantenían la organización, se podían defender también de la caballería: había nacido el fusil.

El mosquetero, ahora fusilero, no se parecía en nada al mosquetero de los inicios. Su mosquete era más estilizado, ligero y largo. Cada carga de pólvora estaba ahora embalada con su proyectil en un cilindro de papel y estibada en una cartuchera que lo protegía con tapas de seguridad y lo mantenía separado del sistema de ignición, haciendo su uso y manejo mucho más seguro.

Los nuevos sistemas de disparo y embalaje de carga y bala permitían, además, reducir y simplificar el número de movimientos necesarios para cargar el arma. Aún así, una tropa podía considerarse muy bien instruida si conseguía que sus soldados efectuasen tres disparos en un minuto. Las cartucheras podían tener de 20 a 40 cargas.

A finales de la época napoleónica, se empezaron a generalizar las armas rayadas que hacían que la bala girase en el cañón, que permitían una mayor precisión y alcance, y, posteriormente, el sistema de chispa dejó paso al de pistón. Así terminaba la era del mosquete y empezaba la del fusil.

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