Murallas de Sevilla


Murallas de Sevilla
Plano del recorrido que seguían las murallas de Sevilla en el siglo XVII, dibujadas sobre el actual callejero del casco antiguo.

Las murallas de Sevilla fueron unas cercas militares que rodeaban el casco antiguo de la ciudad de Sevilla desde la época romana con continuas remodelaciones, fruto de los avatares vividos a lo largo de la historia de la ciudad durante sus periodos romano, visigodo, islámico y finalmente castellano. Subsistieron hasta el siglo XIX en que fueron parcialmente derribadas tras la revolución de 1868, conservándose en la actualidad algunos paños en el barrio de la Macarena y el entorno de los Reales Alcázares de Sevilla, principalmente.

Existieron hasta dieciocho puertas y postigos de acceso, de las cuales permanecen únicamente cuatro: la puerta de la Macarena, la puerta de Córdoba, el postigo del Aceite y el del Alcázar. Los restos conservados en la actualidad mantienen un aspecto claramente almohade, mezclado con el aire clasicista que le proporcionaron las restauraciones de las puertas existentes en el siglo XVIII.

Contenido

Historia

Construcción durante el imperio romano

Las cercas defensivas de la ciudad fueron construidas en tiempos de Julio César, aproximadamente entre los años 68 y 65 a. C., cuando era cuestor de la ciudad. Esta nueva edificación tuvo como fin el de reemplazar la antigua empalizada cartaginesa de troncos y barro que existía, siendo ampliadas y perfeccionadas durante el imperio de su hijo César Augusto debido al crecimiento de la ciudad; estaban protegidas por torreones ciclópeos.

Los restos materiales de esta etapa sólo son reconocibles en el material reutilizado en época califal en la nueva muralla de los Reales Alcázares.

Ampliación en la etapa islámica: siglos IX-XII

Tuberías dentro de las murallas en las cercanías de los Reales Alcázares.[1]

Durante el dominio islámico, concretamente en el año 844 la ciudad fue arrasada por los vikingos, y las murallas fueron pasto de las llamas. Tras ello el emir Abderramán II, cuarto emir omeya de Córdoba (822-852) mandó reconstruirlas. Fueron nuevamente destruidas por su tataranieto Abderramán III, octavo emir independiente (912-929) y primer califa omeya de Córdoba (929-961), junto con las puertas de las mismas, en el año 913 pensando con ello que se evitarían conatos de secesión contra Córdoba, convertida por él mismo en capital de Al-Ándalus.

En 1023, Abú al-Qasim, primer rey taifa de Sevilla (1023-1042), ordenó levantar de nuevo las murallas para protegerse de las tropas cristianas, y entre los siglos XI y XII se llevó a cabo una importante ampliación que duplicó el recinto murado bajo el dominio del sultán Alí ibn Yúsuf (1083-1143). La defensa de la ciudad fue extendida, ensanchada y fortalecida, ampliando el espacio protegido por la cerca en casi dos veces su antigua superficie. Sus sucesores, conscientes del avance conseguido sobre los reinos cristianos del norte en la etapa de la reconquista, se dedicaron a reforzar sus defensas, dando lugar al recinto definitivo de las murallas.

En esta época disponían de una dimensión de siete kilómetros de muro, con 166 torreones, 13 puertas y seis postigos.

Las murallas tras la reconquista: siglos XIII-XVI

Murallas de la ciudad con sus torreones en el barrio de la Macarena.

Tras la reconquista cristiana de la ciudad por parte de Fernando el Santo en 1248, la Corona de Castilla mantuvo la fisionomía de los muros que había sido impuesta por los árabes durante su construcción, y como era usual en el reino de Castilla, los sucesivos monarcas juraron los privilegios de la ciudad al tomar posesión de ella en alguna de sus puertas, siempre aquellas de mayor importancia social o estratégica, como símbolo de poder. Así el 10 de marzo de 1526 prestó juramento e hizo pleito homenaje a la ciudad en la puerta de la Macarena el rey Carlos I, que llegó a ella para celebrar sus bodas con doña Isabel de Portugal.[2]

Durante el reinado de Carlos I se llevó a cabo una importante remodelación de las entradas públicas o reales de la muralla para integrarlas en el ensanche promovido por el monarca en las ciudades y villas, con el fin de facilitar el tránsito de carruajes tan común en la época. Estas remodelaciones afectaron a la puerta de Carmona, a la de la Carne, a la puerta Real, a la puerta del Arenal, al postigo del Aceite, en el que Benvenuto Tortello realizó obras en 1572, y al postigo del Carbón, que fue trasladado desde el comienzo de la calle Santander hasta el final de ella, igual que ocurrió con la puerta de Triana, originalmente en la calle Zaragoza, que fue trasladada en 1585 más al norte, en la confluencia de dicha calle con la de San Pablo.

Último periodo antes de desaparecer: siglos XVII-XIX

Paño de muralla y torre en la calle del Agua.

Con el tiempo su función militar dejó de tener importancia, y comenzó a primar un valor protector frente a las crecidas del río Guadalquivir. Además tenía una funcionalidad comercial, pues su presencia y factor de aislamiento la convertían en una aduana a través de la cual se canalizaba y regulaba el acceso a la ciudad, estipulado con el pago del arancel. También esta vigilancia facilitaba el cobro de importantes impuestos y tributos que se aplicaban al tránsito de personas y mercancías, de entre los que destacaban el portazgo, la alcabala o el cornado de la cerca, tributo especial existente en Castilla para este tipo de construcciones; finalmente se convertía en una barrera sanitaria, que permitía el control de enfermedades.

En el siglo XVIII se vuelven a llevar a cabo remodelaciones en las puertas de acceso. Fue reconstruida la puerta del Arenal, se abrió una pequeña capilla en el costado derecho del postigo del Aceite, donde se colocó un retablo barroco con la imagen de la Inmaculada Concepción (patrona del barrio del Arenal), obra de Pedro Roldán; finalmente se levantó la puerta de San Fernando, a la altura de la Real Fábrica de Tabacos.

En 1836, con motivo de la invasión de Andalucía por las fuerzas carlistas, se realizó un foso con puente levadizo junto a la puerta de la Macarena, con el fin de fortificar el conjunto; entonces las murallas se encontraban prácticamente íntegras. A partir de la revolución de 1868 se comenzó a derribar gran parte de ellas, debido esencialmente al crecimiento de la ciudad; se salvaron al derribo los tramos desde la Macarena, donde se contabilizan siete torreones cuadrados y uno octogonal, hasta la puerta de Córdoba, así como algunos tramos en los jardines del Valle y el sector de los Reales Alcázares. Además se conservan las torres de Abd el Aziz, la de la Plata y la del Oro, propias de las defensas del recinto amurallado.

Puertas y postigos de acceso a la ciudad

El acceso a la ciudad se realizaba principalmente por los denominados postigos o puertas, que las había de dos tipos: reales o públicas, y privadas. Las puertas tenían su acceso acodado, según se observa en la puerta de Córdoba, y carecían de decoración a diferencia de las que se ven en el Magreb. Entre puertas y postigos contaba la ciudad con diecinueve accesos:

Puertas de entrada
  • Puerta de la Almenilla, de origen almorávide fue reformada constantemente; también denominada puerta de la Barqueta, se hallaba en la calle Calatrava, en la plazoleta del Blanquillo.
  • Puerta del Arenal, de origen almorávide y reconstruido en el siglo XVI y en el XVIII; se situaba en la esquina de la calle Castelar con la calle García de Vinuesa.
  • Puerta de Carmona, de origen almorávide, reformada totalmente en el siglo XVI y derribada en 1868; se encontraba situada en la esquina de las calles de San Esteban con Menéndez Pelayo.[3]
  • Puerta de la Carne, de origen almorávide y reformada totalmente en el siglo XVI; se hallaba en la calle Menéndez Pelayo, a la altura de la calle Santa María la Blanca.
  • Puerta de Córdoba, de origen almorávide y reformada en el siglo XVI; situada frente al convento de los Capuchinos, es una de las que mejor conserva la disposición originaria.
  • Puerta de Jerez, de origen califal; estaba situada en el extremo oeste de la calle de San Gregorio, en dirección al río. En ella había grabados unos versos alusivos a la historia de la ciudad.[4]
  • Puerta de la Macarena, de origen almorávide y reformada en el siglo XVIII; situada frente a la Basílica de La Macarena.
  • Puerta Osario, de origen almorávide, se localizaba entre las calles Valle y Puñonrostro.
  • Puerta Real, de origen almorávide y reconstruida en el siglo XVI, también denominada puerta de Goles; se encontraba en la esquina de la calle Goles con la calle Alfonso XII.
  • Puerta de San Fernando, construida en el siglo XVIII fue la más moderna; se localizaba a la altura de la Real Fábrica de Tabacos.
  • Puerta de San Juan, de origen almorávide; estaba situada en la calle Guadalquivir, entre la calle San Vicente y Torneo.
  • Puerta del Sol, de origen almorávide y reformada en el siglo XVI; se situaba al final de la calle Sol, y su nombre procede del sol que tenía grabado sobre el dintel.
  • Puerta de Triana, de origen almorávide y reconstruida en 1585 algo más al norte, fue derribada en 1868; estaba en la actual calle Zaragoza, en la confluencia con la calle Moratín, donde en la actualidad está señalado.
Postigos de acceso
  • Postigo del Aceite, de origen almorávide y muy reformado; conocido así por ser el lugar por donde entraba el aceite; se encuentra cerca del edificio de Correos.
  • Postigo del Alcázar, de origen almohade, sustituyó la torre-puerta califal; también fue denominado como postigo de la Torre del Agua, del callejón de la Judería o de la huerta del Retiro. Se encuentra situado en la calle Judería.
  • Postigo del Carbón, de origen almorávide se trasladó en el siglo XVI del principio al final de la calle Santander, antes denominada del Carbón, de que tomó el nombre.
  • Postigo de la Feria, también llamado postigo de la Basura, estaba al final de la calle Feria, esquina con la calle Bécquer.
  • Postigo del Jabón, ubicado en las inmediaciones de la calle Tintes.

Galería fotográfica

Véase también

Bibliografía

  • Jiménez Maqueda, Daniel (1999). Las puertas de Sevilla: una aproximación arqueológica. Estudio histórico-arqueológico de las puertas medievales y postmedievales de las murallas de la ciudad de Sevilla. Sevilla: Fundación Ararejadores. ISBN 84-8093-075-6. 
  • Albardonedo Freire, Antonio (2002). El urbanismo de Sevilla durante el reinado de Felipe II. Sevilla: Guadalquivir Ediciones. pp. 255-311. ISBN 84-8093-115-9. 

Referencias

  1. La inscripción del azulejo mantiene: Muralla de la ciudad de época islámica (s. XI-XII), que contiene las conducciones que en el periodo cristiano suministraban agua al Real Alcázar y a la ciudad. Restaurada por la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla gracias a la colaboración de Texsa en 1993.
  2. Romualdo de Gelo Fraile. «Antiguas murallas y puertas de Sevilla». Consultado el 12 de abril de 2009.
  3. Unido a esta puerta se encontraba el acueducto conocido como Caños de Carmona.
  4. Sobre el arco de entrada y en latín rezaban: Hércules me edificó, Julio César me cercó de muros y torres altas, y el rey santo me ganó con Garci Pérez de Vargas.

Enlaces externos


Wikimedia foundation. 2010.

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