Palantir


Palantir

Palantir

En las obras de J. R. R. Tolkien, una Palantír, en plural Palantiri, es una piedra esférica que sirve para ver acontecimientos o lugares distantes, o, más frecuentemente, para comunicarse con el usuario de otra de ellas. Aparecen por primera vez en "Las dos torres", la segunda novela de "El Señor de los Anillos" y luego de la muerte de Tolkien se publicó un ensayo llamado "Las Palantiri" dentro de la obra "Cuentos Inconclusos" en que se profundiza en detalles de su origen, naturaleza y funcionamiento.

Su nombre es una palabra quenya (el idioma de los Noldor) que significa "visión lejana". A menudo también son llamadas las piedras videntes.


Descripción

Se trataba de rocas negras pulidas y esféricas. En su interior podían verse escenas de cosas que estaban ocurriendo en sitios lejanos e incluso en tiempos lejanos. El poseedor podía, si su voluntad era fuerte, dirigir la visión hacia algo de su preferencia, pero lo más habitual era que cada piedra cobraba contacto con alguna otra, y con ello podía mantenerse comunicación mental con los demás custodios.

Solían ponerse sobre un pedestal con una depresión para que no rodaran y se mantuvieran "orientadas", pues tenían "polos".

Historia

Las Palantiri fueron fabricadas por los Noldor en Eldamar (parece ser que el mismísimo Fëanor las fabricó) y regalaron siete a la Casa de Elendil, en Númenor. Se sabe que en Tol Eressëa se conservaba una octava piedra vidente (la piedra maestra) con la que Elendil mantenía comunicación con los elfos de las Tierras Imperecederas a través de la Palantír que se mantenía en las Colinas de las Torres, al occidente de La Comarca, que sólo servía para este propósito.

A la caída de Númenor, Elendil se las llevó a la Tierra Media y las repartió por todo su reino. La principal de ellas fue colocada en la Cúpula de las Estrellas de Osgiliath. Las otras fueron distribuidas en Minas Ithil, Minas Anor, Orthanc, Annúminas, Elostirion en las Colinas de las Torres y en la Torre de Amon Sûl.

Tras la muerte de Elendil, los Eldar tomaron de nuevo la que estaba en las Colinas de las Torres, donde permaneció durante toda la Tercera Edad, siempre mirando al Oeste, y después de la Guerra del Anillo, esa piedra partió a bordo del navío blanco donde se embarcaron los Portadores de los Anillos. Los reinos de Rhudaur y Cardolan codiciaron la de Amon Sûl, pues era la piedra principal del Reino del Norte, estando las otras dos en manos de Arthedain y de los Eldar.

En 1409 de la Tercera Edad, la Torre de Amon Sûl fue destruida por Angmar, pero Arthedain recobró la Palantír y la llevó, junto con la de Annúminas, a Fornost hasta su caída, cuando naufragó el rey Arvedui en la Bahía de Forochel las piedras de Annúminas y Amon Sûl se perdieron para siempre en el mar.

En Gondor, la Palantír de Osgiliath se perdió en la Lucha entre Parientes, tras el ataque a la ciudad, y se hundió en lo profundo del río Anduin. Cuando los Nazgûl tomaron Minas Ithil y la ciudadela se transformó en Minas Morgul, en 2002 de la TE, la piedra que allí estaba pasó a estar controlada por Sauron.

La consecuencia de ello fue que se volvió peligroso hablar por las demás, sobre todo por la de Minas Anor (luego Minas Tirith), que era la más afín. Al final de la Guerra del Anillo se descubrió que Denethor II había enloquecido por usar esta Palantír y haber estado en contacto con Sauron, quien le había hecho perder toda esperanza de salvar a su reino, mostrándole imágenes de su poderío y de la ruina de los pueblos del Oeste. También Saruman, cuando se volvió malvado, usó la piedra de Orthanc para mantener comunicación con el Señor Oscuro, en la creencia de que podría congraciarse con él mientras llevaba a cabo sus planes de dominio.

Al final de la Guerra del Anillo, sólo quedaban las piedras de Orthanc y Minas Tirith, que pasaron a manos del Rey Elessar; pero de ambas sólo la de Orthanc servía, pues la otra (que Denethor había estado usando), quedó inservible al mostrar permanentemente sólo un par de manos calcinándose, consecuencia de la pira de fuego en la que Denethor, en su locura, se suicidó, apretando la Palantír contra sí.

Obtenido de "Palantir"

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