Carta de la Tierra

Carta de la Tierra
Bandera de la Tierra, con la fotografía del planeta conocida como La canica azul, tomada desde la nave espacial Apollo 17 en 1972.

La Carta de la Tierra (del inglés The Earth Charter) es una declaración internacional de principios, propuestas y aspiraciones para una sociedad mundial sostenible, solidaria, justa y pacífica en el siglo XXI.

  • Promovida en el entorno de las Naciones Unidas y de sus organizaciones, ha sido traducida a más de 30 lenguas desde su lanzamiento en el año 2000. Desde entonces la Carta ha ido ganando difusión y reconocimiento en todos los países.
  • La declaración contiene un planteamiento global y conciso de los retos del planeta, así como propuestas de cambios y de objetivos compartidos que pueden ayudar a resolverlos. Está redactada en un estilo accesible y en lenguaje positivo.
  • Aunque abarca muchas áreas de atención y de detalle, su resumen es muy simple: todos somos uno. La Carta llama a la humanidad a desarrollar una visión universal y de conjunto en una coyuntura crítica de la historia.
  • La Carta de la Tierra no pretende ser la única respuesta posible a los problemas actuales de la humanidad, y tampoco ser exhaustiva. No obstante, al tener un contenido consistente, trabajado, fruto de un diálogo internacional muy amplio, goza de aceptación generalizada.
  • La Carta no ha nacido con el objetivo de ser un documento internacional más. Tratando de ir más allá de la teoría, se ha ido desarrollando a la vez un movimiento internacional plural, autónomo, que trabaja para poner en práctica sus principios. Esta red civil global es conocida como la Iniciativa de la Carta de la Tierra.

Contenido

Una sociedad global para el siglo XXI

  • La visión del documento muestra que la protección del medio ambiente, los derechos humanos, el desarrollo equitativo de los pueblos y la paz son interdependientes e indivisibles. Todos los problemas están relacionados: los ambientales, los sociales, los económicos, los políticos y los culturales, lo cual invita a promover soluciones que los tengan en cuenta conjuntamente.[2]
Por ello la Carta de la Tierra es ante todo una declaración solidaria, que habla de responsabilidad global, no sólo de ecología o sostenibilidad ambiental.
  • Es lógico que en la sociedad haya aspiraciones y perspectivas diferentes. La Carta llama a superar las diferencias y a encontrar puntos de unión al servicio del bienestar colectivo.
  • En definitiva, la Carta de la Tierra trata de proporcionar una base ética y democrática para la sociedad global del siglo XXI, sobre la convicción de que hay otras formas de globalización más allá de la perspectiva económica y del beneficio a cualquier precio.
El documento es una llamada de atención sobre la mentalidad irracional y egocéntrica de unos pocos, pero influyentes, que junto con la pasividad de la mayoría, está produciendo estragos sociales y ambientales a tal escala que se está poniendo en peligro el futuro de la humanidad.
  • La declaración manifiesta y cree que se puede vivir y disfrutar en la Tierra sin destruirla y sin causar daño a las comunidades y seres vivos que la habitan. "El proceso requerirá un cambio de mentalidad y de corazón", afirma el texto en su final.
Vista panorámica desde lo alto del monte Feathertop, en Victoria, Australia.
 "La Tierra, nuestro hogar". (Préambulo de la Carta).

Los antecedentes de la Carta

Entre otros:
  • 1982: La Carta Mundial de la Naturaleza[3]
Es probablemente la declaración ecológica internacional más consistente hasta el 2000, cuando se lanza definitivamente la Carta de la Tierra. El documento, claramente progresivo para su tiempo, fue aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1982.
  • 1987: Informe Brundtland
La Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas (Comisión Brundtland), en su informe de 1987 Nuestro Futuro Común, conocido como Informe Brundtland, hace un llamamiento a la creación de una carta que contenga los principios fundamentales para una vida sostenible. En él se afirma:


"La Tierra es una pero el mundo no lo es. Todos dependemos de una sola biosfera para el sustento de nuestras vidas. Sin embargo cada comunidad, cada país, lucha por su supervivencia y prosperidad con poco interés por el impacto que cause a los demás.

Algunos utilizan los recursos de la Tierra a un ritmo tal que dejarían poco para las futuras generaciones.

Otros, en proporción aún mayor, consumen demasiado poco, y viven con un panorama de hambre, miseria, enfermedad y muerte prematura".[4]

Pedimos prestado (tomamos) capital ambiental a las futuras generaciones sin intención ni posibilidad de reintegrárselo...

Actuamos así porque sabemos que no seremos sancionados: las futuras generaciones no votan, no tienen poder político ni financiero".[5]
  • 1990-1992: Cumbre de la Tierra en Río
Siguiendo la recomendación del Informe Brundtland, se redactan diversos borradores de carta de la Tierra, dentro de la actividad de preparación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Cumbre de la Tierra), en Río de Janeiro en 1992. En ellos se intentan establecer las bases éticas sobre las cuales se fundarían la Agenda 21 y otros acuerdos de la Cumbre.
La posibilidad de esa base ética suscita gran entusiasmo, llevando a varios gobiernos y ONGs a remitir propuestas y recomendaciones sobre el tema y a celebrar abundantes reuniones internacionales.
La aprobación de ese texto no es posible en la Cumbre de Río. De esta forma, la Agenda 21 (el documento más importante de aquella Cumbre) acentúa su carácter técnico, al quedar privado de fundamentación y de una visión de mayor alcance. En lugar de la carta, se decide redactar y aprobar lo que llega a ser la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.
Sin embargo, durante el Foro Global de las ONG, desarrollado paralelamente a la Cumbre y con estatus consultivo en ella, las ONG de 19 países redactan una carta de la Tierra basada en el trabajo hecho durante el proceso preparatorio. Éste es el primer arranque real de lo que más adelante sería la Carta de la Tierra.[6]

La historia reciente

Templo hoysala de Somnathpur (siglo XIII). Mysore (India).
 "Nuestra diversidad cultural es una herencia preciosa" (Texto final de la Carta - El camino hacia adelante).
  • 1993-1994
Los organizadores de la Cumbre de Río, especialmente Maurice Strong, secretario general de la Cumbre y presidente del Consejo de la Tierra, y Mijaíl Gorbachov, presidente de Green Cross International, deciden en 1994 retomar la elaboración de una Carta de la Tierra, con el apoyo de Ruud Lubbers, primer ministro del gobierno de los Países Bajos. Lo hacen de una forma nueva, como una iniciativa de la sociedad civil, más que de organismos internacionales.
Se trata de promover un diálogo mundial para formular una Carta de la Tierra que nazca desde abajo hacia arriba.
Tras esta nueva orientación está la preocupación -compartida por representantes de gobiernos, empresas y sociedad civil - porque el debate respecto al desarrollo sostenible era demasiado limitado en su perspectiva:
  • En la sostenibilidad no se abordan asuntos cruciales como la solidaridad, la paz, la diversidad cultural, la justicia social o la democracia.
  • Es patente la necesidad de un documento mundial de referencia que sintetice los muchos asuntos en juego en torno a la sostenibilidad, no sólo los ecológicos, de forma tal que la mayoría de la gente y las organizaciones lo puedan comprender y aplicar fácilmente.
  • Aunque el papel legislativo de los gobiernos es esencial, las leyes y otras normas carecen de una dimensión ética explícita y clara que refleje los valores humanos que se poseen universalmente.
  • Las Naciones Unidas y los gobiernos no son capaces de resolver por sí mismos los problemas mundiales.[7] Los grandes programas o agendas internacionales no sirven de mucho. Como se vio en las Cumbres de Estocolmo (1972), de Río (1992), y se verá luego en la de Johannesburgo (2002), se fijan ambiciosas agendas de acción que luego apenas se llevan a la práctica.[8] Esto se debe al desinterés, a intereses contrapuestos cuando no a la oposición de gobiernos y otras instituciones.
Sigue siendo por ello clave el apoyo por parte de la sociedad civil, los pueblos del mundo.
  • 1995-1999
Se forma en 1997 la Comisión de la Carta de la Tierra, compuesta por 23 personalidades de varios continentes, para organizar un proceso mundial de consultas a través del que se dio forma al texto.
Participan, entre otros, además de Lubbers, Gorbachov (premio Nobel de la Paz 1990), y Strong, Amadou Toumani Touré (actual presidente de Malí), Mohamed Sahnoun (Argelia), Federico Mayor Zaragoza (España), Mercedes Sosa (Argentina), Leonardo Boff (Brasil), Erna Witoelar (Indonesia), Wangari Maathai (premio Nobel de la Paz 2004, Kenya), A.T. Ariyaratne (Ceilán), Wakako Hironaka (Japón).
Durante estos cinco años, a través de una secretaría de apoyo ubicada en San José (Costa Rica), se impulsan consultas y discusiones que involucran a 46 países y miles de personas, en uno de los procesos más abiertos y participativos que se hayan dado en relación con un documento internacional. Participan cientos de ONG's, comunidades, colectivos, asociaciones profesionales y expertos internacionales.
  • 2000
La versión final de la Carta se aprueba por la Comisión en la reunión celebrada en la sede de la Unesco en París en marzo de 2000. El lanzamiento oficial de la Carta de la Tierra tiene lugar en el Palacio de la Paz en La Haya el 29 de junio de 2000, en un acto presidido por la reina Beatriz de Holanda.

Principios

El texto de la Carta está estructurado en torno a 4 principios básicos o angulares, desplegados en 16 principios generales, desarrollados y complementados a su vez en 61 principios de detalle o de apoyo. Todos ellos van precedidos de un Preámbulo, y finalizan con un texto de conclusión (El camino hacia adelante).

El conjunto posee gran belleza (y por tanto fuerza atractiva). Es un texto sin duda adecuado para inaugurar el nuevo milenio. En él se recoge lo mejor que el discurso ecológico ha producido, junto con los resultados más aceptados de las ciencias de la vida y del universo, todo ello con gran densidad ética y humanista.

Éstos son los 16 principios generales: [9]

Pimpinela (Anagallis arvensis).
Delfines en el Estrecho de Gibraltar.
Campo de refugiados de Kibati, cerca de Goma, en Kivu del Norte - (República Democrática del Congo). Nov. 2008.
Aurora boreal sobre el Lago Bear, Fairbanks, Alaska, Estados Unidos.
 "La protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra es un deber sagrado" (Preámbulo de la Carta).
I. Respeto y cuidado de la vida.
1. Respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad.
2. Cuidar la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.
3. Construir sociedades democráticas que sean justas, participativas, sostenibles y pacíficas.
4. Asegurar que los frutos y la belleza de la Tierra se preserven para las generaciones presentes y futuras.
II. Integridad ecológica
5. Proteger y restaurar la integridad de los sistemas ecológicos de la Tierra, con especial preocupación por la diversidad biológica y los procesos naturales que sustentan la vida.
6. Evitar dañar como el mejor método de protección ambiental y, cuando el conocimiento sea limitado, proceder con precaución.
7. Adoptar patrones de producción, consumo y reproducción que salvaguarden las capacidades regenerativas de la Tierra, los derechos humanos y el bienestar comunitario.
8. Impulsar el estudio de la sostenibilidad ecológica y promover el intercambio abierto y la extensa aplicación del conocimiento adquirido.
III. Justicia social y económica
9. Erradicar la pobreza como un imperativo ético, social y ambiental.
10. Asegurar que las actividades e instituciones económicas, a todo nivel, promuevan el desarrollo humano de forma equitativa y sostenible.
11. Afirmar la igualdad y equidad de género como prerrequisitos para el desarrollo sostenible y asegurar el acceso universal a la educación, el cuidado de la salud y la oportunidad económica.
12. Defender el derecho de todos, sin discriminación, a un entorno natural y social que apoye la dignidad humana, la salud física y el bienestar espiritual, con especial atención a los derechos de los pueblos indígenas y las minorías.
IV. Democracia, no violencia y paz
13. Fortalecer las instituciones democráticas en todos los niveles y brindar transparencia y rendimiento de cuentas en la gobernabilidad, participación inclusiva en la toma de decisiones y acceso a la justicia.
14. Integrar en la educación formal y en el aprendizaje a lo largo de la vida, las habilidades, el conocimiento y los valores necesarios para un modo de vida sostenible.
15. Tratar a todos los seres vivientes con respeto y consideración.
16. Promover una cultura de tolerancia, no violencia y paz.

La Carta finaliza con estas alentadoras palabras:

Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde
por el despertar de una nueva reverencia ante la vida;
por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad;
por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz;
y por la alegre celebración de la vida.

La Carta hoy

Especialmente en la última década, la opinión pública ha ido concordando con la opinión científica de que se avecinan cambios dramáticos en los patrones de producción y consumo. El desarrollo (económico o de cualquier otro tipo) no puede lograrse en un mundo en el que los frutos del crecimiento no se compartan más equitativamente. Las guerras, el terrorismo y los abusos cometidos contra los derechos humanos son la causa de un desarrollo desequilibrado.

Desde el nacimiento del texto, y especialmente desde 2007, no ha dejado de crecer el respaldo formal y la legitimidad social de la Carta. Han dado su apoyo explícito más de 5.000 organizaciones junto con multitud de adhesiones personales directas, configurando un respaldo global de millones de personas.[10]

Lo más atractivo de la Carta parece ser precisamente su estilo, lejos de lo habitual en los grandes programas internacionales. No es una lista detallada de obligaciones, minuciosos controles o auditorías, sino que llama directamente al corazón y a lo más noble del ser humano, fundamentando esa apelación en una sólida base moral y analítica. Por ello es una declaración motivadora, viva, con fuerza movilizadora, de la que suelen carecer los documentos internacionales.

Hay también algunos temas controvertidos en la Carta. El alcance de la propia Carta, o su consideración de la ecología, son algunos de los puntos en debate. Cuando la Comisión de la Carta de la Tierra aprobó en el 2000 la versión final del documento, se reconoció que el diálogo global sobre los temas que aborda la Carta debía continuar.[11]

Más allá de discrepancias y debates civilizados, la declaración ha sido objeto frecuente de campañas de sectores de opinión ultraconservadores y minoritarios aunque generadores de bastante ruido mediático en Internet.

El tercer pilar del desarrollo pacífico

Jerusalén. Cúpula de la Roca. Al fondo, iglesia del Santo Sepulcro. En primera línea, abajo, almenas del Muro de las Lamentaciones.
 "En medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común". (Preámbulo de la Carta).
  • Mijaíl Gorbachov[12] afirma que el mundo actual encara tres problemas principales que abarcan a todos los demás:
    • el reto de la seguridad, armas de destrucción masiva y terrorismo;
    • el reto de la pobreza y de las economías subdesarrolladas; y
    • el reto de la sostenibilidad ambiental.
  • Existen dos documentos en el derecho internacional al servicio de la comunidad mundial para enfrentar los dos primeros:
    • La Carta de las Naciones Unidas, que reglamenta las relaciones entre estados y, por consiguiente, establece normas de conducta para conseguir la paz y la estabilidad.
    • La Declaración Universal de los Derechos Humanos, que regula las relaciones entre estados y personas, y garantiza a todos los ciudadanos un conjunto de derechos inalienables que sus respectivos gobiernos deberán asegurarles.
La trascendencia de ambos documentos no debe sobreestimarse.
  • Resulta evidente la necesidad de un tercer documento que pueda reglamentar específicamente las relaciones entre estados, individuos y naturaleza, definiendo los deberes de los seres humanos hacia el medio ambiente y hacia la comunidad de la Tierra.
  • La Carta de la Tierra, que recoge los tres problemas, y no sólo el ambiental, bajo una idea amplia de sostenibilidad, parece estar llamada a llenar ese vacío, convirtiéndose en ese tercer pilar del desarrollo pacífico del mundo moderno.
  • Sigue en marcha un proceso internacional de apoyo, con un número creciente de gobiernos locales y nacionales respaldando a la declaración (los de España, Brasil y México entre otros), así como la Unesco y multitud de organizaciones no gubernamentales[cita requerida].
El objetivo de ese proceso es la adopción de la Carta de la Tierra como referencia ética y jurídica sobre la sostenibilidad por las Naciones Unidas y la comunidad internacional. Se sigue trabajando a favor del reconocimiento oficial que, aunque pueda sorprender, todavía no se ha producido.
Sudáfrica, país anfitrión de la Cumbre de Johannesburgo en 2002, lideró entonces un gran esfuerzo internacional por reconocer la Carta de la Tierra, malogrado principalmente debido a la oposición de los Estados Unidos. Esto no es obstáculo a que la Declaración de Johannesburgo apoye explícitamente conceptos introducidos por la Carta, como el cuidado de la comunidad de la vida.[11]

La gran comunidad de la vida: una visión solidaria de la sostenibilidad

"El proceso requerirá un cambio de mentalidad y de corazón" (Texto final de la Carta: El camino hacia adelante).
Perritos de la pradera (Cynomys).
 "Cuidar de la comunidad de la vida, formada por todos los seres vivos, hasta los más pequeños".
  • El ideal colectivo propuesto por la Carta no es sólo el de un desarrollo sostenible centrado en el medio ambiente y en sus factores económicos y sociales, sino el de un estilo o modo de vida sostenible.
Éste incluye a aquél, pero va más allá, promoviendo el cuidado de todas las formas de vida y la responsabilidad colectiva, solidaria, frente al destino común de la Tierra y la humanidad.
Porque "el desarrollo humano se refiere primordialmente a ser más, no a tener más".[13]
  • Un desarrollo sostenible permite a la Tierra, conservando su belleza, su integridad y sus abundantes pero limitados recursos, satisfacer las necesidades actuales de toda la humanidad de manera incondicional. Pero lo hace de forma que la Tierra pueda reproducirse, regenerarse y continuar su evolución, como lo ha hecho durante cuatro mil quinientos millones de años, satisfaciendo así también las necesidades de futuras generaciones.[14]
La forma actual de desarrollo, a nivel mundial, es absolutamente insostenible. Se dijo por el Club de Roma que de persistir éste modelo de vida, la humanidad podría sufrir el mismo destino que los dinosaurios[cita requerida].
  • La Carta habla de desarrollo sostenible, pero no hace de él su postulado central. Ese desarrollo sostenible, entendido en un sentido técnico, es lo que predomina en documentos oficiales de gobiernos y organismos internacionales. Tan abusivo ha sido su uso, que la palabra sostenibilidad (desde su nacimiento en el Informe Brundtland), se ha ido vaciando de contenido hasta equipararse a una mera técnica medioambiental, utilitaria.
  • La Carta recupera y activa de nuevo el concepto de sostenibilidad uniéndola a la solidaridad. Es la vida quien tiene prioridad, no la técnica, mera herramienta a su servicio. La Carta asume como necesario el desarrollo sostenible, y a la vez dirige su enfoque hacia la comunidad de la vida, formada por todos los seres vivos, hasta los más pequeños. Esta comunidad, en toda su espléndida diversidad, constituye la realidad más amenazada.[15]
  • Junto con la comunidad de la vida, la Carta plantea su protección, la atención hacia ella, y el reconocimiento de cada ser vivo y de su valor intrínseco.[16] Éste es, pues, un nuevo concepto de sostenibilidad a partir de la Carta de la Tierra: cuidado de la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.[15]
Este modo de vida sostenible, solidario, retoma lo ambiental y lo biológico como ejes, pero dentro de un conjunto más amplio junto con lo social, lo político, lo económico, lo cultural, lo ético y lo personal: todos los aspectos de la vida están entrelazados, y de ahí que sea necesaria esa visión de conjunto, amplia, fraternal y solidaria, de la ecología y la sostenibilidad. Todos somos uno.

Un punto de partida, un proceso

Marcha pacifista hacia el Capitolio en Washington D.C. (Estados Unidos) (15 sept. 2007).
 "Somos ciudadanos de diferentes naciones y de un solo mundo al mismo tiempo" (Preámbulo de la Carta)
  • Desde sus primeros años, la Carta de la Tierra ha buscado promover un proceso de transformación, de crear una conciencia de ciudadanía global, un sentido de responsabilidad universal.[17] Este proceso o Iniciativa[18] se basa en una extensa red colectiva internacional, diversa, descentralizada y voluntaria, que se ha ido formando estos años.
  • La Carta de la Tierra no es, pues, algo cerrado y finalizado en el 2000, sino un punto de partida para esa Iniciativa, cada día más viva y más abierta. Esto es especialmente importante en estos tiempos de crisis.
  • Se están produciendo transformaciones intensas en lo económico, en lo financiero y en la energía, pero también en lo político, en lo social, en la educación, en las empresas, en la comunicación, en la forma de pensar y de vivir, en las ideas, en las actitudes. Probablemente las cosas nunca vuelvan a ser como antes.

Se ha dicho que ésta no es sólo es una crisis material o económico-financiera, sino una crisis del modelo de sociedad actual. Así pues, esta crisis reflejaría otra más profunda, una crisis de fundamentos, de los principios que han presidido la evolución humana durante los últimos siglos: interés individual, competición, rendimiento financiero, acaparamiento, dominación,[19] despilfarro ecológico. De todos es conocido que la sociedad mundial vive ahora en el centro de una formidable crisis de sentido, de falta de rumbo histórico.[20]

Es a ese nivel donde la Carta de la Tierra puede aportar su contribución más singular.
"Vivir con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida, y con humildad respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza" (Preámbulo de la Carta).

Referencias y notas

  1. En el sentido de "ley blanda" (soft law)
  2. Leonardo Boff. "Respeto y cuidado hacia la comunidad de la vida" [1]
  3. Carta Mundial de la Naturaleza. El País, 12/11/2004.[2]
  4. Informe Brundtland[3], citado también por Peter B. Corcoran, "Crear un solo mundo"[4].
  5. íbíd. [5]
  6. Mirian Vilela. "Historia y procedencia de la Carta de la Tierra". [6]
  7. Ibíd. [7]
  8. Agenda 21. El estado de la cuestión.
  9. Texto de la Carta de la Tierra
  10. The Initiative Story [8]
  11. a b Steven C. Rockefeller. “La transición hacia la sostenibilidad”. [9]
  12. Mijail Gorbachov. "El tercer pilar del desarrollo pacífico". [10]
  13. Preámbulo de la Carta de la Tierra: Los retos venideros. [11]
  14. Leonardo Boff. Ibíd. [12]
  15. a b Ibíd. [13]
  16. Capítulo I de la Carta. [14]
  17. Entrevista a Mirian Vilela, 11 de julio de 2003[15]
  18. Iniciativa de la Carta de la Tierra [16]
  19. L. Boff. "La cosmología de la dominación, en crisis". [17]
  20. L. Boff. "Carta de la Tierra, ¿nuevo reencantamiento?" [18]

Véase también

Enlaces externos


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