Tesoro de Guarrazar


Tesoro de Guarrazar
Corona de Recesvinto expuesta en el (M.A.N.).

Coordenadas: 39°48′41″N 4°8′57″O / 39.81139, -4.14917

Es un tesoro arqueológico compuesto por coronas y cruces votivas que los reyes visigodos españoles ofrecieron en su día a la Iglesia. Fue hallado entre los años 1858 y 1861 en el yacimiento arqueológico de la llamada huerta de Guarrazar, situada en la localidad de Guadamur (Castilla-La Mancha, España), muy cerca de la capital de provincia, Toledo. El tesoro está repartido entre el Museo de Cluny, en París, la Armería del Palacio Real de Madrid y el Museo Arqueológico Nacional de España (M.A.N.).

Contenido

Composición

Una de las coronas votivas (M.A.N.).

Entre todas las piezas halladas, las más valiosas son las coronas votivas de los reyes visigodos Recesvinto y Suintila (esta última fue robada en el año 1921 y jamás recuperada). Ambas de oro, engastadas con zafiros, perlas y otras piedras preciosas. Hay también otras coronas más pobres y más pequeñas, cruces votivas, y había hasta cinturones, hoy desaparecidos. Todas estas joyas encontradas en Guarrazar provienen de los talleres de orfebrería ibéricos, de gran tradición desde la prehistoria, muy vinculados en la época de los visigodos a las artes bizantinas. Emplean la técnica de granates incrustados, que fue la preferida desde siempre por los pueblos bárbaros. Las letras de las coronas están ejecutadas con alvéolos de oro donde se han incrustado granates tallados en el hueco. Los adornos repujados de las aspas de las cruces son de tipo germánico, pero la forma de las coronas votivas es totalmente bizantina. Las coronas del tesoro eran de tipo votivo y nunca las llevaron puestas los monarcas.

Detalle de la corona de Recesvinto

Las joyas bizantinas debieron ser muy abundantes, según dicen los historiadores. En el libro “Vidas de los Padres emeritenses” se cuenta que en las iglesias de Mérida había joyas para llenar varios carros. Un historiador árabe nos cuenta que al entrar los musulmanes en Toledo, encontraron en su catedral una serie de coronas votivas que los reyes visigodos habían ido donando. Muchas las fundieron para aprovechar los metales nobles. Se sabe que las joyas de la iglesia de Toledo y las del Tesoro Real fueron causa de envidias y graves disputas entre los árabes cuando conquistaron estas tierras. Una gran parte de estas coronas y cruces debieron ser escondidas por los clérigos visigodos, como ocurrió con las que estaban en el cercano monasterio de Santa María de Sorbaces.

Historia del descubrimiento

Corona y cruz votivas (M.A.N.).
Cruz votiva (M.A.N.).


EL DESCUBRIMIENTO DEL TESORO DE GUARRAZAR EN GUADAMUR (Toledo) .-

La antigua villa toledana de Guadamur, situada a 15 kilómetros al sur de la capital, fue testigo, a mediados del siglo pasados de unos sucesos que, bien podrían haber sido sacados de cualquier novela de aventuras o cuento de hadas. La localidad, por aquel entonces, era tan desconocida para la historia, como cualquier otro pequeño pueblo en el que el devenir de lo cotidiano se hacía rutinario. Solamente su medio arruinado y olvidado castillo, morada una vez de los Ayala, hacía pensar que aquella villa pudo tener en tiempos pasados algún protagonismo.

Su proximidad a Toledo, hacía que el camino que a esta ciudad conducía estuviese bastante frecuentado. En este mismo camino a pocos kilómetros de la villa, se encontraba olvidado, un antiguo lugar denominado Guarrazar con vestigios de haber estado habitado en tiempos remotos, como lo atestiguaba un antiguo cercado en el que se adivinaban algunas tumbas, testigos del antiguo cementerio.

En la tarde del 24 de agosto de 1858, después de haber ocurrido una gran tormenta que había arrastrado la tierras, acertaron a entrar en el cementerio un matrimonio formado por María Pérez y Francisco Morales, naturales de Guadamur, que al detenerse en el lugar descubrieron en una tumba un pequeño nicho que albergaba una buena colección de coronas, cruces de oro y otros objetos litúrgicos. Trasladadas secretamente a su domicilio estas preseas, las escondieron hasta decidir que podían hacer con tanto oro . En todas esta maniobras fueron observados por Domingo de la Cruz, vecino también de la villa, que poseía una huerta en las proximidades. Intrigado por la nocturnidad con que obraros estos, se acercó al día siguiente a aquel lugar, encontrando junto a la fosa vacía una nueva, todavía intacta, que el anterior matrimonio, cegado por tanta riqueza, no acertó a descubrir. Recuperó de ésta un buen número de piezas áureas y también temeroso, corrió a ocultarlas a su casa en sendas tinajas de barro, sin saber que partido tomar.

La presencia de tales joyas, pertenecientes a la cultura visigoda, enterradas como si de una persona se tratase en un cementerio visigodo se explica por el temor el clero y la nobleza toledana a que fuesen robadas por los árabes, de los templos en donde votivamente estaban expuestas, creyendo que la presencia de las huestes de Tarik podía ser pasajera .Mejor acierto tuvieron aquellos, -quizás los partidarios de D. Rodrigo-,que acordaron huir con sus joyas y las de la corte a las montañas asturianas.


VENTA EN FRANCIA DE PARTE DE LAS CORONAS.-


Mal acuerdo tuvieron los primeros descubridos María y Francisco, quienes malvendieron a los joyeros toledanos bastantes trozos de coronas , objetos del culto litúrgico de oro y bastantes esmeraldas y piedras de las coronas.

Parece ser que, enterado del hallazgo D. Adolfo Herouart Chivot, profesor de francés del Colegio de Infantería de Toledo, sito entonces en el Hospital de la Santa Cruz, participó desde este momento de manera muy activa en la enajenación de las coronas de tan fastuoso tesoro. Distinta forma de enterarse del descubrimiento, tuvo otro persona, que jugaría un importantísimo papel en las posteriores operaciones. Se trataba de un emérito diamantista de la corte, retirado en Toledo, en su villa junto al río, D. José Navarro, gran conocedor de las antiguas artes preciosas, ya que había restaurado el Disco de Teodosio de época romana encontrado en Almendralejo y había confeccionado de nueva obra una corona para la reina Isabel II. D. José intuyó el valor arqueológico de los fragmentos que primeramente encontró en las joyerías y puesto en contacto con el anterior, sirvió de socio y mano experta en compra en Guadamur, restauración y posterior venta en Francia de las coronas.

El primer paso que efectuó el profesor francés, fue la compra de la huerta donde había sido descubierto el tesoro, para descartar posteriores reclamaciones del dueño del terreno y efectuar sondeos en busca de nuevas alhajas. Efectuó rápidamente la compra del terreno, llegando a un acuerdo con Marcos Hernández vecino de Toledo, por ofrecerle el triple de lo que era su valor rústico y no saber el propietario que, tales preseas, habían sido descubiertas en su propiedad.

Una vez dueño del terreno y junto con los descubridores efectuaron excavaciones en el lugar con el pretexto construir allí una villa de recreo, sirviendo además de coartada para cuando la aparición de las coronas saliese a luz pública.

La sociedad entre Herouart y Navarro, como hemos dicho, dio como fruto la compra de las coronas que aún poseían Francisco y María en Guadamur y la restauración de los trozos que pudo recuperar el diamantista de las joyerías de Toledo. Con la nueve coronas que pudieron recuperar pasaron a Francia para venderlas al Ministro de Estado francés por la cantidad de 100.000 francos franceses, pasando a figurar desde entonces en el Museo de Cluny de París.

Enterados en España de tan importante descubrimiento por la prensa francesa, se iniciaron los trámites para su regreso a España, no consiguiéndose, nada más que lisonjeras promesas. También se efectuaron excavaciones oficiales (abril de 1859) en las denominadas huertas de Guarrazar, dirigidas por D. José Amador de los Ríos y D. Pedro de Madrazo entre otros, que dieron como resultado la aparición de los restos de un edificio religioso visigodo, con abundantes frisos en relieve de este estilo, un cementerio de la época y la lápida funeraria del presbítero Crispín con el bello epitafio que transcribimos. Al Ministro de Fomento, por entonces el Marqués de Corvera, que visitó la localidad, le ofrecieron María Pérez y Francisco Morales un brazo de cruz procesional de oro perlas y zafiros, único objeto que poseían ya de lo descubierto.

CONOCIMIENTO DE LA EXISTENCIA DE UN SEGUNDO CONDESIJO EN PODER DE OTRO PAISANO DE GUADAMUR.-

Habían pasado dos años de las referidas excavaciones y perdida toda esperanza de encontrar nuevas coronas, cuando en la mañana del 19 de mayo de 1860, se presentaron en la puerta del Palacio Real de Aranjuez, Domingo de la Cruz Figueroa "Macario" y su tío Juan Figueroa, maestro de primeras, letras ambos de vecinos y naturales de Guadamur, con el propósito de ofrecer a la reina una de las coronas que años antes había encontrado en Guarrazar, al lado de las coronas ya conocidas. Recibidos por la Reina, esta pudo conocer que escondía aun más coronas, por lo que al día siguiente mandó a Antonio Flores, Secretario de la Intendencia de la Real Casa y Palacio, con la misión de recuperarlas e inquirir del labriego los deseos respecto a la recompensa. Una vez en Guadamur Antonio Flores investigó dando pasos acertados y ganada la confianza de "Macario" - asegurándole que sus pretensiones económicas serían atendidas-, ofreció a éste la oportunidad de entregar a la Reina todo lo que del tesoro aún conservaba. Tras la entrega total "Macario" recibió por el pago de las coronas 40.000 reales y como premio al servicio prestado a S. M. La pensión de 4.000 reales anuales. En este segundo encuentro Domingo de la Cruz "Malaño" se mostró muy apanado por haber destruido otras muchas joyas y refirió a la Reina, que entre los objetos perdidos en los crisoles toledanos, había unos "cinchos" de oro y piedras preciosas, y una paloma de oro de tamaño natural cuajada de piedras preciosas, que probablemente fue "pixis sacra" o vaso eucarístico.

Desplazada la familia Real a la Corte, Tuvieron la oportunidad de contemplar las coronas, eminentes académicos y estudiando la forma de dar sentido a las distintas letras que colgaban de la corona mayor , colocadas anárquicamente por su descubridor, llegaron a la conclusión que la leyenda original sería SUINTHILANUS REX OFERET, basándose en la pocas letras aún conservaban su lugar al tener intacta la anilla de sujeción .

Posteriormente el Consejo de Ministros presido por O`Donnell, acordó que el lugar más propício y que ofrecía mayor seguridad para guardar estas piezas, ofrecidas a la Reina, era el Palacio Real de Madrid y así lo trasmitió a S. M. el Marqués de Corvera, depositándolas en sus manos con el encargo e custodiarlas.

ROBO DE LA CORONA DE SUINTILA.-

El 4 de abril de 1921 se cometió un robo en la Real Armería, la corona de Suintila y un trozo de corona de enrejado que pertenecían al conjunto que poseía el Patrimonio Real, gracias a la donación de Domingo, desaparecieron. El robo se divulgó poco, sólo La Época hizo una publicación más extensa con grabados, para que sirviese de guía en la búsqueda de lo sustraído. Al parecer fueron localizados los autores del robo, pero no lo objetos de éste, que hasta hoy no han aparecido.

Casualmente, aquel periodo fue una época aciaga, como afirma D. José Lázaro, pues en corto espacio de tiempo, ocurrieron robos en el Museo del Prado, La Biblioteca Nacional, en e l Archivo Histórico Nacional, y el que contemplamos.

RETORNO DE PARTE DE LAS CORONAS.-

Con la ocupación alemana de parte de Francia, durante la II Guerra Mundial y la llegada al poder como jefe de estado de la Francia de Vichy del Mariscal Petain, se presentó la ocasión propicia para todo tipo de negociaciones, debido a las buenas relaciones del gobierno de Vichy con el General Franco. Una de ellas es la que se efectúa para realizar un convenio de intercambio de obras de arte y otras piezas de valor histórico. Este convenio permitirá que vuelvan a España buena parte de las coronas de Guarrazar.

Las primeras negociaciones fuera de círculos oficiales las efectuó en el verano de 1940 D. Eugenio D´Ors. Tras las negociaciones oficiales se firmó un acta de recíproca entrega , por el que regresaron a España, ademas se seis de las nueve coronas de Guarrazar, la Dama de Elche, otras escultura ibéricas, otras piezas arqueológicas, completándose con la Inmaculada de Murillo denominada de Soult o de los Venerables. España entregó a cambio a Francia en contrapartida un retrato de Doña Mariana de Austria de Velazquez, otro de Antonio Covarrubias, de la mano del Greco, un cartón de Goya y la colección de dibujos franceses del siglo XVI.

De esta forma regreso a España parte del Tesoro de Guarrazar que había salido fraudulentamente a finales del 1858 perteneciente al primer descubrimiento efectuado por Francisco Morales y María Pérez, conservandose actualmente en el Museo Arqueológico Nacional.



La Gran Cruz (M.A.N.).

El 4 de abril de 1921 se cometió el robo en la Real Armería, la corona de Suintila y un trozo de corona de enrejado que pertenecían al conjunto que poseía el Patrimonio Real, gracias a la donación de Domingo, desaparecieron. El robo se divulgó poco, sólo La Época hizo una publicación más extensa con grabados, para que sirviese de guía en la búsqueda de lo sustraído. Al parecer fueron localizados los autores del robo, pero no lo objetos de éste, que hasta hoy no han aparecido.

Corona y cruz votivas (M.A.N.).

El estudio gemológico de Juan S. Cozar y Cristina Sapalski[1] reveló que el Tesoro de Guarrazar contiene 243 zafiros azules (cuyas características los hacen procedentes de la antigua Ceilán, hoy Sri Lanka), 3 corderitas azules (iolitas), 14 esmeraldas, 1 aguamarina, 2 adularias (piedras luna), 21 cuarzos amatista, 9 cuarzos hialinos, 6 calcedonias azuladas, 169 perlas, 154 piezas de nácar, 56 vidrios artificiales verdes, 26 vidrios artificiales azules, 2 pardo-anaranjados, 26 de color indefinido, 1 rojo y muchas piezas diminutas de granate piropo-almandino.

Véase también

Referencias

  1. Tulaytula: Revista de la Asociación de Amigos del Toledo Islámico, ISSN 1575-653X, Nº. 3, 1998 , pags. 77-90

Enlaces externos


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