Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel


Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel

Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel

El poema sinfónico Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel op.28 (Till Eulenspiegels lustige Streiche) es una obra para orquesta de Richard Strauss. Construido en forma de rondó, director Fraz Wüllner fue quien la estrenó en Colonia el 5 de noviembre de 1895, siendo el propio autor quien la dirigiera posteriormente en Múnich, el día 29 del mismo mes; y más tarde Hans Richter realizó el estreno en Viena el 5 de enero de 1896. En todos los lugares en los que era representada, la obra obtenía gran éxito.


Análisis de la obra

La partitura de Till Eulenspiegel es toda ella una puesta en escena: no hay una página que no bosqueje una decoración, que no evoque una acción, que no pinte uno o varios personajes. Después de su estreno, fue divulgada una guía para escucharla con breves indicaciones del compositor; estas indicaciones, ahora admitidas, inspiran el análisis que damos a continuación. <<Era una vez...>>. Los violines frasean la introducción del cuento, en el que el héroe no tarda en presentarse..., <<un bribón llamado Till el Travieso>>. El tema de Till Eulenspiegel, que servirá de estribillo, se descompone en dos motivos principales que persisten bajo diversos aspectos en las mismas estrofas, preservando de esta forma la unidad del discurso. En un rotundo fa mayor, he aquí el primer motivo expuesto en la trompa, en notas picadas y ligeramente cromatizadas (de peligrosa ejecución y temidas con justicia por los trompistas).

La marcha rítmica, un poco claudicante, sugiere ya una deformidad y sobre toda la desvergüenza del personaje. Ampliación de este material temático en un accelerando de toda la orquesta, con un calderón que pone punto final al preámbulo. Surge entonces el nuevo motivo: <<[...] un gnomo realmente malvado, a la espera de nuevos golpes>>. Este corto motivo, tocado por el pequeño clarinete en re es como una risa burlona, una pirueta gesticulante.

<<¡Esperad un poco, hipócrita!>> Till medita su primera hazaña (trémolo de las violas). Sobre un violento estallido de los platillos, se lanza entre las mujeres de un mercado, esparciendo sus mercancñias: algarabía orquestal, con intenciones notables del clarinete bajo y de la carraca. Pero Till ha desaparecido ya: <<Escondido en una madriguera de ratones>> (fagot), prepara una nueva hazaña. En efecto, disfrazado de pastor, <<chorreando untuosidad y moralidad>>, arenga a la masa: especie de aire popular, en la tonalidad de si bemol, sostenido por una retórica un poco grandilocuente. Ahora bien, <<al bribón se le ve la oreja>> y tiene que emprender la fuga. Pero he aquí que es sacudido por un <<estremecimiento, ya que se ha burlado de la religión>>: ¿premonición de su trágico fin? (cinco violines dividos y las trompas con sordina expresan esta pasajera emoción). Nueva estrofa, nuevas provocaciones: Till ahora convertido en seductor... <<corteja a las muchachas bonitas>>: sorprendente cadenza del violín solo, preludiando los arabescos del clarinete y del oboe. Till <<hace una petición de matrimonio>> y es rechazado; el primer motivo de su tema, invertido en el bajo, describe su despecho. Repetición del segundo motivo en las trompetas y trombones clamando su furor. Calderón: Till <<jura saciar su venganza contra la humanidad>>. Caricaturizado por los fagotes sobre un nuevo tema popular, se presenta entonces la docta asamblea de pedantes filisteos, ante la cual Till <<desarrolla monstruosas tesis>>, sobre un material melódico casi anodino, pero con un tratamiento refinado (división de la cuerda y de las maderas), curiosos efectos de síncopa, discutiendo las aserciones de Till. Pero éste se ha escapado ya: <<grandes gesticulaciones>> de las flautas y después <<viva canción callejera>>, intencionadamente vulgar, que parece silbar Till. Y nuevas extravagancias: desencadenado, <<reza obra vez la plegaria ante el pueblo (motivo de la arenga escuchado anteriormente)>>. Pero las amenazas se acumulan: la trompa vuelve a exponer el primer motivo de Till con un extraño tono maléfico que parece ahora concernir a su destino. Porque ya es demasiado: se prepara una venganza colectiva, mientras la orquesta, tensa, se concentra; un tutti recapitula el rondó, desembocando en un fortissimo,' y sobre un redoble de la percusión la gente detiene a Till y lo conduce ante un tribunal. Último episodio: con los <<jueces>> y su pompa, se declaman los sombríos acordes de los trombones mientras Till se esfuerza por hacerles frente (su segundo motivo en el clarinete). Se suceden las sentencias y las protestas de Till... Pero la sentencia definitiva es pronunciada por las trompas, trombones y fagotes en su registro grave. Lúgubres acordes sobre un implacable intervalo de séptima (fa-sol bemol) pronuncian la condena a muerte. El tema de Till se desagarra ahora, se estrangula sobre los trinos de las flautas y Till es colgado. Silencio. Epílogo: repetición de la frase introductiva seguida de una última evocación, emocionada, del recuerdo del héroe, realizada por un clarinete y el clarinete bajo. Pero nada está terminado todavía: con la orquesta entera, los breves compases de la coda proclaman la apoteosis de lo que estará siempre vivo, la <<inmmortal alegría>> de Till Eulenspiegel.

Este maravilloso cuento musical, -sin duda el poema sinfónico de su autor-, es un modelo de la obra de orquesta 'con programa': sucesión de imágenes sonoras más diversas, pero no desperdigadas, gracias a la profunda unidad del total y al excepcional sebtido de la 'dramatización'; plasticidad, por otro lado, de una orquesta de virtuosismo, de efectivos orquestales lo suficientemente grandes, sin que nunca lleguen a ser excesivos. Según Debussy, esta pieza se parece a <<una hora de música nueva en la casa de locos: clarinetes que describen trayectorias dementes, trompetas que siempre están con la sordina puesta y trompas que para prevenir un latente estornudo se apresuran a responder respetuosamente ¡Jesús...! Tenemos ganas de estallas de risa o de gritar hasta morir y uno se asombra de volver a encontrar las cosas en su sitio...>>.

En resumen, un rápido y delicioso cuarto de hora, según el mismo Strauss, <<con la intención de divertirse bien por una vez en una sala de conciertos>>.

Posee unos efectivos orquestales bastante considerables y su duración es de catorce a quinte minutos (el poema sinfónico más corto de Richard Strauss).

Referencias

  • Tranchefort, F. R. (2002): Guía de la música sinfónica, Madrid.

Wikimedia foundation. 2010.

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