Patroclo


Patroclo

Patroclo

Artículo bueno

En la mitología griega, Patroclo (en griego antiguo Πάτροκλος, literalmente ‘la gloria (κλέος) del padre (πατήρ)’) es uno de los héroes griegos de la guerra de Troya, descrita principalmente en la Ilíada.

Su padre fue Menecio. Hay distintas tradiciones sobre la identidad de su madre: Esténele, hija de Acasto; Periopis, hija de Feres o Polipea, hija de Peleo.

Contenido

Elementos homéricos

Antes de la guerra

Su padre, Menecio, lo envía a Ptía, donde se hizo compañero de Aquiles, algunos años más joven que él. Está presente, al igual que Aquiles y su padre, cuando Néstor acude a la corte de Peleo con el fin de reclutar guerreros para la expedición contra Troya; es invitado al mismo tiempo que el Pelida Aquiles y acepta. Su padre le da los siguientes consejos:

¡Cría de mí!, en linaje ventaja Aquiles te lleva,
mas tú eres mayor en edad, y él mejor con mucho en fuerzas:
pues, ea, tú a hablarle en sabia palabra y darle en prudencia
vía y señal, que él te ha de atender para bien y a las buenas.[1]

En Troya

Patroclo aparece como compañero de armas (θεράπων) de Aquiles. La Ilíada duda en cuanto a su cometido exacto: el canto XVII muestra a los caballos del Pelida llorando la muerte de «el que los guiaba»,[2] y luego Automedonte[3] lo describe como el más dotado manejando los caballos. Sin embargo, Ulises en la Odisea[4] y el mismo Aquiles en el canto XIX, declaran que el Pelida tiene por costumbre conducir él mismo su carro. Otros indicios permiten suponer que Patroclo acudía al combate en un carro separado y que se batía luego junto a Aquiles. Además le sirve de mensajero a Aquiles y es a él a quien este último envía ante Néstor, en el canto XI, en busca de noticias sobre la identidad del herido que ha sido llevado al campamento aqueo. Asimismo, en el canto II, Patroclo acude por orden de Aquiles a buscar a Briseida para entregársela a Ulises. Cuando Néstor acude acompañado por Fénix a implorar a Aquiles que vuelva al combate, es él quien prepara el vino y los alimentos para los invitados.

Cuando, encolerizado, Aquiles se encierra en su tienda tras haber discutido con Agamenón, Patroclo cesa igualmente de combatir. En el canto XVI (llamado también Patroclea, Πατρόκλεια), mientras los troyanos recuperan terreno a los griegos y amenazan con quemar sus naves, Aquiles autoriza a Patroclo a ponerse su armadura y lanzarse al combate a la cabeza de sus Mirmidones. Durante su aristia, Patroclo mata a algunos troyanos, entre ellos a Sarpedón, hijo de Zeus, antes de toparse con Héctor, que es ayudado por Apolo. El dios, envuelto en una nube, lo golpea en la espalda, acto seguido Euforbo, hijo de Panto, lo hiere de nuevo en el mismo lugar y huye enseguida a la carrera. Por último, Hector da muerte a Patroclo y lo despoja de sus armas. Menelao y Áyax el Grande protegen su cuerpo y se lo entregan a Aquiles, quien decide entonces retomar las armas para vengarlo.

Tetis, madre de Aquiles, da de beber a Patroclo néctar y ambrosía para evitar que su cadáver se corrompa y, al mismo tiempo, Aquiles se enfrenta a Héctor y lo vence. El Pelida ofrece luego a los griegos un festín en honor de Patroclo, al final del cual se le aparece el muerto y le suplica que queme su cadáver lo antes posible. A la mañana siguiente, Aquiles ordena construir una pira funeraria para Patroclo, se corta un mechón de la cabellera y sacrifica bueyes, corderos, perros y caballos, así como doce jóvenes nobles de Troya.

Juegos funerarios

Menelao llevando el cuerpo de Patroclo, copia de un original griego

Tras la incineración de Patroclo, Aquiles organiza en su honor unos juegos que incluyeron:

  • Una carrera de carros, ganada por Diomedes, que obtiene como primer premio una esclava y un trípode. Antíloco llega segundo —haciendo trampa—, Menelao tercero, Meríones cuarto y Eumelo último, sin embargo Aquiles le adjudica el segundo premio.
  • Un pugilato, ganado por Epeo que obtiene una mula.
  • Una prueba de lucha libre, disputada por Áyax el Grande y Ulises. Aquiles los declara iguales.
  • Una carrera a pie, ganada por Ulises, que obtiene una crátera de plata. Áyax llega segundo y recibe un buey, Antíloco es tercero y recibe medio talento de oro, premio previsto inicialmente, así como un segundo talento de oro por haber halagado hábilmente a Aquiles el de los pies ligeros.
  • Una hoplomaquia (lucha con armas), disputada por Diomedes y Áyax. Aquiles los juzga iguales y se reparten la lanza, el escudo y el yelmo de Sarpedón, mientras que Diomedes recibe además un sable tracio.
  • Una prueba de lanzamiento de peso, ganada por Polipetes, que obtiene dicho peso en hierro bruto.
  • Una prueba de tiro con arco, ganada por Merión, que obtiene diez hachas de doble hoja. El perdedor, Teucro, obtiene diez hachas sencillas.
  • Una prueba de lanzamiento de jabalina, que no llega a disputarse ya que Aquiles detiene a los dos contendientes, Agamenón y Merión, y dice que todos saben que el Atrida es el más fuerte. Este obtiene un caldero de estrena y Merión una lanza de bronce.

Estos juegos, consignados en el canto XXIII de la Ilíada, son, junto a los organizados por Alcínoo en la Odisea, uno de los testimonios más antiguos del deporte en la antigua Grecia.

Elementos no homéricos

Los mitógrafos como el Pseudo-Apolodoro dan otra versión sobre el pasado de Patroclo. Fue hijo del rey de Lócride y mató por accidente a su amigo Clisónimo, hijo de Anfidamante, durante una discusión sobre el juego de la taba cuando aún era joven. Debe exiliarse de la corte y es recogido por Peleo, que le dio por compañero a su hijo Aquiles. Apolodoro lo presenta después como uno de los pretendientes de Helena, pero este hecho es poco verosímil en la medida en que muchos pretendientes eran de mayor rango que él.

Los Cantos Ciprios, epopeya del Ciclo Troyano, lo mencionan entre los que venden a Licaón, hijo de Príamo, cuando es capturado por los aqueos. La Ilíada confirma este hecho en el canto XXIII,[5] a pesar de que no se menciona a Patroclo en el canto XXI.[6] Píndaro en las Olímpicas[7] lo presenta en compañía de Aquiles cuando este último asola la ciudad de Teutrania en Misia. Quizás ilustra este hecho un famoso vaso de cerámica (cf. ver abajo) que muestra a Aquiles vendando una herida de Patroclo.

Todos estos elementos permiten suponer que el personaje de Patroclo no es una invención homérica. Además en el canto I se le presenta por primera vez sencillamente como «el hijo de Menecio» que está escoltando a Aquiles y sus compañeros cuando el héroe abandona el consejo de los reyes. Esto permite suponer que se trataba de una figura muy conocida a la que no era necesario nombrar personalmente ni presentar; en cambio, es probable que Patroclo no fuera más que un personaje secundario al que Homero otorgó una importancia inédita.

Patroclo y Aquiles

Amigo o amante

Aquiles vendando a Patroclo, kílix de figuras rojas, v. 500 a. C., Staatliche Museen (Berlín)

La amistad de Patroclo y Aquiles es proverbial y sin embargo, desde el siglo V a. C., algunos griegos ven en ella algo más. En general, los autores griegos añaden en esa época un componente pederasta a amistades míticas como las de Orestes y Pílades, Teseo y Pirítoo o Heracles y Yolao. En este caso, no pretenden saber si Patroclo y Aquiles eran amigos o amantes, sino por qué Homero se muestra reservado sobre dicha relación, y si Patroclo era el erómeno de Aquiles o viceversa. El orador ateniense Esquines, en su Contra Timarco,[8] declara lo siguiente:

Aunque Homero alude numerosas veces a Patroclo y a Aquiles, pasa silenciosamente sobre su deseo (ἔρως) y evita señalar su amor (φιλία), al considerar que la intensidad de su afecto (εὔνοια) estaba clara para los lectores cultivados. Aquiles declara en algún lugar (...) que, involuntariamente, ha infringido la promesa hecha a Menecio, padre de Patroclo, pues le había asegurado que lo traería de vuelta a Opus sano y salvo si Menecio se lo confiaba y lo enviaba a Troya con él.

En efecto, para muchos griegos, la desmesurada emoción que muestra Aquiles tras la muerte de Patroclo, así como su exaltación en la venganza, no dejan ninguna duda sobre la naturaleza de sus relaciones. Las reservas de Homero se interpretaron como un signo de discreción. Esquilo desarrolla este tema en su tragedia perdida Los Mirmidones, en la que representa sin rodeos a Aquiles llorando sobre el cuerpo de su amigo mientras alaba la belleza de sus caderas y añora sus besos. Tanto en Esquilo como en Esquines, Aquiles es el erastés y Patroclo el erómeno.

Es posible poner en duda dicha versión si se parte del detalle de la barba: Patroclo la lleva, mientras que Aquiles carece de ella. De hecho, es posible pensar que Aquiles era el joven erómeno y Patroclo el erastés —de edad más avanzada—, más aún cuando la admiración provocada por el amor es la de Patroclo hacia Aquiles; hecho que corroboraría dicha idea. Lo que es por supuesto incontestable es que los dos hombres se quieren —amor o amistad— por igual.

Esto mismo es lo que expone Platón en El Banquete cuando hace decir a Fedro que: «Esquilo desvaría al afirmar que Aquiles era el amante de Patroclo, cuando era más hermoso no sólo que Patroclo, sino también que todos los héroes juntos, y aún no le había crecido la barba, por lo que era mucho más joven, según afirma Homero.»[9] A pesar de este desacuerdo, tampoco Fedro tiene duda alguna sobre la relación entre Patroclo y Aquiles.

Posteriormente, sin embargo, la tradición se estabiliza en torno a la versión de Esquilo, en conformidad con el estatus social de los dos hombres. Así, Claudio Eliano, declara en su Varia Historia: «Alejandro puso una corona sobre la tumba de Aquiles y Hefestión sobre la de Patroclo, queriendo insinuar éste que él era el favorito de Alejandro de la misma manera que Patroclo lo era de Aquiles.»[10] La polémica de los antiguos sobre el papel de cada uno demuestra, según Bernard Sergent, que la relación Aquiles–Patroclo no está vinculada al modelo pederasta; se trataba simplemente de una relación entre jóvenes de la misma generación.

Patroclo, doble de Aquiles

Patroclo dando muerte a Sarpedón a pesar de la llegada de Glauco, v. 400 a. C., Museo arqueológico nacional de Polícoro

En el momento de su muerte, Patroclo simboliza el doble de Aquiles ya que, mientras en los cantos precedentes, Patroclo se distinguía únicamente por su amistad y generosidad hacia Aquiles, súbitamente el canto XVI (La Patroclea) lo presenta metamorfoseado en héroe que lo barre todo durante su aristía. Mata primero a Pirecmes, jefe de los Peonios, a Areilico, Prónoo, Téstor y Erilao. Y luego a Erimante, Anfótero, Epalteo, Tlepólemo Danastórida, Equio, Pires, Ifeo, Evipo y Polimelo Argéada. Acto seguido se encuentra con un contendiente de mayor envergadura, Sarpedón, jefe de los guerreros licios e hijo de Zeus. Patroclo lo mata en un duelo que recuerda al de Aquiles y Memnón, jefe de los etíopes —lucha inmortalizada en la Etiópida, una de las epopeyas del Ciclo Troyano, que luego fue retomada por Quinto de Esmirna en especial—.

Tras haber matado a Sarpedón, Patroclo sigue sus impulsos y decide atacar la mismísima Troya. Se trata del único caso, antes que el de Aquiles, en que un héroe decide él solo un ataque contra las murallas de la ciudad. Dicho episodio es típico de Aquiles, y permite sugerir le transposición de los temas típicos del Pelida en Patroclo. Este último continua abriendo una mortífera brecha matando a Adrasto, Antónoo, Equeclo, Périmo Mégada, Epístor, Melanipo, Elaso, Mulio y Pilartes. Homero declara entonces que «los Aqueos a Troya la altiva habrían tomado bajo Patroclo» si no hubiera sido detenido por Apolo, quien le dice —ahondando en el paralelismo—:

¡Tírate atrás, celestial Patroclés! No es, no, de tus hados

tomar a tu lanza el alcázar de los altivos Troyanos,

ni a la de Aquiles tampoco, que más que tú vale tanto.[11]

A continuación, Patroclo retrocede un paso, para seguidamente retomar la lucha y morir al punto. Al igual que Aquiles, muere a manos de un mortal —Paris para Aquiles, Euforbo y luego Héctor para Patroclo— ayudado por un dios —Apolo en ambos casos—. Los dos mueren ante las murallas de Troya, donde son inhumados. Tanto en un caso como en otro, una larga batalla de un día entero tiene lugar junto a sus cuerpos, que son protegidos por Áyax. Por último, los juegos funerarios organizados por Aquiles en honor de Patroclo sorprenden por su magnitud, que es desproporcionada a su linaje. De hecho, son una réplica exacta de los juegos que serán organizados en honor de Aquiles.

Patroclo, doble de Antíloco

En su muerte, Patroclo es el doble de Aquiles, y lo es también de Antíloco, hijo de Néstor, y amigo muy apreciado por el Pelida, a quien los aqueos encargan precisamente que le anuncie la muerte de Patroclo. Antíloco muere a manos de Memnón, que le quita sus armas. Aquiles, enfurecido, decide vengar su muerte y desafía al etíope a un duelo, episodio comparable punto por punto a la muerte de Patroclo y la posterior venganza de Aquiles.

Fuentes

  • Apolodoro (1985). Biblioteca mitológica, trad. y notas de M. Rodríguez de Sepúlveda, intr. de J. Arce, rev. C. Serrano Aybar edición, Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-0997-0.
  • Claudio Eliano (2006). Historias curiosas. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-2844-5.
  • Esquines (1927). Discours. Tome I, Contre Timarque; Sur l'ambassade infidèle, ed. bilingüe francés-griego edición, Paris: Les Belles Lettres.
  • Higino (1997). Fábulas. Ediciones Clásicas. ISBN 84-7882-255-0.
  • Homero (1995). La Ilíada, Versión rítmica de Agustín García Calvo edición, Editorial Lucina. ISBN 84-85708-44-X.
  • Pausanias (1994). Descripción de Grecia, obra completa edición, Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-1650-3.
  • Píndaro (1995). Odas y fragmentos: Olímpicas; Píticas; Nemeas; Ístmicas; Fragmentos. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-0928-4.
  • Platón (1989). El Banquete, intr. de C. García Gual, trad. y notas de F. García Romero edición, Madrid: Alianza Editorial. ISBN 84-206-3662-2.

Notas

  1. Homero, Ilíada xi.786–789.
  2. Homero, Ilíada xvii.426–428
  3. Homero, Ilíada i.476.
  4. Homero, Odisea xxiv.39–40.
  5. Homero, Ilíada v.746.
  6. Homero, Ilíada v.34 y sig.
  7. Píndaro, Olímpicas ix.70–79.
  8. Esquines, Contra Timarco 142–143.
  9. Platón, El Banquete 180a.
  10. Claudio Eliano, Varia Historia xii.7.
  11. Homero, Ilíada xvi.698–699.

Véase también

Bibliografía

  • Grimal, P., Picard, C., Pericay, P. (2000). Diccionario de mitología griega y romana. Barcelona, Buenos Aires, México: Paidós. ISBN 978-84-7509-166-2.
  • Borda, L. (2006). En torno a la Ilíada: paisajes y personajes. Barcelona: Edicions Bellaterra. ISBN 978-84-7290-304-3.
  • Barrett, D. S. (1981). «The Friendship of Achilles and Patroclus» Classical Bulletin. n.º 57. pp. 87–93.
  • Burgess, J. S. (2001). The tradition of the Trojan War in Homer and the epic cycle. Baltimore: Johns Hopkins University Press. ISBN 978-0-8018-6652-4.
  • Dover, K. J. (1978). Greek homosexuality. Cambridge: Harvard University Press. ISBN 978-0-674-36261-1.
  • Halperin, D. M. (1990). «Heroes and their pals», One hundred years of homosexuality: and other essays on Greek love. Nueva York: Routledge, pp. 75–87. ISBN 978-0-415-90096-6.
  • Sergent, B. (1996). Homosexualité et initiation chez les peuples indo-européens. París: Payot, pp. 287–298. ISBN 978-2-228-89052-6.
  • Sinos, D. S. (1980). Achilles, Patroklos and the meaning of φίλος. Institut für Sprachwissenschaft der Universität Innsbruck. ISBN 978-3-85124-549-3.

Enlaces externos

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