Guerra gaucha


Guerra gaucha
Para otros usos de este término, véase Guerra gaucha (desambiguación).

Con el nombre de guerra gaucha se conoce la lucha de milicias y guerrillas llevada adelante en el noroeste argentino y extremo sur de Bolivia, durante la Guerra de Independencia de la Argentina (1809-1824), particularmente en la provincia de Provincia de Salta que en esa época formalmente incluía también a Jujuy y Tarija, por lo que la Guerra Gaucha se libraba también en esos territorios, e incluso territorios que luego serían de la Gobernación de Los Andes (la Salta de 1816 en lo formal se extendía hasta el océano Pacífico incluyendo según las autoridades argentinas de entonces a la región de Atacama y Antofagasta), esas milicias de «Infernales» estaban constituidas mayoritariamente por gauchos de la región comandados por el general Martín Miguel de Güemes contra los ejércitos realistas, durante el período comprendido entre 1814 y 1825. Es decir, que continuó después de su muerte, sucedida en 1821.

Fue una larga serie de enfrentamientos casi diarios; en su mayoría, apenas cortos tiroteos seguidos de retiradas. En esas condiciones, unas fuerzas poco disciplinadas y mal equipadas, pero apoyadas por la población, podían hacer mucho daño a un ejército regular de invasión.

La gesta militar quedaría registrada en la historia por el escritor Leopoldo Lugones en el libro llamado La Guerra Gaucha. Por la región en que se desarrolló y sus características irregulares, la Guerra Gaucha está emparentada con la guerra de republiquetas, desarrollada en el Alto Perú (hoy Altiplano de Bolivia).

Busto del general Güemes, en Gendarmería Nacional, Rosario, del escultor Erminio Blotta.

Contenido

Se inicia la guerra gaucha

Al conocerse en Buenos Aires la derrota de Ayohuma, ocurrida el 14 de noviembre de 1813, Güemes fue ascendido a teniente coronel y enviado al norte, como jefe de las fuerzas de caballería del Ejército del Norte, comandado desde el 30 de enero de 1814 por José de San Martín, que había sucedido a Manuel Belgrano.

San Martín había decidido dejar una avanzada de su ejército en las inmediaciones de Salta, pero el coronel Manuel Dorrego lo convenció de dejar la frontera a cargo de una pequeña avanzada de paisanos de la zona, que bastarían a impedir ulteriores avances del ejército realista hasta que el Ejército fuera reorganizado. San Martín nombró jefe de su vanguardia al mismo Dorrego, pero pocos días más tarde lo expulsó de su ejército por problemas de disciplina, reemplazándolo por Güemes. Simultáneamente nombró jefe de otra avanzada, subordinada a Güemes, al coronel Apolinario Saravia, que debía establecerse en Guachipas y controlar el Valle de Lerma, en el que se encuentra la ciudad de Salta.

Por su parte, Güemes se estableció sobre el río Pasaje,[1] desde donde debía controlar la mitad Este de la jurisdicción de la ciudad de Salta. Desde allí estableció contactos con algunos hacendados de la zona, como José Ignacio Gorriti y Pablo Latorre, que lo ayudaron a reunir milicias.

Considerando que estaban en territorio enemigo, los realistas saquearon las estancias de los alrededores de la ciudad, para aprovisionarse. En respuesta, dos grupos de voluntarios a caballo, dirigidos por los hacendados Luis Burela y Pedro José de Zavala, se rebelaron, quitaron armas a los propios realistas y comenzaron la resistencia armada a los invasores. En un principio, estos dos grupos se pusieron en contacto con Saravia, pero más tarde reconocieron como su líder a Güemes.[2]

En una carta del 23 de marzo de 1814 a Gervasio Posadas, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el general San Martín advertía:

"Los gauchos de Salta solos, están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan terrible que lo han obligado a desprender una división con el solo objeto de extraer mulas y ganado."[3]

La palabra gaucho, típica de la región del litoral, no había sido utlizada hasta entonces en el norte de las Provincias Unidas. El propio Posadas consideró su uso tan extemporáneo que en su respuesta a San Martín, le encargó felicitar a los "bizarros patriotas campesinos".[3] Tiempo más tarde, los generales realistas intentaron degradar a sus enemigos de las milicias irregulares salteñas con el mote de gauchos, con el curioso resultado de que éstos terminaron por asignárselos orgullosamente a sí mismos.[4]

A mediados del año 1814, ya los gauchos de Güemes controlaban la mayor parte de la zona rural de Salta, lo que obligó al ejército realista a replegarse hacia el norte, abandonando la provincia de Salta, e instalándose en Tupiza.[5] Por razones de salud, San Martín renunció cuatro meses después, siendo reemplazado por el coronel José Rondeau.

Tercera campaña al Alto Perú y gobierno de Güemes

Al conocer la caída de Montevideo, el ejército realista de Joaquín de la Pezuela había abandonado Salta, Jujuy y Tarija, y trasladado su cuartel general a Santiago de Cotagaita, destacando una división al mando de Juan Ramírez Orozco para sofocar la rebelión del Cusco, dirigida por los hermanos Angulo. Aprovechando la inactividad de la vanguardia realista, la vanguardia de Rondeau — al mando de Güemes — avanzó hasta Humahuaca y se estableció un batallón en Yavi en diciembre de 1814. Pezuela reaccionó enviando en enero de 1815 al coronel Pedro Antonio Olañeta con los batallones de Cazadores y Partidarios, un escuadrón y dos piezas de artillería en busca de Güemes; pero éste evacuó Yavi en dirección a Humahuaca el 25 de enero. Al mismo tiempo, dos escuadrones realistas reocuparon Tarija. Un intento de sublevación de las tropas acantonadas en Jujuy y Humahuaca, formadas por soldados rendidos en Montevideo, fue abortado antes de que estallara.[6]

En momentos en que las tropas se preparaban para iniciar la tercera campaña al Alto Perú, el general Carlos María de Alvear fue designado para reemplazante de Rondeau. Los oficiales del Ejército del Norte se sublevaron; le comunicaron a Rondeau que sólo iban a acatar sus órdenes pero no las de Alvear, y lo instaron a iniciar la campaña. Rondeau no castigó esa sublevación, demostrando que estaba detrás de la misma, y ordenó el comienzo de la operación, que comenzó en enero de 1815.

Rondeau reemplazó como jefe de vanguardia al coronel Güemes por Martín Rodríguez. Por su parte, Güemes acompañó el avance del Ejército como jefe de los "gauchos" — es decir, las milicias rurales de la provincia — evitando perder el mando de sus tropas y ganando en autonomía frente al comandante.

Cuando la vanguardia realista supo que Rondeau el 3 de febrero retrocedía desde Huacalera hacia San Salvador de Jujuy, el comandante Antonio Vigil avanzó desde Yavi, y el 19 de febrero derrotó en la batalla de El Tejar (o Tejada) — en la Puna — a la vanguardia patriota, que se había adelantado para hacer un reconocimiento con 50 dragones. En abril siguiente, bajo el mando de Rondeau, Güemes tuvo un papel destacado en la victoria de Puesto del Marqués. Pero, indignado por el desprecio que mostraba aquél por sus fuerzas y por la indisciplina del ejército, se retiró del frente hacia Jujuy. Daba por descontado la derrota del Ejército del Norte en esas condiciones y, en ese caso, necesitaría a sus hombres. Al pasar por Jujuy, se adueñó del armamento de reserva del ejército; al enterarse, Rondeau lo declaró traidor y desertor.

Cuando Güemes llegó a Salta, el pueblo salió a la calle y desconoció al gobernador designado por el Directorio, el coronel Hilarión de la Quintana, quien se hallaba incorporado al ejército de Rondeau en el Alto Perú y por ello el Cabildo de Salta estaba a cargo del gobierno. El 6 de mayo de 1815 el Cabildo de Salta se reunió para tratar sobre las comunicaciones enviadas por el Cabildo de Buenos Aires informándole que se había hecho cargo del gobierno nacional después de haber sido derrocado el director supremo Alvear. Ese día se conformó una asamblea de notables en Salta que eligió gobernador de la Intendencia de Salta al coronel Martín Miguel de Güemes, quien asumió inmediatamente. Era la primera vez que las autoridades de Salta eran elegidas en la propia provincia desde 1810, ya que hasta ese momento, todo se había reducido a cambiar las autoridades de España por las de Buenos Aires. El Cabildo de Jujuy se negó a reconocerlo por no habérsele dado intervención, pero Güemes negoció cuidadosamente y logró hacerlo cambiar de idea y en septiembre lo eligió también el pueblo de Jujuy.[7]

El nuevo Director Supremo, cuya autoridad para imponer gobernadores había sido desconocida, era el general Rondeau. Éste rechazó airado la designación de Güemes aunque, por el momento, poco podía hacer en su contra.

Derrota del Ejército del Norte y desplazamiento de Rondeau

Poco después de su llegada al poder, y de saber la reacción negativa de Rondeau, llegó a Tucumán — desde Buenos Aires — una fuerza que iba en apoyo del Ejército, al mando de Domingo French y de Juan Bautista Bustos. Pero, al parecer, éstos tenían instrucciones de derrocar a Güemes al pasar por Salta. Éste les negó el paso hasta que lo hubieron reconocido como gobernador y asegurado de que no lo atacarían. Tras varias semanas de negociaciones, Güemes les permitió continuar; pero ya era tarde: al llegar a Humahuaca, se enteraron de la derrota de Sipe Sipe (28 de noviembre de 1815).

En su huida del Alto Perú, el Ejército del Norte sólo pudo rehacer sus filas en el límite norte de la actual Argentina. Desde allí, Rondeau se propuso vengar la afrenta de Güemes.

En enero de 1816, Rondeau — enfurecido con Güemes por la revolución en Salta y por haberle impedido llegar refuerzos — comenzó una campaña militar contra las fuerzas de Güemes. Primeramente se aseguró el apoyo del Cabildo de Jujuy, y luego avanzó hasta la ciudad de Salta, que ocupó sin lucha. Güemes la evacuó y dejó al Ejército aislado y sin alimentos en el interior de la ciudad. Tras algo más de una semana de una guerra civil, las fuerzas de Rondeau se vieron rodeadas por las guerrillas gauchas; se vio obligado a capitular, firmando con Güemes el Tratado de los Cerrillos, en que lo reconocía como gobernador y le encargaba la defensa de la frontera.

El ejército realista vencedor en Sipe Sipe inició operaciones sobre el norte argentino. Olañeta fue destacado hacia Tarija con los batallones partidarios y cazadores y un escuadrón de cazadores a caballo, entrando en esa villa el 5 de abril de 1816. A mediados de junio, la vanguardia realista avanzó desde Yavi sobre Casabindo, con el fin de desalojar al Marqués de Yavi, que había reunido fuerzas en el lugar. Ante el avance realista, el marqués se retiró con dispersión de parte de sus tropas; la vanguardia realista regresó a Yavi. En setiembre se produjo, además, un avance realista sobre Humahuaca.

El 7 de agosto de 1816, en Trancas, Rondeau fue desplazado de su cargo y en su lugar asumió, nuevamente, Manuel Belgrano; Martín Miguel de Güemes quedó como comandante de la frontera norte. Poco después, Juan Martín de Pueyrredón reemplazó a Rondeau en el Directorio, pero no habría más expediciones al Alto Perú.

Belgrano trasladó al Ejército hasta la "Ciudadela" construida por San Martín en la ciudad de San Miguel de Tucumán. En ese lugar intentó la reconstrucción moral y material en busca de una nueva acción sobre el Alto Perú, combinada con las acciones que planeaba San Martín sobre Chile y el Virreinato del Perú.

La conducción de la defensa militar de la frontera norte quedó a cargo del general Güemes con sus comandantes gauchos. Éstos constituían una comunidad multiétnica, con orígenes ancestrales indígenas sudamericanos, españoles, afroamericanos y lusitanos, que se caracterizaba por el seguimiento del liderazgo de su jefe y caudillo, demostrando disciplina militar y destrezas particulares para el combate a caballo y en la lucha abierta, aún en medios adversos. Desde entonces las milicias gauchas al mando del gobernador salteño pasaron a desempeñarse como un ejército en operaciones continuas.

Martín Güemes y las milicias gauchas del norte

Si bien la estructura militar de entonces no contemplaba un Estado Mayor, en la práctica Güemes contaba con cuadros superiores organizados, entre los que se encontraban el Marqués de Yavi, Juan José Feliciano Fernández Campero; el coronel Francisco Pérez de Uriondo, responsable militar de Tarija; coronel Manuel Arias, a cargo de Orán; y el coronel José María Pérez de Urdininea, proveniente de las filas del Ejército del Norte, en Humahuaca. En el valle de Jujuy estuvieron los coroneles Domingo Arenas, en Perico y el teniente coronel Eustaquio Medina, a cargo del río Negro. Más movilidad tenían otros jefes, como Gorriti, Latorre y Juan Antonio Rojas. El frente de combate a su cargo tenía una extensión de más de setecientos kilómetros, desde Volcán hasta más allá de Orán, y se conoció como Línea del Pasaje.

Los grupos de combate gauchos fueron organizaron en partidas de aproximadamente veinte hombres al mando de un oficial y, cada cuatro grupos, un oficial superior elegido entre los más expertos era el responsable de administrar las armas de acuerdo con su capacidad de manejo. Los gauchos de Güemes respondieron siete de las diez invasiones que se pretendieron realizar por la frontera del Alto Perú.

Todo el mundo participaba en la lucha: como guerreros los hombres, como espías o mensajeros las mujeres, los niños y los ancianos. Las emboscadas se repetían en las avanzadas de las fuerzas de ataque, pero más aún en la retaguardia y en las vías de aprovisionamiento. Cuando los realistas se acercaban a un pueblo o una hacienda, los habitantes huían con todos los víveres, el ganado, cualquier cosa que pudiese ser útil al enemigo. Por supuesto que esta clase de lucha arruinó la economía salteña, pero nadie se quejaba, al menos en las clases populares. Por cierto, jamás tuvo apoyo alguno del gobierno del Directorio; y la ayuda que le prestó el Ejército del Norte fue muy limitada.

Güemes había solicitado a Buenos Aires que se instalara un ejército con el objetivo de frenar los avances realistas, pero el Director Supremo de las Provincias Unidas, Ignacio Álvarez Thomas, lo consideró innecesario. Por ello Güemes creó su propio ejército en su carácter de gobernador intendente de Salta, comunicándolo en oficio del 12 de setiembre de 1815 elevado al Director Supremo del Estado:

No dudando del beneplácito de V. E. he organizado una división de caballería compuesta de dos escuadrones de a dos compañías, cada una de cien plazas; y he dispuesto se les instruya en todo lo necesario al desempeño del servicio de infantería, para que puedan ser ocupados así a pie como a caballo, con la denominación de División Infernal de Gauchos de Línea. A la fecha se halla con la fuerza que manifiesta el Estado que adjunto a V. E. armada por ahora con fusil y bayoneta. Su disciplina es ya regular en una y otra arma, tanto que la considero suficiente para el desempeño del servicio en campaña y en guarnición.

Los soldados de Güemes se enrolaron en su ejército, pero el gobernador aseguró su lealtad con ciertas medidas en su favor: por un lado, adquirían el fueron militar permanente, evitando ante cualquier conflicto ser sometidos a la justicia ordinaria, que generalmente era poco considerada con los pobres. Por otro lado, en su mayor parte erran pequeños arrendatarios de terreno, en los cuales habían construido sus ranchos y tenían sus chacras y pequeños grupos de vacas, lanares y caballos; Güemes los declaró librados del pago de arrendamiento mientras durase la guera de independencia.

Pese a los pronósticos de los jefes realistas, los infernales fueron de una gran efectividad militar y contuvieron efectivamente los avances realistas. El gobierno central porteño se negó a su creación, expresando que: "No hay motivo que justifique la creación de un Cuerpo de Línea en esa Provincia donde no hace falta".

Invasiones realistas comandadas por De la Serna

El ejército realista estaba por entonces al mando del general De la Serna, quien se desplazaba con su ejército desde Tupiza hacia el sur desde principios de 1816. Este ejército estaba compuesto por más de 7.000 hombres, organizados en 14 cuerpos de línea veteranos, repartidos por igual según sus armas en siete de infantería y otros siete de caballería: Húsares del Rey, Dragones de la Unión de Fernando VII, dos Batallones de Imperiales de Alejandro, el Batallón de Granaderos de la Guardia y el Destacamento de Cazadores a Caballo, a los que se sumaba el apoyo de los regimientos de Extremadura, Gerona y Cantabria, que eran los más numerosos. Contaba, además, con más de mil caballos frescos sin monta, sólo utilizables en combate, más otras mil mulas de monte y el soporte de una fuerza de artillería de montaña de cuatro piezas, que se completaba con otra formación de dieciséis cañones.

Al mando de 5.500 veteranos de guerra, De la Serna partió de Lima, asegurando que con ellos recuperaría Buenos Aires para España. Después que sus hombres derrotaran y mataran a los líderes de las republiquetas, coroneles Manuel Ascensio Padilla e Ignacio Warnes, el grueso del ejército realista ocupó Tarija, Jujuy y Salta y los pueblos de Cerrillos (Salta) y Rosario de Lerma. Pero Güemes lo dejó incomunicado, con sus bases ocupando Humahuaca; venció a uno de sus regimientos en San Pedrito, y dejó sin víveres la capital de la provincia. De la Serna se vio obligado a retirarse, hostigado continuamente por las partidas gauchas.

Meses después, el coronel mayor Fernández Campero, Marqués del Valle del Tojo (conocido popularmente como Marqués de Yavi), avanzó sobre Yavi con 600 infantes y un escuadrón de gauchos, los Dragones Infernales, conducido por el coronel Bonifacio Ruiz de los Llanos. Ante su avance, los realistas que ocupaban Yavi (el segundo regimiento, un batallón de partidarios y una brigada de artillería), abandonaron sus posiciones replegándose a Moraya, suponiendo que era el general Belgrano quien avanzaba con todo su ejército. Tras informarse con más detalle, el general Pedro Antonio de Olañeta — enemigo acérrimo de Güemes — volvió al ataque: el 15 de noviembre de 1816 sorprendió y derrotó en la batalla de Yavi al Marqués de Yavi, que cayó prisionero con 300 de sus hombres. Fernández Campero estaba al mando del flanco oriental de la Puna de las fuerzas del general Güemes.

El 17 de noviembre, De la Serna trasladó su cuartel general a Tupiza, moviendo hacia allí parte del ejército. La ciudad de Jujuy fue ocupada el 6 de enero de 1817.

El 11 de julio de 1817, el comandante Mariano Ricafort reocupó Tarija, cometiendo una serie de actos de venganza contra la población, y mandando incendiar el Cabildo y el Archivo Capitular. Pérez de Uriondo se trasladó a Padcaya para continuar la resistencia.

En agosto de 1817, el coronel Olañeta inició una nueva invasión, con una fuerza de 1.000 hombres. El 15 de agosto tuvo lugar el segundo combate de Humahuaca, población que fue avacuada por el coronel Arias. El 12 de septiembre se produjo el combate de Huacalera, en donde Arias logró tomar varios prisioneros realistas. El 3 de enero de 1818 los realistas se retiraron hasta Yavi y luego retornaron al Alto Perú.

Poco después, Olañeta y el coronel José María Valdez iniciaron una nueva invasión en Yavi con 2.400 hombres. El 14 de enero ocuparon Jujuy, pero la evacuaron el 16 de enero retirándose a Yavi. El 14 de octubre se produjo sobre Tarija un ataque de fuerzas revolucionarias, compuestas por 500 hombres de caballería y 700 de infantería, con un cañón. El ataque fue rechazado por el comandante realista Lavín, produciendo 100 muertos entre los atacantes.

A principios de 1818, De la Serna renunció y se dirigió a Cochabamba, dejando el mando al coronel José Canterac. Luego de pacificar Tarija y Cinti, éste inició una nueva invasión con tres columnas, al mando de Olañeta (que entró por Humahuaca), Vigil (que entró por Orán) y Valdez (que entró por el Despoblado). El 26 de marzo ocuparon San Salvador de Jujuy, aunque sólo tres horas más tarde la evacuaron, retirándose a Yala ante el riesgo de quedar aislados. Posteriormente regresaron a Tupiza.

El hacendado realista de los Valles Calchaquíes, Manuel Fernando de Aramburú, equipó a su costa un escuadrón de criollos que denominó Escuadrón de Caballería de San Carlos. Este escuadrón se unió a las fuerzas de Pezuela, continuando en el ejército realista hasta rendirse en la batalla de Ayacucho.[8]

Fin del Ejército del Norte

A fines de 1817, el Regimiento N° 2 de infantería, con 400 hombres, fue enviado a Córdoba, al mando de Juan Bautista Bustos, para aplacar la insurrección de Juan Pablo Bulnes, situándose en la Villa de Ranchos. El 8 de noviembre de 1818, estas tropas fueron atacadas y sitiadas en Fraile Muerto por el gobernador y caudillo federal santafesino Estanislao López.

A fines de 1818, el teniente coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid partió desde Tucumán para reforzar a las fuerzas de Bustos con dos escuadrones de húsares y uno de dragones, este último a las órdenes del comandante José María Paz. La defensa del noroeste continuó a cargo de las fuerzas gauchas del general Güemes, ahora en forma exclusiva.

El Ejército recibió la orden de marchar hacia Buenos Aires y partió desde su campamento de Pilar (Córdoba) el 12 de diciembre de 1819. El 8 de enero de 1820, en la posta de Arequito (Provincia de Santa Fe), más de la mitad de las tropas del Ejército del Norte rechazaron a su nuevo jefe, el general Francisco Fernández de la Cruz, y se negaron a dirigirse a Santa Fe para combatir a las tropas federales, que respondían a José Gervasio Artigas y se encontraban al mando directo de Estanislao López. Este hecho, conocido como Motín de Arequito, significó la desintegración del Ejército del Norte y dejó la defensa del norte argentino definitivamente en manos de Güemes.

Invasión de Ramírez Orozco

En febrero de 1820, el brigadier general Canterac fue sustituido por el general Juan Ramírez Orozco como comandante de las fuerzas españolas en el Alto Perú. El 8 de mayo, Ramírez Orozco salió de Tupiza al mando de un ejército de 4.000 hombres y avanzó sobre Jujuy, ocupando la ciudad el 28 de mayo y la ciudad de Salta el 31 de mayo, llegando hasta el río Pasaje. El 2 de junio, las fuerzas realistas lograron el triunfo en el combate de Chamical (al suroeste de la ciudad de Salta). En el combate de Las Cañas fue herido de muerte el teniente coronel Rojas, pero 400 realistas fueron derrotados. El 8 de junio hubo una nueva victoria independentista en el combate de Cuesta de la Pedrera (al sureste de Salta), donde las fuerzas al mando de Alejandro Burela dispersaron a 2.000 realistas que se retiraron a Jujuy. En el combate de Yala fue derrotada otra fuerza realista y capturado el coronel Vigil.

Estando en Salta, los jefes realistas tomaron conocimiento de que el 1 de enero de 1820, Rafael del Riego se había sublevado en Cabezas de San Juan (España), proclamando la restauración de la Constitución liberal de 1812. También se enteraron de que, en agosto, partiría desde Chile la expedición libertadora al Perú. En espera de los acontecimientos del Perú, Ramírez Orozco ordenó la retirada hacia Tupiza, llegando a mediados de junio.

El 12 de setiembre de 1820 fueron recibidas en Tupiza dos reales órdenes, despachadas el 7 de marzo: por una de ellas, ordenaba el rey Fernando VII la jura de la Constitución de 1812; por la otra, ordenaba una amplia amnistía y devolución de bienes a todos los detenidos por razones políticas.

En octubre, mientras se realizaba la jura de la Constitución liberal en el Alto Perú, se conoció en Tupiza la noticia del desembarco del ejército al mando de San Martín en Pisco — ocurrido el 8 de setiembre — y que el coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales se internaba con una división a la sierra. Inmediatamente, Ramírez Orozco y Canterac iniciaron la marcha hacia el Perú con los batallones Chilotes (o Castro), Extremadura (o Imperial Alejandro) y del Centro, los escuadrones de la Guardia, Húsares de Fernando VII, Dragones de la Unión, partidarios y el de San Carlos. En Tupiza permaneció Olañeta, al mando de los batallones de la Unión, Partidarios y Cazadores y 80 hombres a caballo al mando de Juan Matorras.

Muerte de Güemes

Güemes había conversado con San Martín sobre sus ideas de atacar Perú desde Chile. Pero San Martín necesitaba tener las espaldas cubiertas, con fuerzas activas en la frontera norte de Salta, para mantener ocupados los ejércitos realistas muy lejos de Lima. La persona más indicada para dirigir esas operaciones era Güemes, y San Martín lo nombró General en Jefe del Ejército de Observación. Éste estaba continuamente informado sobre los movimientos de San Martín en la campaña del Pacífico, y cuando desembarcó en la costa peruana, Güemes decidió avanzar hacia el Alto Perú.

Pero ya no podía contar con el Ejército del Norte, del que sólo quedaba una pequeña división al mando del coronel Alejandro Heredia (que estaba a órdenes de Güemes), y algunas armas en Tucumán. Pero éstas estaban en poder del gobernador Bernabé Aráoz, que las estaba usando para tratar de volver a la provincia de Santiago del Estero a la obediencia a su gobierno.

A principios de 1821, el gobernador de Santiago del Estero, Juan Felipe Ibarra, pidió auxilio a Güemes, y éste invadió Tucumán, más para apoderarse de las armas que necesitaba que por solidaridad. Pero el ejército salteño, al mando de Heredia, fue derrotado por el tucumano al mando de Arias.

Las clases altas de la sociedad salteña, cansadas de pagar las contribuciones forzosas que exigía Güemes, y de las pérdidas económicas por la protección de Güemes a sus milicias gauchas, habían decidido librarse del caudillo. Ya en 1819, apoyaron una sublevación de oficiales descontentos del ejército de Güemes, liderados por uno de sus oficiales más destacados, Manuel Arias. El plan fracasó al fallar el intento de asesinato del general, y Arias se refugió en Tucumán.

El Cabildo de Salta, formado por las clases altas de la ciudad, y aprovechando la ausencia del caudillo, lo acusó de “tirano” y lo depuso. Muchos de sus miembros se habían puesto de acuerdo con el general Olañeta para entregarle la ciudad. Güemes regresó sin prisa, ocupó pacíficamente la ciudad, y perdonó a todo el mundo.

El 15 de abril de 1821 el coronel Guillermo Marquiegui entró en la ciudad de Jujuy, abandonándola poco después. El 27 de abril (llamado el Día Grande de Jujuy) tuvo lugar el combate de León (12 km al norte de Yala), en donde el general José Ignacio Gorriti logró rendir a 400 realistas, por lo que Olañeta se replegó a Tilcara.

El general Olañeta envió desde Yavi 600 infantes a las órdenes del coronel José María Valdés (alias el Barbarucho), quien marchó a Purmamarca. Desde allí, por senderos desiertos rodeó la serranía de las Tres Cruces y del Nevado de Chañi, guiado por miembros de la familia realista Archondo. El 6 de junio tomó por sorpresa Salta, en donde una de sus partidas logró herir a Güemes. Éste falleció el 17 de junio de 1821 en la Cañada de la Horqueta.

El 22 de junio, Olañeta ocupó Jujuy, desde donde se trasladó a Salta, donde nombró un gobernador adicto a su causa. Pero se encontró cercado por las tropas del fallecido Güemes, al mando del coronel Jorge Enrique Vidt, nombrado comandante de las mismas por el propio gobernador, horas antes de su muerte. Por otro lado, el partido de los enemigos de Güemes no era enteramente adicto a los realistas. Por ello, Olañeta permitió al cabildo elegir gobernador al anciano coronel José Antonio Fernández Cornejo, y el 14 de julio firmó con él un armisticio, retirándose a continuación al Alto Perú.

Últimas invasiones realistas y fin de la guerra

Olañeta realizó la última incursión en suelo argentino en junio de 1822, llegando hasta Volcán (40 kilómetros al norte de Jujuy). El 6 de diciembre de 1822 se retiró de territorio argentino finalizando la última invasión realista. Su fuerzas permanecieron, sin embargo, ocupando algunos pueblos fronterizos, tales como Santa Victoria Oeste.

Hasta 1822 se habían registrado en territorio argentino doscientos treinta y seis combates, habiendo muerto por acción de la guerra un tercio de la población de hombres de Jujuy.

El 4 de agosto de 1824, el gobernador de Salta, general Juan Antonio Álvarez de Arenales (en el cargo desde el 1 de enero), nombró comandante general de Vanguardia al general José María Pérez de Urdininea — a pedido del mariscal Antonio José de Sucre — para que se dirigiera al Alto Perú a atacar a Olañeta por el sur. Éste se puso en marcha el 3 de enero de 1825, aunque no llegó a entrar en contacto con fuerzas realistas.

En marzo de 1825, el gobernador Álvarez de Arenales salió en campaña, pero cuando se hallaba en su cuartel de Tilcara recibió la noticia de que el teniente coronel Carlos Medinaceli se había pasado al bando independentista, por lo que envió a Pérez de Urdininea desde Humahuaca en apoyo de Medinaceli. El 1 de abril de 1825 se produjo la batalla del Tumusla, en la que Medinaceli venció a Olañeta, quien murió durante la batalla.

Pérez de Urdininea se autonombró Comandante en Jefe del Ejército Libertador de Chichas, desobedeciendo las órdenes de detener la marcha que le había enviado Álvarez de Arenales. El 7 de abril, el general José María Valdes se rindió en Chequelte ante Urdininea, pidiendo ser comprendido en la Capitulación de Ayacucho. Esto dio fin a la guerra de independencia en el Alto Perú.

Unidades gauchas

Entre 1814 y 1821:

  • Regimiento de Gauchos de Salta (5 escuadrones)
  • Regimiento de Gauchos de Jujuy (más chico que el de Salta)
  • Regimiento Infernales de Caballería de Línea de Salta (un escuadrón de carabineros), con tres divisiones: Bermejo, San Lorenzo y Salinas, desplegados en la frontera norte
  • Regimiento Partidarios Veteranos de Salta
  • Regimiento de Gauchos de Orán
  • Regimiento Santa Victoria
  • Regimiento San Andrés y la Puna
  • Regimiento Gauchos de la Quebrada de Humahuaca
  • Regimiento Gauchos de la Frontera del Rosario
  • Regimiento de Granaderos de Caballería de Salta (con soldados de línea)
  • Batallón Peruano (1.000 hombres de línea)
  • Unidad Coronela (de guarnición en la ciudad de Salta)

Unidades corsarias: La Coronela, La Corsaria, Valor, Pirata, Nazareno, Güemes, Carmen, Gobernador.

Los tres escuadrones de la Guardia de Güemes eran: Gauchos de Salta, Gauchos de Orán y Gauchos de la Frontera.

Otros regimientos: Escuadrón de Salteños, Coraceros de Salta, Dragones de Vanguardia, Artillería de Salta, Regimiento de Decididos.

Este ejército contaba entre 7.000 y 8.000 hombres con 334 oficiales. Combatía en un frente de 800 km entre Tarija y Tucumán.

Unidades de Caballería organizadas alrededor de la ciudad de Jujuy entre 1817 y 1822:

  • Escuadrón N° 1 de Gauchos (teniente coronel de la Corte), con 10 compañías
  • Escuadrón N° 2 de Gauchos (teniente coronel de la Quintana), con 4 compañías
  • Escuadrón N° 3 de Gauchos (capitán Carrillo), con 2 compañías
  • Escuadrón N° 4 de Gauchos (capitán Iramaín), con 1 compañía

Gauchos de la Quebrada, en Humahuaca:

  • Escuadrón N° 1 de Gauchos (teniente coronel Prado), con 2 compañías
  • Escuadrón N° 2 de Gauchos (teniente coronel Pastor), con 2 compañías
  • Escuadrón N° 3 de Gauchos (teniente coronel Belmonte), con 2 compañías

Gauchos de Orán, Santa Victoria y la Puna:

  • Escuadrón N° 1 de Gauchos (teniente coronel Árias), con 2 compañías
  • Escuadrón N° 1 de Gauchos de Santa Victoria (teniente coronel Ruiz), con 2 compañías.[9]

Véase también

Referencias

  1. El río Pasaje sería luego llamado también río Juramento, porque en sus márgenes el general Belgrano hizo jurar obediencia al gobierno de Buenos Aires, la Asamblea del Año XIII, y la Bandera Nacional.
  2. Mata, Sara Emilia, Los gauchos de Güemes, Ed. Sudamericana, Bs. As., 2008. ISBN 978-950-07-2933-8
  3. a b El Grito Sagrado, Parte III, por Pacho O'Donnell.
  4. Emilio A. Coni, El Gaucho, Ed. Solar, Bs. As., 2da. ed, 1986. ISBN 950-9086-24-X
  5. También influyó en esa decisión la caída de Montevideo, que hsata entonces había estado en poder de los realistas, en poder del ejército independentista. Véase Mata, Sara E., Los gauchos de Güemes.
  6. Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú. Autor: García Camba
  7. Boletín Güemesiano Nº 82. Febrero de 2007. Autor: Prof. María Cristina Fernández
  8. El Tte. coronel Don José Remigio de Lea y Plaza. Entre los valerosos exponentes del patriciado salteño
  9. The Armies of Bolivar and San Martin Autor Terry Hooker, Ron Poulter. Ilustrado por Ron Poulter. Publicado por Osprey Publishing, 1991. ISBN 1-85532-128-9, 9781855321281 pág. 23 - 24

Enlaces externos

Bibliografía

  • Felipe Pigna: Mitos de la Historia Argentina 2
  • Mata, Sara Emilia, Los gauchos de Güemes, Ed. Sudamericana, Bs. As., 2008. ISBN 978-950-07-2933-8
  • Frías, Bernardo, Historia del General Martín Güemes y de la Provincia de Salta, o sea de la Independencia Argentina, Salta, 1971.

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