Café de Fornos

Café de Fornos

Café de Fornos

40°25′4.65″N 3°41′58.04″O / 40.4179583, -3.6994556

Café de Fornos - Madrid (situado en la calle Alcalá, esquina a la calle Peligros, en fotografía del año 1908)- Hoy en día ocupado por un Starbucks.
Esquina en la actualidad con el "Edficio Vitalicio".

El Café de Fornos (Denominado a partir del año 1909 como el Gran Café) se trata de un café ubicado en Madrid y que en la actualidad ya no existe. Se encontraba en la calle Alcalá, esquina con la calle Peligros (Hoy calle Clavel). Fue fundado a finales del siglo XIX. Se trata de uno de los cafés de tertulia más famosos y lujosos que existieron hasta comienzos de siglo XX en Madrid.[1] Fue en su época foco de la culinaria madrileña, de las tertulias literarias y de la vida artística en general.[2] El café se encontraba en frente del café Suizo y permaneció abierto durante un periodo de 38 años.

Contenido

Historia

El café tuvo una existencia en un relativo corto periodo de tiempo que no alcanzó a medio siglo, durante este intervalo se produjeron diversas contribuciones a la historia de Madrid. Lugar de reunión de artistas y de gentes de paso fue acumulando experiencias y anécdotas diversas. Fue conocido a nivel internacional, y figura en las guías de viajes internacionales a nivel europeo.[3]

Entorno

Tras la revolución de 1868, que supuso el destronamiento de la reina Isabel II y el inicio del período denominado Sexenio Democrático, el Ayuntamiento de Madrid decide ensanchar la calle de Peligros (perpendicular a la calle Alcalá a la altura del número 25) y para derriba el convento de Nuestra Señora de la Piedad habitado por monjas Vallecas.[2] Llevaba el convento desde su fundación en 1473 en Vallecas y fue emplazado posteriormente a ese lugar.[4] El convento ocupaba a lo largo de la calle Alcalá, desde la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando hasta la esquina con la calle peligros. La empresa constructora asignada para la habilitación: "La Nacional", se encargó de construir cuatro bloques de viviendas cuyas entradas daban a la calle Alcalá, y en la esquina con la calle peligros construyó un Café que ocupaba la planta baja y el entresuelo. La idea de la ubicación de este café fue de José Salamanca y José Buschental.[2]

Inauguración

El café de Fornos se inauguró el 21 de julio de 1870,[1] por el empresario José Manuel Fornos (ayuda de cámara del Marqués de Salamanca).[5] La inauguración fue documentada por el mismo Gustavo Adolfo Bécquer en la revista «La Ilustración de Madrid» artículo en el que se destaca con fotografías el fenomenal techado del local, obra de Manuel Vallejo así como los decoradores Terry y Busato.[6] Los cuatro cuadros principales de Vallejo eran alegorías al , al café, el chocolate y finalmente a los licores y los helados. La inauguración fue un acontecimiento en Madrid. debido a que la decoración era lujosa, al estilo Luis XVI:

Su inauguración constituyó un verdadero acontecimiento llamando mucho la atención, no sólo por el decorado, las pinturas, los tapices y alfombras (aquella alfombra de terciopelo blanco), sino por los ámplios y cómodos divanes las estatuas de bronce para sostener las lámparas (...) y particularmente la vajilla que toda ella, incluso las cucharillas eran de plata.
Antonio Velasco Zazo,[7]

Las crónicas de la época anuncian que la época de la Fontana de Oro de los años 20 ya han pasado. El Café de Fornos nació ya desde sus comienzos con un nuevo concepto que hasta entonces era desconocido en Madrid. A partir de entonces se convirtió en el punto de reunión de los literatos y aristócratas de la época. El dueño José Manuel Fornos era propietario además de otro local en Madrid: Café Europeo (situado en la calle Arlabán).

El Café en su rutina

El Café pronto fue visitado por Madrileños de todas las condiciones, las crónicas posteriores narran numerosas cenas y banquetes. Casi siempre reflejo de acontecimientos políticos o militares. Poco a poco fue ganando en elegancia decorando sus paredes con pintores de renombre en la época, de esta forma se encontraban pinturas de: José María Fenollera Ibáñez (1851-1918),[8] Emilio Sala Francés (1850-1910),[9] el malagueño José Vallejo,[10] Ignacio Zuloaga y Zabaleta (1870-1945), Antonio Gomar y Gomar (1853-1911), Joaquín Araújo Ruano (1851-1894), Juan Francés y Mexías, Enrique Mélida (1838-1892), etc. Según crónicas era posible tomar un café en uno de sus lujosos salones por tan sólo setenta y cinco céntimos de peseta.[11] De la suntuosidad se describe:

El viejo Fornos, con sus bronces artísticos, sus zócalos de caoba y sus techos pintados por Sala y por Mélida, ofrecía no sabemos qué de suntuario y de frívolo, de distinguido y de escandaloso, de aristocrático y de bohemio, que, según el momento del día, invitaba a sus clientes a la contemplación silenciosa o acicateaba su regocijo. Cual si hubiese heredado partículas del espíritu de los dos últimos edificios que le precedieron en aquel sitio, el Fornos inolvidable de nuestra juventud tenía conjuntamente mucho de teatro y algo de iglesia.

Tras la muerte del empresario José Fornos en 1875, sus hijos le sustituyeron acometiendo una reforma del local que concluyó el 18 de octubre de 1879.[1] Entre las reformas incluidas se encontraba un sistema de ventilación muy novedoso para la época que se encargaba de renovar el pesado aire lleno de humo. Otra de las novedades consistía en los numerosos cuadros murales que estaban pintados en las paredes del local. Se intentó de alguna forma imitar al Café de Madrid haciendo que las mujeres de toda condición fueran un reclamo.[2] Al abrirse el Teatro Apolo en el año 1880 le proveyó de numerosos clientes nocturnos. Una de las revistas de la época («El diario del gourmet») recorre los establecimientos madrileños y va enumerando las especialidades remarcables de cada sitio, al llegar a Fornos menciona lo idóneo que es para cenar hasta tarde.[13] Un reclamo importante fue ofrecer un servicio de cenas baratas a partir de las 12:00 como aliciente para la gente que salía de los teatros. Un slogan en forma de cuplé rezaba en 1904:

Ni Suizo, ni Levante

Ni Inglés, ni Colonial
No hay Café como el de Fornos

Pa cenar de madrugá.

Azorín y Pío Baroja estaban entre sus más asiduos visitantes. Entre los visitantes más asiduos al restaurante se encontraba Marcelino Menéndez Pelayo que acostumbraba a comer durante los meses de verano.[14] Manuel Machado asiduo de los bajos del Fornos.[15] El Fornos era reunión en los buenos momentos de final de siglo de cantaores flamencos, es por esta razón por la que se incluye entre los cafés cantantes de la época.[2] El Fornos tiene una doble vida, por el día era un café prestigioso con un restaurante de lujo y por la noche se transformaba en lugar de reunión y algarabía. Un artículo de la época escrito por Juan Burrell lo describe claramente «Jesucristo en el Fornos».[16] Cuentan las crónicas de la época que había personas que llegaban a pasar entre seis a ocho días de fiesta interrumpida en los reservados de la planta baja.[17] Algunos de los cantantes de flamenco de la época eran asiduos en el Fornos, uno de ellos es Luís Pérez El Jorobado que era muy solicitado para amenizar las noches.

Declive y cierre

Tras este periodo de esplendor el final del café vendría cuando uno de los hijos del propietario Manuel Fornos Colín y encargado del local, se suicidó en uno de los reservados del café (el número siete) el 13 de julio de 1904, pegándose un tiro en la cabeza.[18] Tras su muerte se empezó a no dejar entrar a ciertas mujeres y muchos noctámbulos se vieron amenazados por las órdenes de Conde de San Luis, por aquel entonces Gobernador de Madrid. Que dispuso que los cafés cerrasen a las doce de la noche. Los hermanos procuraron mantener el negocio a flote durante cuatro años más, pero al final el 26 de agosto de 1908 cierra definitivamente.[19] A pesar de su cierre debido a los hermanos Fornos, en mayo de 1909 vuelve a abrirse de nuevo con el nombre de Gran Café y figura como su nuevo dueño Marcelino raba de la Torre. Pronto se reanudó el negocio y las tertulias, así como las fiestas en los bajos. A pesar de ello en 1918 desaparece el Gran Café para reaparecer como Fornos Palace en forma de cabaret con mesas de juego. El edificio de la esquina de Alcalá propiedad del Banco Vitalicio desde 1923, decide reconstruir por completo la esquina, borrando definitivamente cualquier señal del café. Entre 1933 y 1936 instala el Banco su sede social en el nuevo edificio, inaugurándose el 27 de junio de 1941.[2]

Características

El prodigio de la época era, según cuentan las crónicas, al entrar ver los techados.[20] Los decoradores eran Ramón Guerrero y Emilio Sala. El café de Fornos poseía dos plantas, la superior tenía un restaurante cuyas especialidades culinarias eran el lenguado al horno, el estofado de cordero, los riñones al jerez y los renombrados beefteacks con pommes soufflées.[21] Los comedores del entresuelo estaban decorados con paisajes de Gomar.

Reservados en los bajos

En la planta inferior una gran sala con numerosas cabinas particulares en las que se realizaban almuerzos políticos, cenas privadas, etc. en uno de sus reservados, tenía lugar la tertulia de “La Farmacia”, en ella participaban diferentes estamentos de la sociedad madrileña de la época. Los gabinetes reservados de la planta baja eran una especie de cuartos, algunos de ellos se podían ampliar con otros debido a la existencia de paredes móviles.[4] Todos ellos eran adecuados para la celebración de grandes banquetes y juergas nocturnas. En ellos se celebraban reuniones de flamencos y las más diversas diversiones. Estos cuartos estaban abiertos toda la noche y era posible cenar en los mismos a últimas horas de la noche.

Tertulias

Una de las tertulias que más ha trascendido es "La Farmacia", fundada como tertulia en los Jardines del Retiro en el verano del año 1875.[22] Ya en invierno de ese mismo año fuero al Café Madrid. luego al Café Inglés para situar su estancia definitiva en el Fornos. Se trataba de una sociedad sin secretario, ni presidente, ni cargos de cualquier otra índole.[22] El nombramiento como socio se hacía por el otorgamiento de una medalla elaborada por el farmacéutico Julio Escosura. Se trataba de una especie de reunión francmasona donde la principal característica era el el buen humor (rozando lo original) y la amistad. Entre los socios había alcaldes de Madrid, clérigos, gentes humildes, etc. Se disolvió por acuerdo de los propios socios. Muchas de las tertulias del Café Suizo, cuando éste cerró, acabaron por migrar finalmente al café de Fornos.[4]

Curiosidades

Referencias

  1. a b c Peter Besas, (2009),«Historia y anécdotas de las fondas madrileñas», 1ª Ed. La Librería, ISBN 978-84-9873-032-6
  2. a b c d e f José Blas Vega, (2006). «Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936)». Ed .Gullermo Blázquez. ISBN 84-96539-05-9. Capítulo: "El Café de Fornos"
  3. Lieut Col Newnham-Davis, (1908), «The Gourmet's Guide to Europe»
  4. a b c Gómez de la Serna, Ramón (1929). Sagrada Cripta de Pombo, 1ª edición, Madrid: Moderna (Visor). ISBN 84-7522-802-7.
  5. Opúsculo, (1941), «Banco Vitalicio de España», Edificio Social en Madrid
  6. Gustavo Adolfo Bécquer, «La Ilustración de Madrid», "El café de Fornos", publicado el 27 de junio de 1870,
  7. Antonio Velasco Zazo, (1945), «El Madrid de Fornos, retrato de una época», Madrid
  8. Alfredo Vigo Trasancos (editor), (1998), «Semata Ciencias Socias E Humanidades 10 Cultura, Poder Y Mecenazgo», Vol 10
  9. Benito Pérez Galdós, Alda Blanco, (1884) ,«Lo prohibido», (nota a pie de página), pp:177
  10. Francisco Guillen Robles, «Historia de Malaga y su Provincia», pp:660
  11. La ilustración española y americana, nº XXXIX, pp:242
  12. Eduardo Zamacois, (1916),"Años de miseria y de risa", pp:86-87
  13. a b José Altabella, 1978, «Lhardy. Panorama histórico de un restaurante. romántico 1839-1978»",Imprenta Ideal
  14. Marcelino Menéndez Pelayo, (1905), «Orígenes de la novela»
  15. Manuel Machado, «De hoy no pasa», La caricatura, , nº69, 12 de noviembre de 1893
  16. Juan Burrell, «Jesucristo en el Fornos», Heraldo de Madrid, febrero de 1894
  17. José Juán Cadenas, (1905), «La vida alegre en Madrid»,Madrid, López del Arco,pp:136
  18. Guide Joanne, 1909
  19. Alfredo Vicenti, “¿Se cierra Fornos?“, 1908
  20. Cecilio Pla, El Globo, 4 de marzo de 1884
  21. a b Joaquín de Entrambasaguas, (1971), "Gastronomía Medrileña", Instituto de Estudios Madrileños
  22. a b Juan Valero de Tornos, (1901), «Crónicas Retrospectivas. (recuerdos De La Segunda Mitad Del Siglo XIX)», Madrid, Impr Eduardo Rojas, pp:219-227
  23. Eduardo Martín Mazas, (2008), «Teodoro Bardají Mas, el precursor de la cocina moderna en España»,Ciudad de edición.
  24. a b Miguel A. Almodovar, (2009), Yantares de cuando la electricidad acabo con las mulas, Madrid, ISBN 8497638409
  25. Antonio de la Villa, (1966), «Evocaciones de España y México», México, Ed. Costa Amic, pp:76

Véase también

  • Cafés de tertulia
Obtenido de "Caf%C3%A9 de Fornos"

Wikimedia foundation. 2010.

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