Diez Mandamientos en el Catolicismo Romano


Diez Mandamientos en el Catolicismo Romano

Diez Mandamientos en el Catolicismo Romano

Pintura de Rembrandt van Rijn (1659). Moisés mostrando y levantando la Tabla de las Leyes tras pasar cuarenta días y cuarenta noches en la cima del Monte Sinaí; esto lo hizo pues Yavé se lo pidió como una muestra de lealtad hacia él. Así, los Mandamientos le serían dados a Moisés para que se los enseñase al pueblo.[1] Aunque existen muchas controversias con respecto a quién escribió los Mandamientos, unos suelen adjudicar esta acción a Dios mientras que otros consideran que Dios le dijo a Moisés que escribiera en ellas lo que él decía; sin embargo, la mayoría de las personas suele abdicarse por la primera, como creyentes.[2] [3] [4] La Biblia también pone dos conjuntos de leyes; el primero, más breve, contiene los Diez Mandamientos. Luego viene otro código, del tiempo en que los israelitas se establecieron en Canaán, llamado Código de la Alianza.[5] [6] La creencia en los Diez Mandamientos a veces suele ser muy contradictoria pues, Moisés realizó una copia semejante de los Diez Mandamientos[7] no obstante, la Ley de Moisés se pone en contra nuestra,[8] no juzga a nadie,[9] es una carnal[10] y no está perfecta,[11] contrario a la Ley de Dios.[12] Una hipótesis muy rechazada por los creyentes de la Iglesia católica es la de El Libro de los Esenios de Moisés, que relata cómo Moisés recibió 2 tablas, siendo la primera de ellas la verdadera. Debido a que el Pueblo no era digno de ella, Moisés tuvo que romperlas por la falta de conciencia de la gente. Así que Dios, a cambio, le dejó al pueblo hebreo una ley mucho mas severa, que es la vigente.[13]

Los Diez Mandamientos son un conjunto de imperativos morales y religiosos que son reconocidos como una base moral en las principales doctrinas abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam).[14] Su descripción aparece en los libros Éxodo y Deuteronomio del Antiguo Testamento (un término enlazado con el supersesionismo, véase por ejemplo Biblia Hebrea) en los cuales se menciona que son parte de un pacto ofrecido por Dios a los israelitas. De acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica —considerado como el medio oficial donde se hallan expuestas las creencias cristianas propias de la Iglesia Católica— los Mandamientos son esenciales para mantener un crecimiento espiritual saludable,[15] sirviendo también como fundamento para la enseñanza de la religión.[16] Asimismo, el estudio de los Mandamientos es uno de los tipos más comunes de examinación de la conciencia usada por los católicos antes de recibir el sacramento de la Penitencia.[17]

Los Mandamientos aparecen en los primeros escritos de la Iglesia;[18] el Catecismo menciona que estos han «ocupado un lugar predominante» en la enseñanza de la fe desde los tiempos de San Agustín (354-430).[19] [20] Previo a la celebración del Cuarto Concilio de Letrán en 1215, la Iglesia no contaba con ningún modelo oficial para la enseñanza religiosa;[21] evidencias sugieren que los Mandamientos se utilizaron en la educación cristiana primitiva[22] y durante la Edad Media, aunque su catequesis carecía de un énfasis consistente.[21] Así, la pobre instrucción de algunas diócesis en este aspecto formó la base de una de las críticas lanzadas por los reformadores protestantes contra la Iglesia.[23] Si bien el primer catecismo religioso, lanzado en 1566, introdujo «discusiones minuciosas en torno a cada mandamiento», éste prestó una mayor atención a los siete sacramentos.[24] En el más reciente Catecismo se incluye una extensa sección con el propósito de definir a cada uno de los mandamientos.[19]

La enseñanza religiosa de los Mandamientos está basada primordialmente en el Viejo y Nuevo Testamento, así como en los escritos de los Padres de la Iglesia.[25] En el Nuevo Testamento, Jesús reconoció su validez e instruyó a sus discípulos a que los perfeccionaran, exigiendo una justicia superior a la de los escribas y fariseos.[26] Resumidos por Jesús en dos «grandes mandamientos» que enseñan el amor a Dios y al prójimo,[19] estos tienen como finalidad educar a las personas en ambos aspectos. Los primeros tres mandamientos exigen respeto hacia el nombre de Dios, la observación del Día del Señor, y la prohibición del culto a otros dioses. Los restantes tratan de las relaciones con el prójimo, como por ejemplo el vínculo entre padre e hijo; y prohiben la mentira, el hurto, el asesinato, el adulterio y la avaricia.

Contenido

Numeración

El Viejo Testamento menciona diez mandamientos individuales;[27] [28] [29] a pesar de que hay más de diez oraciones imperativas en los dos textos más relevantes: Éxodo 20:1-17 y Deuteronomio 5:6-21.[30] [31] Asimismo, no esclarece la forma en que estos textos deberían dividirse para que, a su vez, den lugar a los diez mandamientos. La división tradicionalmente utilizada por la iglesias Católica y Luterana se dio a conocer originalmente por el Padre de la Iglesia Latina Agustín de Hipona (354430) en su libro Questions on Exodus.[15] [32] Otras iglesias Cristianas, como la Iglesia Ortodoxa y algunas iglesias Protestantes, usan una de las formas establecidas por los Padres Griegos. Ambas formas difieren un poco en la numeración, aunque mantienen la misma esencia.[15] La numeración judía difiere de las denominaciones cristianas en cuanto a la consideración de que el prólogo referido por los cristianos es realmente el primer mandamiento íntegro.[33]

Historia

Los Diez Mandamientos son reconocidos como una base moral en el Judaísmo, Cristianismo e Islam.[14] Estos aparecen por primera vez en el Libro de Exodo, según el cuál Moisés, actuó bajo las órdenes de Dios, liberando a los israelitas de la esclavitud en Egipto. Según la enseñanza religiosa, Dios ofreció un pacto —el cual incluía los Diez Mandamientos—para también liberarlos de la "esclavitud espiritual" del pecado.[34] Algunos historiadores han descrito esto como el "evento central en la historia de la Antigua Israel".[35]

La venida de Jesús está visto por la Iglesia Católica como el cumplimiento del destino de los Judíos, que fueron elegidos, de acuerdo a Peter Kreeft, para "mostrarle el verdadero Dios al mundo".[36] Jesús dio a conocer los Mandamientos e instruyó a sus seguidores perfeccionarlos, exigiendo "más, no menos: una justicia superior a la de los Escribas y Fariseos".[15] [37] Kreeft argumenta que, "Los Mandamientos son el orden moral lo que la historia de la creación en Génesis es el orden natural. Ellos son la base de Dios para conquistar el caos. No son ideas de los hombres acerca de Dios, pero sí ideas de Dios sobre el hombre".[15] La Iglesia enseña que Jesús liberó a las personas de mantener "la ley Judía (Torah) con sus 613 normas distintas [pero] no de la obligación de guardar los Diez Mandamientos",[15] porque los Diez "fueron escritos por el dedo de Dios",[a] a diferencia de "los escritos por Moisés".[15] Esta doctrina fue reafirmada en el Concilio de Trento (1545-1563) y en el Concilio Vaticano II (1962-1965).[19]

Aunque es incierto el papel que jugaban los Diez Mandamientos en los inicios de la labor cristina, la evidencia sugiere que se recitaban durante algunos servicios y que fueron utilizados en la educación cristiana.[22] Por ejemplo, los Mandamientos están incluidos en uno de los primeros escritos cristianos, conocido como Enseñanza de los Doce Apóstoles o Didaché.[18] Los expertos sostienen que los Mandamientos fueron considerados por la Iglesia primitiva como un resumen de la Ley de Dios.[22] El erudito protestante Klaus Bockmuehl cree que la Iglesia remplazó los mandamientos con las listas de las virtudes y los vicios, tales como los siete pecados capitales, 400-1200.[38] Otros estudiosos sostienen que a lo largo de la historia de la Iglesia los Mandamientos han sido utilizados como un examen de conciencia y que muchos teólogos han escrito sobre ellos.[17] Si bien existe evidencia de que los Mandamientos eran parte de la catequesis en los monasterios y otros lugares, no había una posición oficial de la Iglesia para promover métodos específicos de enseñanza de la religión durante la Edad Media. El IV Concilio de Letrán (1215) fue el primer intento de remediar este problema. Evidencia sobreviviente revela que los esfuerzos de algunos obispos para poner en práctica las resoluciones del Consejo incluyeron un énfasis especial en la enseñanza de los mandamientos en sus respectivas diócesis.[21] Siglos más tarde, la falta de enseñanza en ellos por algunas diócesis forman la base de una de las críticas lanzadas contra la Iglesia por los reformadores protestantes.[23]

Catecismos producidos en diócesis especificas a mediados del siglo XIV pusieron mayor énfasis en los Mandamientos y sentaron las bases para la fundacion de primer catecismo oficial de la Iglesia, el Catecismo Romano de 1566.[39] Encargado por el Concilio de Trento, que proporcionaba "debates a fondo de cada Mandamiento" pero le concidio mas énfasis a los siete sacramentos para resaltar la creencia católica de que la vida cristiana dependía de la gracia únicamente obtenida a través de la vida sacramental proviniente de la Iglesia Católica.[24] Este énfasis entró en conflicto con las creencias protestantes, que celebraba los Mandamientos como la fuente de la gracia divina.[24] Mientras que las encíclicas papales más recientes ofrecen interpretaciones en la enseñanza de la Iglesia sobre los mandamientos individuales, a través de la historia oficial de la Iglesia señalan que las enseñanzas de los Mandamientos están basados en el Antiguo y Nuevo Testamento y en los escritos de los Padres originarios de la iglesia "primitiva", Ireneo y Agustín.[25] Más tarde, los teólogos Tomás de Aquino y Buenaventura ofrecieron comentarios notables sobre los Mandamientos. Santo Tomás de Aquino, doctor de la Iglesia, considera que los Mandamientos son los "principales preceptos de justicia y toda ley, y la razón natural da aprobación inmediata a ellos como principios evidentemente claros".[40]

El más reciente Catecismo de la Iglesia Católica-el resumen oficial de las creencias de la Iglesia- dedica una gran parte a los mandamientos,[19] sirviendo hoy de base para la enseñanza social católica.[16] Según el Catecismo, la Iglesia les ha dado un lugar predominante en la enseñanza de la fe desde el siglo V.[19] Kreeft explica que la Iglesia los considera como "un camino de vida" y un "camino de la libertad", así como un patio de recreo de la escuela que protege a los niños de "los peligros de la vida".[15]

Mandamientos

Primer Mandamiento

"Yo soy Yavé, tu Dios, el que te sacó de Egipto, país de la esclavitud. No tendrás otros dioses fuera de mí. No te harás estatua ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, abajo, en la tierra, y en las aguas debajo de la tierra. No te postres ante esos dioses, ni les sirvas, porque yo, Yavé, tu Dios, soy un Dios celoso".
El primer Mandamiento de acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica[41] [42]

El primer mandamiento, según la doctrina de la Iglesia, "significa que [los seguidores] deben rezar y adorar a Dios sólo porque Dios es único".[43] El Catecismo explica que se prohibe la idolatría, proporcionando ejemplos de prácticas prohibidas, como la adoración a cualquier criatura, a los antepasados y a "'demonios... el poder, el placer, la raza, el Estado [y] el dinero".[43] Agustín interpreta este mandamiento como "Ama a Dios y luego haz lo que ibas a hacer".[44] Explicando estos sentimientos, Kreeft sostiene que todo pecado "sirve a otro dios, obedece a otro comandante: el mundo, la carne o el diablo".[44]

La Iglesia Católica considera que este mandamiento contiene las tres virtudes teologales. La primera virtud, la fe, instruye a los católicos a creer en Dios y evitar la herejía, apostasía y cisma. La segunda virtud, la esperanza, advierte a los católicos contra la desesperación y la presunción. Según el Catecismo, la virtud última, la caridad, sólo puede alcanzarse si los católicos se abstienen a la indiferencia o la ingratitud hacia Dios, y a evitar la pereza espiritual y el odio a Dios derivado del orgullo.[45] El Catecismo enumera violaciones específicas a este mandamiento, incluyendo la superstición, el politeísmo, el sacrilegio, el ateísmo, y todas las prácticas de magia y brujería. Además, prohíbe la astrología, la quiromancia, horóscopos y de consultoría o medios. Los atributos del catecismo consideran las acciones anteriores como un "deseo de poder sobre el tiempo, la historia y, en último análisis, a otros seres humanos, así como el deseo de conciliar a los poderes ocultos".[46]

Imágenes

Aunque los católicos a menudo son acusados de adorar a las imágenes, en violación del primer mandamiento,[47] la Iglesia dice que esto es un malentendido. En opinión de la Iglesia, "el honor tributado a las imágenes sagradas es una 'veneración respetuosa', no por una adoracion duo a un dios unico".[47] [48] En los primeros siglos de la Iglesia, surgieron acaloradas discusiones sobre si los iconos religiosos estaban prohibidos por el primer mandamiento. La disputa se limita casi exclusivamente a la Iglesia de Oriente, los "iconoclastas" quisieron prohibir los iconos, mientras que los iconódulos apoyaban su veneración. En el Segundo Concilio de Nicea en el 787, el concilio ecuménico determinó que la veneración de los iconos y las estatuas no estaba en violación de la orden y declaró que "el que venera una imagen venera la persona representada en ella".[49] [b] El catecismo postula que Dios les dio permiso para que las imágenes simbolizaran la salvación cristiana, dejando símbolos como la serpiente de bronce, y los querubines sobre el Arca de la Alianza. Se dice que "al ser encarnado, el Hijo de Dios, se introdujo una nueva economía de las imágenes".[47] [48]

La Conferencia de los Estados Unidos de Obispos Católicos (USCCB) explica el catecismo en su libro titulado Estados Unidos Catecismo para Adultos, publicado en 2006. En cuanto a las imágenes grabadas, se expone el hecho de que estén tomando direcciones de la idolatría que en la antigüedad se expresaba en la adoración de cosas tales como el "sol, la luna, las estrellas, los árboles, los toros, águilas y serpientes" así como "los emperadores y reyes". Explican que, al día de hoy, la idolatría se expresa en el culto de otras cosas, y algunas de ellas son el "poder, el dinero, el materialismo y el deporte.[50]

Segundo Mandamiento

"No tomes en vano el nombre de Yavé, tu Dios, porque Yavé no dejará sin castigo a aquel que toma su nombre en vano".
El segundo Mandamiento de acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica[51] [52] [53]

El segundo Mandamiento prohíbe el uso del nombre de Dios en vano.[15] Muchas culturas antiguas creían que los nombres eran sagrados, en algunas habían prohibiciones de cuando el nombre de una persona podia ser hablado. El Evangelio de Juan relata un incidente en el que un grupo de Judíos intentaron apedrear a Jesús, después de que habló en nombre de Dios. Ellos interpretaron su declaración como una reivindicación de la divinidad. Dado que no creían que él era Dios, consideraron este hecho como una blasfemia, que bajo la ley mosaica conlleva una pena de muerte.[54] [55] Kreeft escribe que todos los nombres por los cuales Dios es conocido son sagrados, y por lo tanto todos los nombres están protegidos por el segundo mandamiento.[55] El Catecismo dice, "El respeto de su nombre es una expresión del respeto debido al misterio de Dios mismo y para toda la realidad sagrada que evoca".[51] El Catecismo también requiere el respeto de los nombres de las personas, por respeto a la dignidad de la persona.[49]

El sentimiento detrás de este Mandamiento es más codificado en la Oración del Señor, que comienza así: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre". Según el papa Benedicto XVI, cuando Dios reveló su nombre a Moisés estableció una relación con la humanidad, Benedicto XVI afirma que la Encarnación fue la culminación de un proceso que "se había iniciado con la entrega del nombre divino".[56] Benedicto XVI explica que esto también puede causar que que el nombre divino podría ser mal utilizado y que la inclusión de Jesús de "santificado sea tu nombre" sea un motivo para la santificación del nombre de Dios, para "proteger el misterio maravilloso de su accesibilidad de nosotros, y afirmar constantemente su verdadera identidad por oposición a nuestra distorsión de la misma".[56]

Según la doctrina católica, este mandamiento no se opone a la utilización del nombre de Dios en la toma de juramentos solemnes administrados por la autoridad legítima. Sin embargo, mentir bajo juramento, invocando el nombre de Dios para propósitos mágicos, o expresar palabras de odio o rebeldía contra Dios, se consideran pecados de blasfemia.[49] [51]

Tercer Mandamiento

"Acuérdate del día del Sábado, para santificarlo. Trabaja seis días, y en ellos haz todas tus faenas. Pero el día séptimo es día de descanso, consagrando a Yavé, tu Dios. Que nadie trabaje: ni tú, ni tus hijos, ni tus hijas, ni tus siervos, ni tus siervas, ni tus animales, ni los forasteros que viven en tu país. Pues en seís días Yavé hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos, y el séptimo día descansó. Por eso bendijo el Sábado y lo hizo sagrado..."
El tercer Mandamiento de acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica[57] [58] [59]

Citando el rabino judío y erudito Jacob Neusner, el Papa Benedicto XVI explica que para Israel este Mandamiento era más un ritual que un mandamiento, puesto que era una manera de imitar a Dios, que descansó el séptimo día después de la creación. Asimismo, constituye el núcleo del orden social.

A pesar de que algunas denominaciones cristianas siguen la práctica judía de observar el "sabbath" el sábado, los católicos, junto con la mayoría de los cristianos, aprecian el domingo como un día especial, que ellos llaman el "Día del Señor". Esta práctica se remonta al siglo I, derivados de su creencia de que Jesús resucitó de los muertos el primer día de la semana.[60] La Didaché pide a los cristianos que se reunan en el Día del Señor para partir el pan y dar gracias. Tertuliano es el primero en mencionar el descanso dominical:[60] "Nosotros, sin embargo (así como la tradición nos ha enseñado), el día de la Resurrección del Señor no sólo se debe no estar de rodillas, sino que cada postura y oficinas de solicitud, se aplazan hasta en nuestras empresas para no dar lugar al diablo"(" orat. ", xxiii, cf." nación de anuncios. ", I, xiii;" Apolog. ", xvi).

En el siglo VI, San Cesáreo de Arlés enseñó que toda la gloria del Sabbath judío había sido trasladado al domingo y que los cristianos deben guardar el domingo como a los Judios se les ordena guardar el sábado, pero el Consejo de Orleans en el 538 reprobó esta tendencia como judío y no-cristianos.[60]

Los líderes de la Iglesia de los siglos posteriores al descanso dominical inscritos en la enseñanza oficial de la Iglesia, y los gobiernos cristianos intentaron aplicar el resto al Domingo a lo largo de la historia.[60] Para los católicos, la enseñanza de Jesús fue que "el sábado se hizo para el bien del hombre, y no el hombre para el sábado"[61] respecto a las buenas obras "cuando la demanda de necesidades de los demás puede ser parte de la jornada de descanso.[62] El Catecismo ofrece pautas sobre cómo vivir el Día del Señor, que incluyen asistir a misa los domingos y días santos de obligación.[57] En estos días, los católicos no podrán trabajar o realizar actividades que "impidan el culto debido a Dios", pero "el rendimiento de las obras de misericordia y relajación apropiada en un espíritu de alegría" están permitidas.[62]

Según la USCCB, este mandamiento "se ha concretado para los católicos" como uno de los preceptos de la Iglesia. La organización cita la encíclica papal Dies Domini:

Debido a que los fieles están obligados a asistir a la misa a menos que haya un impedimento grave, a los padres les es correspondiente el deber de ofrecer a todos la posibilidad real de cumplir el precepto... Sin embargo, más que un precepto, el respeto debe ser visto como una necesidad creciente de las profundidades de la vida cristiana. Es sumamente importante que todos los fieles deben estar convencidos de que no pueden vivir su fe o de participar plenamente en la vida de la comunidad cristiana, a menos que participan regularmente en la asamblea eucarística dominical.[63]

Cuarto Mandamiento

"Respeta a tu padre y a tu madre, para que se prolongue tu vid sobre la tierra que Yavé, tu Dios, te da."
El cuarto Mandamiento de acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica[64] [65] [66]

Expansión de Jesús

Quinto Mandamiento

"No matarás."
El quinto Mandamiento de acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica[67] [68] [69]

Sexto Mandamiento

"No cometas adulterio."
El sexto Mandamiento de acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica[70] [71] [72]

Vocación a la castidad

Ofensas contra la castidad
Homosexualidad

Amor de esposo y esposa

Fecundidad del matrimonio, placer sexual, control de la natalidad
Ofensas contra la dignidad del matrimonio
Separación, divorcio civil, anulación

Séptimo Mandamiento

"No robes."
El séptimo Mandamiento de acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica[73] [74] [75]

Propiedad personal

Justicia social

Octavo Mandamiento

"No atestigües en falso contra tu prójimo."
El octavo Mandamiento de acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica[76] [77] [78]

Noveno Mandamiento

Décimo Mandamiento

Fuentes

Notas

A.   According to A Catholic Dictionary, the Commandments were written by God directly on tablets of stone that were placed in the Ark of the Covenant and formed the "center and kernel of the Jewish religion. They were given more directly by God than any other part of the Jewish law, and they were placed in the most holy place, which none but the high priest could enter, and he only once a year".[79]

B.   The Catholic Church believes that it is continually guided by the Holy Spirit and is thus protected from making a doctrinal error.[39] The highest doctrinal authority of the Church rests in the decisions of the ecumenical councils, which are headed by the pope.

Referencias

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  9. Col 2:14-16
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  • Vidmar, John (2005). The Catholic Church Through the Ages. Paulist Press. ISBN 0809142341.


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